Preludio sobre el fin del mundo: el apocalipsis maya de 2012

“¡Hágase así! ¡Que se llene el vacío! ¡Que esta agua se retire y desocupe el espacio, que surja la tierra y que se afirme! Así dijeron. ¡Que aclare, que amanezca en el cielo y en la tierra! No habrá gloria ni grandeza en nuestra creación y formación hasta que exista la criatura humana, el hombre formado. Así dijeron”.

Mito de la creación según el Popol Vuh

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Una fecha inscrita en una piedra basta para desatar el frenesí colectivo por el fin de los tiempos. El terror construido por la incertidumbre y la mercadotecnia. Un mundo donde los efectos devastadores del cambio climático, el hambre como forma sistemática de exterminio y las continuas guerras de todos contra todos no alcanzan a satisfacer nuestras expectativas de lo que debería ser el armageddon. Pareciera que nuestra ansiedad requiere una producción de mayor envergadura, algo más violento, espectacular, desgarrador. Un cataclismo de proporciones bíblicas al compás de Wagner y su Cabalgata de las valquirias. Un cielo color sangre ardiendo entre fulminantes meteoritos capaces de convertir rascacielos en escombros al estilo Bin Laden. La tierra convulsa abriendo una fosa capaz de tragar ciudades enteras de un parpadeo. Una vorágine óceanica escupiendo tsunamis. La risa sardónica de los mayas contemplando los rostros crédulos de los turistas que han decidido viajar al otro lado del mundo para contemplar el apocalipsis en primera fila. El espectáculo de la devastación total estilo Hollywood, la pandemia en los tiempos de Youtube. La postal perfecta para escribir el epitafio de la humanidad.

Increíble todo lo que puede provocar una fecha escrita en una piedra cuando se combina con la psicosis del New Age.  Las pruebas irrefutables y las aburridas respuestas de la ciencia moderna poco importan cuando un vehemente deseo de aniquilación se apodera de imaginaciones inocentes para convertir la histeria colectiva en lucrativo negocio. Gente guardando provisiones en el bunker para resistir la hecatombe. Hordas de locos esperando impacientes en lo alto de un cerro la llegada de seres luminosos que habrán de transportarlos a la quinta dimensión. La extinción total en el precopeo. Shiva el destructor acariciándonos la entrepierna. Tezcatlipoca vomitando huracanes. El último aliento antes del fin del mundo.

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Quizá por ello resulta increíble que una fantasía concebida por el escritor estadounidense Frank Waters en 1975 e inspirada en la inscripción del monumento 6 de Tortuguero -antiguo asentamiento maya ubicado en el municipio de Macuspana, Tabasco- haya sido capaz de mantener en suspenso a buena parte de la población global en los días previos al 21 de diciembre de 2012. Una fecha en la cual, Waters aseguraba que la humanidad entraría en un nuevo estado de conciencia como consecuencia de la alineación astronómica en el cierre del baak’tuun 13.

De acuerdo con Erik Velásquez García, epigrafista y experto en la interpretación de glifos mayas por el Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM, cada baak’tuun comprende un ciclo de 144 mil días (5 mil 125 años) con el que las antiguas civilizaciones mayas llevaban el cómputo del tiempo desde la creación del universo. Algo que difiere mucho con el despertar de la conciencia de tintes apocalípticos anunciada por Waters en su libro Mexico mystique: the coming sixth world of consciousness.

“Por analogía con las ideas de los mexicas sobre los Cinco Soles Cosmogónicos, lo que hizo Waters fue mezclar este dato con lo interpretado en el Monumento 6 de Tortuguero y pensó que era la fecha en que se llegaría a una especie del final del Quinto Sol a través de un cataclismo, amalgama que también mezcló de una forma nada académica, sino completamente ecléctica, con las ideas futuristas que encontró entre los hopis del suroeste de Estados Unidos, para armar una especulación que desembocaría en diciembre de 2012, con el supuesto final de nuestro mundo”, afirmó Velásquez García en entrevista para la Gaceta UNAM publicada el 4 de marzo de 2012.

Monumento 6 de Tortuguero, Tabasco, México.

Monumento 6 de Tortuguero, Tabasco, México.

Sin embargo, poco pareciera importar la opinión de los expertos en un mundo ávido de cataclismos, merchandising y profetas de dudosa procedencia. La perversión histórica nos dice poco de quiénes fueron los mayas en realidad y dice mucho de quienes conformamos esta sociedad global y esquizofrénica paralizada por los efectos embrutecedores de los mass media. Sólo así pueden explicarse los ataques de pánico en Rusia (donde el Kremlin tuvo que salir a aclarar que no existen indicios para pensar en el fin del mundo), las amenazas de cárcel para los promotores del apocalipsis en China, el 95% de ocupación hotelera en la Península de Yucatán, la urgencia de prender los sirios para elevar las plegarias. Oímos lo que queremos oír, vemos lo que queremos ver, anhelamos con fervor el fin de la existencia.

¿Qué hace tan fascinante el fin de los tiempos? ¿Por qué nos seduce con tanta fuerza la grandilocuencia estridente de la nada? ¿Será tanto el sufrimiento que ronda en la Tierra como para explicar este placer prohibido por el suicidio masivo? ¿O será acaso una forma de burlarnos de nuestras vidas miserables?

De acuerdo con la etimología, la palabra mundo proviene del latín mundus, que significa “limpio, elegante”, término que a su vez proviene del griego cosmos, que significa “ordenado”. Es quiere decir que la noción grecolatina del término posiciona al mundo como aquel lugar donde prevalece el orden por encima del caos, ese abismo tenebroso que antecede a todas las cosas. Quizá eso explica por qué en el imaginario de los hombres, el fin del mundo se construye como un arrebato violento, anárquico, confuso, desorganizado, terrible. El fin del mundo representa entonces el fin de un orden preestablecido.

Schopenhauer creía que el mundo como lo percibimos no es sino el resultado de nuestras representaciones, el mundo como reflejo de nuestra voluntad, deseo insatisfecho, dolor insondable.

Wittgenstein en cambio, concebía al mundo como una relación causal de hechos basados en un conjunto de ‘entidades’ que conforman la condición de posibilidad del mundo: la estructura lógica, los valores morales-estéticos y el sujeto metafísico.

El mundo no es un lugar físico, propiamente dicho, sino un conjunto de significaciones que ayudan a definir los límites de la realidad caótica e infinita donde cualquier cosa es posible. De ahí que toda metáfora sobre el fin del mundo implique, forzosamente, una nueva correlación de significados sobre los que se articula una determinada idea de mundo. Es decir, que la destrucción y resurrección del mundo como lo conocemos es un acontecimiento posible en el plano de lo simbólico y no en el terreno de lo físicamente tangible, como insisten los mercaderes del holocausto global inspirado en una antigua estela precolombina.

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En la cosmogonía maya, el mundo está dividido en tres esferas: el cielo (morada de los dioses), la tierra (representada por el lomo de un gran reptil) y el inframundo (lugar donde habitan los muertos). En el centro del mundo, se encuentra Yaxché, la Ceiba sagrada, el árbol de la vida cuyas ramas rozan las nubes y sus raíces penetran hasta las entrañas mismas del subsuelo, conectando así los tres planos de la realidad. Desde esta perspectiva, el fin del mundo se parecería más a la deforestación sin cuartel que se vive en los bosques tropicales del planeta, que al libro de las revelaciones escrito por el profeta San Juan.

En su lecho de muerte, aquel 3 de junio de 1995, a tan sólo unas semanas de cumplir 93 años de edad, Frank Waters nunca imaginó todo lo que desencadenaría su fantástica reinvención de la mitología mesoamericana. Los mayas tampoco imaginaron que una inscripción ordenada por un gobernante de nombre Balam Ajaw en el siglo VII para conmemorar la creación del mundo desembocaría en una epidemia de pánico colectivo de alcance global en los albores del siglo XXI.

Sin embargo, no todo está perdido. Si el mundo es en realidad un conjunto de significados, es posible que el delirio de Waters pueda ser utilizado como la metáfora ideal para declarar el fin del actual modelo civilizatorio, emanado de la modernidad occidental, y comenzar algo nuevo, aferrados a la esperanza de que algo mejor está aun por venir. Quizá por eso nos seduce tanto la idea del fin del mundo. Bienvenido sea. |||

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Acerca de manuelhborbolla

Poeta, filósofo y periodista, egresado de la UNAM. Creo que es posible transformar el mundo a través de la poesía.

Publicado el 19 diciembre, 2012 en Otros desvaríos y etiquetado en , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 4 comentarios.

  1. se va a destruir el mundo manuel, no seas necio jajajajaja…!!!
    ya postie el manuel, la tarjeta de lo minimo que tienes que tener para el proximo viernes….!!!

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  2. el manual manuel, el manual manuel…!!!

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  3. Un artículo bien documentado y lleno de mundo (orden)

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