Crónica: El adiós del guerrero andino

Chile se fue en un alarido, como mueren los guerreros sobre el campo de batalla. La pelota zumbó en el poste y recorrió la línea de gol por un costado. Lágrimas de frustración. Lágrimas de alegría. Brasil soltó el aire. Un milagro los salvó del desastre. La canarinha no estuvo a la altura de su historia. La suerte pudo más. Así se despidió Chile del Mundial de Futbol en el Mineirão de Belo Horizonte tras un partido inolvidable.

Los andinos dejaron el alma en el césped. No fue suficiente. Algún extraño conjuro debió haber realizado Julio César sobre su portería para impedir que los chilenos redondearan un partido inolvidable donde la presión estuvo a punto de aplastar al anfitrión. Antes de iniciar la tanda de penales, el guardameta brasileño tuvo una visión. “Tiren con confianza que voy a detener tres”, dijo a sus compañeros. Julio Cesar contuvo los disparos de Pinilla y Alexis Sánchez. El poste se encargó del resto.

Jara falló el último disparo segundos después de que un acalambrado Neymar soportara al país sobre sus hombros para otorgar una ventaja que a la poste sería definitiva.

Chile se despedía del Mundial de Futbol dejándolo todo sobre la cancha. “Nos vaciamos por entero”, diría el portero y capitán chileno, Claudio Bravo. Así fue. Una pelota al travesaño tras un potente disparo del 9 andino al final de la prórroga salvó de milagro a un Brasil desconcertado ante la ferocidad del rival. El arrojo de los chilenos sería personificado en Medel, el imponente defensor que aguantó buena parte del juego con la pierna desecha para salir de la cancha al minuto 108 con los ojos húmedos de dolor por tener que abandonar la batalla. Una escena épica.

La afición brasileña sonrió tras el milagro de ganar pese a dar un partido horrible. La suerte del anfitrión borró por un momento las críticas a las dos bultos que el entrenador brasileño, Felipao, decidió llevar al certamen con la obligación de hacer goles. Ni el insípido Fred, ni mucho menos aún el espigado Jo, hicieron justicia a sus antecesores. Nunca antes, los atacantes brasileños parecieron tan insignificantes. Una ofensiva vergonzosa que sobrellevaba la frustración con un par de fierrazos de Hulk y alguna jugada esporádica de Neymar. Un gol de David Luiz y los errores en la zaga brasileña que abrieron la puerta para que Alexis Sánchez empatara el juego y pusiera contra las cuerdas al máximo favorito del torneo, evidenciaron las muchas limitaciones de este deslavado Brasil. La suerte impidió una tragedia casi inminente para un país que pareciera estar condenado a disfrutar la gloria mundialista en casa ajena.

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Acerca de manuelhborbolla

Poeta, filósofo y periodista, egresado de la UNAM. Creo que es posible transformar el mundo a través de la poesía.

Publicado el 28 junio, 2014 en Otros desvaríos y etiquetado en , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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