Archivos Mensuales: mayo 2013

La invención de la escritura

Un video del nuevo proyecto de TED, el cual busca difundir ideas chéveres e información de corte educativo a través del ciberespacio. Aquí un video bien explicado sobre el origen de la escritura.

Temporal de luz y sombra

 

A mi hermano, apasionado de este rítmico vaivén que es la vida

 

Fuimos arrojados a las brasas,

a esta hoguera fratricida que es el mundo,

sin ungüento ni sávila para lamernos

esta quemadura silenciosa

que nos consume por dentro,

cerrando los pulmones y la tráquea,

hasta quedar ciegos

con la sangre que nos brota de los ojos,

tensando cada músculo del cuerpo

para tratar de resistir

el choque letal de los huesos y la carne

explotando en el concreto al saltar del puente,

inocencia derramada en el rastro carmín

que salpica la ventana,

estridente adiós para esta angustia

que se cubre el rostro para mirarse en el espejo,

huyendo de esta soledad perniciosa

que nos persigue empuñando el cuchillo,

listo para hundir su hoja velada en el hígado

y abrirlo de un tajo,

lluvia de amarga bilis resbalando

por el dorso de las piernas,

triturando el aire en la tortura de vivir

con el alma podrida, insatisfecha,

cansada de vomitar el ruido y la furia

que anida en las amígdalas de la noche insomne,

aullando en el filo de su sepulcro,

florido panteón de tumbas profanas,

fiebre negra adherida a mi sangre

supurando en las entrañas de la tierra,

en el borde puntiagudo de un flagelo,

voces que circundan mi memoria sin remitente

para escribir desde el exilio permanente,

desde la impotencia del computador,

la imposibilidad de cualquier escape

en mi delirio de fuga,

la verdad anquilosada se retuerce

en esta fallida puesta en escena

que insisten en llamar realidad,

vocablos disueltos en la ingravidez del tiempo,

la legalidad y su retórica baldía,

aneurismas que se propagan en el miedo

inyectado a través del televisor,

el afán de humillar al otro

para saciar la sed del ego,

suicidio colectivo que se imprime todos los días

en el encabezado de los diarios,

estallido falaz que busca perpetuar

el enfermo ritual de la sumisión

como sustituto del amor,

ideal fétido,

alojado en la base del cerebro

tragado por el cisticerco,

el odio sistemático contra sí mismo

para sobrellevar nuestra colección de fracasos,

it’s the only way my darling!

genitalizar la soledad hasta convertirla en fetiche,

llenarse el corazón con frías piedras de colores,

lamer el piso tentado por la ambición,

sueños derramados hechos lodo,

apego idiota a la destrucción

respirando en el deseo de lo prohibido,

la ruina como autodefinición del presente,

párvula esperanza durmiendo

en el embuste de los mil años,

hierro tatuado en la frente,

sacramento de una exigua fe,

huertos de miseria, estertores del rencor,

vertedero de espinas,

laberinto fonético de tinta indeleble,

no quiero conocer el epitafio del mundo

sin antes haber vivido,

no quiero posar en esta farsa

sino cantarle al amor, a la fresca mañana,

no quiero morir con mi lengua muerta,

quiero romper esta membrana de carne,

besar el murmullo del agua,

despertar de este letargo melancólico

para caminar como el aire,

sobrevolando el precipicio sin detenerme

en el vértigo de la caída,

quiero hilar una madeja de versos fecundos

para que prenda la semilla,

sémola de barro y avena con la que habré

de construir mi propia casa,

asidero de mis sueños tempranos que habrán de renacer

entre escombros de un pasado yerto,

germinará la risa en este par de muñones

y el viento dorado bañará la arboleda,

como embriones de peces floreciendo entre la brea,

luz entrecortada naciendo

en la intermitente lumbre del sol,

agua de eléctrico aliento poblando el cielo

con magros besos,

pasos elocuentes haciendo trillos

en el sendero del vacío,

inexorable destino consagrado en la imaginación de los locos,

habrá que separar el grano para hacer pan

y acorralar el hambre,

celebrar la algarabía del vino,

corazones palpitando en medio de la noche,

en el silencio lunar que impregna los campos

después del amor

y se riega por el mundo en una canción,

como el polen,

abrevando en la feliz agonía de los vivos,

abrazando a la muerte

para envolver este dolor homicida en una gaza,

simiente cósmica madurando el fruto de los días,

el tiempo dilatado se abre desde adentro.

 

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Apuntes sobre la imagen y el sistema visual

¿Qué es el sistema visual, y de cuantas etapas se compone?
La percepción visual es, de todos los modos de relación del hombre con el mundo que lo rodea, uno de los mejores conocidos. La visión es un proceso que utiliza varios órganos especializados. En una primera aproximación podría decirse que la visión resulta de tres operaciones distintas (y sucesivas): operaciones ópticas, químicas y nerviosas.

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Transformaciones ópticas:

El ojo es un globo más o menos esférico, de un diámetro de unos dos centímetros y medio, cubierto de una capa en parte opaca (la esclerótica) y en parte transparente. Esta parte, la córnea, es la que asegura la mayor de la convergencia de los rayos luminosos. Tras la córnea se encuentra el iris, músculo esfínter regido de modo reflejo, que en su centro delimita una abertura, la pupila, cuyo diámetro va de 2 a 8 milímetros aproximadamente.
La pupila se abre para dejar penetrar más luz cunado ésta es poco intensa, y se cierra en el caso contrario. Sin embargo la disminución de la pupila modifica la percepción, no a causa de la variación de la cantidad de luz que penetra en el ojo, sino a causa del efecto producido en términos de profundidad de campo: cuanto más cerrada está la pupila, más importante es la profundidad de campo (por eso se ve más nítidamente cuando hay mucha luz: la pupila está cerrada).
Finalmente, la luz tiene que atravesar el cristalino, que aumenta o reduce la convergencia. El cristalino es, ópticamente hablando, una lente biconversa, de convergencia variable; esta variabilidad es lo que se llama acomodación. Acomodar en función de la distancia de la fuente de luz (para mantener la imagen nítida en el fondo del ojo, hay que hacer converger los rayos tanto más cuanto más cercana este la fuente luminosa). Es también un proceso reflejo, bastante lento, puesto que se necesita casi un segundo para pasar de la acomodación más próxima a la más lejana.

Transformaciones químicas:

En la retina, se encuentran receptores de luz en número muy elevado. Estos receptores son de dos tipos: los bastones (unos 120 millones) y los conos (alrededor de 7 millones); estos últimos están sobre todo presentes en los alrededores de la fóvea, una especie de jequecillo en la retina, casi en el eje del cristalino, particularmente rico en receptores.
Bastones y conos contienen moléculas de pigmento (unos 4 millones de moléculas por bastón) que contienen una sustancia, la rodopsina, que absorbe quanta luminosos y se descompone, por reacción química, en otras dos sustancias. Una vez operada esta descomposición, la molécula en cuestión ya no puede absorber nada; por el contrario, si se deja de enviarle luz, la reacción se invierte y la rodopsina se recompone (es preciso permanecer unos tres cuartos de hora en la oscuridad para que todas las moléculas de rodopsina de la retina se recompongan, pero la mitad están ya recompuestas al cabo de cinco minutos): puede entonces empezarse de nuevo a hecer funcionar esta molécula.
La imagen retiniana no es sino la proyección óptica obtenida en el fondo del ojo gracias al sistema córnea + pupila + cristalino, y que esta imagen, que es aún de naturaleza óptica, es tratada por el sistema químico retiniano, el cual la transforma en una información de naturaleza totalmente diferente.
La imagen retiniana no es más que un estadio del tratamiento de la luz por el sistema visual, no una imagen en el sentido en el que hablamos de imágenes en general.
Transformaciones nerviosas: Cada receptor retiniano se enlaza con una célula nerviosa por un relé (llamado sinapsis); cada una de éstas célelas son muy complejas: a los dos niveles sinápticos se añaden múltiples enlaces transversales que agrupan las células en redes. El nervio óptico sale del ojo y termina en una región lateral del cerebro. El cuerpo geniculado, del que salen nuevas conexiones nerviosas hacia la parte posterior del cerebro, para llegar al córtex estriado.
Esta red, extremadamente densa y compleja, representa un tercer y último estadio del tratamiento de la información, tratada primero en forma óptica y después química. Por regla general, no hay correspondencia de punto a punto, sino, por el contrario, multiplicación de las correspondencias transversales: el sistema visual no se contenta con copiar información, la trata en cada etapa. Así, las sinapsis no son simples enlaces; tienen, por el contrario, un papel activo, siendo algunas excitadoras y otras inhibidoras.

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Diferencia entre lo visible y lo visual.
La constancia y la estabilidad perceptivas no pueden explicarse si no se admite que la percepción visual pone en funcionamiento, casi automáticamente un saber sobre la realidad visible.

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Grandes enfoques de la percepción visual

Enfoque analítico: podría decirse, en general, que si el sistema visual no tiene todos los elementos necesarios para interpretar lo que se ve, preferirá inventar una respuesta a no dar ninguna. Los encuentros repetidos con el mundo visual producen además, hábitos que se traducen por expectativas en cuanto al resultado visible de los actos perceptivos (y motores). Estas expectativas son fuente, en gran parte, de las hipótesis de invariancia emitidas sobre los objetos del mundo visual.

Enfoque sintético: consiste, por el contrario, en buscar correspondencias de la percepción del mundo visual únicamente en el estímulo. Para estos enfoques, la imagen óptica en la retina –incluidas por supuesto sus modificaciones en el tiempo- contiene toda la información necesaria para la percepción de los objetos en el espacio, por estar nuestro sistema visual suficientemente equipado para tratarla en este sentido. Supone que pueden apreciarse las variaciones de las estructuras de la imagen retiniana refiriéndolas a una continuidad (la de las superficies) y a una constancia (la de los objetos); los objetos momentáneamente fuera de la vista siguen concibiéndose, en particular, como existentes. Se basa en la idea de que la estimulación retiniana, compleja y cargada de información, da acceso a los invariantes del mundo visual, es decir, a sus cualidades intrínsecas más profundas. El fin de la percepción, para Gibson, es de algún modo una escala de evaluación del mundo visual (que no se confunde evidentemente con el campo visual momentáneo); el movimiento y la secuencialidad –y por tanto el tiempo- son esenciales en la construcción de esta escala espacial, que es la base del mundo percibido.

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La percepción visual como enlace entre la persona y el mundo exterior
La percepción visual es, una información que nos llega por mediación de la luz que entra en nuestros ojos. Como toda información, ésta es codificada, en un sentido que determina la actividad nerviosa en función de la información contenida en la luz. Hablar de codificación de la información visual significa, que nuestro sistema visual es capaz de localizar y de interpretar ciertas regularidades en los fenómenos luminosos que alcanzan nuestros ojos. En lo esencial, estas regularidades afectan caracteres de la luz: su intensidad, su longitud de onda y su distribución en el espacio.
La percepción del espacio no será casi nunca, en la vida corriente, únicamente visual. La idea del espacio está fundamentalmente ligada al cuerpo y a su desplazamiento; la verticalidad en particular, es un dato inmediato de nuestra experiencia, a través de la gravitación: vemos los objetos caer verticalmente, pero sentimos también la gravedad pasar por nuestro cuerpo. El concepto mismo de espacio es, pues, de origen táctil y kinésico tanto como visual.
Nuestra percepción se realiza mediante un muestreo continuo (alternancia de movimientos ojo y fijaciones breves); ahora bien, no tenemos conciencia, ni de la multiplicidad de esas vistas sucesivas, ni del difuminado que se produce durante los movimientos oculares, sino que, interpretamos nuestra percepción como la de una escena estable y continua.
La constancia y la estabilidad perceptivas no pueden explicarse si no se admite que la percepción visual pone en funcionamiento, casi automáticamente, un saber sobre la realidad visible. La percepción del movimiento, es explicada en la actualidad de la siguiente manera: la presencia en el sistema visual (de detectores de movimiento, capaces de codificar lasa señales que afectan a puntos cercanos en la retina y, por otra parte, una información sobre nuestros propios movimientos, que permiten no atribuir a los objetos percibidos un movimiento aparente debido a nuestros desplazamientos o a nuestros movimientos oculares.
La detección del movimiento: el principio de estos detectores es sencillo; se trataría de células especializadas, que reaccionan cuando unos receptores retinianos cercanos unos con los otros, y situados en el campo de la célula, son activados en sucesión rápida.
El más conocido de estos indicadores está constituido por el conjunto de los efectos posteriores ligados al movimiento: si se mira durante bastante tiempo (un minuto) un movimiento regular –el ejemplo clásico es el de la cascada- y se traslada a continuación la mirada a otro objeto inmóvil éste parecerá afectado por un movimiento en sentido inverso. Estos efectos atestiguan que unas células, estimuladas durante cierto tiempo, siguen funcionado algo después del fin de la estimulación, leyendo como movimiento al revés el no-movimiento súbito.

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La información sobre nuestros propios movimientos

Desde 1867, Helmholtz había notado la necesidad de que estuviéramos informados de modo permanente sobre la posición de nuestros ojos y de nuestro cuerpo, para no confundir movimientos de lo real mirado y movimientos de nuestra mirada. De hecho, la información sobre los movimientos oculares es poco precisa, y no puede desempeñar esta función. Se piensa que, la intuición de Helmholtz era justa, pero a condición de asignar el papel de información no al feedback de los músculos oculares, sino a la señal eferente del cerebro. Se llama información eferente a la información nerviosa que va del cerebro a los órganos sensorio-motores, información aferente a la información inversa (de los órganos al cerebro) e información referente a la facilitada por sucesos sensoriales producidos mediante movimientos voluntarios.

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Umbrales de percepción del movimiento: si la proyección retiniana de un borde visual se mueve demasiado lentamente, no se la verá moverse (sin perjuicio de apercibirse seguidamente de su desplazamiento); si se mueve demasiado rápidamente, no se verá más que un difuminado. Los umbrales correspondientes, inferior y superior, son función de diversas variables:

– Las dimensiones del objeto: un objeto de gran tamaño aparente deberá desplazarse más para que nos demos cuenta de que se mueve.
– La iluminación y el contraste: cuanto más elevado son, mejor se percibe el movimiento.
– El entorno: la percepción del movimiento es parte relacional y viene facilitada por la existencia de puntos fijos de referencia.

Para Gibson, percibir es percibir las propiedades del entorno, en referencia a las criaturas que en él viven. La luz nos proporciona toda la información útil para eso, bajo las especies de la perspectiva dinámica (relación entre sujeto y entorno y de las estructuras invariantes (sucesos y objetos en el entorno). El papel del aparato visual no es, para él, ni el de descodificar unos inputs, ni el de construir preceptos, sino el de extraer información. La percepción es una actividad directa.

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Fuentes:
Aumont, Jacques. La imagen. Ediciones Paidos. España, 1992.
http://www.wikipedia.org

Las comisuras del mundo

Dadme una pluma bic

y dibujaré las comisuras del mundo

arando las palabras

con mi yunta de sufrimientos,

mi corazón expuesto y resiliente

respirando tu ausencia

como pez agonizando fuera del agua.

 

Nombrar es el principio

y por ello habré de enunciar el mundo

cosa por cosa,

descubrir el acontecer de la existencia

oculta en la iconografía

siempre incompleta de mi memoria.

 

Podrán arrancarme la garganta,

sepultar mi voz con el manto de la muerte

pero no podrán quitarme la palabra

que arde en mis adentros,

soy un alud de querencias en ebullición,

poeta de las mil tempestades

naciendo en la sangre del sol

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No cabe tanto verde en mis disminuidos pulmones

 

Despiertan los coyotes con el paso del alba

y se miran atentos hasta romper el aire,

morderse el cuello,

por el puro placer de hacerse daño

como los hombres y mujeres

que juegan al suicidio, la mutilación periódica

como pasatiempo predilecto,

la negación del otro como autodefensa

y viajar a la deriva

inmersos en el tibio dolor

de la certidumbre,

el dilema de arder en el sol

o congelarse en la más helada sombra.

 

Bastaron dos horas para vaciar el mundo

y llenarlo de otros verdes, otras ausencias

otras promesas.

 

¿Qué misterios supone la densa selva?

con su sinfonía de monos saraguato,

basta fijar la mirada un instante

para que la madera se vuelva movediza

y surja la vida en el tiempo estático,

nada quieto, nada calmo,

hay un carnaval florido palpitando

en el suelo bermejo,

llueve el confeti vegetal color ocre

ahí donde los árboles eclipsan al sol

y el viento despechado seduce a la floresta,

ahí donde gobierna el rocío de la mañana

y descienden las nubes soñando

con ser ríos encontrando su cauce.

 

La selva es un estómago en digestión

permanente, nada falta, nada sobra,

tantos pinceles llenaron de luz la tierra,

tantas vidas y muertes silenciosas para

dar forma a esta inmensidad arborescente

donde escurre el canto de la urraca y el zorzal.

 

Los hombres coronaron el monte

e inventaron el fuego

para acorralar la penumbra

y habitar el cielo estrellado en las

noches sin luna,

celebrar el silencio primigenio.

 

Ahora sólo quedan huellas

de aquella épica gesta

esqueletos de barro duermen los siglos

esperando el regreso del fuego

y la palabra, puertas que se abren

en la algarabía de parvadas melancólicas,

raíces dibujando el torrente sanguíneo

del subsuelo,

labrando el tiempo y la memoria

para tejer la monumental estatura

de la ceiba altanera, solitaria,

que rasguña el sol con los dedos

besando el aire transparente.

 

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