La soledad perniciosa

Viajar hacia una isla de humo, al este de la nada,

perdida en la violenta inmensidad del océano,

y llegar arrastrado por los vientos grises con su

aliento a madera, llegar a la orilla del misterio

más profundo, sueños convertidos en papalote,

y manos bordadas de anhelos y esperanzas, manos

sedientas empuñando un corazón hinchado de

sol, arena y desamor, manos inquietas que añoran tu

vientre, nostálgico y discreto, melancólico como el

vino, cardo silencioso lleno de deseo, lleno de ti,

tren impetuoso donde los solitarios purgan condena

y se limpian las culpas en aguas vírgenes que ríen

remontando el tiempo del río y la montaña, aguas

teñidas de jade donde abrevan el azar y la memoria,

aguas como el barro cosechando estrellas en el

fondo de una gruta colmada de negras visiones,

génesis del abandono, metáfora del hombre y la mujer,

acompañados en su soledad perniciosa, tan plegados y

ajenos el uno del otro, tan fugitivos, con los labios llenos

y los ojos vacíos, marcados por una tristeza baldía

que moja el pensamiento con lluvias color tormenta.

Publicado el 6 julio, 2012 en Poemas. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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