El cobarde asesinato de Gregorio Jiménez: el intento de callar la puta realidad de un país que grita de dolor

 

El asesinato cobarde del periodista veracruzano Gregorio Jiménez dice mucho del México actual. Un lugar donde los administradores de la desgracia nacional pretenden callar con sangre y anestesia mediática los gritos de un país que grita de dolor. Ahora las autoridades pretenden hacernos creer que el asesinato de Jiménez fue un hecho aislado que nada tenía que ver ni con el crimen organizado ni con la labor de un periodista victimado por la criminalidad con al que operan los grupos delictivos de Veracruz encabezados por el gobernador Javier Duarte, quien además de todo fue premiado por defender la libertad de expresión. Solo en un país hecho pedazos como este pueden gestarse escenas tan grotescas. Como siempre, el gobierno pretende utilizar su aplanadora mediática para disfrazar esta puta realidad producto de la ambición desmedida y la miseria humana en su máxima expresión, amparados siempre con el argumento idiota del “nadie sabe, nadie supo”. Ahí está también Alfredo Castillo, el comisionado por el gobierno federal para “poner orden” en Michoacán, haciendo malabares discursivos para tratar de justificar el encuentro que sostuvo en días recientes con un lugarteniente del cártel de los Valencia. En cualquier país con un Estado de derecho de medio pelo, Castillo habría tenido que poner su renuncia sobre la mesa luego de la patética explicación que dio al periódico Reforma, en la cual asegura que aunque Juan José Farías alias ‘El Abuelo’ le pidió ayuda por la investigación que existe en su contra por vínculos con el crimen organizado, no lo detuvieron porque “no tenían orden de aprehensión”. Complicidad o ineptitud, da lo mismo. Lo increíble es que nos quieran tratar como estúpidos, aún cuando el hecho de que el crimen organizado operó a favor del actual “gobernador” de Michoacán, Fausto Vallejo, durante el proceso electoral de 2011 es un secreto a voces que circula con fuerza dentro de los callejones del poder en los que se desenvuelve nuestra deleznable clase política, tan dispuesta a callar para conseguir su tajada del botín. Así se juega en el pútrido ajedrez de la política mexicana, donde las mayorías siempre terminan por joderse mientras el abuso de la élite sigue in crescendo. Ejemplos sobran. Ahí están las alabadas reformas estructurales que tanto celebran los siervos del actual régimen. Ahí está la reforma laboral, el saqueo del petróleo, el aumento de impuestos imbéciles y su impacto en la inflación, la alza de delitos como el secuestro y la extorsión, el robo de cuello blanco como política de Estado. Los resultados están a la vista: un país donde la única posibilidad de acceder a la justicia es tomarla en mano propia, tal como han demostrado los grupos de autodefensa.

Cualquier apasionado de la historia podrá constatar que el abuso sistemático de unos contra otros no puede durar eternamente. El imperio romano terminó por caer, devorado por la corrupción y las disputas internas. A Luis XVI le cortaron la cabeza. Lo mismo ocurrió con la Rusia zarista y la revolución bolchevique. No se necesita ser un erudito para darse cuenta de que en México están dadas las condiciones para que estalle un conflicto armado de gran envergadura. Lo único que puede detener los ríos de sangre que están gestándose actualmente en las entrañas del actual régimen es una revolución: desbordar las calles con protestas y derrocar al actual gobierno, construir un nuevo pacto social y redistribuir equitativamente el poder político entre los diversos grupos sociales para devolverle la paz a México. Por supuesto, nuestra clase política, tan acostumbrada al lujo criminal y la manipulación como sustituto de la realidad, no cederá fácilmente. Los tambores de guerra suenan cada vez con mayor fuerza. Solo el pueblo organizado podrá detener la carnicería. ¿Cuántos periodistas más tendrán que morir en este doloroso camino? ¿Cuántos políticos criminales permanecerán impunes? ¿Cuánto tiempo pasará para que la verdad termine por alumbrar este país de tinieblas? ¿Cuánto sufrimiento más habremos de soportar antes de convertirnos en autores de nuestro propio destino? ¿Cuántas lágrimas, cuánto rencor acumulado, cuánta sangre inútil, cuánto odio habrá de ser derramado en esta guerra estúpida de todos contra todos? ¿Cuánto tiempo pasará para que podamos aprender a convivir sin someter al otro? ¿Cuándo abriremos los ojos y el corazón para cobrar conciencia de este dolor imbécil? ¿Cuántos más habremos de morir por hablar mientras otros esconden la cabeza en el suelo y se muerden la lengua por miedo? Por eso hay que gritar, hay que señalar, hay que denunciar, hay que luchar, defender con uñas y dientes la posibilidad de un presente y futuro mejor. Aunque nos vaya la vida de por medio. Como Goyo.

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Acerca de manuelhborbolla

Poeta, filósofo y periodista, egresado de la UNAM. Creo que es posible transformar el mundo a través de la poesía.

Publicado el 11 febrero, 2014 en Política y etiquetado en , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 1 comentario.

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