La máquina succionadora de sueños

Jorge no quiere creerme, pero es cierto. Yo la he visto con mis propios ojos. Hay una máquina que succiona los sueños.

—¿Y cómo funciona?—, preguntó sarcástico, con ese tonito mamón que le sale tan bien y que tanto me encabrona.

— Insertando en el cerebro de la gente sueños prefabricados. ¡De qué otro modo iba a ser!—, respondí echando lumbre por la boca.

—Tú y tus conspiraciones ridículas. Pero bueno, no te culpo. Todos somos así cuando salimos de la universidad: fatalistas y rebeldes. El mundo no es tan malo después de todo. Cuando llegues a mi edad entenderás que la vida sigue a pesar de sus muchos inconvenientes—, dijo en tono ceremonioso.

Me dieron ganas de patearle la cara. Respiré profundamente. Comprendí que eso no nos llevaría a nada. De todos modos, la discusión estaba destinada a fracasar. Cuando las palabras van subiendo de tono los oídos se tapan junto con el entendimiento. Nada bueno puede salir de ahí. Sí Jorge estaba predispuesto a no creerme, muy su pedo. Di un último trago al mezcal mientras trataba de recobrar la compostura. Pedí otro.

—Además, eso de seguir criticar a la televisión ya está pasado de moda, todo el mundo lo sabe. Y sin embargo ahí estamos todos, viéndola, tomando por cierto cada palabra que sale de la caja idiota—, continuó.

Jorge es un tipo inteligente, no lo niego. Pero su soberbia generalmente puede más que su capacidad de escuchar. No entendió nada. Media hora hablando a lo pendejo para que saliera con esas mamadas. Comí un par de habas con chile antes de darle un largo trago a la cerveza, en lo que llegaba el otro mezcal. Tomé fuerzas. Empecé de nuevo.

—No me refiero a la tele. Es una máquina más compleja, menos obvia, igual de burda. La televisión en todo caso sería un bonito accesorio. La máquina de la que hablo es mucho más vieja. ¿Alguna vez has visto cómo funcionan los atrapasueños que uno coloca en la cabecera de la cama para espantar las pesadillas? Funciona de modo similar, sólo que esta sustituye los sueños propios por otros prefabricados que se instalan en lo profundo de nuestro subconsciente. Estos sueños artificiales regulan la conducta. Es así como los operadores de la máquina pueden manipular a la gente como si fueran un juguete—, expliqué.

La máquina había sido inventada por una inteligencia superior, de eso no había ninguna duda. Algunos especulaban sobre su hechura extraterrestre. Otros, en cambio, le atribuían un origen divino, un regalo de los dioses para que los operadores de tan avanzada tecnología pudieran gobernar a los hombres incapaces de mandarse solos. Yo simplemente prefería creer que era producto de esos extraños momentos de lucidez que a veces padecemos los humanos.

Recordé un estribillo del Gran Silencio: “nuestros sueños son visiones del amor más comercial”. La frase resumía a la perfección la manera en que la máquina sustituye unos sueños por otros diseñados en laboratorio. La mayoría no se dan cuenta de ello. Por eso no me sorprendía la reacción de Jorge, aún cuando no dejaba de parecerme un poco extraño que nunca se hubiera percatado de la existencia de la máquina succionadora de sueños con la que convivíamos a diario.

—Ya todos vimos Matrix, no creas que estas inventando nada nuevo—, dijo.

—Y mucho antes de los Wachowski el hinduismo describió la existencia del velo de maya, esa ilusión en que vivimos todos los días. Para que esa realidad artificial pueda operar, necesita máquinas succionadoras de sueños para apendejar a la banda—, respondí.

La máquina inhibe la imaginación, la condiciona. Pero para lograr eso, requiere una cantidad enorme de energía. Atrapar los sueños sale muy caro. El recibo de la luz llega con cifras de varios dígitos para los que tienen una en su negocio. Emite partículas invisibles de información a través de ondas que, con el paso del tiempo, van haciendo hoyos en el cerebro, convirtiéndolo en queso gruyere. A partir de ahí, controlar a las masas se convierte en mero trámite.

Jorge me miraba absorto, con los ojos pelones. “Se ha vuelto completamente loco, ahora sí”, pensó. Su mirada inquisitiva hizo que detuviera mi descripción de la máquina un instante. Por eso no quise explicarle que la energía proveniente de las plantas de electricidad es insuficiente (aunque constante) para garantizar el óptimo funcionamiento de la máquina. Por ello requiere de otras fuentes de energía para poder funcionar. Ésta la obtiene del acto sexual y la energía que se libera con la fricción de los cuerpos. La máquina se alimenta del deseo. Ese es su principal combustible. Por eso el deseo suele aprisionar a la imaginación, la sustancia de la cual están hechos los sueños.

Pero eso no es todo. Lo más irónico es que la sustitución de sueños hace indispensable la contratación de soñadores. Son algo así como los programadores de la máquina. Les pagan enormes sumas de dinero para que sueñen por los demás. El problema es que estos programadores van perdiendo potencia con el paso del tiempo, hasta que finalmente son desechados. La imaginación se erosiona bajo los cánones de la producción en serie. Es un problema que los ingenieros encargados de darle mantenimiento a los engranajes de la máquina no han podido resolver. Eso ocasiona fallas esporádicas, apagones masivos que ocurren de vez en cuando. Por eso la imaginación florece mejor en la oscuridad.

Jorge soltó una risita odiosa. Miramos la hora. Era tarde. Dimos un último sorbo a nuestros respectivos tragos y nos marchamos del lugar. El alcohol había hecho su parte. Salí un poco mareado. Me despedí de Jorge y marché rumbo a mi casa. En el camino pensaba en la máquina y sus aterradores alcances. Entonces empecé a flotar en mis propios pensamientos. Palabras que no conocía empezaban a llegar a mi cabeza a toda velocidad, chocando unas con otras. Me sentí ligero. La tiniebla inundó mi cabeza hasta lograr un vacío. Empezaron a desprenderse los colores en una hemorragia interna que se iba haciendo cada vez más grande. No era sólo producto del alcohol. Se había caído la señal. Ninguna máquina es a prueba de errores. Por un momento me sentí libre.

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Acerca de manuelhborbolla

Poeta, filósofo y periodista, egresado de la UNAM. Creo que es posible transformar el mundo a través de la poesía.

Publicado el 29 septiembre, 2013 en Cuentos y etiquetado en , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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