Archivos Mensuales: julio 2013

Laberintos de papel y tinta

Entrar a una librería es un arrebato, un acto de fe, la certeza de que el libro preciso terminará revelándose ante mis ojos en el momento exacto. Siempre pasa igual. Sincronía cósmica, supongo.

Extraviarse durante horas en los pasillos de las viejas (y nuevas) librerías es un goce, al igual que vagar en sus deliciosos laberintos de papel y tinta en que los hombres han plasmado sus alegrías, sus tristezas, sus reflexiones, sus más profundos sueños, sus victorias y sus derrotas. Las librerías son portales multidimensionales que nos arrojan lejos: años, siglos, baktunes, eras enteras delineadas por palabras que habrán de arrancarle un suspiro al olvido, al tiempo inerte que se esconde en nuestra escurridiza memoria.

Las librerías son galaxias inexploradas, coloridas nebulosas donde a ratos refulgura la lengua de los hombres convertida en piedra y cincel, en pluma de un cisne o un trozo de carboncillo listo para incendiar a las buenas conciencias en el retorcido acto del pensar, para esgrimir una idea en el aire y que la imaginación vuele, cante hasta el fin de los días.

Las librerías son también un lugar de reencuentros, donde nos miramos a nosotros mismos en el espejo de los que escriben, esos seres solitarios y taciturnos, a veces burlones, socarrones, irremediables adictos a la nostalgia, que no pueden contener el impulso de mutilarse y sangrar frente a la máquina de escribir, seres extraños cuya naturaleza es quemarse por dentro sólo para reivindicar su derecho a existir, a respirar, a reconstruir su propia fisonomía entre escombros de una civilización en ruinas, seres elocuentes, de sangre caliente y corrosiva, capaces de doblegar a la muerte con su corazón desbordado.

Por eso me gustan las librerías, esos sitios acogedores en donde nunca estaremos solos, esos puertos interestelares que no requieren pasaporte, cuevas policromáticas donde los sueños nadan de dorso, placenteramente, con los pies echando raíces en el piso de madera.

Me gustan las librerías porque son como viajar, con la mochila en el lomo a orillas de la carretera, a orillas de la nada, paisajes impregnados por el dulce tufo de la libertad, ese lugar recóndito e inaccesible donde germinan los anhelos que habrán de mantenernos despiertos. Las librerías son como la casa de mis tíos en domingo, sitios donde cualquier cosa es posible, sitios donde la exageración hace más vivible está vida perversa que insiste hundir sus colmillos en nuestra carne.

Me gustan las librerías porque son un refugio para nosotros los desposeídos, los ávidos de amar hasta sus últimas consecuencias, seres dispuestos a empeñar el alma en lo blanco del papel y andar sonrientes bajo la lluvia, con el alma expuesta y soñolienta, saboreando los versos y los cuentos que habremos de contarnos en silencio para luego compartirlos con otros, sin cobrar regalías ni derechos de autor, hasta sumergirnos en el caudal hipnótico del mundo y su azar, tan impredecible, tan deliciosamente impredecible, mismo que habrá de escupirnos en la cara para que podamos reírnos de nuestra desgracia y aprendamos a fluir como fluyen las cervezas en la peda, fluir como el agua del caño que inadvertidamente llega hasta las salinas aguas del mar.

Me gustan las librerías por que son como un manicomio donde los locos se arañan la cara y dialogan con su mano, y escupen groserías sin el menor recato, y se cagan en el piso para desafiar la tolerancia de las médicos jugando al carcelero frustrado, con los tendones entumidos por su propia rigidez, la metodología como filosofía de vida y código moral, resquicio último de su febril inexistencia.

Me gustan las librerías porque son zoológicos estrambóticos donde siempre hemos de encontrar un extraño bicho bajo las piedras, un ave del parnaso reposando entre las repisas, monos araña acicalándose en las copas del librero, cebras disfrazadas de códigos de barras, leones barbudos extendidos en la soleada mesa de las novedades.

Me gustan las librerías porque son alucinantes y absurdas, como los circos de pueblo, con su tribu de enanos alimentando a los tigres, con sus payasos de ánimo lacustre, angustiados por la obligación de hacer reír cuando tienen ganas de llorar, una carpa donde los acróbatas desafían la gravedad versificando el cuerpo y los magos inventan quimeras para pitorrearse de la limitada realidad.

Me gustan las librerías porque son frescas, como la humedad de la noche veraniega, con rostros que observan y hablan desde el óleo movedizo y el tiempo asimétrico que respira en el nitrato de plata. En fin, me gustan las librerías, como los cines y su olor a palomitas, sus montañas rusas de dos horas a 24 cuadros por segundo, sus luces proyectadas sobre la pantalla despellejando mis restos como sí fuera una cebolla, me gustan sus incertidumbres, sus alegóricas posibilidades, lugar donde transpiran los sueños solubles en refresco de máquina, cajas de resonancia donde palpita la lumbre silenciosa que muerde y me habita, con los ojos hinchados, en la humedad de un recuerdo.

Me gustan las librerías donde el tiempo es circular y se escurre entre soles y lunas como arena entre los dedos, aire desenrollado que baja de la montaña para posarse en las hojas de un libro.

Me gustan las librerías y las alegrías injustificadas, los funerales con sabor a bodorrio, la depreciación de esta narrativa obsoleta que se convulsiona como trucha fuera del agua, me gustan las arengas llenas de sarcasmos, la tierra devastada donde habré de montar mi parcela, me gustan las fantasías telúricas que se disipan en el alba, la locura residual que gotea de mi cabeza, el desdén aberrante de mi cuerpo amortajado, la sordera voluntaria como vocación y fuga.

Me gustan las librerías, como los libros, como la vida, como la muerte, la sinrazón y su antifaz de colores, las ventanas grandes llenas de granizo, la hemorragia verbal con la que siento todo.

Ser feliz porque sí

El problema de la competencia es que alimenta la ilusión de la separación. En toda competición existe un deseo insatisfecho de ser más que los demás. Uno quiere ser más que los demás para someter al otro, imponerle su voluntad, obligarlo a obedecerle. Dominar al otro para que no pueda herirme, controlar al otro para no ser mordido y poder evadir el dolor. Esa es la perversa idea que nos han inculcado en torno a lo que significa el ‘éxito’. ¿Cómo puedo ser yo más que otro, si ese otro es también parte de mí? De ahí la importancia de descubrir cada quien su lugar en el mundo, ser lo que uno es, y nada más. Yo soy el otro del otro. Amar al prójimo es amarse a sí mismo. Respetar al otro es respetarse a sí mismo. El sentimiento de superioridad es un espejismo que nos aísla, nos hace sentir vulnerables, temerosos. Y es entonces cuando germina la corrupción. Sí queremos eliminar el sufrimiento imperante en el mundo tenemos que aceptar esta verdad. Reconocernos en el espejo de todas las cosas. Yo soy el mundo. Yo soy tú. El mundo soy yo. Tú eres yo. Es ahí donde comienza el despertar. La noción de lo bueno y lo malo se borra. Se muere el odio. Aprendemos a ver sin prejuicios. Las cosas son lo que son. Lo aceptamos. Entonces florece la compasión. Compartimos un mismo dolor con todos los seres, una misma alegría. En nuestro corazón palpita el mundo. Cuando entendemos eso, las cosas adquieren otra dimensión. Nuestros ojos se llenan de nuevos colores. La muerte se convierte en un regalo con el que habremos de celebrar la vida. Estamos juntos, tú, yo, todos, respirando el mismo aire. Compartimos nuestra existencia con todos los seres que pueblan el mundo. Ser feliz porque sí. Eso es lo único que importa. Lo que en verdad importa.

buda

Vocho

vocho

Somos células de otros cuerpos; la visión está en la mente

La genética y el desarrollo de la vida en este planeta no dejan de maravillarme. Un par de textos en la edición de julio de la revista National Geographic en Español, me hicieron viajar hasta lo recóndito de la existencia. En un breve texto titulado “Somos genes. Ellos también”, escrito por Carl Zimmer, explican que “todos los animales, plantas y hongos compartimos un ancestro que vivió hace unos 1,600 millones de años”. El 24% de nuestro material genético es idéntico al del arroz. Compartimos un 44% de genes con las abejas. Tenemos más en común con un pez cebra (73% de nuestros genes) que con un pollo (65%). Todos estamos conectados. Nuestra vida como seres humanos depende de nuestra interrelación con otras especies. Somos parte de un todo más grande. Así como nuestro cuerpo está constituido por millones de células, nosotros somos células de otros cuerpos. ¿Es tan difícil entenderlo? ¿Por qué insistimos siempre en aislarnos de los otros seres con los que compartimos este planeta, nuestra casa? Es una pregunta que me hago a menudo.

Con el resto de las personas ocurre algo similar, tal como constató el periodista peruano Javier Lizarzaburu al someterse a un experimento para desentrañar su pasado genético y averiguar que su origen étnico está conformado 40% por indígenas americanos, 29% mediterráneo (producto del mestizaje tras la colonización europea en los pueblos indígenas de América), 17% noreuropeo, 10% del sudoeste asiático, y 2% del noreste asiático. El descubrimiento de la genética ha hecho del racismo algo tan obsoleto, que todavía cuesta trabajo creer que el color de la piel siga siendo pretexto para la segregación en muchos rincones del planeta. Las razas son una ilusión. “La separación es la primera ilusión”, como sostienen los fundamentos del hinduismo.

Al darle la vuelta de página a la revista, otro pequeño texto sobre ”El hombre murciélago” me impactó de sobremanera. La breve entrevista a Daniel Kish, ciego tras quien perder las dos córneas a los 13 meses de edad, es un ejemplo de las posibilidades de la mente. Kish se mueve ayudado de la ecolocalización, realizando chasquidos con la lengua que le permiten percibir el rebote de las ondas sonoras para construir un modelo tridimensional de su entorno. Ahora enseña esta técnica a jóvenes ciegos para que puedan depender de ellos mismos. “Los estudiantes se sorprenden por lo rápido que ven los resultados. Creo que esta capacidad está latente en el ser humano, el hombre primitivo pudo haberla utilizado. La capacidad neuronal existe; he ideado formas de activarla”, afirma Kish. Su última frase lo resume todo: “la visión no está en los ojos, sino en la mente”.

La locura de imaginar locos que imaginan

Hoy leí un breve texto sobre la vida y obra del poeta Gerardo Arana, el poeta maldito de moda en los barrios bajos de la poesía mexicana, que me voló los sesos: “¿Tú crees que algún día tu terapeuta pueda decirte: oiga, lo que usted tiene es un problema de la imaginación?”, preguntó en alguna ocasión Arana a su amigo Antonio Tamez durante la presentación de un libro. La frase fue para mí una implosión telúrica. La imaginación y la locura van muy de la mano. La primera es una fuga; la segunda, un paso en falso por el precipicio. Quizá por eso la rigidez típica de la gente “normal” insiste en llamar locos a quienes conspiran en el suelo movedizo de la imaginación. Quizá por ello, los imaginantes están tan predispuestos a la locura. La imaginación es un aforismo de lo imposible: la locura es el caos absoluto. Dos muecas para un mismo rostro, sin líneas que delimiten el territorio ambivalente de cada cual. Es entonces cuando la cínica pregunta de Arana pega en seco. En este mundo loco, imaginar es un crimen imperdonable que se persigue y castiga. Los imaginantes habrán de ser llevados a la cruz para expiar las culpas de los locos. Vaya sarcasmo.

imaginacion

El último papel de Lanata

En mi lectura diaria de noticias, me topé con un texto interesante de la BBC sobre el periodista argentino Jorge Lanata y su afrenta abierta contra el gobierno de Cristina Krichner. Sin ser yo un conocedor a fondo de tan complejo y descarnado pleito, me recordó la entrevista que le hice a Lanata en 2008, poco después de fundar el diario Crítica de la Argentina, en aquellos meses de mi estadía en Buenos Aires, tras recorrer buena parte del continente americano. Al desempolvar este viejo texto del baúl, uno no deja de sorprenderse de cómo algunas cosas nunca cambian.  En aquel entonces escribí sobre el corpulento periodista que me atendió amablemente en su oficina dentro de la redacción del diario: “Lanata ha demostrado una disposición poco usual para mantenerse en el centro de la polémica”. Cinco años después constato, para mi sorpresa, que no andaba yo tan equivocado.

Jorge_Lanata

 

El nombre de Jorge Lanata es un referente del periodismo argentino. De estilo irreverente, creativo, Lanata es un tipo inquieto que lo mismo puede incursionar en prensa escrita, televisión, radio o cine. Siempre fiel a su forma de contar historias sin un molde prestablecido y acostumbrado a generar reacciones con sus mordaces comentarios, se confiesa como un obsesionado a revelar el lado oscuro del poder.

Lanata ha demostrado una disposición poco usual para mantenerse en el centro de la polémica. Así lo dejó en claro con el lanzamiento del diario Crítica de la Argentina el pasado 2 de marzo (2008), mismo que ha comenzado a despertar interés entre los argentinos y el ámbito mediático por su peculiar eslogan: “el último diario de papel”. Un acontecimiento atípico luego de que los dirigentes de diversos diarios estadounidenses como The New York Times pronostican el fin de los diarios impresos dentro de los próximos cinco años ante el imponente avance de internet.

¿Cómo percibe el momento actual de los diarios frente al avance de nuevas tecnologías como el internet?

Creo que estamos en un momento de transición, pero es demasiado rápido para decretar la defunción de los diarios de papel. Si analizas las diferencias de conexión a internet, vemos que en el hemisferio sur tenemos un treinta y seis por ciento de conectividad mientras en el norte es de noventa por ciento, pero aún así falta mucho para que el papel sea remplazado. Para que eso ocurra, hay que desarrollar papel electrónico, algo con la textura y el grosor del papel, algo que tarde o temprano va a suceder, además de superar la dificultad de dar notas largas en pantalla. Creo que superando eso, tal vez la web pueda remplazar a los diarios dentro de un tiempo, pero estamos hablando de veinte o treinta años por lo menos, dentro de cinco años todo va a seguir igual. De hecho, si nos dijeran hoy que el papel desaparece, pero que se mantienen los avisos publicitarios, a nosotros nos conviene, porque el papel representa el cuarenta por ciento del costo total del diario. Si sólo sacáramos el diario en internet, donde el soporte es gratis, sería buenísimo, pero es algo que no creo que vaya a pasar dentro de poco tiempo.

En el caso de Crítica, el diario es uno solo, pero sale en dos soportes. La web no es un espejo del diario, sino parte del mismo. El sitio web esta pensado como una agencia de noticias de actualización y una forma de transparentar la información al permitir que el lector pueda ver cómo se va formando la edición del día siguiente.

¿Podría decirse que el avance de internet ha redefinido el papel que juegan los diarios dentro de la sociedad?

Los medios electrónicos te dan la noticia de primera mano, pero no tienen tiempo o la dinámica de contarte por qué pasan las cosas, además de que los periodistas que laboran en dichos medios, no están preparados para hacerlo, pues están más preocupados por la forma en la que dan las información, en lugar de preocuparse más por lo que dicen. Los periodistas que trabajan dentro de la prensa escrita tienen mejor formación que los que trabajan en televisión, por eso es más fácil que alguien que ha pasado por el rigor de una redacción puede trabajar con mayor facilidad en radio o televisión, cosa que no ocurre al revés. Creo que en parte, es porque que la palabra escrita tiene un peso distinto al estar publicada, no son palabras al aire.

¿Qué cambios existen entre Página 12 y Crítica de la Argentina? ¿Tuvo oportunidad de corregir algunos detalles con el lanzamiento de su segundo diario?

Todo es muy distinto, épocas diferentes. Cuando saqué Página 12 tenía veintiséis años, ahora tengo cuarenta y siete, por lo que tengo más experiencia. En algunas cosas soy más seguro, en otras no. Sigo quejándome de que no hay buenos periodistas. En estos últimos años no hubo quienes formaran escuela en Argentina; la última generación, que después emigró a distintos medios, fue la que formamos en Página y eso se siente mucho a la hora de convocar gente nueva, pues el desnivel profesional es muy grande.

No salieron medios que formaran camadas. Creo que los chicos están más preocupados por ser famosos que por ser buenos. Ser famoso es fácil, pero ser buen periodista no lo es. En general los jóvenes escriben mal porque leen poco. Es increíble que en una redacción cualquiera de cualquier parte del mundo, el noventa por ciento del personal no habla inglés, algo absurdo. Es como los periodistas económicos que no leen The Economist o Wall Street Journal, publicaciones que tienen que leer. No estoy diciendo que les tiene que gustar o que tengan que estar de acuerdo con la postura de estos medios pero no pueden dejar de leerlo. Eso pasa aquí y en toda Argentina. Los periodistas leen poco y creo que eso se nota después, con la exigencia del trabajo diario.

¿Qué relación considera que debe existir entre la forma y el contenido? Por momentos pareciera que existe una preocupación mayor por el diseño gráfico por encima de la información…

Trabajamos mucho en ese tema. Para mi todos los medios son experimentales, hay muchas cosas que se pueden hacer en la radio, la televisión y por supuesto en los diarios. En Página 12, diario que fundé veinte años atrás, trabajamos mucho en la relación entre la forma y contenido porque el diario demostró a través de los años, que vos podías hacer un chiste en la tapa, hacer un fotomontaje, hacerle un guiño al lector y que eso no te hacía perder credibilidad. Si la información era seria, funcionaba igual. Cuando hicimos la revista Veintitrés, se nos ocurrió sacar un número con un agujero en medio de la revista al publicar una nota relacionada al presupuesto, donde la idea era representar una especie de agujero negro. Mucha gente habló de ese número y del tema, llamó mucho la atención, pero la nota que publicamos era en serio, sólo que la manera con la que decidimos comunicar eso era original. Esto lo repetimos varias veces en Página 12, jugando con el color del diario y cosas por el estilo. Mientras el contenido sea serio, la relación con la forma es infinita, además de que sirve para renovar la relación con el lector. Me parece que la relación entre forma y contenido es un rubro en el que se puede explorar, pero no hay que perder de vista que el entretenimiento es algo inherente en los medios, sin que esto signifique sacar notas frívolas o idiotas. Hay que buscar la manera de hacer buenas notas y comunicar de forma creativa, porque entretenerse no está mal, todo depende la manera en que uno lo haga.

¿Qué opina de géneros periodísticos como la crónica y el reportaje? Pareciera que pierden terreno con la dinámica con que operan los medios actuales.

Para mí los géneros no existen. Lo importante es que tengas algo que decir, la forma en que lo digas no importa. Yo no soy trabajador de Blockbuster, no me importa en qué estantes o dónde vayan acomodadas las películas, yo hago películas sin importar que la llamen documental o ficción, es lo de menos. Acá existe el estereotipo de que una crónica tiene que ser colorida e interesante por lo que diga, pero si es nota, tiene que ser seca y aburrida. No, eso es una idiotez. Una crónica puede tener elementos de la noticia. ¿Por qué no ofrecer una noticia bien escrita e interesante? Lo que la gente quiere leer son buenas historias. Cualquier periodista puede entrevistar a Clinton, pero lo difícil es que el portero del edificio me cuente su historia: amó, persiguió, fue perseguido, odió, tuvo un problema… lo importante radica en hacer que el tipo cuente su historia. Si uno lo logra, en ese momento se hace periodismo, sin importar que se llame crónica, reportaje o nota.

¿Cuál es el reto del llamado periodismo independiente en un mundo donde la concentración del poder mediático en grupos económicos que los utilizan como herramienta de control político es una constante que se repite a diario?

La palabra periodismo independiente es lo que en el estudio de la lógica, se conoce como tautología. Es lo mismo que decir que un can es un perro. El periodismo es independiente, si no, no es periodismo. Lo otro es publicidad, son dos cosas distintas. El periodismo independiente es una categoría inventada por los medios tradicionales para fingir ser independientes. Yo no necesito decir que soy independiente, no hace falta aclarar esas cosas. Si tienes que dar explicaciones al respecto estas en un problema, porque significa que algo tienes que ocultar. Un diario es un puente entre la sociedad y el poder, y uno elige de qué lado ponerse. Nosotros elegimos ponernos del lado de la gente y otros del lado del poder. Los resultados son muy distintos. Los que están en el poder creen que siempre van a estar ahí, pero no es verdad, los ministros cambian, pasan, incluso en ocasiones tiramos a alguno, pero no son importantes en el fondo, el periodismo tiene que mirar hacia otro lado y apostar por la gente que siempre va a estar ahí.

¿Existe algún método para que los medios impresos logren la autonomía en su política editorial sin la interferencia de los anunciantes y que, al mismo tiempo sea un negocio redituable? ¿Cómo se logra esto?

Es un equilibrio difícil. Hay algunos medios como el Canal Algene de Francia, un semanario anarquista que venden medio millón de ejemplares sin que tengan un solo aviso en sus páginas. Se sustentan únicamente por la venta, cosa que pueden hacer por el gran volumen que manejan. Uno puede tratar de de posicionarse lo más posible con la venta directa, más publicidad de producto y menos publicidad de gobierno, la cual siempre esta condicionada a algo. Hay que apostar a eso y al tiempo, estar en la calle hasta convertirse en un referente.

 

¿Qué papel juega el periodismo de investigación en los esquemas de negocios de los diarios? Hay quienes perciben a la investigación como un gasto innecesario…

En primera, creo que ese es otro concepto equivocado, porque todo el periodismo es de investigación. Yo no voy a copiar un cable de otro porque no sé si sea cierto lo que dice la agencia. Siempre hay que tener un par de fuentes enfrentadas que puedan hablar del mismo tema desde su punto de vista, así que cada nota es una mini investigación y después se puede hablar de investigaciones en serio, un término que está muy desvirtuado, porque una nota que llevó tres días para su elaboración se dice de investigación, pero no es así, una buena nota de investigación requiere un par de meses por lo menos.

Sin embargo, no existe una relación entre la circulación de los diarios y este tipo de información. Las notas de investigación no te van a hacer vender más diarios, pero te dan prestigio, te dan seriedad y sirven para ir formando una imagen ante el público.

 

¿Cuál es el principal problema de la actualidad en cuanto a la libertad de expresión? ¿A qué nivel trabaja la censura dentro de los medios?

Hoy se puede hablar más de la autocensura. Durante los primeros años del gobierno de Kirchner hubo mucha censura directa, amenazando, intimidando o insultando periodistas, pero ahora están comprados, así que los dirigente de los medios prefieren no meterse en problemas con el poder en turno.

 

¿Cómo percibe la participación de los medios argentinos en el desarrollo de la crisis agraria que enfrenta el país actualmente?

Tenemos un gobierno difícil con los medios. Acabamos de ver como el gobierno calificó como golpistas a todos los que pensaban distinto a ellos, lo cual es una locura, porque en Argentina no existe ninguna posibilidad real de que exista un golpe de estado. Me parece que los medios están muy controlados por el gobierno, pero aún así no alcanza, el gobierno quiere más control. Es una lógica que nunca termina, porque el gobierno esta permanentemente al tanto de lo que los medios dicen sobre ellos. Creo que la gente que trabaja en el gobierno debería de dejar de leer tantos diarios y leer más libros.

En este momento, no hay programas políticos en la televisión abierta porque así lo quiso el gobierno, sólo existen en cable. Gran parte de los medios reciben publicidad oficial y están muy condicionados por el gobierno. A nivel nacional debe haber dos o tres diarios que no tienen presiones o que si las tienen, no les importan. Algunos radios y algunas revistas están en esa situación, pero todos los demás están alineados.

 

¿Cree que es necesaria una restructuración en cuanto a contenidos dentro de los mismos medios?

No estoy muy de acuerdo con que el estado regule los medios. Tiene que haber medios fuertes por parte del estado, pero que después dejen de joder. El público tiene que servir de regulador, la gente no es tonta ni es cierto que sólo le guste la mierda, no es así. En ocasiones se subestima al público, ya que creo que está más preparado de lo que pensamos, a pesar de que se deberían de realizar campañas a favor de apagar la televisión, apagar la radio o cambiar de canal, la gente no está del todo consiente de ello, pero es importante saber que existen otras posibilidades. Como lo dije anteriormente, los medios son experimentales, no hay nada establecido y creo que en el caso de los medios electrónicos se están buscando otras alternativas, algo que además resulta muy divertido.

¿Cómo percibe el nacimiento de Crítica a un mes de su aparición? ¿Qué se puede esperar para el futuro?

Es muy rápido para hace una evaluación pero hay cosas interesantes. El diario se está asentando, encontrando su identidad. Los diarios que publicamos hoy son mejores que los de hace 20 días. Tanto la edición en papel como la web tuvieron mucha repercusión, pues mientras en la edición en papel estamos tirando 40 mil ejemplares por día, en internet tenemos cerca de 150 mil visitantes al día. Hasta ahora la evaluación es buena, pero tomando en cuenta que es un proyecto a largo plazo.

Estamos haciendo el diario en un país de tercer mundo con todo en contra y estamos tratando de estabilizarlo. No quiero ser el primer diario de Argentina, porque no me interesa y porque no tenemos el dinero para ello, pero si dentro de unos años podemos posicionarnos como el segundo o tercer diario, sería muy bueno. Espero seguir aquí mientras pueda decir lo que se me ocurra, no podría estar condicionado. ::.

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Buscando a Sugar Man para mirarnos en el espejo de los sueños prohibidos

Nunca sabremos hasta dónde llegará nuestra voz si dejamos hablar al corazón. Esa es la enseñanza principal que deja Searching for Sugar Man, una película de Malik Bendjelloul sobre un poeta perdido que trabajaba en albañil en Detroit mientras vendía millones de discos en Sudáfrica. Una serie de acontecimientos que a primera instancia parecieran producto de la casualidad se van entretejiendo hasta construir la épica gesta de Sixto Rodríguez, un hombre fuera de serie, tranquilo, entregado a desarrollar la fuerza del ser a través del poder purificador del arte, poseedor de ese milagrosa habilidad de reconfigurar la esencia de las cosas para transformar la mierda en un acto sublime. Rodríguez siempre lo supo. Por eso no lo sorprendió el mareo del dinero y la fortuna cuando el destino tocó a su puerta una noche cualquiera, luego de que el impulso de un par de locos, tocados por los versos del compositor de ascendencia mexicana, los llevara a realizar una búsqueda imposible para rescatar Rodríguez de la muerte y el olvido (que vienen siendo lo mismo). Supongo que siempre nos hemos dejado fascinar por las hazañas de esos poetas marginales que rasguñan el cielo en el lúgubre resguardo del anonimato forzado, algo que tira de nosotros, una esencia etérea capaz de borrar las líneas para fundir las almas de los hombres en un solo espíritu. Esos momentos en que el esplendor del arte se manifiesta con toda su fuerza, su bendita fuerza que nos arroja lejos, muy lejos, sólo para conducirnos de nueva cuenta a reencontrarnos con nosotros mismos, darnos cuenta que no estamos solos. Quizá por eso me impactó de tal manera Sugar Man, una película que habla de estas cosas y otras más que sólo unos pocos alcanzarán a comprender. Cuando dejamos volar el alma, siempre habremos de llegar a donde nos esperan. Como Rodríguez.

De cuando las noticias se convierten en éxitos musicales

Los siguientes videos demuestran que la música está en todos lados. Incluso en los noticieros de televisión. Cualquier cosa puede ser convertida en hit musical cuando se trae el beat por dentro.

 

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