Archivos Mensuales: julio 2012

El dolor y la vida según Malick

La vida duele. Ese pareciera ser el punto de partida de El árbol de la vida, quinto largometraje en la filmografía de Terrence Malick, el cual le hizo acreedor de la Palma de Oro en 2011.

En este ensayo-ficción sobre la cruel lucha entre las pasiones humanas y la redención implícita en la anhelada búsqueda de la felicidad, el director estadounidense descubre un nuevo lenguaje cinematográfico, una nueva forma de narrar con soltura algo tan complejo como la vida misma.

A partir de retazos cotidianos y reminiscencias de nuestro origen cósmico, Malick se adentra en las contradicciones de la condición humana para explorar temas inherentes al drama de estar vivos: Dios, el miedo, el amor, la muerte, el dolor. Una batalla entre el orden natural de las cosas frente al caos de las pulsiones carnales.

La historia se sostiene en la intimidad de una típica familia estadounidense de los años 50s donde los desplantes de un padre autoritario obsesionado con el éxito (interpretado por Brad Pitt) y la ternura incondicional de una madre (Jessica Chastain) son los referentes principales en al vida de tres niños que van descubriendo el mundo a través del desencanto que implica la muerte paulatina de la inocencia. Tres niños que descubrirán la aflicción de la vida a través de la fatalidad de Dios y sus extraños mandatos, ese señor omnipresente y caprichoso que “envía moscas a heridas que debería sanar”.

De este modo es que Malick hace de las sensaciones más sutiles una experiencia sublime, logrando un discurso sólido en esta pieza donde las imágenes del cinefotógrafo mexicano Emmanuel ´Chivo´ Lubezki (en uno de los mejores trabajos de su carrera) revelan texturas, matices y encuadres que dotan de una carga explosiva al melancólico y áspero mundo al que hace referencia el filme.

Un retrato sobre el dolor primigenio de las relaciones humanas, donde el amor se presenta como la única puerta de escape, tal como reconocen el propio Malick a través de sus personajes: “La única manera de ser feliz es amando. Si no amas, tu vida pasará rápidamente”.

La algarabía del rayo: carta a los estudiantes de #YoSoy132

La noche del 26 de julio tiene ya reservado su lugar en la historia. El cerco a Televisa sólo puede dimensionarse en el terreno de lo simbólico, ahí donde se construyen los sueños. Estudiantes, campesinos y obreros acorralando a los poderes fácticos. ¡Qué bella estampa! Vientos de revolución y carnaval soplan en esta patria de desamores donde gobierna la corrupción y la impunidad.

En un país donde la vejación a la dignidad humana y la homogenización del pensamiento pretenden ser instituidos como formas de dominación, el pueblo de las mil gargantas ha levantado la voz para reclamar aquello que le pertenece y le fue arrebatado: el derecho a la libre autodeterminación de su destino.

Se rompió el silencio mordaz que nos mantenía presos en esta jaula de barrotes invisibles y se rompió también el miedo que nos mantenía aislados el uno del otro. Hemos encontrado la cura para esta epidemia que ciega y nubla el entendimiento. Por eso ahora tenemos las pupilas dilatadas para ver a través de la tiniebla. La industria de la manipulación y la sordera no podrá contener nuestro espíritu desbordado que canta con la algarabía del rayo.

Estos fértiles campos de hombres y mujeres libres son también una profecía: el fin del imperio se aproxima. Que los jeques rían desde sus solitarios castillos de oro y fino alabastro, porque este reino de la infamia, la muerte y la ignominia tiene las horas contadas.

Arde la esperanza en rostros pintados de alegría y manos elocuentes, en ojos inundados de sueños multicolores que brotan de la tierra, como la flor que germina y se abre paso entre yermas franjas de concreto.

Hagamos de este cerco a la mentira un abrazo a nuestros carceleros. Tenemos el deber de liberarnos y liberar también a nuestros opresores, desatarlos del egoísmo vicioso que los aprisiona y los consume. Hagamos de la compasión nuestra bandera, el sentido de nuestra lucha. Arrojemos los rencores al fuego para que las llamas purifiquen nuestro dolor y lo conviertan en el abono que habrá de resucitar a un pueblo desde sus escombros. Dejemos que vuelen las palabras y se apaguen los odios, que el tiempo y la justicia curen estas heridas abiertas que aún supuran. Dejemos que el amor se riegue como el polen para que todos los corazones se fundan en un solo palpitar.

¡Vivan los estudiantes que nos dieron patria!

¡Viva el pueblo de México que despertó para soñar un mundo nuevo!

Un abrazo para todos ellos.

Manuel Hernández Borbolla

::.

Rana technicolor

Venus

El miedo y la resurrección

El miedo siempre ha sido el más eficaz instrumento de dominación. El miedo paraliza, ciega el entendimiento. Y eso es precisamente el escenario que hemos vivido en México los últimos años. De ahí que el terror y la promesa del orden hayan sido utilizadas históricamente como las dos justificaciones más comunes para establecer a las dictaduras. Sólo así puede explicarse el supuesto triunfo electoral del candidato presidencial del PRI, Enrique Peña Nieto, y la alegría incontenible del presidente Felipe Calderón. Sólo así puede explicarse que los medios de comunicación revivieran las campañas del miedo en la recta final de la contienda electoral de 2012. El miedo, la herramienta predilecta de aquellos que operan el sistema político para lucrar con la misera de la gente, el pánico como proyecto económico. Todas estas cuestiones se ilustran a la perfección en el documental Estado de Shock, producido por el Canal 6 de julio, en el que se evidencian los fines ocultos de la llamada guerra contra el narcotráfico, la justificación idónea para maquillar un gobierno ilegítimo, un proyecto de colonización cortesía de la oligarquía norteamericana y una oportunidad perfecta para aniquilar a la disidencia. Un diagnóstico crudo y desolador del país en el que vivimos, tan herido por la enajenación idiota de los cobardes que prefieren evadir la terrible realidad que nos rodea antes que enfrentarla cara a cara.

Sin embargo, no todo está perdido, como bien esgrime la máxima de Hölderlin: “allí donde está el dolor está también lo que salva”. Y esto es precisamente lo que intenta explicar el politólogo estadounidense Gene Sharp en su libro De la dictadura a la democracia, un manual de cómo iniciar una revolución pacífica sin morir en el intento. Sharp considera que para acabar con un régimen corrupto, es necesario atacar aquello que lo legitima. Si bien el argumento de este teórico de la revolución pacífica no es algo nuevo (ya que Max Weber detalla este punto en su célebre obra Economía y sociedad: esbozo de sociología comprensiva, al explicar los conceptos de legitimidad y orden social), sí lo es la manera tan esquemática en que explica, paso a paso, cómo desgastar la credibilidad del poder político sin la necesidad de empuñar un arma de fuego. Y esto se debe a la manera en que la paz despierta un sentimiento de humanidad en el corazón de la gente, sin importar que se trate de policías o militares. La paz nos conecta con los otros y le devuelve el poder a la comunidad política.

Áspera la vida y clara la muerte

¿Dónde empieza y termina la vida?

¿Dónde termina y empieza la muerte?

 

Si para vivir matamos y para morir vivimos.

Si del tenebroso espasmo de lo inerte

germinan las semillas y brota el aire de colores.

 

Si en el dulce aroma de la vida se engendra

la muerte borracha, paciente, umbría.

 

¡Hay tanta vida en la muerte!

¡Y tanta muerte en la vida!

 

¿Dónde termina y comienza el delirio

primigenio de la muerte?

¿Dónde inicia y concluye el carnívoro

dolor de los vivos?

¿Dónde se abre y se cierra esta herida

que es la muerte y es también la vida?

 

Del aliento de la nada emerge el movimiento,

fuego que baila para ser devorado por la tiniebla.

 

En las entrañas de la pasiva muerte

nace la vida: trémula, espontánea;

y en el caótico frenesí de los vivos

reside la cruel certeza de la muerte.

 

La vida tan puntual y la muerte tan ambigua,

compañeras redondas en su mutua dependencia,

áspera es la vida y clara la muerte de manos frías.

 

Ahí donde se apaga la vida se enciende la muerte.

Ahí donde se yergue la vida se acuesta la muerte.

::.

La soledad perniciosa

Viajar hacia una isla de humo, al este de la nada,

perdida en la violenta inmensidad del océano,

y llegar arrastrado por los vientos grises con su

aliento a madera, llegar a la orilla del misterio

más profundo, sueños convertidos en papalote,

y manos bordadas de anhelos y esperanzas, manos

sedientas empuñando un corazón hinchado de

sol, arena y desamor, manos inquietas que añoran tu

vientre, nostálgico y discreto, melancólico como el

vino, cardo silencioso lleno de deseo, lleno de ti,

tren impetuoso donde los solitarios purgan condena

y se limpian las culpas en aguas vírgenes que ríen

remontando el tiempo del río y la montaña, aguas

teñidas de jade donde abrevan el azar y la memoria,

aguas como el barro cosechando estrellas en el

fondo de una gruta colmada de negras visiones,

génesis del abandono, metáfora del hombre y la mujer,

acompañados en su soledad perniciosa, tan plegados y

ajenos el uno del otro, tan fugitivos, con los labios llenos

y los ojos vacíos, marcados por una tristeza baldía

que moja el pensamiento con lluvias color tormenta.

Tu voz en carne viva

Tu voz es siempre una bofetada, la alegoría de mi soledad
en carne viva, el mecánico impulso de verte y derrumbarme
en esos besos tuyos como trampas y tentáculos eléctricos,
besos como quimeras sobrevolando cuerpos de tierra volcánica.

Mueren las horas en teléfonos ausentes que lloran y callan,
en árboles de verde invisible, en las ruedas de una bicicleta
y pisadas de aceite transitando por la carretera del olvido.

Mueren las horas en placeres perversos vestidos de angustia,
en gritos como estacas que mutilan, en sueños sin cuadrícula,
como los cuentos escritos en el vientre de una palma herida,
modelando el cielo estrellado entre versos como espuma.

A %d blogueros les gusta esto: