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La algarabía del rayo: carta a los estudiantes de #YoSoy132

La noche del 26 de julio tiene ya reservado su lugar en la historia. El cerco a Televisa sólo puede dimensionarse en el terreno de lo simbólico, ahí donde se construyen los sueños. Estudiantes, campesinos y obreros acorralando a los poderes fácticos. ¡Qué bella estampa! Vientos de revolución y carnaval soplan en esta patria de desamores donde gobierna la corrupción y la impunidad.

En un país donde la vejación a la dignidad humana y la homogenización del pensamiento pretenden ser instituidos como formas de dominación, el pueblo de las mil gargantas ha levantado la voz para reclamar aquello que le pertenece y le fue arrebatado: el derecho a la libre autodeterminación de su destino.

Se rompió el silencio mordaz que nos mantenía presos en esta jaula de barrotes invisibles y se rompió también el miedo que nos mantenía aislados el uno del otro. Hemos encontrado la cura para esta epidemia que ciega y nubla el entendimiento. Por eso ahora tenemos las pupilas dilatadas para ver a través de la tiniebla. La industria de la manipulación y la sordera no podrá contener nuestro espíritu desbordado que canta con la algarabía del rayo.

Estos fértiles campos de hombres y mujeres libres son también una profecía: el fin del imperio se aproxima. Que los jeques rían desde sus solitarios castillos de oro y fino alabastro, porque este reino de la infamia, la muerte y la ignominia tiene las horas contadas.

Arde la esperanza en rostros pintados de alegría y manos elocuentes, en ojos inundados de sueños multicolores que brotan de la tierra, como la flor que germina y se abre paso entre yermas franjas de concreto.

Hagamos de este cerco a la mentira un abrazo a nuestros carceleros. Tenemos el deber de liberarnos y liberar también a nuestros opresores, desatarlos del egoísmo vicioso que los aprisiona y los consume. Hagamos de la compasión nuestra bandera, el sentido de nuestra lucha. Arrojemos los rencores al fuego para que las llamas purifiquen nuestro dolor y lo conviertan en el abono que habrá de resucitar a un pueblo desde sus escombros. Dejemos que vuelen las palabras y se apaguen los odios, que el tiempo y la justicia curen estas heridas abiertas que aún supuran. Dejemos que el amor se riegue como el polen para que todos los corazones se fundan en un solo palpitar.

¡Vivan los estudiantes que nos dieron patria!

¡Viva el pueblo de México que despertó para soñar un mundo nuevo!

Un abrazo para todos ellos.

Manuel Hernández Borbolla

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