El limbo existencial

 

Transmitiendo en vivo
desde el limbo de la existencia.

Ajusten sus cinturones,
se prevé turbulencia,
turbulencia,
turbulencia,
turbulencia…

El terruño más pobre es aquel
donde el corazón en semilla
nunca prende.

Por eso riego mi parcela, compi.

Nací en un bonito charco,
tras un chubasco de cosas imposibles.

Advertí sobre mis ojos
el sino de la vida,
como una naranja que sueña un día
convertirse en sol.

Y se fueron revelando
los secretos ocultos
en la oscuridad del inconsciente.

Y se fueron haciendo agua
mis días arremolinados.

Y se fue haciendo espesa
la transparente sangre de los árboles.

Y me fui amaneciendo,
como los colibríes.

Y me fui anocheciendo
con el rumor de luna
que acompaña el canto de los grillos.

Yo soy una ceiba
que echó raíces en el duro asfalto
para poblar el cielo.

El vértigo de la caída
nunca me detuvo.

Me gusta sentirme al filo del precipicio.

Lo hace más interesante a uno,
menos susceptible al chantaje.

En el toma y daca
que se padece a diario,
todos quieren sacar ventaja.

Para sobrevivir a esta farsa mercantil
de todos contra todos
se necesita tener los sueños
siempre dispuestos.

Nadie podrá resistirse
al encanto de la amapola.

Nadie podrá jurar
que no vio venir el terremoto.

Soy un personaje soñado por Shakespeare
en un drama inconcluso.

Soy rojo como octubre.

Soy una pecera que hierve y se rompe.

Soy un aire robusto persiguiendo su propia sombra.

Una cesta de aguacates con delirios de guacamole.

Ya sé que siempre voy al revés.

Debería ponerme a comprimir barro para
fabricar tabiques y construir una escalera
que llegue a la estratósfera.

¡Bajan en la siguiente esquina!

El chofer no escucha.
Está un poco sordo, un poco cuerdo.
Su problema es no saber tararear
una buena cumbia mientras
su destartalado camión
se hunde en el fango.

El mío es tomarme esta farsa
demasiado en serio.

¿Neta? Equis we…

Y si el mundo se quema,
asaremos bombones.

Y tomaremos licuado de azufre
a la hora del desayuno.

Y echaré una siesta
tirado en la hamaca.

Hoy andaré sordo de angustia.

Y correré haciendo círculos sobre el suelo,
como las manecillas del reloj.

Así me enseñó
el profeta Homero Simpson.

Así es esto de vivir.
¿Y eso a qué sabe?
A taco de suadero light
con leche malteada.

Yo voy tranquilo por la calle,
viendo tiburones zombis agitarse como locos
en esta fiebre de colores y humareda.

Nadie sabe para quien trabaja
hasta que lo ve perdido.

Así no era. Pero así fue.

Ando pacheco sin pachequear.

La mota es para novatos.
Yo me inyecto versos en ayunas.

La policía nunca me cree.
¡Se lo juro señor oficial!
Luego le rolo unas rolas pa andar iguales
o andar diferentes.

El vino es mi pariente.

Soy una sanguijuela buena onda
buscando la absolución en la próxima herida.

Alabaré la belleza fugaz del tiempo.
Alabaré, alabaré, alabaré.

Tengo hinchada la imaginación.
A veces se derrama
y uno tiene que andar por ahí
recogiendo el tiradero.

Mejor así que nadar de muertito
en este laberinto de similitudes.

Mejor así que ensimismarse
con lo mismo de siempre.

La borrachera siempre acaba en un rugido,
un latigazo, un golpe seco.

Mis ideas tiemblan como amibas.

Alabaré, alabaré, alabaré.

::.

Acerca de manuelhborbolla

Poeta, filósofo y periodista, egresado de la UNAM. Creo que es posible transformar el mundo a través de la poesía.

Publicado el 29 abril, 2014 en Poemas. Añade a favoritos el enlace permanente. 1 comentario.

  1. “La mota es para novatos.
    Yo me inyecto versos en ayunas”.

    Que la primavera te sea leve.

    Me gusta

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