Espejo

¿Alguna vez

te has contemplado

a ti mismo

por dentro y por fuera

al mismo tiempo?

 

Yo sí.

 

De ahí se desprende

la enigmática fascinación

del espejo,

lugar donde puedo mirar

lo que soy en la

profundidad de mis ojos,

sentir mis entrañas

por la manera en que la luz

rebota en mis pupilas,

agujeros negros que se tragan

a sí mismos en el teatro

de la representación,

en la elocuencia del reflejo.

 

Ahí puedo reconocer

la fisonomía asimétrica

de mi rostro,

orografía de mis poros

que se abren

en el vapor de madrugada,

selvas inexploradas,

vasos sanguíneos que revientan

para teñir de rojo mis mejillas,

costra resiliente que anida

en mi cuerpo,

manchas que me devoran,

fantasía de queroseno

que me succiona como

el remolino sordo

del retrete,

arrastrando los desechos

de mi alma dolorida.

 

He de perfumar mi asfixia

con lavanda,

anclar mi carestía

en el zumbido de la calma

vomitando soledades,

displicencia transparente

que viaja en

la claridad de la noche,

rugir la noche desde el cielo

que no escampa.

 

Las máquinas se lanzan veloces

al lecho donde duerme

la certeza,

vestida con su piyama

marrón, para confundirse

con la aridez terrestre

donde se forman mis grietas,

premonición que se repite

en las agujas temblorosas

de un sismógrafo,

el manto gravitacional

donde las cosas siempre

suceden,

y terminan cayendo

por su propio peso,

como la lluvia

que moja el pensamiento,

fertilizando los rayos

de la aurora,

el punto cero de la realidad

lugar donde abreva

el mañana,

en este deslave discursivo

que permea

el tiempo como las

aguas subterráneas

que duermen

este sueño soterrado

de estalactitas y sal,

derrotero de ausencias,

microscopio cósmico

donde se desdobla mi existencia,

inmensidad total que se abre

en ambos lados de la frontera,

encordado cáñamo

que anuda nuestros cuerpos

tempranos

para descender la tarde

como papalotes

y ceniza volcánica,

atemperando una herida

que supura.

 

Mirarse los pliegues

de la carne es irse lejos,

es diluirse

en la noche pétrea

que nos abraza

como una madre

amorosa,

sin cuestionamientos

ni reproches,

una ceiba vestida con

espinas

hunde sus raíces

en la humedad del infierno

para contemplar su reflejo

en la luz de las estrellas

::.

Acerca de manuelhborbolla

Poeta, filósofo y periodista, egresado de la UNAM. Creo que es posible transformar el mundo a través de la poesía.

Publicado el 18 diciembre, 2013 en Poemas. Añade a favoritos el enlace permanente. 2 comentarios.

  1. ¿Existe ya un libro que reúna los poemas de Manuel H. Borbolla?

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