Archivos Mensuales: septiembre 2013

Disertación sobre el periodismo contemporáneo a raíz de mi visita a la World Press Photo 2013

Cada año me decepciona más la World Press Photo. Se ha vuelto monotemática. El dolor humano en el Medio Oriente y sus alrededores. Algunas prostitutas y una que otra tragedia espantosa como la señora y la hija sin cara porque el marido decidió echarle ácido en el rostro, complementan la exposición. Hasta las de deportes tienen ya un aire trágico. De no ser por los pingüinos emperador, cortesía de National Geographic, y una que otra foto por ahí, uno bien podría pasar de largo la exposición. Recuerdo la primera vez que asistí a una World Press Photo en el Museo Franz Mayer de la Ciudad de México por ahí de 2008. Una foto alucinante de Marylin Manson en un autobús de escuela junto a varios morros, era una de las primeras imágenes de la muestra. Más adelante, el detalle de una fotografía del presidente ruso Vladimir Putin resaltaba del resto. La amplia gama de historias me cautivó. Pero la variedad de temas ha ido decreciendo. Ahora hay pocas imágenes que nos hagan imaginar que otro mundo ajeno al sufrimiento vil es posible. Las fotografías describen puntualmente la miseria humana, pero ahondan poco en las causas que han generado ese dolor.

Eso lo lleva a uno a cuestionar el papel que juega actualmente la prensa a nivel global. Con esto, no quiero decir que la labor de los fotorreporteros que arriesgaron sus vidas para documentar la catástrofe no sea digna de reconocimiento. Todo lo contrario. Sin embargo, ya no es suficiente enunciar la perdición del mundo. El periodismo tiene el deber ético y moral de buscar alternativas de futuro para este mundo enfermo de todos contra todos. Mientras no le demos vuelo a las historias de las personas capaces de transformar esta realidad viciosa seguiremos padeciendo ese dolor victimario que desborda los diarios del planeta. Tal pareciera que el dolor es la única narrativa posible en este mundo. Echarnos limón en una herida que nunca cierra. ¡Qué bonita profesión la que hemos escogido nosotros los periodistas!

El mundo, al ser una correlación de significados (como bien sugiere Wittgenstein en su famoso Tractatus Logico-Philosophicus) puede transformarse a partir de un cambio profundo radical en el discurso hegemónico. Los periodistas y los medios solemos dar muchas cosas por hecho cosas que no necesariamente son ciertas. ¿El crecimiento macroeconómico es sinónimo de bienestar? No necesariamente. Y sin embargo, los diarios lo dan por hecho, como si se tratara de una verdad irrefutable. Estamos atrapados en el discurso de un proyecto civilizatorio en crisis. Y mientras la prensa se limite a describir la fatalidad del mundo, apegada a los intereses financieros de los grandes capos de la información, el mundo seguirá jodido tal como está ahora. Hay que anunciar el advenimiento de ese nuevo mundo que está gestándose en algunos rincones del planeta y que los diarios no voltean a ver. De ahí la importancia de que los medios, como escenario donde se libra el debate público en estos tiempos hipermodernos, rompa con los viejos paradigmas para construir un nuevo modelo informativo. La objetividad inspirada en la ciencias formales ya no satisface por sí misma las necesidades de la gente. Algo que parece confirmar la explosión de las redes sociales. El periodismo debe transformarse para poder transformar al mundo.

Y mientras ponemos de nuestra parte para hacer que esto ocurra, la única fotografía de la World Press Photo 2013 que me arrebató el aliento, en la lente del fotógrafo Paul Nicklen.

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El poder sobrenatural de los shaolin

Humanos sobrenaturales. Un ejemplo de lo que pueden lograr la dedicación y el entrenamiento llevado a su máxima expresión.

La máquina succionadora de sueños

Jorge no quiere creerme, pero es cierto. Yo la he visto con mis propios ojos. Hay una máquina que succiona los sueños.

—¿Y cómo funciona?— preguntó sarcástico, con ese tonito mamón que le sale tan bien y que tanto me encabrona.

— Insertando en el cerebro de la gente sueños prefabricados. ¡De qué otro modo iba a ser!— respondí echando lumbre por la boca.

—Tú y tus conspiraciones ridículas. Pero bueno, no te culpo. Todos somos así cuando salimos de la universidad: fatalistas y rebeldes. El mundo no es tan malo después de todo. Cuando llegues a mi edad entenderás que la vida sigue a pesar de sus muchos inconvenientes— dijo en tono ceremonioso.

Me dieron ganas de patearle la cara. Respiré profundamente. Comprendí que eso no nos llevaría a nada. De todos modos, la discusión estaba destinada a fracasar. Cuando las palabras van subiendo de tono los oídos se tapan junto con el entendimiento. Nada bueno puede salir de ahí. Si Jorge estaba predispuesto a no creerme, muy su pedo. Di un último trago al mezcal mientras trataba de recobrar la compostura. Pedí otro.

—Además, eso de criticar a la televisión ya está pasado de moda, todo el mundo lo sabe. Y sin embargo ahí estamos todos, viéndola, tomando por cierto cada palabra que sale de la caja idiota— continuó.

Jorge es un tipo inteligente, no lo niego. Pero su soberbia generalmente puede más que su capacidad de escuchar. No entendió nada. Media hora hablando a lo pendejo para que saliera con esas mamadas. Comí un par de habas con chile antes de darle un largo trago a la cerveza, en lo que llegaba el otro mezcal. Tomé fuerzas. Empecé de nuevo.

—No me refiero a la tele. Es una máquina más compleja, menos obvia, igual de burda. La televisión en todo caso sería un bonito accesorio. La máquina de la que hablo es mucho más vieja. ¿Alguna vez has visto cómo funcionan los atrapasueños que uno coloca en la cabecera de la cama para espantar las pesadillas? Funciona de modo similar, sólo que esta sustituye los sueños propios por otros prefabricados que se instalan en lo profundo de nuestro subconsciente. Estos sueños artificiales regulan la conducta. Es así como los operadores de la máquina pueden manipular a la gente como si fueran un juguete— expliqué.

La máquina había sido inventada por una inteligencia superior, de eso no había ninguna duda. Algunos especulaban sobre su hechura extraterrestre. Otros, en cambio, le atribuían un origen divino, un regalo de los dioses para que los operadores de tan avanzada tecnología pudieran gobernar a los hombres incapaces de mandarse solos. Yo simplemente prefería creer que era producto de esos extraños momentos de lucidez que a veces padecemos los humanos.

Recordé un estribillo del Gran Silencio: “nuestros sueños son visiones del amor más comercial”. La frase resumía a la perfección la manera en que la máquina sustituye unos sueños por otros diseñados en laboratorio. La mayoría no se dan cuenta de ello. Por eso no me sorprendía la reacción de Jorge, aún cuando no dejaba de parecerme un poco extraño que nunca se hubiera percatado de la existencia de la máquina succionadora de sueños con la que convivíamos a diario.

—Ya todos vimos Matrix, no creas que estas inventando nada nuevo— dijo.

—Y mucho antes de los Wachowski el hinduismo describió la existencia del velo de maya, esa ilusión en que vivimos todos los días. Para que esa realidad artificial pueda operar, necesita máquinas succionadoras de sueños para apendejar a la banda— respondí.

La máquina inhibe la imaginación, la condiciona. Pero para lograr eso, requiere una cantidad enorme de energía. Atrapar los sueños sale muy caro. El recibo de la luz llega con cifras de varios dígitos para los que tienen una en su negocio. Emite partículas invisibles de información a través de ondas que, con el paso del tiempo, van haciendo hoyos en el cerebro, convirtiéndolo en queso gruyere. A partir de ahí, controlar a las masas se convierte en mero trámite.

Jorge me miraba absorto, con los ojos pelones. “Se ha vuelto completamente loco, ahora sí”, pensó. Su mirada inquisitiva hizo que detuviera mi descripción de la máquina un instante. Por eso no quise explicarle que la energía proveniente de las plantas de electricidad es insuficiente (aunque constante) para garantizar el óptimo funcionamiento de la máquina. Por ello requiere de otras fuentes de energía para poder funcionar. Ésta la obtiene del acto sexual y la energía que se libera con la fricción de los cuerpos. La máquina se alimenta del deseo. Ese es su principal combustible. Por eso el deseo suele aprisionar a la imaginación, la sustancia de la cual están hechos los sueños.

Pero eso no es todo. Lo más irónico es que la sustitución de sueños hace indispensable la contratación de soñadores. Son algo así como los programadores de la máquina. Les pagan enormes sumas de dinero para que sueñen por los demás. El problema es que estos programadores van perdiendo potencia con el paso del tiempo, hasta que finalmente son desechados. La imaginación se erosiona bajo los cánones de la producción en serie. Es un problema que los ingenieros encargados de darle mantenimiento a los engranajes de la máquina no han podido resolver. Eso ocasiona fallas esporádicas, apagones masivos que ocurren de vez en cuando. Por eso la imaginación florece mejor en la oscuridad.

Jorge soltó una risita odiosa. Miramos la hora. Era tarde. Dimos un último sorbo a nuestros respectivos tragos y nos marchamos del lugar. El alcohol había hecho su parte. Salí un poco mareado. Me despedí de Jorge y marché rumbo a mi casa. En el camino pensaba en la máquina y sus aterradores alcances. Entonces empecé a flotar en mis propios pensamientos. Palabras que no conocía empezaban a llegar a mi cabeza a toda velocidad, chocando unas con otras. Me sentí ligero. La tiniebla inundó mi cabeza hasta lograr un vacío. Empezaron a desprenderse los colores en una hemorragia interna que se iba haciendo cada vez más grande. No era sólo producto del alcohol. Se había caído la señal. Ninguna máquina es a prueba de errores. Por un momento me sentí libre.

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Poemas de barro, mimbre y papel fotosensible

Hay poemas que son
como el centrífugo barro del alfarero,
cocinándose entre las brasas
para convertirse en piedra quebradiza
al pisar la pista de baile.

Hay poemas que se tejen lentamente,
como el mimbre, trenzando palabra por palabra,
verso por verso,
hasta completar el tapete donde
los pájaros de colores
habrán de despegar el vuelo
a la hora del sueño.

Y hay poemas tomados con una cámara Polaroid:
instantáneas que retratan para siempre
nuestra inmejorable imperfección.

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La adicción de ciertas tortugas a los cigarrillos chinos

En sus cuentos de la selva, Horacio Quiroga escribe sobre yacarés (caimanes negros típicos de Sudamérica) que se ponían en el pescuezo un collar de plátanos y fumaban cigarros paraguayos… pero, ¿tortugas que fuman cigarrillos chinos? Eso es demasiado.

El sorprendente baile cyberpunk de Kenichi Ebina

Una peculiar coreografía inspirada por la danza, la robótica, las artes marciales y la mímica. El resultado es este sorprendente baile salido de una película cyberpunk.

Alud

Las ventanas balbucean:

ondas palpitando luz entrecortada

en el gélido aliento de la noche,

y siento la textura de tu voz

diluyéndose entre la lluvia,

en la ausencia del tiempo

solitario retraído en su

propia melancolía,

para despertar al ciervo

de los ojos rojos que me

observa desde su sepulcro

de caminos devastados,

territorios masticados por

el agua, el lodo y la miseria,

alud y sepultura,

nubarrones homicidas,

oscuridad contagiosa,

quiero ocultarme entre

cadáveres amarillos

y dejarme arrastrar

por la corriente,

quiero evadir esta

saciedad de dolor

y llanto que replica

en la soledad del monte,

donde nadie escucha,

quiero ser tragado por

las aguas movedizas

que se beben la ira del viento

de un solo sorbo.

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No: cuando la alegría puede más que el miedo

Derrocar una dictadura cruel como la de Pinochet, a través de la alegría, suena descabellado y un poco choteado al día de hoy. Pero no deja de ser cierto. La risa es un imán poderoso, capaz de alcanzar cosas que la tristeza, el desencanto y a resignación no pueden lograr a pesar de estar cargadas con altas dosis de verdad y razón. Nos gusta la alegría, no lo podemos evitar. Por eso las dictaduras no soportan la burla. Quizá el día que recordemos sonreír más las cosas empiecen a cambiar en serio. La risa como forma de protesta. Me agrada la idea.

Donde se derrama mi desdicha y alegría

La poesía habla a través de la sensación, edifica palacios con el batir de la imaginación y la avidez del lenguaje, piedra afilada que corta esta erosión sistemática de la reproducción y el sometimiento crónico como medio de subsistencia. La poesía es la balsa que habrá de rescatarme del ahogo en mi próximo naufragio, la cama de algodón donde descansarán mis escombros cuando escampe esta guerra de oídos sordos y anestesia, es el sueño diurno donde se derrama mi desdicha y alegría.

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“Aprender es cambiar”

Siddharta pasó seis años en el camino de los ascetas, sin bañarse, comiendo un grano de arroz y bebiendo un sorbo de agua. De pronto escuchó una bella melodía proveniente de un bote. El músico dijo a su alumno: si tensas demasiado la cuerda se romperá; si la sueltas demasiado no tocará. Siddharta se iluminó. Supo que había una gran verdad en aquellas palabras. Una joven le ofreció un tazón de arroz y se zambulló en el agua. Sus discípulos se sintieron traicionados. “Has abandonado tus votos”, le reprocharon. Siddharta quiso compartir su descubrimiento. “Aprender es cambiar”, dijo.

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Al menos flores, al menos cantos

¿Qué significa ser mexicano? Es algo que no cabe en una bandera, un partido de futbol o en el exacerbado fervor patriótico que se destila en estas fechas. Un país se define por su gente y la manera en que se relacionan, los significados que comparten unos con otros, una historia común que nos identifica. Por eso duele ver un México hecho pedazos como el de hoy. Pero estoy convencido de que el amor, cuando es verdadero, debe ser incondicional. Hoy hace un buen día para cantarle a esta patria dolorida por la que vale la pena luchar y defender. Y creo que no hay mejor manera de describir este sentimiento, que con esta rolita de Ferando Delgadillo que habla precisamente del amor de los que vienen y los que vendrán, cobijados por el abrazo de una misma tierra. ¿Qué dirán de nosotros cuando nos hayamos ido? La pregunta me recuerda un bello poema náhuatl que responde a la incógnita:

¿Sólo así he de irme?
¿Como las flores que perecieron?
¿Nada quedará de mi nombre?
¿Nada de mi fama aquí en la Tierra?
Al menos flores, al menos cantos.

Cantos de Huexotzingo.

Y ya que andamos por estos rumbos, les comparto otra forma de decir México. De cuando el poema enuncia la noche remota de nuestro origen primigenio, y lo celebra en el rumor lunar del agua… uno de esos poemas capaces de cambiarle la vida a alguien (como es mi caso).

 

La terrible similitud del futbol y la política

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El asunto es tan patético que da risa. Una historia llena de personajes lastimeros dotados de una comicidad involuntaria, como si hubiera sido escrita por Moliere. Un fracaso que se veía venir y que, contrario a lo que algunos piensan, no ha tocado fondo. La historia del Tri es tristísima, como tristísima es la historia reciente de este país. Un juego que no divierte a nadie. Un gobierno convertido en administrador del desastre. Quizá por eso la cancha de futbol se ha convertido en el último bastión de la ruina nacional, metáfora perfecta para evidenciar la frustración que se respira a diario en las calles. El futbol se parece cada vez más a la política y nuestros políticos no son sino el grotesco reflejo de lo que somos como sociedad. Las comparaciones absurdas entre Enrique Peña Nieto y el ‘Chepo‘ de la Torre no son casualidad. Son el síntoma de un mal común que aqueja al grueso de la población. El egoísmo es nuestro verdadero deporte nacional. Ahí estamos, peleando todos contra todos, señalándonos unos a otros hasta encontrar un culpable, un chivo expiatorio que permita justificar la devastación del presente y este futuro vacío de esperanza que nos acecha a la vuelta de la esquina. Ahí están los furibundos comentaristas de la televisión pidiendo que se corten cabezas contra los responsables de que el Tri no vaya al Mundial, vociferando contra la arrogancia de ese remedo de futbolistas derrotados sin siquiera meter las manos. Pobres. No se dan cuenta. ¿Ya no se acuerdan la manera en que denostaban a los equipos centroamericanos? ¿Acaso no contribuyeron ellos, desde la comodidad del micrófono, a alimentar esa arrogancia voluminosa que tanto detestan?

Lo mismo pasa todos los días al revisar la portada de los diarios y enterarse de esta crónica de fracasos disfrazada de progreso: la mentira institucional como sustituto de la realidad. No saben que la zalamería con la que actúan terminará por aplastarlos. La realidad no puede mutilarse a conveniencia para que se ajuste a mis propios intereses, como pretenden algunos. La verdad termina siempre por derramarse ahí donde se engendra la corrupción, más tarde o más temprano. ¿No se dan cuenta? Así es este juego de todos contra todos, donde las tribus enseñan los dientes y amenazan con morder. “Mientras yo esté bien, que los demás se chinguen”, es el himno que nos repetimos a diario. Todos defienden sus propios intereses sin importarles lo que ocurra a los demás. La egolatría y la vanidad se erigen como el fundamento de esta realidad viciosa que perfuma el aire con un agrio olor a muerte y podredumbre, un aire espeso, tóxico, asfixiante, que se riega por el mundo como una epidemia.

En el México de hoy no debería sorprendernos que once futbolistas pintados de verde jueguen anteponiendo sus intereses a los del equipo. Por eso no es de sorprenderse que los políticos de todas las denominaciones defiendan los intereses sectarios que atentan contra el bien común. Los ricos contra los pobres y los pobres contra los ricos. La doctrina del ojo por ojo es la única ley posible. Eso explica la ceguera colectiva. “¡Sálvese quien pueda y como pueda!”, es la consigna con la que nos levantamos de la cama. Vivimos una persecución constante. Hay que estar siempre alerta. Si te descuidas el otro te clavará el puñal por la espalda. Si te apendejas el otro te va a joder. En México la Ley de Herodes no es una película de Luis Estrada ni un cuento de Ibargüengoitia: es un símbolo patrio.

Que a nadie le sorprenda que el futbol se haya convertido en el ultimo resquicio del nacionalismo, en la puerta de emergencia para huir de esta frustración sistemática como forma de vida, al igual que el alcohol, las drogas, la violencia o la enajenación silenciosa, esas válvulas de escape donde se canaliza el odio contra el mundo, el odio contra uno mismo. El futbol abandonó su vocación lúdica para convertirse en negocio. Ya no es divertido. Los futbolistas sufren ante el temor punzante de no fallar, no cometer la más ligera equivocación para no ser condenados a la hoguera del escarnio y la humillación pública, la peor de las condenas para el pero de los delitos en esta sociedad fraticida que erige templos a la egolatría como pasatiempo predilecto. Quizá por eso los futbolistas ya no fintan, ya no juegan de taquito ni sonríen. Quizá por eso la gente asiste a los estadios de futbol para escupir y golpear al enemigo, el que viste un color distinto al mío. Triste el día en que el futbolista se convirtió en el prototipo del agelasta. Triste el juego donde no hay risas ni hay amor. Triste país donde no hay risas ni hay amor. La vida es más grande que un juego de futbol o una elección presidencial pero nos gusta creer lo contrario para vomitar toda la frustración y la ira que llevamos dentro. Terminamos atrapados siempre en esa enajenación ritual que conduce al fanatismo, a la sordera conveniente, la estupidez como premisa de escape. Pensándolo bien, el futbol y la política tienen mucho en común. Demasiado en común. Da risa lo patético que resulta jugar este juego sin sentido. Por eso, procuraré reírme de mí mismo la próxima vez que remate de chilenita y caiga de costalazo en el intento. “Quedamos los que puedan sonreír en medio de la muerte”, como canta Silvio. Así en la política como en el futbol. No hay de otra.

XXIII

A los veintitrés rompí

la pegajosa membrana del silencio…

y se derramó la vida en verso.

::.

Onomatopeya industrial

 

Expira la caldera:

humo, fuego, alquitrán,

el perfume carburante

donde se fraguó el herraje

de la noche,

tatuajes de lámina,

la condensación del infierno

es una cámara de gases,

un fierro mestizo con delirio magmático

jugando a ser plastilina,

vidrio soplado,

cubo mineral sin remaches,

quiero barrer el aserrín,

bollar mi badajo para borrar

la cicatriz de mi origen,

esta depresión superficial

de piedra y metal

golpeando el yunque de Hefesto,

escarpado trozo de carne,

quemadura de óxido y tiempo,

vieja verja desvencijada,

herradura con hernias,

veneno frigorífico,

resortes como lijas,

tengo el delirium tremens

de una locomotora

que sueña con descarrilarse,

una soldadura silábica

con la que construyo una

onomatopeya industrial,

la fricción del clavijero,

polvo de lumbre,

el hambre el cautín

y su pomada de mercurio,

quiero fumar un gong lleno de naftalina,

soy un sócket a punto de colapsar

bbbbzzzzzzssssst!!!

soy uno de esos pajaritos cafés sin nombre

haciendo su nido en una selva de cables

y transformadores en llamas,

soy el voltaje trepidatorio

de un grito taladrando el concreto

hay una garra de acero

masticando los escombros de la calle,

lagunas de aceite

convertidas en un arcoiris pétreo

torciendo el agua,

levas arborescentes exudando

flurocarbonos,

plástico derretido,

tripas de fierro triturando azufre

con su acordeón de PVC,

el cloro en los ojos es una ceguera blanca,

sal abrasiva que muerde la mezclilla

y quema las pupilas,

tengo el cráneo prensado,

una motosierra dando vueltas

al pensamiento,

ácaros de charol,

tornillos desdentados,

meteré mi corazón a la licuadora

para vomitar la chatarrización del presente,

entre tarjas que son xilófonos

y luciérnagas Zippo,

quiero exprimir la musicalidad de un periódico

y hacer que las palabras crujan en su tinta,

envueltas en papel,

en la métrica puntual del hule,

soy lámina raspada,

uranio empobrecido por

la quiebra de los bancos,

bolsas de aire palpitando

en la curvatura del cielo,

en la lucha del hombre contra el hombre,

forjada en la supremacía del hierro

y tribus de hojalata,

mariposas de aluminio,

percusión esférica de latón,

ondas que se propagan en la imaginación

como dudas guturales

con sabor a tubería,

escucho la sinfonía del desagüe,

la marcha nupcial del fuego,

veo semáforos que vacilan,

barriles que son calzado,

ventiladores que son rines,

matorrales de escoba,

escobillas que rasguñan el polvo,

hay un ejército tronando los dedos

como palomitas,

hay sarro en las ventanas,

manos de aguarrás,

una carga de gas LP

escondida en mis pulmones,

taquicardia de metal

que pronto dejará de bombear

gas sarín y cortisona.

::.

Un petardo

Abandoné este mundo enfermo sólo para descubrir que el enfermo era yo.

¿A dónde nos llevará esta persecución sin descanso?

El mundo desahuciado revienta en un petardo. Luego vi un colibrí.

 

 

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