Un poema vacío

 

Rebozar tierra en la herida,

ungüento milagroso que

atempera un ardor silencioso,

esta lumbre que muerde,

haciendo surcos en mi pecho

convertido en jirones,

entregado a la violencia

del mar iracundo embistiendo

el cansancio del alba,

insondable distancia

entre el sueño y la nada.

 

La luna se ha quedado dormida

en el acedo sopor de las flores,

y le besan las mejillas con un

dolor trémulo que se llena los

pulmones de aire inflamable,

degustando raticida a la hora

de la cena para escribir un epitafio

con tus manos invisibles

que no fueron, receta infalible

para curar el amor insatisfecho,

sustituto perfecto de la muerte.

::.

Acerca de manuelhborbolla

Poeta, filósofo y periodista, egresado de la UNAM. Creo que es posible transformar el mundo a través de la poesía.

Publicado el 13 octubre, 2012 en Poemas. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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