Realidad en altas dosis

Ingerir altas dosis de realidad es como tragar veneno y cerrar el puño con una brasa caliente, apretar los dientes hasta romper la noche y sus ventanas, ponerle freno de mano a la estampida de locos iracundos que recorren mis adentros vomitando odios y huracanes. El exceso de realidad es volarse los sesos con un revolver, podrirse por dentro, escupir tumores como yemas de huevo, vaciarse de esperanza, despertar del sueño a la angustia, amargo sabor a bilis, oráculos pomposos que pregonan el fin de los tiempos, en este reino de la ignominia y la sinrazón, gobernado por déspotas jeques que ríen a carcajadas, desde fastuosos templos de alabastro y marfil, templos que habrán de ser derrumbados por los vientos del pueblo, con machetes y versos, dulce final para esta crónica de odios y amores profanos, de muerte y resurrección, de oro manchado por la sangre de inocentes y el grito de los ciegos convertidos en cascajo, fúnebre presagio con el que habrá de pintarse esta puta realidad que nos acecha, como un ángel asesino.

Publicado el 30 junio, 2012 en Poemas. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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