Archivos diarios: 26 agosto, 2011

Llegó la hora de actuar

Basta de reclamos estériles. El atentado contra el Casino Royale de Monterrey, donde perideron la vida más de 50 personas, es la crónica de una tragedia anunciada. Se veía venir y nadie hizo nada. No hicimos nada y ahí están las consecuencias.

De nada sirve hacerse el indignado, lanzar aspavientos contra el gobierno vía twitter o pendejear a Calderón. De alguna forma, todos somos coautores de un acto tan lamentable como el multihomicidio ocurrido en la capital de Nuevo León, acto aberrante y monstruoso que sigue engordando los más de 50 mil asesinatos que algunos medios de comunicación han documentado en lo que va del actual sexenio. Un reflejo de aquello en lo que nos hemos convertido y seguimos negando a toda costa, buscando culpables que carguen con nuestras culpas.

México se ha convertido en un país desgarrado y fragmentado que sangra por dentro. Vivimos una lucha de todos contra todos en la que nadie está a salvo. Hoy le tocó a Monterrey, mañana puede ser cualquiera. Y sin embargo, los mexicanos permanecemos al filo del televisor viendo cómo todo se va al carajo. Nos hemos convertido en simples espectadores de nuestra desgracia, perdidos entre el miedo y la indiferencia más vil. Ni siquiera el incendio de la guardería ABC, con la muerte y las quemaduras que marcaron de por vida a nuestros niños, fue razón suficiente para decidirnos a actuar. Ahora seguimos pagando las consecuencias de nuestros actos.

Muchos señalan a Calderón como el máximo responsable de lo que ocurre en el país. Yo por mi parte, recuerdo aquellos días posteriores a las elecciones presidenciales de 2006, horas de incertidumbre y confusión en las que muchos mexicanos se sintieron felices cuando las autoridades lo proclamaron ganador aún cuando no pudieron demostrarle a nadie que efectivamente, ganó de buena lid en las urnas. Con tal de que no ganara “el peligro para México” se justificaba la trampa, a decir de muchos, aún cuando eso significara llevarse la credibilidad del IFE entre las patas. El mismo Tribunal Federal Electoral reconoció que existieron irregularidades a lo largo del proceso electoral y sin embargo no pasó nada. Esto provocó que no existan condiciones mínimas para garantizar la legalidad de la próxima elección en 2012.

El gobierno de Calderón estaba muerto antes de iniciar oficialmente su gestión. Ante la falta de legitimidad que no pudo obtener en las urnas, se buscó legitimar un gobierno débil a través de una cruzada nacional contra las dorgas. Una guerra que empezó como un truco propagandístico para cubrir la profunda crisis de gobernabilidad que desde entonces vive el país y que terminó saliéndose de control ante la debilidad institucional del Estado mexicano y una profunda descomposición del tejido social promovida por la dinámica del mercado y las élites que se han enriquecido con el sufriemiento de otros a niveles grotescos. Un personaje como Carlos Slim, quien ha ostentado el vergonzoso título del ‘hombre más rico del mundo’ en más de una ocasión, no puede explicarse de otra forma.

Basta salir y asomarse un poco a la calle para darse cuenta de cómo están las cosas, en un país donde se criminaliza a la pobreza, se persiguen a los grupos opositores al proyecto económico que defiende el actual régimen (integrado por todos los partidos políticos sin excepción), los abusos de los cuerpos de seguridad, el nulo acceso a la justicia, empleos basura que para lo único que sirven es para morirse de hambre, concentración de la riqueza de los pocos a costa de la explotación de los muchos, el despojo de tierras y recursos vitales como el agua a comunidades que ven cómo la impunidad es una costumbre arraigada en este país.

Y todo, con la complicidad de los medios de comunicación que buscan reproducir el discurso de los grandes grupos de poder que siguen utilizando todos los instrumentos a su alcance para mantener intactas las estructuras de dominación que empiezan a colapsarse a costa de miles de vidas humanas y el terror repugnante con el que viven los mexicanos.

Este es, a grandes rasgos, el panorama general de nuestra nación. ¿Qué vamos a hacer al respecto? Necesitamos una gran revolución, una transformación profunda en la manera como hemos pensado a la sociedad los últimos 500 años. Ha llegado la hora de construir un futuro mejor para nosotros y para nuestros hijos, y eso sólo ocurrirá cuando estemos decididos a actuar, a pesar del miedo, a pesar de los obstáculos que implica dar un paso tan grande. Nuestra cita con la historia ha llegado, no hay tiempo que perder para ponerle un alto a este cuchillo carnívoro que nos devora por dentro.

Ha llegado la hora de iniciar un cambio radical en lo social que sólo podrá materializarse con una conciencia colectiva que dé forma al mundo del mañana. Tenemos el deber de mirarnos hacia dentro y actuar en congruencia con lo que nos dicta nuEstro corazón, nuestra mente, nuestra moral y nuestra ética, tan pasada de moda y tan necesaria para sobrevivir a estos tiempos de odio y podredumbre.

Necesitamos una revolución como nunca antes ha visto la humanidad. Una revolución forjada con voluntad y trabajo, donde las armas no tengan cabida. No necesitamos tomar el poder político por la fuerza por la simple y sencilla razón de que la ciudadanía tiene ya el poder, EL PODER DE TRANSFORMAR SU REALIDAD.

La sociedad civil debe asumir la responsabilidad de su propio destino y ponerle solución a la violencia, uno de los tantos síntomas que evidencian la crisis de la civilización occidental como la conocemos, anclada en un proyecto moderno que se desploma a una velocidad vertiginosa, tal como puede constatarse con la epidemia financiera por la que atraviesan los mercados de todo el orbe.

Si la clase política no está a la altura del reto, no hay razón para que sigan gobernando. Por ello necesitamos transformar POR LA VÍA PACÍFICA las instituciones corruptas que sostienen lo que queda del Estado y fundar un nuevo marco institucional que permita reconstruir un nuevo pacto social en donde todos tengan cabida.

Estamos hablando de refundar este país, meter en cintura a los poderes fácticos (los poderes informales que no coincide necesariamente con el aparato del Estado) y a la perversa partidocracia, crear nuevas pautas de desarrollo propias de nuestro particular contexto nacional, impulsar la educación pública a niveles nunca antes vistos, que no sólo permitan reducir gradualmente los niveles de violencia, sino que también sirva como una verdadera palanca de desarrollo que genere condiciones mínimas de equidad social para vivir unos con otros en comunidad, es decir en una común unidad.

Y para ello, un buen primer paso sería reducir el descomunal gasto, nunca antes visto en la historia de las campañas políticas (16 mil millones de pesos para 2012) que para lo único que sirven es para afianzar los intereses particulares de las élites y engordar la deuda pública que suele utilizarse para rescatar banqueros.

Tenemos que empezar a organizarnos cuanto antes y mandarle un mensaje contundente a la clase política: SI NO PUEDEN ASUMIR EL DESAFÍO, TENDRÁN QUE HACERSE A UN LADO PARA QUE LA SOCIEDAD CIVIL SE HAGA CARGO DEL PROBLEMA.

Así de fácil.  Si tú, amigo lector, quieres ponerle fin a la violencia y otros problemas que enfrenta México, te invito a que empezemos a organizarnos para discutir estos temas de manera profunda, para construír un proyecto de nación y garantizar que se haga valer la voluntad del pueblo sin importar qué partido político o grupo gane las elecciones presidenciales de 2012. Un último llamado a la clase política para que asuma su deber frente a la sociedad civil a la que debe su existencia. Si no hacemos algo ahora, la historia nos pasará factura más tarde o más temprano.

Necesitamos convocar una gran reunión nacional entre los diversos sectores de la sociedad civil para discutir a fondo las medidas que debemos tomar para solucionar estos problemas y construír un proyecto de nación sólido de cara al futuro.

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