Archivos Mensuales: junio 2014

El miedo a ganar

En la vida como en el futbol, se puede perder contra el rival pero no contra el miedo. Hoy fue lo que experimentó México, una vez más. Tuvo a Holanda contra la lona y le dio miedo dar el siguiente paso, la estocada definitiva para romper con la inercia del fracaso que nos ha perseguido durante dos décadas en las justas mundialistas. Parecía que hoy sería distinto, que el Piojo Herrera se moriría con la suya, que se la jugaría al frente como hizo en la primera fase del Mundial Brasil 2014. Pero no fue así.

La pesadilla mexicana comenzó luego de anotar el primer gol. El sufrimiento de ir ganando. Vaya ironía. El escenario parecía inmejorable. Al verse abajo en el marcador, Holanda tendría que arriesgar, abrir espacios. Las condiciones estaban dadas para responder agresivamente y finiquitar el partido. Pero no. El carismático entrenador mexicano decidió traicionar su filosofía de juego al hacer su primer cambio defensivo. En un movimiento táctico difícil de entender, sacó a Giovani, autor del gol tricolor, para meter a Aquino, quien de manera circunstancial logró colarse de último minuto a Brasil. Herrera tuvo miedo de perder la ventaja. Apostó por mantener la diferencia mínima desde el minuto 60. Era demasiado prematuro para echarse atrás. Los holandeses, rugidos de gol, se vinieron encima. Además de perder el control de la media cancha, México perdió pegada al frente. El cambio de Oribe Peralta por Chicharito terminó por desdibujar el parado de los verdes sobre el terreno de juego, debido a que el delantero del Manchester United requiere de un cómplice al frente para hacer daño a la defensa rival y abrir los espacios necesarios para que sus compañeros lleguen con claridad a la meta enemiga. Nada de eso ocurrió.

Las llegadas con peligro del cuadro europeo fueron cada vez más insistentes. El portero Guillermo Ochoa hizo gala de sus reflejos felinos en un par de ocasiones para mantener el resultado. La fatalidad rondaba en el aire. Era cuestión de tiempo para que cayera un gol en contra. Un rebote seguido de un potente disparo de Wesley Sneijder acabó con la esperanza de romper la maldición. El penal solo terminó por confirmar la hipótesis. Aún cuando los holandeses fallaran la pena máxima, la suerte estaba echada. El cuadro nacional no tenía con qué responder al frente tras quemar todos sus cambios. México perdió por el miedo a perder. Otra vez. Otra tarde triste de sueños que se van directo a la coladera. Otra vez la impotencia, la frustración. En el futbol como en la vida, hay formas de perder. México optó por una particularmente dolorosa: el terror de salir a ganar.

No se trata de hacer leña del árbol caído. Los jugadores dieron un Mundial mejor de lo esperado. Me gustaría que el Piojo siga al frente del Tri otros cuatro años. Pero si queremos avanzar tenemos que aprender de nuestros errores. Algo que no ocurre actualmente.

La cosa no pasaría de ahí, si no fuera por las reacciones al término del partido. Los comentarios que inundaron las redes sociales evidenciaban con amargura nuestra triste realidad, la mediocridad endémica que tanto hemos cultivado los mexicanos de un tiempo a la fecha, la misma que tiene al país en la ruina. No es una exageración. El futbol como espejo de la realidad, terminó por desnudar nuestras muchas limitaciones como nación.

La derrota fue culpa del árbitro. No importó que el mismo árbitro nos perdonara un penal claro como el agua al final del primer tiempo. No importó que México hubiera sido echado atrás durante los últimos 40 minutos del partido sin opciones al frente. No. Una vez más, terminamos asumiéndonos como víctimas de las circunstancias en lugar de hacernos responsables de nuestro destino.

Para el Piojo Herrera y millones de furibundos usuarios de internet, la derrota se explicaba por una decisión arbitral que debería ser investigada por la mismísima FIFA, y no por lo que el equipo dejó de hacer en la cancha. Por supuesto, es más cómodo buscar culpables fuera, que asumir la responsabilidad de nuestras acciones. Es justo el mismo patrón de comportamiento utilizado por el gobierno de Enrique Peña Nieto para explicar el estancamiento de la economía nacional debido a causas exógenas como la parálisis de la economía de Estados Unidos. Una vez más, México es víctima del árbitro, del mercado internacional. El pobrecito México, el indefenso que siempre se termina chingando frente a las potencias. Una mentalidad estúpida que nos ayuda a entender la triste realidad que padecemos todos los días, la del abuso sistemático de las cúpulas, la apatía que prevalece en las calles a la hora de pelear por aquello que nos corresponde, aquello que nos pertenece.

Lo mismo ocurre con el conformismo fácil. “Se hizo lo que se pudo”, es la justificación perfecta para la mediocridad que padecemos, aún cuando se tuvo la mesa puesta para salir a ganar y comerse el mundo. La manera en que la gente aplaude a su selección de futbol por “devolverle la ilusión”, aunque sea un efímero momento, es similar a lo que ocurre durante las campañas electorales, cuando la gente termina creyéndose las mismas mentiras de siempre con tal de dejarse envolver por esa ilusión perversa de que las cosas van a cambiar tachando una pinche boleta.

Mientras sigamos repitiendo los mismos patrones de siempre, las cosas no cambiarán, ni en el futbol ni en la política. Seguimos atados a la inercia del conformismo. Buscar villanos para justificar nuestra desgracia es otra forma en que se manifiesta la cobardía. Por eso no crecemos, no maduramos. Seguimos actuando como niños indefensos despojados de un dulce. Así actuamos ahora mismo que nos intentan arrebatar el petróleo o fortalecer el control mediático que sustenta al actual régimen. Por supuesto, es más cómodo asumir la cobarde postura de culpar a los demás antes que aceptar el dolor de vernos a nosotros mismos como lo que realmente somos.

Si queremos que las cosas cambien, tenemos que actuar diferente, pensar diferente. Tenemos que asumir la responsabilidad de nuestras acciones, asumir una postura crítica para aprender de nuestros errores y seguir avanzando de frente, a pesar de los obstáculos, a pesar de todo. Si queremos crecer, tenemos que vencer nuestros miedos. Así en la vida como en el futbol.

Crónica: El adiós del guerrero andino

Chile se fue en un alarido, como mueren los guerreros sobre el campo de batalla. La pelota zumbó en el poste y recorrió la línea de gol por un costado. Lágrimas de frustración. Lágrimas de alegría. Brasil soltó el aire. Un milagro los salvó del desastre. La canarinha no estuvo a la altura de su historia. La suerte pudo más. Así se despidió Chile del Mundial de Futbol en el Mineirão de Belo Horizonte tras un partido inolvidable.

Los andinos dejaron el alma en el césped. No fue suficiente. Algún extraño conjuro debió haber realizado Julio César sobre su portería para impedir que los chilenos redondearan un partido inolvidable donde la presión estuvo a punto de aplastar al anfitrión. Antes de iniciar la tanda de penales, el guardameta brasileño tuvo una visión. “Tiren con confianza que voy a detener tres”, dijo a sus compañeros. Julio Cesar contuvo los disparos de Pinilla y Alexis Sánchez. El poste se encargó del resto.

Jara falló el último disparo segundos después de que un acalambrado Neymar soportara al país sobre sus hombros para otorgar una ventaja que a la poste sería definitiva.

Chile se despedía del Mundial de Futbol dejándolo todo sobre la cancha. “Nos vaciamos por entero”, diría el portero y capitán chileno, Claudio Bravo. Así fue. Una pelota al travesaño tras un potente disparo del 9 andino al final de la prórroga salvó de milagro a un Brasil desconcertado ante la ferocidad del rival. El arrojo de los chilenos sería personificado en Medel, el imponente defensor que aguantó buena parte del juego con la pierna desecha para salir de la cancha al minuto 108 con los ojos húmedos de dolor por tener que abandonar la batalla. Una escena épica.

La afición brasileña sonrió tras el milagro de ganar pese a dar un partido horrible. La suerte del anfitrión borró por un momento las críticas a las dos bultos que el entrenador brasileño, Felipao, decidió llevar al certamen con la obligación de hacer goles. Ni el insípido Fred, ni mucho menos aún el espigado Jo, hicieron justicia a sus antecesores. Nunca antes, los atacantes brasileños parecieron tan insignificantes. Una ofensiva vergonzosa que sobrellevaba la frustración con un par de fierrazos de Hulk y alguna jugada esporádica de Neymar. Un gol de David Luiz y los errores en la zaga brasileña que abrieron la puerta para que Alexis Sánchez empatara el juego y pusiera contra las cuerdas al máximo favorito del torneo, evidenciaron las muchas limitaciones de este deslavado Brasil. La suerte impidió una tragedia casi inminente para un país que pareciera estar condenado a disfrutar la gloria mundialista en casa ajena.

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El arte de dibujar objetos cotidianos de manera hiperrealista

El trabajo del ilustrador italiano Marcello Barenghi es espectacular. El manejo de texturas es increíblemente realista. Algo particular tienen en el ojo los pintores hiperrealistas a la hora de interpretar la luz. Las sombras luminosas de la botella de vodka o la textura de papel metálico del empaque de lunetas es sencillamente sorprendente.

 

De cuando la Piojomanía tomó por sorpresa al mundo

Nunca nadie en la historia del futbol había gesticulado tanto un gol como el Piojo Herrera. Quién hubiera podido predecir que aquel jugador temperamental de estrambótico peinado, que defendió los colores del Atlante y aquel mítico Toros Neza de mediados de los 90, le terminaría arrebatando los reflectores a Neymar y compañía en su propia casa. La Piojomanía se volvió global en menos de una semana.

La intensidad con la que vive cada partido desde el límite de su área técnica, batiendo las manos como torbellino o revolcándose con sus jugadores (literal), ha dejado absortos a los medios mundiales que incluso han calificado al estratega tricolor como “lo mejor del Mundial”. La impavidez del entrenador croata Niko Kovac solo sirvió para acentuar el contraste con el bullicioso entrenador mexicano. No en balde, su peculiar manera de festejar se ha convertido en una de las estampas más memorables del Mundial de Futbol Brasil 2014.

Populachero y carismático, Herrera es un auténtico volcán, como atinadamente lo definió la BBC. El nuevo antihéroe de la cultura popular mexicana, afirma El País. Un güero de barrio capaz de cautivar a todo una nación con su talento en el banquillo y su manera de desenvolverse frente a los micrófonos. El mismo que colecciona trajes Armani y Hermenegildo Zegna y prefiere jugar echado hacia adelante antes que especular con el empate. Su éxito ha sido tal, que incluso parece haber eclipsado el gran desempeño de sus jugadores durante el máximo torneo del balompié mundial. Las imágenes del Piojo inundan el internet y las redes sociales, lo mismo ataviado de supersayayín que desgarrándose las vestiduras arriba de un ring al estilo Hulk Hogan. Un mito viviente que va escribiendo su historia al chingadazo, como buen mexicano.

La euforia con la que vibra el estratega del Tri resulta casi una ficción en una época donde la alegría desbordada sobre el terreno de juego suele ser castigada con tarjeta amarilla. En un juego donde la efectividad pareciera ser más importante que sonreír, la sola presencia de Miguel Herrera en el banquillo de la Selección Mexicana representa un atentado contra la moral hipócrita con la que se manejan los señores feudales del futbol. Quizá de ahí provenga el inusitado frenesí que ha desencadenado este peculiar personaje. Su manera de festejar cada gol como si fuera el último, le ha recordado al mundo que además de un negocio, el futbol también puede ser algo divertido, apasionante.

Nadie sabe con exactitud cuánto tiempo durará la Piojomanía. Mucho dependerá de lo que México consiga frente a Holanda. En la vida como en el futbol, las predicciones resultan inútiles. Nadie puede saber lo qué pasará el próximo domingo. La única certeza es que el Piojo Herrera hará erupción, gane o pierda. Lo mismo puede acabar mentándole la madre al árbitro en un espectáculo bochornoso que dando vueltas de regocijo sobre el césped. Es impredecible. Habrá que estar preparados para disfrutar lo inesperado. De esas historias que sólo pueden contarse cada cuatro años en un Mundial de Futbol.

Metástasis

 

Era una noche circular
y mojada,
de puertas cerradas
que nunca estuvieron abiertas.

El agua condensa el aire
del bosque y se arremolina
en la farola,
halo de bruma blanca,
sueño convexo
donde despertó la añoranza
infantil de sentirse acompañado
en este camino de soledades
y sillas vacías.

Las gotas de lluvia
se descuelgan de las
hojas de los árboles
y vacilan mis pasos
inciertos que van
hacia ninguna parte,
el diminuto placer
que habita en el dolor,
sutil y perverso goce
que desgarra la carne
por dentro.

Yo no tengo sustancia,
estoy hecho de humo,
como un fantasma
que vuela dando
vueltas sobre sí mismo,
cuestionándolo todo
sintiéndolo todo
en la resonancia sorda
del otoño
y su viento seco
exhibiendo la precariedad
de mis palabras
aplastadas por el silencio
tuyo que se convirtió
en un frío muro de contención
o en los desangrados
pétalos de la rosa.

Soy un ajolote enamorado
que sonríe en las aguas
turbias del desasosiego,
con el alma en estado larvario,
arrojado sobre la tierra sucia.

Ya no me juego la vida
entre tus piernas
porque se me ha secado
el alma,
ya nada me importa,
si acaso contemplar
el movimiento de las cosas
con los ojos repetitivos,
sumergidos en el pantano
de su propia indiferencia,
con el corazón devorado
por gusanos.

Los rayos del sol
ya no se reflejan en mis pupilas.

La soledad hace metástasis
mientras mi corazón se disuelve
y se cierra para
guarecerse de la lluvia.

::.

Sucede sin pensarlo

 

Las cosas suceden
sin pensarlo.

Las raíces de la noche
se hunden en este mundo
profano, inquieto.

Soy la irrupción del amor
en la insensatez de tu cuerpo solo,
un resquicio de la memoria
desvencijada, sofocada.

Soy un cadáver sin
acta de defunción
adherido a la fría luz
de una sala de espera.

El lenguaje de la imaginación
se eleva como la espuma:
alegoría de uva,
rosaleda lunar.

Necesito un planeador
para descender
hasta el más remoto de mis silencios,
de palabras enterradas
y días azules.

Mi casa es un páramo en llamas.

La culpa y el placer
vigilan desde adentro,
como los caminos que se bifurcan
en lo alto de la cordillera.

Un maremoto de agua triste
acompaña estos dolores.

Rugido-trailer.

Ojalá que el diablo no pronuncie
tu nombre mientas duerma.

Una coladera atrapa el calor
y los mosquitos.

¿Has sentido la angustia de inventar
un personaje y no poder salir de él?

Estoy atrapado en mi propia ficción.

Es un calvario y delirio al mismo tiempo.

Busco rastros de mi nombre
masticado por las ratas.

Quiero resucitar en el trigo.

¡Oh bicéfalo tigre!
eres la noche y eres el día,
eres como la libertad
de mirada extraviada.

Un caracol en carne viva
canta un sueño fotoeléctrico.

Imágenes mudas que se pasean
por la cartografía de tu ausencia.

Es el milagro blanco de las dunas
cuando nieva.

Las señas de tu rostro
son un libro en lengua extranjera.

No renunciaré al tic tac de la música,
ese bosque de insinuaciones y dátiles.

Llueven las horas de desasosiego
en la parada del autobús.

Soy un poseso,
navegante del texto zombi,
con la boca pintada rojo y
la oquedad de tus ojos salinos
desgarrando lo que queda.

Saliva la salvia.

La humedad de tu sexo
es el insumo de la resurrección.

No me arrepentiré nunca
de apostillar el alma
en el encantamiento de las flores.

Turba de luengas caricias.

La realidad y su jaula de oro
no podrán hacerme daño.

He descendido a las fosas abismales del océano
y he respirado el aire frío de las más elevadas montañas.

Platico con los árboles
y me cuentan el principio de todo.

El origen de todas las cosas
canta en mis adentros.

 

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“Aventura es aquello que te saca de la zona de confort”

Un emotivo video sobre el trabajo del fotógrafo Cory Richards. “Una aventura es aquello que te saca de la zona de confort”, afirma. Una declaración contundente para describir la pasión de vivir este mundo confuso a través de la lente, el viaje y los amigos.

La fidelidad de lo real

El trabajo hiperrealista de Rubén Belloso resulta impactante. Los bordes entre la realidad y el pastel se desdibujan en los pequeños detalles que dan forma a la expresión humana.

Centro gravitacional

 

Mi centro de gravedad
no está debajo del ombligo,
como el resto de la gente,
mi centro de gravedad
son tus ojos cuando me miran,
es tu boca cuando sonríe,
los latidos de tu pecho
inventando el amor
en la tenue luz de madrugada.

::.

A la sombra fresca del laurel

 

Aquí estoy,
envuelto entre las sábanas
de un pasado forastero
y vuelvo a dormitar
a la sombra fresca del laurel
un día domingo,
para escapar del amargo
dulce de mi soledad garapiñada,
la misma piel que se quema
cuando la miras
desde el fondo
del agujero más recóndito,
hueco furibundo
que se propaga y se hace
agua y se hace lodo,
fosa séptica donde
se vierten todas las penas,
todos los dolores,
sudario de los adioses
donde llovieron mis restos,
el mar de los que nunca fueron,
aguas saladas de resurrección
y mortífera elegía,
quiero morderme la boca
quiero desangrarme lentamente
y vaciarme por dentro
para limpiar mi corazón
a través de la herida primera,
quiero llorar sangre
para tatuarme en el alma
un último grito
con el alma
despellejada en la cruz,
quiero estallar por dentro
con los ojos apagados
y la carne frágil,
las piernas que dudan y tiemblan
cuando intuyen
mi aliento desahuciado
que te persigue sin descanso
hasta el fin del tiempo.

::.

La redención de tu boca

¿Dónde quedará enterrada
la melancolía…
este somero andamiaje
de amores mutilados
y frases inconclusas,
este soliloquio sin tarima,
este par de agujeros sin ojos.

Tengo una astilla
clavada en la mente
inyectando su veneno
en el pensamiento para
olvidar el clamor de las aves
y el llanto de las flores
tendidas al sol,
es un cuento lacrimógeno
que se escribe
desde mis arterias calientes,
es una enredadera
de oscura hemoglobina
con la que quiero despertar
de esta anestesia emocional
que me sucede día tras día,
quiero despertar de este amor
lleno de silencios,
esta añoranza sin fruto,
una llaga abierta
que duerme y resucita
en la redención de tu boca
que nunca llega.

::.

Suelo ser crepuscular cuando te pienso

Suelo ser crepuscular cuando te pienso
y camino por el mundo mirando el suelo,
inventando el próximo reencuentro
en esta crónica de amores improbables.

Y me da por ser desobediente
cuando me propongo olvidarte.
y dejarte amordazada bajo la cama,
a ti, mi proveedora de tristezas.

No existe refugio
para el frío de la soledad
y el ardor de una querencia:
así es como nacen los tifones,
entre el sollozo de un glaciar
y la lumbre solar del trópico.

Cuánta sangre habrá de derramarse
para este mi amor sin amnistía,
cuánta sangre habrá de demorarse
en la anuencia muda de tu boca
y el acento homicida
de tus manos impías.

La mía es la suerte
de los desmemoriados,
querer es abandonarse
a la oscuridad del acantilado,
es vaciarse por dentro,
incendiarse y mutilarse,
es desvestir a la muerte
en una mirada.

Seguirás siendo un ruido triste
en el alcantarillado de mis sueños.

::.

La belleza está en el detalle

Contemplar esa diminuta belleza que rodea a los seres vivos del plaenta siempre será un deleite para mí. De esos videos que muestran de manera sublime, la perfección de la creación.

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