Archivos Mensuales: diciembre 2011

Tierra: viva, hermosa… y herida de muerte

El espectáculo de la vida en el planeta se manifiesta en su máximo esplendor en este pequeño homenaje a algunos de los conservacionistas que han dado su vida para defender nuestro único hogar. Quizá algún día el ser humano abandone el estúpido ideal de poseer cosas aún costa de los otros y pueda construír un marco de respeto que garantice la coexistencia armónica con aquellos seres con los que compartimos un planeta Tierra que sangra por la ambición desmedida de los hombres y que habrá de resucitar de entre los muertos cuando el corazón de los hombres se disuelva en ese río universal que lo conecta todo. Nuestro corazón será entonces el corazón de los árboles, del agua, de los cerros y montañas, de los pájaros, las hormigas, y todos los otros seres que le dan sentido a nuestra propia existencia.

Humareda de ojos grises

Mar, humareda de ojos grises,
ahoga la voz que duerme sobre
tu esfera, sobre tu vientre azul,
en la borrasca silenciosa que
flota en el sueño terso de un violín.

Búscame (en lo efímero de un poema)

Búscame al otro lado del olvido,

desdoblando el vacío, al filo de la nada.

 

Búscame en la estratósfera,

en el fondo submarino,

en la premura del primer beso y

en el silencio cómplice de los enamorados.

 

Búscame en tu orilla

y en el centro de la Tierra,

serpenteando la noche

entre flores transparentes.

 

Búscame en el remanso inagotable de tus manos,

en los quicios otoñales de medio día.

 

Búscame en tu tristeza anestesiada,

en lo profundo del movimiento y en los

delirantes fantasmas del presente.

 

Búscame en tu vientre de ojos azules,

en el murmullo de tu soledad risueña.

 

Búscame en las fronteras invisibles de la carne,

en confesiones anónimas y en el tiempo mutilado

de una canción.

 

Búscame en la caricia del desvelo,

entre tus piernas y el mundo,

entre la eternidad y la sombra.

 

Búscame en la vocación de una vida,

en la fe perdida, en sueños haciéndose espuma.

 

Desprovisto de sosiego

Desprovisto de sosiego

te invento en una herida

y tus manos son un arenal

que inunda mis horas aciagas.

;

Languidece mi soledad en

las páginas de un libro,

y mis pasos elocuentes

naufragan en la tibia realidad

del instante, agua que hierve

y se sacude la sombra y el olvido.

;

Llueve la tarde misteriosa

en mi garganta, cual abismo que

se alarga en la febril espera

del vacío donde flotan las palabras.

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