Alevosía

Arde la madrugada con alevosía,

mientras la tempestad se fragua en tu boca,

labios que se pliegan en el silencio de mi lengua,

merodeando tu vientre, despoblado y perenne.

;

Mis dedos corrosivos resbalan por tu espalda

echando raíces, hiriendo el aire con cada suspiro,

como avispas aleteando en el eco de tu partida,

esa terrible certeza que produce la distancia.

;

Los latidos de este corazón necio y errático habrán

de cimbrar el centro mismo de la tierra, y brotarán

relámpagos coléricos para rasgar la estratósfera.

;

La lluvia ácida moja el sueño de la amapola,

onda furibunda lamiendo la orilla del espacio,

recorriendo galaxias enteras en un parpadeo,

arrancando la invisible cortina que cubre la faz del universo.

;

Duele la madrugada, pletórica y solitaria,

y los pasos lúgubres de la muerte en mis entrañas

y vestirme con tu cálido cuerpo mientras duermes,

duelen los autos bulliciosos que revientan en la calle

con el despuntar del alba y el aullido de los perros.

Publicado el 4 septiembre, 2011 en Poemas. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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