Archivos Mensuales: marzo 2013

Acónito

 
Flor homicida, letal

como el beso púpura del acónito

secas la respiración entre pétalos

de seda, iracunda ricina,

ocultas tu ponzoña

en la lisura de tu voz

con que devoras

al incauto picaflor

que anhela como la muerte

un solo beso tuyo,

con tu saliva tóxica

y el farragoso acento

que adivina el sino triste

de tu amarga pulpa.

 

Picas como la ortiga

hieres como un carnívoro cuchillo

quemas como el tierno beso

de la aguamala,

y yo aquí, gravitando

en tu cuello

como un imbécil que no sabe

otra cosa sino respirar a través

de tu boca,

vulva floral,

jacaranda corrosiva que

despuebla la noche

escarbando suspiros

en cada páramo, cada ausencia,

cada esporádico vuelo

donde vuelca la añoranza.

 

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Cultivo el verso triste

 

Cultivo el verso triste en tu soledad

cadáver blanquecino de mi pena

solloza la fragua de mi gangrena

cuando despierta voraz la tempestad.

 

Naufragan tus escombros en la oquedad

de mis ojos prendados a tu arena,

algarabía de tu piel morena

entre besos condenados a orfandad.

 

Destila sangre la noche menguante

en el tibio rastro de tu sonrisa

cuando oculta mi dolor incesante.

 

Vacila mi locura en la cornisa

de la luna tersa y fulminante

que se anuda en el eco de tu prisa.

 

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Debajo del limonero

Precedido del tedio y ese aburrimiento crónico que se hace cada vez más recurrente conforme se van acumulando los años, me resigné a dormir temprano un viernes por la noche, derrotado, agotado por un tibio desgano que hizo imposible levantarme temprano para asistir a la escuela. El sueño fue pesado pero eficiente. Desperté al día siguiente, ya entrada la mañana. Decidí que seguir cultivando el fastidio de la noche anterior era algo estúpido. Me levanté a recorrer 16 kilómetros en la escaladora de la sala mientras veía televisión, para luego seguir con algunos ejercicios de brazo. El desgaste físico fue reconfortante, ante la imperiosa necesidad de sentir el cuerpo. Salí al jardín. El cielo nublado presagiaba un día lluvioso, pero aún así decidí sentarme un rato a meditar larga y tendidamente debajo de un limonero.

Empezó el trance con el fluir de la respiración y el adormecimiento paulatino de las piernas. Cerré los ojos para poner atención al sonido de la mañana. Fue entonces que todo comenzó a cobrar sentido. Escuchando el trinar de las aves, comprendí al fin que nuestro canto debe ser como el de ellos: un cántico sagrado que nos lleve al corazón del otro, rasguñando la estratósfera para arrojarnos al centro mismo del universo, ese punto infinito e inconmesurable debajo del limonero donde las ideas fluyen como el oleaje del mar hecho pura abstracción, tan vaga como la perfección misma que se crea y destruye dentro de nosotros, tan endeble como un suspiro o el impulso natural de abrir los ojos sólo para ver colores cuya existencia ignorábamos desde siempre. Supe de pronto que sólo somos sombras de otros tiempos. Descubrí a qué huele mi respiración. El universo y yo estábamos alineados, uno detrás del otro, en la perfecta armonía de una tonada musical, como un presagio, como las voces elocuentes de otras manos, de otros tiempos y otras vidas hechas carne en el presente, en ese instante preciso. Comprendí entonces que no estaba solo. Después de ese día, el mundo no podía seguir siendo el mismo.

limonero

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Cardumen de obsolescencia

 

Cardumen de obsolescencia,

manos que lo envuelven todo,

rotonda de las bestias adornadas con satín,

muros de agua

resquebrajándose entre las uñas,

mi vocación es degradar la memoria

en la penumbra,

llegar siempre tarde

a cualquier instante.

 

Vacío de sentido, curtido en soledad

cercado por un dolor remoto,

soy una marejada de culpas sin razón

inhibidor de la risa temprana

articulador de causas perdidas

manifiesto de un amor discapacitado

con los miembros recogidos

y el espinazo curvo

bosquejo de miradas ausentes

y distantes

se estrellan en mi abyecto

deseo de morder y hacer daño,

para beberme tu sangre caliente

tras la mortal estocada.

Observo mi reflejo en palabras quietas

y me pregunto si acaso

no me habré convertido en un farsante,

un embustero que disfraza su vanidad

en los harapos de la fe,

payaso de ocasión marcado

por el desencanto y la traición,

buscando la salida de emergencia

mientras ruedan las piedras

en el acantilado,

el cenit esconde sus secretos

en el horizonte,

la medianoche es un cuchillo

que corta por dentro.

 

Escribiré una elegía para eludir a mis captores

escribiré para aferrarme a la vida

y maniatar a la muerte que pretende seducirme

con su voz de uva fermentada.

 

Brota la ternura de un bosque pétreo

de luz artificial

para recordar que el amor florece en la tiniebla

anhelos infantiles que se bastan a sí mismos

para modelar su felicidad en las yemas de un árbol,

arar los campos con la firme convicción

de que el aire que respiro está aún por nacer,

cobijado de esperanza,

contracción boreal que emana de mis ojos

para inundar el alma.

 

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Mancillar la soledad

 

Mancillar la soledad
cuando se despuebla el silencio
emulando el pulso de la sal.

Ni la muerte ni el olvido podrán
arrebatarnos la añoranza,
como no podemos extraviar el aire
que nos llena los pulmones.

Respira la esperanza
en el anhelo del mañana.

 

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Amores morados

 

Amores morados

moran los mares mordaces

que mueren de marasmos,

miseria y masmorra.

 

 

“El mundo quizá podría tener un futuro”: Saramago

“Si toda la gente buena, si toda la gente amante de la belleza, si toda la gente amante de lo justo y honesto pudiera reunir esfuerzos y oponerse contra la barbarie del mundo, el mundo sería capaz de dignificar al hombre, al ser humano que somos. El mundo quizá podría tener un futuro”.

José Saramago.

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Compré El libro del elefante un 17 de junio de 2010, en uno de esos arrebatos inexplicables. Al día siguiente murió José Saramago. De esas muertes que duelen. Ahora que por fin veo el documental sobre la gestación del libro y su irremediable amor hacia Pilar del Río, no pude evitar ciertas coincidencias, ciertos momentos en que aun sin saberlo, mi vida y la de aquel viejo portugués se cruzaron para siempre. Mientras Saramago era internado en el hospital en diciembre de 2007, yo viajaba por América Latina y al mismo tiempo, a través de aquella Lisboa fantasmal, poética y melancólica que desbordaba las páginas de El año de la muerte de Ricardo Reis, quizá su mejor libro y curiosamente uno de los menos afamados. En Salta, ciudad del norte de Argentina, tuve que vender aquel volumen -lleno de anotaciones, con las páginas ennegrecidas por el polvo, el sol, la lluvia, el tiempo, el viaje- para poder comer algo antes de arribar a Buenos Aires. Fue como desprenderse de un amigo. En días de reencuentro como los de hoy, no queda más que recordar y celebrar el hecho. Un abrazo al buen José, donde quiera que se encuentre.

Retrospectiva

 

Se erosiona mi frente

y se dilatan los sentidos

en el regazo de la fiera noche

que te arrulla en el sopor

taciturno de la espera,

la angustia de saberse solo

hundido en las cicatrices

de mi bajo vientre,

surcos que narran los estragos,

el efervescente rito del

amor bañado en soledad,

último reducto de la carne,

manos resilientes

derivaciones marinas

flotan en el dentellado fuego

que germina en el oriente,

precarios besos que alunizan

sobre tu talle,

el sórdido romance de tus muslos,

la proximidad de una querencia

umbría,

aletargada,

            prohibida,

susurros equidistantes se abren

en tus piernas,

una fiebre amarga habita

el arrecife donde rompen

las olas y las ganas

y naufraga el acorazado de los

sueños mutilados,

me beberé tu sonrisa

de un solo trago

en el doliente y líquido anhelo

del rosado caracol;

algunas cosas sólo tienen sentido

a la distancia,

vistas en retrospectiva.

 

 

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La piel del sueño

 

Me gusta evaporarme

para extenderme por el mundo

perderme en mi propio laberinto

y abarcarlo todo

y sentirlo todo

desanudar mi voz

para explorar cada pliegue

de este canto que se abre

en mi deslenguado corazón

que transita la noche sin farolas,

me gusta sentirme yo

cuando imagino que soy otro

y respirar en la piel del sueño

invocando fantasmas delirantes

para despojarlos

de la muerte y su mordaza,

colmar mis adentros arrojando

versos y semillas

que habrán de prender

en el mañana, floreciendo

entre retazos de carne y agua,

viento pegajoso que se

aferra a la vida,

eterna vuelta que marca

el fin (principio) de los días

y mi vocación de ser el mar.

 

 

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Relatar el tiempo verdadero

 

Habito el tiempo desechable,

país remoto delineado por el fuego,

fumando las esquirlas de tu pecho soñoliento

el agua estancada se pudre en el estero

cuando no fluye el torrencial vértigo

de la sangre y el vino,

ausencias que se suceden

en el acontecer del trueno

el cielo supura un luto descarnado,

voces que se arremolinan en las olas

la soledad se viste con tu piel de latex

la muerte es un engaño, sueño prohibido

devorado por el miedo de los que ignoran,

luz endurecida, robusta fiebre de alquitrán,

el relieve artificial de los campos se erige

como culto a la desgracia,

escalera vacilante por donde

desciendo a tu sepultura,

hasta agotar el aire frío que exhalas

por tu boca de azafrán,

con tus cabellos avellanados hechos nudo,

el ímpetu abrasivo de la tempestad

escribió tu destino en piedra pulida y henequén

transportando siglos en alforjas llenas

de palabras enterradas, vacías, elocuentes,

ataúdes convertidos en macetas

donde crece lento el algarrobo

con su pulpa siempre verde,

y tu cadera trepidatoria

rompiendo la membrana del silencio estival,

raíces que son escombros

empeñando la humedad del alma

en versos sonámbulos

que se diluyen en la arena,

el aire recorta tus pupilas

con tu risa resuelta abdicando en mis labios,

con tu espalda yerta y descubierta

inventando el camino que recorren mis dedos,

hablo el idioma de tus latidos,

métrica puntual donde abreva la bestia

que duerme en mis adentros para resucitar

en mi adicción al éter,

tu corona de flores rinde pleitesía

a tu estampa de hembra fatal,

palabras derramadas sobre el piso,

aroma trasnochado y combustible,

sé que sabes hilvanar

el telar indivisible de la gracia

pero yo busco reventar

en los confines del absurdo,

bailar en el lodo, la desertificación del presente

soy un ciclón tropical preparando la embestida,

flexiones tenues enrolladas en la memoria

signos que se amontonan

en la genealogía del hombre;

se borraron las manchas del encordado metal

sacudiendo segundos ambivalentes

bordados a mano,

voliciones encumbradas en el tizne del deseo

aliteraciones indexadas en el polvo,

quiero herir la realidad sobrevolando

los márgenes de la imaginación,

fecunda posibilidad de transgredir

los barrotes de esta prisión invisible

donde nos reinventarnos a nosotros mismos,

versos origami,

máscara que disuelve el ego:

fastuosa necesidad de asumirse como mercancía,

estupidez crónica y letal,

remedos de personas

absortos en la ceguera de la vanidad

incapaces de asir la totalidad de la existencia,

obsolescencia que se reproduce como plaga

pendejos que enseñan los dientes y

amenazan con su pedantería pueril,

como si el dominio de la materia pudiera

contener al espíritu que reclama su libertad

en el revolucionario ejercicio de la creación,

vencer los miedos y conquistar el poder

en nombre del amor y la misericordia,

restituir el significado perdido del mundo

y hacer que las flores prendan

en el agreste invierno,

no hay escapatoria de esta asfixia,

se acabaron aquellos escondites donde

los cobardes podían agachar la cabeza

pa´ echarse a llorar,

transpira la música del habla

en la veta  del hastío,

maquinación deforme de la angustia

el muérdago tiñe los siglos de rojo,

repelente de lobos,

luna de oriente que lleva tatuado

el fuego del tigre,

quiero espantar la sombra

que yace bajo mi almohada,

seduciéndome con el licor de la venganza

pan de la desdicha;

habré de encontrar mi voz en letra impresa

para no callarla,

y relatar el tiempo verdadero en

los vestigios de una era olvidada.

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Las pecas de tu espalda

 

Las pecas de tu espalda

son un archipiélago de fracasos,

amor entumecido aferrado a tu arena

para posponer la fecha de otro naufragio,

barracudas arrancando la piel de un mordisco,

sangre disuelta en el mar picado,

huesos triturados hechos sal,

ácida membrana por donde respira la nostalgia

nubarrones grises que se extienden por el cielo

como una infección contagiosa,

líquida oscuridad raspando mi quilla

boca entreabierta donde madura la luna

espejo lacustre, racimo de noches en vela

fumando el presente de una bocanada,

en la retórica inútil de los enamorados,

proximidad de dos cuerpos instantáneos

ignorando los riesgos de perder el control,

quitarle el freno de mano

a este anhelo de precipicio,

tus pechos diurnos son la contracción del aire prófugo

con el que te sueño esporádica,

frensí marchito pisando el fondo del acelerador

cristales en colisión, agudo sonido de estalactitas,

áspero alivio que encuentro en el borde de tu oreja,

heráldica de nieve,

casuística deforme picoteando en mi costado,

cadenas que se arrastran en la lija del asfalto,

a veces la imaginación sólo sirve para tragarse a sí mismo,

galopa en estampida y ya no la paras,

huye frenética,

en la vehemencia de un rastrillo arando las grietas,

el hormigueo debajo de las sábanas,

tajo de luna menguante alimentando al niño,

hemorragia interna provocada por el mezcal

y la añoranza, el malestar punzante de vivir a medias.

 

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Dialéctica revolucionaria

Una crónica de cómo me tocó vivir el Referéndum constitucional de Venezuela en diciembre de 2007, proceso electoral donde el bando del ex presidente Hugo Chávez fue derrotado. Tipo polémico y lleno de claroscuros, este texto y las versiones publicadas en el diario mexicano Excélsior, el 3 y 4 de diciembre de 2007, refleja la fractura que existe entre los simpatizantes y detractores de la Revolución Bolivariana encabezada por Chávez. Un orador impactante. Hoy, en el día de su muerte, rescatamos este pequeño relato, esperando que su fallecimiento pueda ayudar a aliviar viejas rencillas y acabar con la dialéctica venezolana instalada hace más de una década. Descanse en paz, Hugo Chávez Frías.

Cierre de campaña de Chávez para el referéndum constitucional de diciembre, 2007

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La tensión estaba a punto de reventar. Los resultados no llegaban y la impaciencia empezaba a cobrar factura mientras los venezolanos se mantenían expectantes en la televisión hasta entrada la madrugada con el destino del país en el aire.

Unos días atrás, Carlos Adampol, mi compañero de viaje, y yo decidimos meter el acelerador para observar de cerca las elecciones del 2 de diciembre de 2007, en las que los venezolanos decidirían parte importante de su destino como nación mediante el referéndum constitucional convocado por el presidente Hugo Chávez.

Llegamos a Caracas un jueves a medio día. Tomamos el metro hasta la estación Chacaíto, buscamos el número exacto en la calle Francisco Solano hasta llegar a casa de Roberto Campos, nuestro anfitrión, quien contactamos por Internet durante los días previos. Una vez instalados, tomé la cámara y bajé inmediatamente. La marcha convocada por los estudiantes ya había comenzado. La idea de la oposición chavista era abarrotar la Avenida Bolívar y hacer un llamado para votar en contra de la propuesta de reforma constitucional que, entre otras cosas, le daría mayor poder al presidente Hugo Chávez para continuar con el proyecto de la llamada Revolución Bolivariana y de paso, mantenerlo en el poder por tiempo indefinido.

Las cosas en Venezuela eran muy simples: o estabas a favor de Chávez o en su contra. Sí o No a la reforma. Así de simple. No había cabida para medias tintas, todo mundo tenía que tomar una posición. La polarización de Venezuela era visible a varios niveles. Encender la televisión era un claro ejemplo de esta confrontación política. En Venevisión, el canal del Estado, la presencia del polémico presidente Hugo Chávez era una constante. Nadie se atrevía a contradecir al comandante, el que nunca se equivocaba. Al cambiar el canal las cosas resultaban diametralmente diferentes. En Globovisión la línea informativa estaba claramente marcada en favor de la oposición, encabezada por estudiantes universitarios.

Continuaba la marcha a través de las principales calles de Caracas. Los reclamos son muchos y muy variados, al igual que el colorido bloque opositor: desde el descontento por el deseo de Chávez de mantenerse en el poder por tiempo indefinido hasta el desabasto de productos de la canasta básica como carne y leche. El recorrido continúa mientras la masa corea el tema del momento, “¿Por qué no te callas?”, en alusión al famoso incidente entre el Rey Juan Carlos de España y Hugo Chávez. Los diversos contingentes finalmente llegan al corazón de Caracas, la Avenida Bolivar, ante la penetrante mirada de los simpatizantes del régimen que sólo observan a distancia, esperando ansiosos a que llegara el día siguiente para responder con fuerza.

Hay un clima tenso ante alguna posible confrontación, pero eso no impide que la gente se exprese, grite o exhiba orgullosa sus pancartas con descalificaciones de todo tipo en contra de Chávez, el gran villano.

La dirigencia estudiantil hace un llamado al No desde la plataforma instalada en la Avenida Bolívar que luce llena a pesar de que en Venevisión las imágenes muestran una realidad totalmente diferente. Algunas estaciones de radio denuncian que el canal estatal manipuló las imágenes tomadas desde el helicóptero para restarle fuerza a la marcha de la oposición. Las imágenes transmitidas “en vivo”, en realidad fueron captadas durante las primeras horas de la marcha, cuando la gente no había llegado al punto de encuentro.

Así transcurrió la jornada, en la que la oposición puso sus cartas sobre la mesa. Faltaba la respuesta oficial por parte del régimen.

El viernes, todo estaba listo para el mitin en el que los simpatizantes de la revolución responderían a sus adversarios. Caracas se vistió de rojo aquel 30 de noviembre, mientras el ejército hacía notar su presencia en las calles ante el “intento de asesinato” que planeaba el gobierno imperialista de George Bush, según había declarado Chávez a la prensa durante los días previos para echarle sabor al caldo.

Las calles de la ciudad ahora estaban llenas de puestos de comida y otras curiosidades, incluyendo la parafernalia revolucionaria. Imágenes del Che, panfletos con el discurso de la denominada revolución del siglo XXI, fundamentada en la tesis del alemán Heinz Dietrich Steffa y su crítica al marxismo convencional, y a los intentos previos que han existido para establecer el socialismo en el mundo. Sonaba música de Silvio Rodríguez, como si se tratara de un himno, al igual que el pegajoso “Sí, sí, sí, ahora sí, sí, sí” con el que se promocionaba la reforma constitucional.

Las horas pasaban lentamente, pero la gente permanecía quieta, esperando el momento exacto en que apareciera el comandante, sin importar el calor vespertino. Nadie quería perder su lugar. La tribuna lucía impactante. Un inmenso Sí en color rojo como telón de fondo enmarcaba el escenario en el que Chávez pronunciaría su discurso. La imagen se me figuraba una de esas postales de Hitler hablando ante su público o al mismísmo Ciudadano Kane de Orson Wells a media campaña electoral. Los extremos se tocan.

Mientras espero, platico con la gente. “Algunos dicen que se quiere quedar eternamente en el poder, pero hay que aprovecharlo para que gobierne mientras pueda”, me dice una señora. Otro peculiar sujeto va un poco más allá: “Dios lo mandó para que gobernara estas tierras. Yo me puedo morir tranquilo porque sé que va a seguir gobernando”, según me comentó el ferviente seguidor del comandante.

Por momentos, el carisma que despierta Chávez en sus seguidores me desconcierta. Parece más un líder religioso que un político que lleva ocho años en el poder. Eso me queda claro cuando por fin, a lo lejos se aproxima el presidente, saludando a la gente arriba de un vehículo. De pronto se desata la estampida. Todos quieren estar cerca de él, tocarlo o saludarlo.

Por fin, empieza el discurso mientras cae la noche. Lo primero que salta a la vista son las cualidades natas de Chávez como orador. Empieza entonando el himno nacional y continúa hablando con un tono familiar que la gente percibe cercano, amigable. Lo hace de forma espontánea y natural, sin retórica proselitista como se podría pensar. Empiezan las descalificaciones contra EU, el eterno enemigo, la gente se anima. Continúan las anécdotas, los recuerdos de la infancia y la juventud, aquellos que forjaron al hombre que hoy se dirige a sus seguidores para consolidar ese proyecto revolucionario que tanto ha costado y que de alguna manera, ha demostrado al mundo que las revoluciones también pueden efectuarse desde las urnas.

A pesar de que la oposición no está del todo convencida de la transparencia del sistema, todos los venezolanos saben que mientras Chávez compita en un proceso electoral va a ganar. Ni siquiera hace falta hacer trampa, el carisma es suficiente para mantenerlo en el poder el tiempo que sea necesario, y si la constitución lo imposibilita de hacerlo, tan sólo es cosa de cambiar las reglas. Hay mucho en juego. Las reformas podrían cambiarle el rostro a Venezuela, para bien o para mal.

El discurso se prolonga más de dos horas. El ambiente es distinto al proselitismo político que se realiza en México. Esta es una fiesta, la gente bebe en las calles, hay globos gigantes con la imagen de Chávez, comida por doquier. Hay confianza de que la revolución continúe su paso pese a las protestas. Después de todo, el comandante marcha invicto en las urnas, nunca ha perdido una elección.

El domingo inicia la jornada electoral, tras un día de descanso. Las calles de Caracas lucían apacibles, casi desiertas, algo inusual, luego de los días de tensión en los que el pueblo venezolano vivió momentos de una fuerte confrontación ideológica durante el cierre de campañas a favor y en contra de la reforma. Un domingo tranquilo en el que se decidió el futuro de Venezuela.

Las casillas se instalaron sin mayores problemas el día sábado en diversos centros educativos y comunitarios, para que desde temprana hora la ciudadanía saliera a emitir su voto, efectuado mediante una computadora respaldada por un recibo impreso depositado en una urna. Una jornada en la que la ausencia de largas filas llama la atención de los medios.

En algunos puntos de Caracas, hay tensión. Nadie quiere ceder un ápice de terreno al enemigo. Así ocurrió en el Liceo Andrés Bello, ubicado en la Avenida México, donde simpatizantes y opositores a la revolución bolivariana y al régimen chavista discutieron airadamente, manoteando y haciendo un último esfuerzo por convencer a los indecisos que esperan su turno para entrar a las casillas, donde el ejército fue el encargado de mantener el orden.

Ahí, el temor de un fraude electoral se hizo presente, luego de que un ciudadano denunciara ante las cámaras de televisión la imposibilidad de emitir su voto debido a que, como le informaron los miembros de mesa, su nombre aparecía en el padrón electoral como si ya hubiera efectuado el sufragio, por lo que le aconsejaron poner una queja ante el Consejo Nacional Electoral (CNE), órgano encargado de legitimizar la elección. Las especulaciones se hicieron presentes en las calles, pese a que en la gran mayoría de las casillas la jornada transcurrió de forma sencilla y sin inconvenientes mayores, más allá de algunas pequeñas fallas de las máquinas de votación, que de inmediato fueron reparadas.

Algunos reportes en las estaciones de radio locales, informaban sobre problemas en el Consulado de Miami para que los venezolanos residentes de aquella ciudad estadunidense pudieran emitir su voto.

Cayó la tarde y las casillas cerraron a las 16:00 horas, aunque diversos centros en todo el país permanecieron abiertos para que la gente que esperó hasta el último minuto para hacer valer su derecho al voto, pudiera hacerlo efectivo.

Los informes de los medios hablan de un proceso electoral limpio a pesar de los cerca de 40 detenidos en todo el territorio nacional, mientras los líderes estudiantiles y los integrantes del gobierno avalan el proceso.

Avanzó el proceso lentamente hasta la noche, donde el nerviosismo empezó a crecer a pasos agigantados. Originalmente, se daría un informe con los resultados alrededor de las 20:00 horas. Sin embargo, entrada la madrugada todavía no hay resultados. Nadie habla, nadie sabe exactamente qué pasa. La ley impide que se publiquen resultados preliminares hasta que el CNE emita el primer boletín. Los reporteros van de un lado a otro. La tensión se siente en cualquier punto del país, mientras la gente espera al filo del televisor a que algo ocurra. La oposición se ve inquieta. Algunos representantes buscan dar a conocer sus propios resultados pese a ser ilegal ante la desconfianza de un fraude electoral.

Cuando la crisis estaba a punto de reventar, la presidenta del CNE, Tibisay Lucena, se presentó ante las cámaras para dar los resultados poco después de la medianoche, más de nueve horas después de cerradas las urnas.

Hubo final de fotografía. Por el NO, votaron el 50.5 por ciento de los electores y por el Sí 49.29 por ciento. Chávez había sido derrotado por un mínimo margen que se evidenció en la cara del mandatario tras reconocer la derrota ante los medios de comunicación. Histórico. Cacerolazos, rítmicas tonadas con el claxón de los coches, gritos de júbilo se hacían presentes en varias colonias de Caracas mientras los barrios populares guardaban silencio. Nadie lo podía creer.

Los simpatizantes de Chávez que preparaban la tarima para los festejos en cuanto se emitiera el resultado empezaban a sentir cierta culpa. Algo había salido mal. Alguien le había fallado al comandante, al país, a la revolución. Sin embargo, siempre hay tiempos de revanchas y los chavistas lo saben muy bien. Tuvieron que pasar dos años más para que la revolución terminara por imponerse en la Constitución, luego del nuevo referéndum constitucional de 2009. []

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