Soñando la realidad

Laura Quintanilla

Desperté de un extraño sueño. Las paredes de la habitación parecían ser las mismas pero no podía evitar pensar la posibilidad de que siguiera dormido y estuviera soñando sin haber despertado. Miré a través de la ventana y no vi nada, la neblina ocultaba eficazmente la silueta de los edificios de alrededor. Sólo se percibían siluetas deambulando por la calle, sin rumbo, como extraviadas. Permanecí acostado boca arriba viendo el techo, escuchando un sutil ruidillo que provenía de afuera. Di la vuelta sobre el desgastado colchón y descubrí cierta humedad entre las sábanas. Palpe las piernas con mis manos, estaban secas, calientes. Me levanté y fui al baño. Al poner el pie en el suelo sentí una extraño mareo como si perdiera el equilibrio. Me paré frente al escusado y comencé a orinar sin que pudiera detenerme. Pasaron algunos minutos y no continuaba parado frente a la tasa sin parar de orinar. Volví a despertar en la cama, otra vez con esa extraña sensación de que algo raro estaba ocurriendo. Me paré con temor, al tener esa vaga certeza de que algo raro sucedía o que quizá, seguía dormido o perdiendo la razón. Entré al baño y vi a través del pequeño espejo postrado sobre el lavamanos. Miré con cautela, mordiéndome los labios con nerviosismo. Me acerqué y vi mi reflejo descompuesto en líneas curvas, quebrantadas por una compleja gama cromática que se convulsionaba ante la sorpresa de mis ojos. Corrí. Al poner un pie fuera de la habitación, caí por un profundo hoyo que no tenía principio ni fin. Regresé a la cama, al infinito y cíclico punto de partida. Me quedé inmóvil esperando que algo ocurriera, pero nada. Asustado, intenté prender el televisor, como esperando que me hiciera compañía y me ayudara a sobreponerme de la terrible angustia que ahora me invadía. Después de varios intentos sin respuesta alguna, por fin prendió. Vi el rostro de un niño que nada decía, solo miraba atento cada uno de mis movimientos. Las rodillas empezaron a temblarme. El niño no se parecía a mí, era yo, lo sabía, no se cómo, simplemente lo sabía. Cerré los ojos y bajé de la cama, pero me di cuenta de que ahora estaba caminando horizontalemente en una de las paredes de la habitación. Cuando estuve conciente, intenté sostenerme a una de la pared, con las manos, pero resbalé sin remedio alguno. Volví a despertar, pero esta vez veía a través de mi pie izquierdo y no con los ojos. Me mareé y asusté tanto que intenté gritar desesperadamente buscando auxilio pero no podía encontrar mi boca. Fue entonces que morí y volví a despertar. Aparecí de nuevo en la habitación. Intenté mantenerme dormido pero no pude, el miedo acabó con la tranquilidad que proporciona el sueño. Abrí los ojos para darme cuenta de que había muchos otros igual a mí dentro de la habitación, unos caminando, otros sentados, otros cantando, otros inmóviles viendo el techo. Empezó a dolerme la cabeza. ¿Acaso había perdido la razón? No lo sé. Desperté de nuevo. Miré a mi alrededor con cautela, a través de la ventana y no pasó nada. Me levanté para ir al baño y no pasó nada. Salí a la habitación. Seguía sin pasar absolutamente nada, solo éramos yo en la soledad de un cuarto vacío. Esperé a que pasara algo, pero fue inútil. Pasó el tiempo, no sé si fueron días, meses, quizá años sin que pasara nada. No sé que ocurra la siguiente vez que despierte, pero me es imposible seguir así. Me volví viejo, olvidé la facultad del habla, todo era pensamiento y todo me conducía al mismo lugar, al vacío, la sinrazón. ¿Qué es la realidad? ¿Es esto real? Intenté despejar mi cabeza y recordar mi vida antes de llegar a ese punto del tiempo y el espacio en el que todo se había perdido en la nada. Intenté recrear mi mundo pero era inútil, ya no existía otra cosa que yo y mi cabeza. La realidad se dislocaba proporcionalmente a la velocidad del pensamiento. Desperté de un extraño sueño y noté que seguía soñando.

Publicado en la revista El Puro Cuento, número 4, página 98

Laura Quintanilla

Acerca de manuelhborbolla

Poeta, filósofo y periodista, egresado de la UNAM. Creo que es posible transformar el mundo a través de la poesía.

Publicado el 19 octubre, 2011 en Cuentos y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. 1 comentario.

  1. Malena Martin Ayer

    Reconozco que estuve caminando por tu habitación…pero eran ellas las que te observaban

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: