La espera

Me siento a esperar,
y sólo veo cómo se oscurece el suelo;
los lobos se arrastran fuera de la ventana.

Perdido en este espiral que es el tiempo,
mascullo mi nombre sin dedos y me quedo ahí,
varado al filo de la puerta, al otro lado del abismo.

Espejo jadeante, tus aguas se escurren en mi vaso,
mientras la memoria flota sobre la luna
que enseña los dientes y amenaza con morder.

Espero de pie, y miro la enredadera ascender por el barranco;
mis ojos de arena se disuelven en la nada.

Publicado el 11 agosto, 2011 en Poemas. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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