Archivos Mensuales: abril 2014

El incendio

 

A veces uno quiere
vomitar la angustia
que lleva atorada
en el pecho,
pero uno termina ahogándose
en su propio vómito.

¡Oh fatalidad!
¡Tanta mierda innecesaria!

Yo pensaba que despertar
y conocer la naturaleza
íntima sufrimiento humano
me ayudaría a callar mi propio
sufrimiento.

Pero no.

La absurda creencia
del amor
será mi sepultura.

Quisiera preguntarle a la muerte
si en su lecho se puede
descansar de esta
agonía permanente.

Lo malo quema.
Lo bueno quema.
Todo quema.

Uno acabará ardiendo
y reducido a cenizas sin importar
el color del fuego,
el cómo o el por qué.

Cuando se lleva puesto el incendio
el camino es lo de menos.

Lo importante es
olvidar y ser olvido.

Será que en días como hoy
tengo la impresión de que
el problema de la vida
es vivir.

::.

El limbo existencial

 

Transmitiendo en vivo
desde el limbo de la existencia.

Ajusten sus cinturones,
se prevé turbulencia,
turbulencia,
turbulencia,
turbulencia…

El terruño más pobre es aquel
donde el corazón en semilla
nunca prende.

Por eso riego mi parcela, compi.

Nací en un bonito charco,
tras un chubasco de cosas imposibles.

Advertí sobre mis ojos
el sino de la vida,
como una naranja que sueña un día
convertirse en sol.

Y se fueron revelando
los secretos ocultos
en la oscuridad del inconsciente.

Y se fueron haciendo agua
mis días arremolinados.

Y se fue haciendo espesa
la transparente sangre de los árboles.

Y me fui amaneciendo,
como los colibríes.

Y me fui anocheciendo
con el rumor de luna
que acompaña el canto de los grillos.

Yo soy una ceiba
que echó raíces en el duro asfalto
para poblar el cielo.

El vértigo de la caída
nunca me detuvo.

Me gusta sentirme al filo del precipicio.

Lo hace más interesante a uno,
menos susceptible al chantaje.

En el toma y daca
que se padece a diario,
todos quieren sacar ventaja.

Para sobrevivir a esta farsa mercantil
de todos contra todos
se necesita tener los sueños
siempre dispuestos.

Nadie podrá resistirse
al encanto de la amapola.

Nadie podrá jurar
que no vio venir el terremoto.

Soy un personaje soñado por Shakespeare
en un drama inconcluso.

Soy rojo como octubre.

Soy una pecera que hierve y se rompe.

Soy un aire robusto persiguiendo su propia sombra.

Una cesta de aguacates con delirios de guacamole.

Ya sé que siempre voy al revés.

Debería ponerme a comprimir barro para
fabricar tabiques y construir una escalera
que llegue a la estratósfera.

¡Bajan en la siguiente esquina!

El chofer no escucha.
Está un poco sordo, un poco cuerdo.
Su problema es no saber tararear
una buena cumbia mientras
su destartalado camión
se hunde en el fango.

El mío es tomarme esta farsa
demasiado en serio.

¿Neta? Equis we…

Y si el mundo se quema,
asaremos bombones.

Y tomaremos licuado de azufre
a la hora del desayuno.

Y echaré una siesta
tirado en la hamaca.

Hoy andaré sordo de angustia.

Y correré haciendo círculos sobre el suelo,
como las manecillas del reloj.

Así me enseñó
el profeta Homero Simpson.

Así es esto de vivir.
¿Y eso a qué sabe?
A taco de suadero light
con leche malteada.

Yo voy tranquilo por la calle,
viendo tiburones zombis agitarse como locos
en esta fiebre de colores y humareda.

Nadie sabe para quien trabaja
hasta que lo ve perdido.

Así no era. Pero así fue.

Ando pacheco sin pachequear.

La mota es para novatos.
Yo me inyecto versos en ayunas.

La policía nunca me cree.
¡Se lo juro señor oficial!
Luego le rolo unas rolas pa andar iguales
o andar diferentes.

El vino es mi pariente.

Soy una sanguijuela buena onda
buscando la absolución en la próxima herida.

Alabaré la belleza fugaz del tiempo.
Alabaré, alabaré, alabaré.

Tengo hinchada la imaginación.
A veces se derrama
y uno tiene que andar por ahí
recogiendo el tiradero.

Mejor así que nadar de muertito
en este laberinto de similitudes.

Mejor así que ensimismarse
con lo mismo de siempre.

La borrachera siempre acaba en un rugido,
un latigazo, un golpe seco.

Mis ideas tiemblan como amibas.

Alabaré, alabaré, alabaré.

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Autorretrato a lápiz digital

 

Ahora que me ha dado por ponerme a dibujar me puse a experimentar con una tablet Wacom y Photoshop. Estoy gratamente sorprendido del nivel de precisión que han alcanzado estas herramientas y las posibilidades creativas que ofrecen. Aquí un autorretrato realizado con lápiz digital.

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El hombre hecho trizas en el pincel de Xolotl Polo

 

Vagando por la red me topé con la obra de Xolotl Polo, un artista plástico radicado en el estado de Morelos. No vienen muchos datos sobre él en su página web, pero sus pinturas hablan solas. Su manejo del color sobre el hombre hecho trizas resulta visualmente estimulante.

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Los sonidos del mar

“Mujer, ojalá contigo se acabe el amor”.
Silvio Rodríguez

Hay canciones
para volarse el alma
y prenderse fuego
antes de
evaporarse en el aire.

En cualquier parte
abundan los males de amor.

Buscando la vida
te encontré
en un planeta remoto,
en tus ojos galácticos
de estrella lejana,
y me fui para siempre
desalando mis recuerdos
con el beso del vino
pintado en la boca.

Aconteció la noche
en el jardín de los sueños,
desenterrando laberintos
en el aciago vicio
de vivir
con el corazón entreabierto
y desnudo,
errático, moribundo.

Ojalá este amor se vaya
sin dejar sus huellas en la arena.

Salí a buscar mi destino
en las comisuras de tu boca
y solo encontré
la madrugada fresca
apretando el corazón
en cada rincón,
en la oquedad del tiempo
y el acento azul
del viento
que rozaba tu pelo.

Un escalofrío me recorrió
el alma,
y se me dilató la sangre.

Mi alegría está bañada
de añoranza.

Los sonidos del mar
son los sonidos del adiós.

Resuenan las olas
en la arritmia silenciosa
de mi pecho.

Hoy quiero cantarle
a la soledad
y su embrujo arborescente.

La noche se hizo espesa
al lado tuyo,
varado en el insomnio
que siguió
a tus labios paulatinos
que fueron cediendo.

Bastará un segundo de ti
para habitar la eternidad.

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El marketing futbolero en la víspera mundialista

Como cada cuatro años, las principales firmas de ropa deportiva invierten millones de dólares para atraer la atención de los consumidores que padecen la fiebre futbolera que impregnará los hogares del mundo entero durante la celebración del campeonato mundial de futbol Brasil 2014. Este año no es la excepción. El pequeño cortometraje de Nike no tiene nada novedoso: las máximas estrellas del balompié (con excepción de Messi) disputándose la gloria en una cascarita de fantasía. Y sin embargo, resulta harto estimulante para que la imaginación ruede y ruede junto al balón.

 

En cntraste, el psicodélico anuncio de Adidas muestra una peculiar mezcla de tachas, colores neón, música electrónica con aires de reggaeton y, por supuesto, futbol carioca.

Sketches de bicicletas, retratos de colores y otras cosas…

De rostros y laberintos

 

Algunos dibujillos que hice esta tarde en la aplicación Paper 53 para iPad. Bastante entretenido.

dibujo

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Vámonos de prisa

Vámonos de prisa,

que la vida es breve

y no perdona.

Yo no sé

ignorar al corazón

cuando palpita emocionado

como locomotora.

Aprendí con el tiempo

a soltar y dejarme ir,

como el viento

de la tarde

sobre el tejado.

Miro al sol acariciar

un cielo encendido

en tonos pastel.

Siento que el aire

me llena los pulmones.

En cada verso,

cada suspiro,

se desprende

un pedazo del alma que

lleva a su vez toda el alma mía.

Quiero sumergirme

en el delirio de vivir,

y navegar una panga

por el callado riachuelo

de mis adentros.

Estoy vivo, estoy despierto,

estoy soñoliento, estoy aquí,

estoy ahora, estoy contigo.

Hay que andar de prisa

la vida breve,

porque se va y no regresa.

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Bosquejo para una danza de ensueño

 

Un ejemplo de lo que puede lograr la música, la danza, el dibujo y la animación. Un video sencillo donde la delicadeza de los movimientos logran crear una coreografía de ensueño. En el terreno de lo fantástico, las posibilidades del cuerpo y la imaginación se multiplican. Una delicia con música de Astor Piazzola.

 

Gravity: “en el espacio la vida es imposible”

 

Una obra maestra. Me había resistido a ver Gravity en el cine. Supongo que no era el momento preciso, aún con el escándalo mediático que generó Alfonso Cuarón durante los Oscares. Me arrebató el aliento. Una película redonda de principio a fin. Un retrato íntimo de lo que significa estar perdido. Una odisea espacial donde aprender a soltar las pesadas cargas de la existencia resulta vital para seguir viviendo. Yo había escuchado algunas críticas no tan favorables a la película, alegando que la historia era demasiado simple. Pero la maestría de Cuarón no está en el guión de la cinta, sino en la manera en que pudo llevar a cabo de manera satisfactoria una película sumamente compleja en el plano técnico y narrativo, con un monólogo sin palabras donde las bellísimas imágenes de Emmanuel Chivo Lubezki y los trepidantes giros de cámara van desnudando los muchos dolores de la doctora Ryan Stone (interpretada por Sandra Bullock) en su lucha por desprenderse de aquellas viejas heridas que incendian el alma con un hierro caliente. El gran mérito de la película, no es el argumento, sino la manera en que se cuenta la historia. Cuarón llevó al séptimo arte a una nueva dimensión que seguramente será valorada en su verdadera magnitud con el paso del tiempo. Esos laaaaargos planos secuencia con el planeta azul de fondo y el drama de la existencia en primer plano. Una técnica cinematográfica impecable que atrapa desde el primer momento hasta el último. Una metáfora de todo aquello que debemos dejar atrás. “En el espacio la vida es imposible”, dice el prólogo de la cinta, casi como una advertencia. Un poema visual de 90 minutos sobre el vacío del ser a la deriva en la negrura inconmesurable del cosmos. Demasiado abstracto para la imaginación acartonada de las masas y varios seudocríticos de cine.

Ascensión celeste desde las fauces de un tigre

 

Tigres de Bengala varados en el mar, papeles que vuelan, gente cayendo al vacío de la libertad mientras se abren los cielos. Las pinturas del australiano Joel Rea evidencian deliciosamente los contrastes de la vida. Caer a la boca del tigre o escapar de sus fauces en plena ascensión. Abrir el portafolios para dejar que el basto océano se trague nuestras preocupaciones. Ser perseguido por un mastín gigante. El hiperrealismo de sus trazos se conjugan con las variaciones disonantes del sueño. Hasta que las olas rompen bajo los rayos solares que penetran el cielo gris.

El embrujo del Gabo

Hoy partió al más allá uno de los más grandes autores latinoamericanos de todos los tiempos. Siempre me sorprendió lo mucho que lograba Gabriel García Márquez con una prosa clara, casi minimalista. Procuraba frases breves como Hemingway y odiaba los adverbios. Un escritor obsesionado con el lenguaje y los muchos relieves que tiene la vida. De él me llevo varios pasajes de Cien años de soledad, una novela perfecta que desde su publicación impregnó de poderosas imágenes el imaginario latinoamericano. Fue el primer libro suyo que tuve oportunidad de leer. Luego llegaron varios relatos suyos: Crónica de una muerte anunciada, El coronel no tiene quien le escriba, El amor en los tiempos del cólera, algunos cuentos cuyos nombres no recuerdo. Me gustaron todos, pero ninguno hizo revivir en mí escenas tan evocadoras como las de aquel mítico Macondo y las fantásticas desventuras del clan Buendía. Las escenas de cama de Pilar Ternera y José Arcadio Buendía, los pescaditos de oro del coronel Aureliano Buendía, la vez que Melquiades llevó el hielo al pueblo, la vez que llovió cuatro años seguidos en Macondo, la ascensión celeste de Remedios… Postales que llenaron de colores el parnaso de las letras iberoamericanas. No me declaro un fan empedernido de su obra, pero su talento con la pluma es incuestionable. Es uno de esos extraños casos de escritores que logran convencer a la crítica y a las masas. Por algo será. Sin temor de equivocarme, puedo afirmar que Cien años de soledad es la novela más importante de las letras hispanas, solo después del Quijote. De ese tamaño era la pluma del Gabo. 

Estamos locos de remate, amigo Nietzsche

 

Amigo Nietzsche,
tú y yo estamos locos:
el hombre no pudo tanto.

De eso quieren convencernos.
Ahí está la historia como
elocuente testigo de la infamia.
Ahí están los falsos dioses
riéndose de la desgracia humana
desde sus finos templos de mármol.
Ahí está el hombre contra el hombre,
afilando sus cuchillos.

Estamos locos.

Creer que para ejercer
el amor verdadero
no hacen falta adjetivos,
es un disparate.

Estamos locos por creer que dentro
de cada ser humano habita un
Dios encarnado queriendo
incendiar la pista de baile.

Habrán de encerrarnos en un manicomio
o incitarnos al suicidio.

El hombre se devora a sí mismo
y nadie dice nada.
Tan contaminado está todo.

De las terribles consecuencias
de esta trágica farsa
habrá que culpar a la fatalidad
del destino,
pero nunca a la ambición inconmesurable
del hombre
y la utopía idiota de poseerlo todo.

Dicen que los dementes como nosotros
incitan a las malas conciencias,
como si la gente necesitara invitación
para degustar su delicioso plato de mierda.

Estamos locos de remate,
amigo Nietzsche.

Y el mundo tan cuerdo…

::.

Vértigo submarino

 

La sensación de vértigo bajo el agua arrebata el aliento. Algo aterrador tienen los agujeros descomunales en el mar del Caribe. Como si ahí se escondiera un monstruo gigantesco dispuesto a tragarlo todo.

Archipiélago

La soledad es una isla,

una prisión con paredes de agua

donde la única posibilidad

es el naufragio,

el aislamiento sistemático,

ese silencio íntimo

que grita en la tormenta.

El agua salada no podrá

saciar esta sed.

Dicen que parezco náufrago

con la barba crecida

y el pellejo adherido a los huesos.

Y es cierto.

Vivir es naufragar,

es mantenerse a flote con el agua

al cuello,

extraviarse en medio

de la nada para convertirse

en un recuerdo de espuma

sobre las olas.

Para sobrevivir a la catástrofe

hay que matarse con vino,

hay que volarse los sesos

periódicamente para enmudecer,

desprenderse de todo

para convertirse en

un eco sordo y sumergido

en la inmensidad del mar.

Somos como un archipiélago,

un cúmulo de soledades

desperdigadas en las salinas aguas

del mar.

::.

Yo llevo el alma tartamuda

 

Mi alma es tartamuda:

repite siempre las mismas frases,

los mismos dolores,

las mismas palabras manoseadas

con las que habré

de morir mil veces sin morir,

para luego desangrarme

poco a poco

en la tortura de vivir

amarrado a este

hinchado corazón

que nunca entiende nada.

::.

La tristeza de cuando el amor no basta para remediar todos los dolores

 

-El tuyo es un problema de baja autoestima- dijo mi hermano. -No es posible que el deseo de acabar con el sufrimiento de los demás te haga sufrir de ese modo.

Quise decir algo, pero no supe qué responder. Se me humedecieron los ojos.

-No puedes cargar con el mundo sobre la espalda- agregó durante una airada discusión a la hora de la comida.

Quizá tenga razón. Yo pensaba que amar sin condiciones era la solución a todos los problemas del ser humano. Pero no. A veces el amor es un problema en sí mismo. ¿Qué queda entonces? Volverse egoísta. Que los demás se rasquen con sus uñas. Que cada quien se salve como pueda. La sola idea me revuelve las tripas. ¿Por qué siempre tiene que ser así? Dicen que el hecho de que sufra por el sufrimiento de los demás es parte de mi enfermedad. Pero lo mío no es un problema de autoestima, sino un problema afectivo. Me duele pensar en la sola posibilidad de que mis acciones le ocasionen daño a alguien. Me duele la sola posibilidad de que los demás se hagan daño a sí mismos, aunque no lo pueda evitar. Por eso he tratado de vivir haciendo el menor daño posible, a pesar de los muchos sacrificios que conlleva una decisión como esa. Ahora estoy solo. A nadie le importan realmente esas cosas. No hay nada más raro en este mundo que el amor. Pareciera que todo ha sido en vano. No vale la pena luchar por nada. Solo resignarse a que las cosas son como son, por terribles que resulten. Quedarse sentado a esperar la fatalidad. Esas parecieran ser las soluciones a esta profunda aflicción que me aqueja. Buda enseñó que el deseo es la puerta al sufrimiento. Yo lo único que deseo es la felicidad de todos, realizar la utopía del amor. Y resulta que eso también es malo. Corta por dentro. Será que la crisis de los treinta me llegó con demasiada antelación. Vivi ese peculiar momento en que todas las certezas perecieron. Y entonces, ¿qué queda? Reinventarse. Volverse un ermitaño, vivir en santa penitencia, acabar en un hospital psiquiátrico, volarse los sesos, encajarle el diente al más débil. Bonito escenario.

Dice mi hermano que tengo que aceptar la realidad como es, no como yo pienso que debe ser. Y eso es precisamente lo que yo hago, aceptar la realidad como es. El problema es que este velo pervertido al que insisten en llamar realidad no es sino una vil mentira. La realidad en su esencia más íntima es otra cosa: es aprender a ver el mundo invisible, es explorar un cúmulo de posibilidades inexploradas, descubrir la naturaleza secreta de las cosas. Desde ahí, el mundo en que vivo me parece tan estúpido, tan distante. ¿Seré siempre un forastero en mi propia tierra? Sí la ilusión primera es la ilusión de la separación, como enseña el hinduísmo, ¿por qué uno se va marchitando por dentro cuando intenta pegar los pedazos de aquello que está roto? Yo solo quiero que la gente se quiera. ¿Eso es pedir demasiado? Predicar el amor conlleva morir prematuramente. Le ocurrió a aquel carpintero judío condenado a morir en la cruz. Le ocurrió a Miguel Hernández, quien murió de tuberculosis en una inmunda prisión por defender lo que amaba. Le ocurrió a Gandhi, aún cuando llegó al extremo de casi matarse para evitar que los demás se mataran entre sí. Le ocurrió al Che cuando quiso acabar con el sufrimiento de los oprimidos. El amor es un crimen despiadado en un mundo donde el odio se usa a diario como moneda de cambio. Amar a los demás como a uno mismo es vivir en la ilegalidad o vivir en soledad. Ni el amor ni la compasión fueron suficientes. No serán suficientes. Qué triste.

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La perturbadora sutileza de Bill Domonkos en formato GIF

 

Algo fascinante y misterioso tiene el formato GIF. La quietud y el movimiento simultáneo de una misma escena crean una sensación única. No hace mucho tiempo que algunos artistas comenzaron a experimentar con esta técnica. Los alcances resultan sorprendentes. Aquí una pequeña muestra del trabajo del fotógrafo Bill Domonkos, realizado con fotos antiguas. Las imágenes tienen algo inquietante, algo perturbador, deliciosamente sutil. La mano de un chimpancé caminando como araña por el cuello de una  joven lo dice todo.

 

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Para ver el trabajo de otros artistas puedes dar click aquí.

El texto zombi

Fumigar el texto empujado por una obsesión de higiene gramatical o sintáctica, es el peor vicio de los editores. Asfixiado por tantas reglas, el idioma se vuelve estéril, pierde su emotividad, la llama viva que habita en las palabras. El uso prolongado de la rigidez textual en la escritura erosiona el lenguaje. Se muere por dentro. Como los zombis que caminan por inercia, atrapados en el limbo de la muerte en vida, moviéndose a ninguna parte enjaulados dentro de un cuerpo putrefacto que solo sabe caminar idiotizado para morder.  Por eso hay que dejar que las palabras vuelen, dejar que las palabras prendan y broten en esa selva florida que es todo buen texto. Callar el sentido común y aflojar la imaginación.

zombi

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