Dialéctica revolucionaria

Una crónica de cómo me tocó vivir el Referéndum constitucional de Venezuela en diciembre de 2007, proceso electoral donde el bando del ex presidente Hugo Chávez fue derrotado. Tipo polémico y lleno de claroscuros, este texto y las versiones publicadas en el diario mexicano Excélsior, el 3 y 4 de diciembre de 2007, refleja la fractura que existe entre los simpatizantes y detractores de la Revolución Bolivariana encabezada por Chávez. Un orador impactante. Hoy, en el día de su muerte, rescatamos este pequeño relato, esperando que su fallecimiento pueda ayudar a aliviar viejas rencillas y acabar con la dialéctica venezolana instalada hace más de una década. Descanse en paz, Hugo Chávez Frías.

Cierre de campaña de Chávez para el referéndum constitucional de diciembre, 2007

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La tensión estaba a punto de reventar. Los resultados no llegaban y la impaciencia empezaba a cobrar factura mientras los venezolanos se mantenían expectantes en la televisión hasta entrada la madrugada con el destino del país en el aire.

Unos días atrás, Carlos Adampol, mi compañero de viaje, y yo decidimos meter el acelerador para observar de cerca las elecciones del 2 de diciembre de 2007, en las que los venezolanos decidirían parte importante de su destino como nación mediante el referéndum constitucional convocado por el presidente Hugo Chávez.

Llegamos a Caracas un jueves a medio día. Tomamos el metro hasta la estación Chacaíto, buscamos el número exacto en la calle Francisco Solano hasta llegar a casa de Roberto Campos, nuestro anfitrión, quien contactamos por Internet durante los días previos. Una vez instalados, tomé la cámara y bajé inmediatamente. La marcha convocada por los estudiantes ya había comenzado. La idea de la oposición chavista era abarrotar la Avenida Bolívar y hacer un llamado para votar en contra de la propuesta de reforma constitucional que, entre otras cosas, le daría mayor poder al presidente Hugo Chávez para continuar con el proyecto de la llamada Revolución Bolivariana y de paso, mantenerlo en el poder por tiempo indefinido.

Las cosas en Venezuela eran muy simples: o estabas a favor de Chávez o en su contra. Sí o No a la reforma. Así de simple. No había cabida para medias tintas, todo mundo tenía que tomar una posición. La polarización de Venezuela era visible a varios niveles. Encender la televisión era un claro ejemplo de esta confrontación política. En Venevisión, el canal del Estado, la presencia del polémico presidente Hugo Chávez era una constante. Nadie se atrevía a contradecir al comandante, el que nunca se equivocaba. Al cambiar el canal las cosas resultaban diametralmente diferentes. En Globovisión la línea informativa estaba claramente marcada en favor de la oposición, encabezada por estudiantes universitarios.

Continuaba la marcha a través de las principales calles de Caracas. Los reclamos son muchos y muy variados, al igual que el colorido bloque opositor: desde el descontento por el deseo de Chávez de mantenerse en el poder por tiempo indefinido hasta el desabasto de productos de la canasta básica como carne y leche. El recorrido continúa mientras la masa corea el tema del momento, “¿Por qué no te callas?”, en alusión al famoso incidente entre el Rey Juan Carlos de España y Hugo Chávez. Los diversos contingentes finalmente llegan al corazón de Caracas, la Avenida Bolivar, ante la penetrante mirada de los simpatizantes del régimen que sólo observan a distancia, esperando ansiosos a que llegara el día siguiente para responder con fuerza.

Hay un clima tenso ante alguna posible confrontación, pero eso no impide que la gente se exprese, grite o exhiba orgullosa sus pancartas con descalificaciones de todo tipo en contra de Chávez, el gran villano.

La dirigencia estudiantil hace un llamado al No desde la plataforma instalada en la Avenida Bolívar que luce llena a pesar de que en Venevisión las imágenes muestran una realidad totalmente diferente. Algunas estaciones de radio denuncian que el canal estatal manipuló las imágenes tomadas desde el helicóptero para restarle fuerza a la marcha de la oposición. Las imágenes transmitidas “en vivo”, en realidad fueron captadas durante las primeras horas de la marcha, cuando la gente no había llegado al punto de encuentro.

Así transcurrió la jornada, en la que la oposición puso sus cartas sobre la mesa. Faltaba la respuesta oficial por parte del régimen.

El viernes, todo estaba listo para el mitin en el que los simpatizantes de la revolución responderían a sus adversarios. Caracas se vistió de rojo aquel 30 de noviembre, mientras el ejército hacía notar su presencia en las calles ante el “intento de asesinato” que planeaba el gobierno imperialista de George Bush, según había declarado Chávez a la prensa durante los días previos para echarle sabor al caldo.

Las calles de la ciudad ahora estaban llenas de puestos de comida y otras curiosidades, incluyendo la parafernalia revolucionaria. Imágenes del Che, panfletos con el discurso de la denominada revolución del siglo XXI, fundamentada en la tesis del alemán Heinz Dietrich Steffa y su crítica al marxismo convencional, y a los intentos previos que han existido para establecer el socialismo en el mundo. Sonaba música de Silvio Rodríguez, como si se tratara de un himno, al igual que el pegajoso “Sí, sí, sí, ahora sí, sí, sí” con el que se promocionaba la reforma constitucional.

Las horas pasaban lentamente, pero la gente permanecía quieta, esperando el momento exacto en que apareciera el comandante, sin importar el calor vespertino. Nadie quería perder su lugar. La tribuna lucía impactante. Un inmenso Sí en color rojo como telón de fondo enmarcaba el escenario en el que Chávez pronunciaría su discurso. La imagen se me figuraba una de esas postales de Hitler hablando ante su público o al mismísmo Ciudadano Kane de Orson Wells a media campaña electoral. Los extremos se tocan.

Mientras espero, platico con la gente. “Algunos dicen que se quiere quedar eternamente en el poder, pero hay que aprovecharlo para que gobierne mientras pueda”, me dice una señora. Otro peculiar sujeto va un poco más allá: “Dios lo mandó para que gobernara estas tierras. Yo me puedo morir tranquilo porque sé que va a seguir gobernando”, según me comentó el ferviente seguidor del comandante.

Por momentos, el carisma que despierta Chávez en sus seguidores me desconcierta. Parece más un líder religioso que un político que lleva ocho años en el poder. Eso me queda claro cuando por fin, a lo lejos se aproxima el presidente, saludando a la gente arriba de un vehículo. De pronto se desata la estampida. Todos quieren estar cerca de él, tocarlo o saludarlo.

Por fin, empieza el discurso mientras cae la noche. Lo primero que salta a la vista son las cualidades natas de Chávez como orador. Empieza entonando el himno nacional y continúa hablando con un tono familiar que la gente percibe cercano, amigable. Lo hace de forma espontánea y natural, sin retórica proselitista como se podría pensar. Empiezan las descalificaciones contra EU, el eterno enemigo, la gente se anima. Continúan las anécdotas, los recuerdos de la infancia y la juventud, aquellos que forjaron al hombre que hoy se dirige a sus seguidores para consolidar ese proyecto revolucionario que tanto ha costado y que de alguna manera, ha demostrado al mundo que las revoluciones también pueden efectuarse desde las urnas.

A pesar de que la oposición no está del todo convencida de la transparencia del sistema, todos los venezolanos saben que mientras Chávez compita en un proceso electoral va a ganar. Ni siquiera hace falta hacer trampa, el carisma es suficiente para mantenerlo en el poder el tiempo que sea necesario, y si la constitución lo imposibilita de hacerlo, tan sólo es cosa de cambiar las reglas. Hay mucho en juego. Las reformas podrían cambiarle el rostro a Venezuela, para bien o para mal.

El discurso se prolonga más de dos horas. El ambiente es distinto al proselitismo político que se realiza en México. Esta es una fiesta, la gente bebe en las calles, hay globos gigantes con la imagen de Chávez, comida por doquier. Hay confianza de que la revolución continúe su paso pese a las protestas. Después de todo, el comandante marcha invicto en las urnas, nunca ha perdido una elección.

El domingo inicia la jornada electoral, tras un día de descanso. Las calles de Caracas lucían apacibles, casi desiertas, algo inusual, luego de los días de tensión en los que el pueblo venezolano vivió momentos de una fuerte confrontación ideológica durante el cierre de campañas a favor y en contra de la reforma. Un domingo tranquilo en el que se decidió el futuro de Venezuela.

Las casillas se instalaron sin mayores problemas el día sábado en diversos centros educativos y comunitarios, para que desde temprana hora la ciudadanía saliera a emitir su voto, efectuado mediante una computadora respaldada por un recibo impreso depositado en una urna. Una jornada en la que la ausencia de largas filas llama la atención de los medios.

En algunos puntos de Caracas, hay tensión. Nadie quiere ceder un ápice de terreno al enemigo. Así ocurrió en el Liceo Andrés Bello, ubicado en la Avenida México, donde simpatizantes y opositores a la revolución bolivariana y al régimen chavista discutieron airadamente, manoteando y haciendo un último esfuerzo por convencer a los indecisos que esperan su turno para entrar a las casillas, donde el ejército fue el encargado de mantener el orden.

Ahí, el temor de un fraude electoral se hizo presente, luego de que un ciudadano denunciara ante las cámaras de televisión la imposibilidad de emitir su voto debido a que, como le informaron los miembros de mesa, su nombre aparecía en el padrón electoral como si ya hubiera efectuado el sufragio, por lo que le aconsejaron poner una queja ante el Consejo Nacional Electoral (CNE), órgano encargado de legitimizar la elección. Las especulaciones se hicieron presentes en las calles, pese a que en la gran mayoría de las casillas la jornada transcurrió de forma sencilla y sin inconvenientes mayores, más allá de algunas pequeñas fallas de las máquinas de votación, que de inmediato fueron reparadas.

Algunos reportes en las estaciones de radio locales, informaban sobre problemas en el Consulado de Miami para que los venezolanos residentes de aquella ciudad estadunidense pudieran emitir su voto.

Cayó la tarde y las casillas cerraron a las 16:00 horas, aunque diversos centros en todo el país permanecieron abiertos para que la gente que esperó hasta el último minuto para hacer valer su derecho al voto, pudiera hacerlo efectivo.

Los informes de los medios hablan de un proceso electoral limpio a pesar de los cerca de 40 detenidos en todo el territorio nacional, mientras los líderes estudiantiles y los integrantes del gobierno avalan el proceso.

Avanzó el proceso lentamente hasta la noche, donde el nerviosismo empezó a crecer a pasos agigantados. Originalmente, se daría un informe con los resultados alrededor de las 20:00 horas. Sin embargo, entrada la madrugada todavía no hay resultados. Nadie habla, nadie sabe exactamente qué pasa. La ley impide que se publiquen resultados preliminares hasta que el CNE emita el primer boletín. Los reporteros van de un lado a otro. La tensión se siente en cualquier punto del país, mientras la gente espera al filo del televisor a que algo ocurra. La oposición se ve inquieta. Algunos representantes buscan dar a conocer sus propios resultados pese a ser ilegal ante la desconfianza de un fraude electoral.

Cuando la crisis estaba a punto de reventar, la presidenta del CNE, Tibisay Lucena, se presentó ante las cámaras para dar los resultados poco después de la medianoche, más de nueve horas después de cerradas las urnas.

Hubo final de fotografía. Por el NO, votaron el 50.5 por ciento de los electores y por el Sí 49.29 por ciento. Chávez había sido derrotado por un mínimo margen que se evidenció en la cara del mandatario tras reconocer la derrota ante los medios de comunicación. Histórico. Cacerolazos, rítmicas tonadas con el claxón de los coches, gritos de júbilo se hacían presentes en varias colonias de Caracas mientras los barrios populares guardaban silencio. Nadie lo podía creer.

Los simpatizantes de Chávez que preparaban la tarima para los festejos en cuanto se emitiera el resultado empezaban a sentir cierta culpa. Algo había salido mal. Alguien le había fallado al comandante, al país, a la revolución. Sin embargo, siempre hay tiempos de revanchas y los chavistas lo saben muy bien. Tuvieron que pasar dos años más para que la revolución terminara por imponerse en la Constitución, luego del nuevo referéndum constitucional de 2009. []

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Acerca de manuelhborbolla

Poeta, filósofo y periodista, egresado de la UNAM. Creo que es posible transformar el mundo a través de la poesía.

Publicado el 5 marzo, 2013 en Otros desvaríos y etiquetado en , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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