Archivos Mensuales: septiembre 2014

La anecdótica vida de Cantinflas no apta para ‘dummies’

La película de Cantinflas me dejó un buen sabor de boca pese a sus enormes carencias. Lo mejor, desde luego, es la memorable interpretación del español Óscar Jaenada. El arte, el casting y la fotografía de buena hechura evidencian que no los productores de la cinta no escatimaron recursos en la realización.

Sin embargo, la dirección es pésima y el guión otro tanto. La película carece por completo de narrativa. Más que contar una historia, la película es un trabajo monográfico que pega una serie de anécdotas sobre la vida y obra de Mario Moreno sin que exista un hilo narrativo que permita darle cohesión a la historia. De ahí que el tratamiento de cada pasaje en la vida de Cantinflas sea tratado de manera superficial.

En aras de meter a cuadro un collage de personajes icónicos del México de los 30s-50s, la película naufraga en secuencias inconexas de poca carga emocional. Además, se requiere de un contexto importante sobre Cantinflas para apreciar muchos detalles de la cinta, lo cual evidencia su mediocridad a la hora de construir un discurso narrativo autosuficiente, capaz de conectar con los neófitos del cantinfleo.

En síntesis, resulta lamentable que una actuación brillante como la de Jaenada se viera cortada por una mediocre hechura cortesía de las mentes simplonas y comerciales que dirigen Televisa Cine. La cinta es una buena introducción a la obra del cómediante mexicano, pero hasta ahí. Buena para pasar el rato y nada más. Eso sí, a raíz de la película me dieron ganas de ver algunas películas emblemáticas del protagonista de Ahí está el detalle. No apta para ‘dummies’.

El golpe contra el IPN y la urgencia revolucionaria

Los estudiantes se defienden con argumentos y tomando las calles de manera pacífica ante el golpe del régimen contra el Instituto Politécnico Nacional (IPN). No conformes con entregar la industria petrolera a los intereses extranjeros, este régimen controlado por miserables vendepatrias, ahora pretende desmantelar instituciones educativas para que las empresas extranjeras, amparadas en la reforma laboral aprobada por el PRI y el PAN, y la reforma educativa (un logro calificado como “histórico” por lo más selecto del PRD y su celebrado Pacto por México), puedan contar con mano de obra barata.

Solo un puñado de infames como los que ostentan el poder gubernamental son capaces de deteriorar la educación universitaria de su gente para que el capital extranjero y el gobierno corrupto acumule ganancias millonarias a partir de la explotación laboral, sueldos miserables y el sufrimiento de millones.

A grandes rasgos, los estudiantes plantean que la reforma del IPN desmantela el principio público con el que se fundó la institución para convertirse en una fábrica de mano de obra barata para la iniciativa privada a partir de modificaciones sustanciales al plan de estudios y otros candados legales que abren la puerta a un manejo cada vez más discrecional de la institución. Esto ha sido una constante en el actual régimen: fomentar la discrecionalidad para facilitar la corrupción y el control político. Ahí están los resultados de sus reformas estructurales y su dichosa “competitividad”. Así es la educación en los tiempos del autoritarismo jurásico recargado. Por supuesto, no tardará el linchamiento mediático contra los estudiantes conforme el descontento siga creciendo. La mediocracia cortesana y aplaudidora (empezando por las televisoras) no tardará en descalificar la protesta estudiantil. El gobierno, por su parte, ha asegurado que van a postergar la crisis aplazando la aprobación del reglamento, evidenciando que apostarán por una estrategia de desgaste.

El anuncio se da paralelamente a otra crisis al interior del gobierno federal: la matanza de 22 personas a manos del ejército en Tlatlaya y el “encubrimiento” del caso por parte de las autoridades gubernamentales y la siempre omisa Comisión Nacional de Derechos Humanos (la misma institución que dejó impune al gobernador de Puebla, Rafael Moreno Valle, por el asesinato de un niño de 13 años con una bala de goma a manos de la policía estatal). Esto, aunado a los múltiples casos de impunidad acumulados durante el pasado reciente, el aumento de la delincuencia común y los asesinatos en el país, así como el creciente clima de encono social por la falta de oportunidades laborales y educativas, así como un pobre crecimiento de la economía mexicana, son factores dignos de tomar en consideración a la hora de describir el explosivo coctel que pareciera estar gestándose en las entrañas de la sociedad mexicana.

Necesitamos una revolución de la conciencia para detener a esta gente y su obsesión idiota de realizar sus ambiciones personales a costa del sufrimiento de millones. La sociedad mexicana no puede permanecer indiferente a lo que está sucediendo. Cabe resaltar que el gobierno será el único responsable si la violencia se llega a derramar en las calles el próximo 2 de octubre, cosa que deseo desde lo más hondo de mí, se pudiera evitar. Justamente por eso es urgente construir un proyecto revolucionario: para evitar que la sangre se derrame por las calles en un acto de legítima defensa ante la ambición desmedida de las élites. Debemos construir un proyecto de país que garantice la justicia social y acote a su insaciable élite político-empresarial.  ‪#‎TodosSomosPolitécnico‬

Algunos links con información sobre el origen de la crisis, pueden consultar:

¿Qué pasa en el IPN? ¿Por qué protestan los estudiantes?

Siete aspectos que debes conocer sobre el nuevo reglamento del IPN

Spiderman entrenando kung fu

De esas extrañas ocasiones en que uno se entera que Peter Parker hubiera podido conseguir poderes arácnidos practicando artes marciales. Una imponente muestra de la agilidad y acrobacia característica del kung fu.

Jane Godall: de cómo la compasión construye esperanza

Se supone que esta sería una charla sobre las diferencias entre el ser humano y los chimpancés, pero terminó en una lección sobre cómo construir la esperanza a través del amor y la compasión hacia los otros. Jane Godall es una mujer ejemplar. A lo largo de su ilustre carrera en el mundo de la ciencia, estudiando y redefiniendo a la especie humana en el reflejo de sus parientes más cercanos (los chimpancés), la conservacionista británica sabe muy bien que el conocimiento científico es estéril si no va acompañado de una carga emotiva lo suficientemente fuerte como para transformar ese estado perverso de cosas que prevalece en el mundo.

Construir la esperanza en cada acto de nuestras vidas, mostrando respeto por nosotros mismos y por los otros seres con los que compartimos este planeta. Si la ambición desmedida de los países ricos y la miseria que se riega como epidemia entre los pobres y marginados ha desembocado en un sinsentido que inmoviliza, entonces habremos de reconstruir el sentido perdido con la fe absoluta de que nuestras acciones serán determinantes para hacer de este un mundo mejor. Esa es la lección de esta descomunal e incansable mujer que ha pasado su vida esparciendo ese mensaje de esperanza donde el ser humano puede coexistir en armonía con su entorno una vez que logre despojarse de ese absurdo y patológico deseo de dominarlo todo, poseerlo todo. Un mundo nuevo es posible. Hagámoslo realidad.

 

Las plantas pueden ver, oler, tocar y guardar recuerdos

Una historia increíble sobre la percepción de las plantas. Hace un año, un curso en línea llamó poderosamente mi atención. Lo que saben las plantas (What a plant knows), era el título del curso impartido por Daniel Chamovitz, investigador de la Universidad de Tel Aviv. La charla introductoria me resultó inquietante: “¿sabías que las plantas pueden ver, oler, sentir cuando las tocan e incluso la capacidad de guardar recuerdos?”, era una de las preguntas que rondaba en el aire. El conocimiento común de la ciencia moderna sobre las plantas rompe completamente con este planteamiento. Por cuestiones de tiempo, nunca pude completar el curso, aunque guardé los vídeos. Ahora que tengo más disponibilidad para pensar en cuestiones trascendentales me puse a revisar los vídeos. En el proceso, me topé con esta conferencia impartida por Chamovitz en la Universidad de Harvard, en la cual, el científico resume años de investigación sobre la percepción sensorial de las plantas.

Las conclusiones son asombrosas. Las plantas pueden distinguir la luz roja de la luz azul, ya que cuentan con fotorreceptores en las hojas similares a las que tenemos los humanos en la retina. Del mismo modo, las plantas pueden distinguir aromas y reconocer el viento al tacto mediante impulsos eléctricos. Contrario a lo que suele suponerse en varios mitos contemporáneos, las plantas no responden a la música clásica, como afirman algunos seudocientíficos. Por el contrario, lo más sorprendente, es que las plantas pueden almacenar recuerdos por breves periodos de tiempo. Y todo sin la necesidad de un cerebro y un sistema nervioso central.

La ilusoria realidad del inconsciente

Un documental asombroso sobre la manera en que nuestro inconsciente inventa la realidad a través de la memoria y la percepción. De acuerdo con los realizadores de El cerebro automático: la magia del inconsciente, nuestro cerebro procesa de manera automática el 90% de la comunicación que entablamos con otras personas, mientras que solo el 10% lo realizamos de manera consciente. Esto se debe a que el inconsciente construye escenarios de futuro para predecir la realidad a una velocidad mucho mayor a la que trabaja el consciente. Desde luego, suele ocurrir que a mayor velocidad menor precisión. Es aquí donde los dos modos que tenemos de percibir el mundo interactúan simultáneamente todo el tiempo. Navegamos todo el tiempo entre el consciente y el inconsciente, dos planos diferentes de la realidad que se complementan entre sí. El funcionamiento del cerebro-mente es sencillamente fascinante.

Weber y la ética protestante en la conformación del espíritu capitalista

Releer a Weber siempre será un placer. Los años pasan y no deja de sorprenderme la claridad que poseía el fundador de la llamada sociología comprensiva para identificar y describir con una precisión asombrosa las causas que intervinieron en el desarrollo de ciertos fenómenos sociales. Así lo hace de manera magistral con La ética protestante y el espíritu del capitalismo, obra maestra de la sociología contemporánea, en la cual Weber explica la manera en que la reforma protestante y en específico el calvinismo que impregnó a todas las sectas “puritanas” de la Iglesia Protestante fueron determinantes para que el modelo capitalista fuera adoptado como una práctica común en las principales potencias económicas de occidente, incluyendo países como Estados Unidos, Países Bajos y Alemania.

Esto se debe a que, según Weber, a “la determinación del influjo de ciertos ideales religiosos en la constitución de una ‘mentalidad económica’,[1] es decir, la presencia de un ethos económico implícito en el calvinismo y las vertientes protestantes influenciadas por esta rama del cristianismo.

Haciendo una crítica al materialismo histórico enarbolado por el marxismo, Weber inicia su análisis comparando la relación religión-trabajo entre los grupos protestantes y católicos, llegando a la conclusión de que la lógica religiosa de los protestantes fomenta que sus devotos ocupen mejores posiciones de trabajo dentro de las fábricas y los centros industriales, ya que “los católicos participan también en menor proporción en las capas ilustradas del elemento trabajador de la moderna gran industria”. [2]

Intrigado por las relaciones causales entre el credo religioso y la racionalidad económica de los grupos calvinistas, Weber concluye, siguiendo a Gothein, que la llamada diáspora calvinista de Europa noroccidental a partir del siglo XVI se convirtió en un “vivero de la economía capitalista”.[3]

De este modo es como Weber explica la manera en que la doctrina calvinista, contrario al luteranismo, niega la posibilidad de la salvación postmortem y asume que la realización espiritual debe plasmarse en vida, específicamente a través del trabajo y la acumulación de riqueza como una forma de alabar a Dios y ayudar al prójimo, asumiendo que la salvación espiritual está reservada para unos cuantos.

Esta concepción del cristianismo rompe completamente con la ideología imperante en la Iglesia católica y al mismo tiempo abre la posibilidad de que prácticas como la explotación y la usura dejen de ser vistas como una práctica inmoral. De este modo, la cosmovisión de los calvinistas fue un terreno propicio para el desarrollo de un incipiente capitalismo que ya existía desde hace muchos años atrás en culturas como la de China y Babilonia. Al respecto señala Weber:

“La ‘concepción del mundo’ marcha determinada por la suerte de los intereses político-comerciales y sociales. Aquel que no quiere o no es capaz de adoptar un comportamiento práctico a las condiciones de triunfo capitalista, ha de hundirse, o al menos, no progresa lo bastante”. [4]

De ahí que Weber ahonde en la concepción protestante de la “profesión” (beruf) como un medio a través del cual el calvinismo asume como un fin la acumulación de dinero, lo cual hace necesario mejorar los niveles de rendimiento del capital al mismo tiempo que el enriquecimiento se convierte en una señal de predestinación a la salvación eterna.

“La labor social del calvinista en el mundo sólo se realiza in majorem Dei gloriam. En la ética profesional ocurre precisamente igual, puesto que sirve al conjunto global de los hombres en su paso por el mundo”, afirma Weber al explicar el carácter “utilitaria de la ética calvinista”.[5]

Más allá de los pormenores descritos con minucioso detalle en el ojo crítico de Weber, el texto sostiene que el espíritu del capitalismo presente en la reforma protestante permitió el florecimiento de dicho modelo económico y social al reivinidcar prácticas sociales que eran condenadas en la ética religiosa tradicional. De este modo, Weber logra conectar dos esferas sociales aparentemente inconexas entre sí, para describir la manera en que la lógica eclesiastica de los países protestantes impulsó el sistema económico que creció exponencialmente como consecuencia de la Revolución Industrial.

Weber parece llegar a la conclusión de que antes de la existencia del capitalismo moderno, existía ya un espíritu capitalista implícito en las creencias religiosas de la ética protestante, tal como argumenta irónicamente al citar algunos postulados de Benjamin Franklin con el fin de delinear algunas máximas de la “cultura americana”.

Así es como Weber, reconociendo las limitaciones metodológicas de sue propio estudio, construyó una obra sólida convertida en un referente de la sociología moderna al describir la relación causal de factores que fueron determinantes para que el capitalismo moderno floreciera en países de corte protestante que con el paso de los siglos se convertirían en potencias politico-económicas de Occidente.

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[1] Max Weber. La ética protestante y el espíritu del capitalismo. Premia Editora. México, 1991. Novena edición. Página12.

[2] Ibidem, p. 17.

[3] Ibidem, p. 20.

[4] Ibidem, p. 39.

[5] Ibidem, pp. 63-64.

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Bibliografía:

WEBER, Max. La ética protestante y el espíritu del capitalismo. Premia Editora. México, 1991. Novena edición.

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La diabólica naturaleza humana

Un pequeño texto que escribí en agosto de 2013 y me topé hoy por casualidad. Una breve reflexión sobre la naturaleza diabólica del ser humano tras el impacto que provocó en mí Al Pacino interpretando al Príncipe de las Tinieblas. 

 

Nunca había visto con tanto detenimiento El abogado del diablo. Peliculón. Muchas conclusiones se desprenden del filme. El diablo es una proyección mental de nuestra conciencia, la idolatría de sí mismo como forma de autodestrucción, el placer de la materia por encima del amor, el culto a la vanidad y lo frívolo como intento de eludir la soledad, la angustia que nos va devorando desde adentro. La parte terrible es lo mucho que se parece la realidad cotidiana a la película protagonizada por Al Pacino y Keanu Reeves. Satanás y sus huestes gobiernan este mundo perverso de todos contra todos, acechando en cada esquina, en cada gesto, cada pensamiento. La única forma de extirpar esa enfermedad del mundo es a través de la compasión, quizá la expresión más acabada del amor a los demás. Amar sin condiciones, he ahí la cura para esta quemadura silenciosa que algunos llaman infierno.

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Apuntes sobre la metodología de las ciencias sociales: Weber, Schutz y Giddens

A continuación presento una serie de apuntes sobre la metodología de las ciencias sociales a partir de las lecturas de Max Weber, Alfred Schutz y Anthony Giddens.

sociedad

El método sociológico en Weber

En su libro Ensayos sobre metodología sociológica, el sociólogo alemán Max Weber afirma que cada individuo otorga una significación a hechos concretos de la realidad, a través de sus propias ideas de valor, situación que ayuda a definir un determinado objeto de estudio. De ahí que para Weber, el problema de la objetividad en las ciencias sociales está condicionado por factores subjetivos propios de cada individuo, situación que hace necesario establecer criterios mínimos de validez que ayuden a encontrar las conexiones causales entre los diversos fenómenos que se manifiestan en el ámbito social, reconociendo las limitaciones del saber social incapaz de conocer la totalidad del ente social.

Y aunque Weber reconoce que toda investigación está influenciada por determinados valores culturales, la validez metodológica de todo conocimiento propio de las ciencias sociales debe identificar verdades esenciales que puedan ser validadas en diferentes ámbitos culturales, ya que “una demostración científica metódicamente correcta en el ámbito de las ciencias sociales, si pretende haber alcanzado su fin, tiene que ser reconocida también como correcta por un chino”.[1]

“La ciencia social que queremos promover es una ciencia de la realidad. Queremos comprender la realidad de la vida que nos circunda, y en la cual estamos inmersos, en su especificidad; queremos comprender, por un lado, la conexión y significación cultural de sus manifestaciones individuales en su configuración actual, y, por el otro, las razones por las cuales ha llegado históricamente a ser así-y-no-de-otro-modo”. [2]

En otras palabras, aunque la investigación científica esté delineada a partir de ciertas “premisas subjetivas”, el investigación social debe buscar las conexiones causales que expliquen, de manera lógica y con el mayor grado de objetividad posible, el funcionamiento de los fenómenos sociales.

En términos de Weber: “la verdad científica es lo que pretende valer para todos aquellos que quieren la verdad”.[3]

El sociólogo alemán también critica la manera en que la noción de tipo ideal, es decir una construcción mental idealizada y representativa de un determinado fenómeno social, sea tomada como empíricamente válida por una corriente de pensamiento basada en la lógica y la razón instrumental (como ocurre marcadamente en el marxismo y la noción de Estado), lo cual no significa que esta idealización de lo real sea, efectivamente, sinónimo de realidad social.

“No obstante, la nítida distinción entre la referencia lógica comparativa de la realidad a tipos ideales en sentido lógico y el juicio valorativo acerca de la realidad a partir de ideales constituye un deber elemental del autocontrol científico y el único medio de evitar sorpresas. Un tipo ideal en nuestro sentido es algo por entero indiferente a cualquier juicio valorativo, y nada tiene que ver con una perfección que no sea puramente lógica”, según refiere Weber.[4]

Al reflexionar sobre el carácter científico de la historia, Weber sostiene que la interpretación científica de la misma se realiza a partir de ‘modelos imaginarios’ creados mediante la eliminación de uno o varios de los elementos de la realidad que han existido de hecho, y la construcción conceptual de un curso de los acontecimientos modificado en relación con una o varias condiciones”. Por lo tanto, dice Weber, el primer paso del juicio histórico es un proceso de abstracción que debe desembocar en una “síntesis de la conexión causal efectivamente real”.[5]

Lo que señala Weber en relación al conocimiento científico de la historia, es que la validez de todo saber histórico tiene que ser explicado a partir de argumentos causales que ayuden a dilucidar los factores esenciales que determinaron un determinado curso de la historia, ya que no ahondar en las causas del proceso histórico convertiría a la historia en una simple narración de hechos sin explicación.

De ahí se desprende el concepto de “posibilidad objetiva” a partir del cual Weber pretende construir una especie de posibilidad hipotética que describa otra narrativa posible en relación a determinados acontecimientos históricos. Un concepto que de manera extraña, contrario al resto de la tipología propuesta por Weber, carece del fundamento científico defendido en el resto del libro. Esto, debido a que la posibilidad de que las cosas transcurrieran de tal o cual modo a partir de un hecho histórico, es un problema sumamente complejo como para que el saber científico pueda deducir de manera racional lo que pudo haber pasado si los hechos históricos se hubieran desarrollado de otro modo.

Schutz y el problema de la realidad social

En su libro, El problema de la realidad social, Alfred Schultz sostiene que el conocimeinto científico está basado en los factores que construyen la noción de sentido común mediante la cual los individuos se relacionan con el mundo.

“Todo nuestro conocimiento del mundo, tanto en el sentido común como en el pensamiento científico, supone construcciones, es decir, conjuntos de abstracciones, generalizaciones, formalizaciones e idealizaciones propias del nivel respectivo de organización del pensamiento. En términos estrictos, los hechos puros y simples no existen. Desde un primer momento todo hecho es un hecho extraído de un contexto universal por la actividad de nuestra mente. Por consiguiente, se trata siempre de hechos interpretados, ya sea que se los considere separados de su contexto mediante una abstracción artificial, o bien insertos en él”.[6]

Para Schutz, el pensamiento sociológico es una construcción de segundo orden derivado de la construcción de sentido común. En otras palabras, afirma Schutz, el conocimiento del mundo no es un asunto privado, sino “intersubjetivo o socializado desde el principio”.

“No puedo comprender un objeto cultural sin referirlo a la actividad humana en la cual se origina”.[7]

De este modo, las formas de tipificación sobre las que se construye el sentido común tienen que ver con el punto de vista, tanto espacio-temporal como biográfico-significativa, de acuerdo con los postulados de Schutz.

El sentido común resuelve estos problemas dando por sentado que otro punto de vista desde una posición diferente también puede ser válido y que las diferencias biográficas entre dos individuos que observan un mismo hecho social no son relevantes al momento de construir una explicación lógica sobre dicho fenómeno.

Schutz afirma que mediante el sentido común, las personas crean tipos ideales de comportamiento para establecer vínculos de interacción social con sus semejantes.

Schutz también sostiene que para realizar una interpretación subjetiva del sentido que articula la acción social, el científico social debe construir un modelo capaz de explicar y conectar las motivaciones que originan la acción social, así como el porqué de las mismas, con el fin de establecer pautas mínimas que permitan al observador comprender ese fragmento delimitado de la realidad que constituye su objeto de estudio.

De acuerdo con Schutz, los requisitos para la construcción de dichos modelos son: a) la coherencia lógica; b) la interpretación subjetiva; c) la adecuación de dicha interpretación para mejorar la comprensión.

La construcción de tipos ideales

En su libro Estudios sobre teoría social, Schultz trata de explicar la manera en que las ciencias sociales pueden conocer e interpretar a la sociedad mediante el uso de tipificaciones ideales que ayuden a esclarecer las causas y el sentido de la acción social.

A grandes rasgos, lo que interesa a Schultz es la posibilidad de conocer la realidad social a través de las conexiones que se desprenden de la acción social y sus motivaciones.

Esto resulta fundamental para tratar de explicar la manera en que se construye la noción de sentido dentro de los sistemas sociales, ya que como apunta el autor, “el complejo más simple de sentido en términos del cual una acción es interpretada por el actor son sus motivos”.[8]

Schultz sostiene que, para que puedan ser comprendidos los fenómenos social deben de existir construcciones típico-ideales regidas por los postulados de: 1) significatividad (el problema social crea un marco de referencia y establece límites para la formación de tipos ideales); 2) adecuación (la tipificación debe ser comprendida por el actor); 3) coherencia lógica; 4) compatibilidad (el sistema de tipos ideales debe contener supuestos verificables).

Con el fin de explicar cómo es que agrupamos nuestras experiencias de lo cotidiano a través de construcciones típico–ideales, Schutz propone diferenciar la relación “Nosotros” de la relación “Ellos”. En la relación Nosotros, existe una relación del tipo “yo me experimento a mí mismo a través de usted y usted se experimenta a sí mismo a través de mí”.

Es decir, la relación Nosotros se da a través de una interacción directa, cara a cara, en el que las personas se relacionan de manera intersubjetiva y sin intermediarios, situación que

Del otro lado, la relación “Ellos”, que se despliega en “el mundo de los contemporáneos” involucra tipificaciones indirectas que sirven para establecer una interacción a pesar de no establecer contacto físico. De este modo, las experiencias del otro y mis experiencias forman un nuevo tipo de experiencia común, la de nuestras experiencias, las cuales son reguladas mediante un proceso de racionalización.

De este modo, Schultz trata de demostrar que la noción de mundo está condicionada por estructuras de tipificación que hacen posible establecer un marco de referencia del sentido común a partir del cual, el científico social establece sus propias categorías a la hora de describir las causas de un determinado fenómeno social.

Esto con el fin de anticipar la conducta futura de la acción de otras personas, mediante la imaginación. Esto significa que se debe visualizar el estado de cosas que provocará acciones futuras antes de poder esbozar los pasos específicos de dicha acción, lo cual establece, para Schultz, un nivel mínimo de verificación dentro de las ciencias sociales.

Lo anterior ocurre, por ejemplo, con la interpretación de la historia, la cual tiene la misión de “decidir qué sucesos, acciones y actos comunicativos han de elegirse para la interpretación y reconstrucción de la historia a partir de la realidad social total del pasado”.[9]

El ejemplo de la tipificación de la historia, permite entender la manera en que el conocimiento social solamente es posible a partir de una interpretación racional de la acción, es decir, una interpretación estructurada de los significados que permanentemente modifican el sentido de lo social.

Me parece que la concepción propuesta por Schultz sobre la metodología de las ciencias sociales permite establecer criterios mínimos de fiabilidad y validez del conocimiento social, a través de una serie de construcciones ideales que sirvan como base de la explicación racional que todo científico social debe realizar en torno a un determinado fenómeno.

De esta forma, la acción racional, en el plano del sentido común, es siempre acción dentro de un marco de tipificaciones que ayuden a identificar los motivos, medios, y fines que habrán de dar sentido a la sociedad como el resultado de una serie de interacciones comunicacionales entre los sujetos de un determinado grupo.

Giddens y las nuevas reglas del método sociológico

En su libro Las nuevas reglas del método sociológico, Anthony Giddens hace una revisión de las principales escuelas de la llamada “sociología interpretativa” al exponer sus principales aportaciones y limitaciones conceptuales a la hora de construir un método para las ciencias sociales.

En términos generales, el sociólogo británico explica que desde Weber la sociología busca interpretar al mundo social como un ente poseedor de significado, explicable o inteligible, dependiente del lenguaje y la acción, lo cual hace necesario una teoría de la interpretación (hermenéutica) con el fin de explicar las causas que originan los fenómenos sociales.

En este sentido, Giddens resume las principales limitaciones de las diferentes escuelas de la sociología interpretativa en tres puntos: 1) el esclarecimiento del concepto de acción, junto con las nociones de intención, razón y motivo; 2) las conexiones entre la teoría de la acción y las estructuras institucionales; 3) las dificultades epistemológicas que implica la lógica del método científico-social.

Para Giddens, “la producción de la sociedad es resultado de las destrezas constituyentes activas de sus miembros, pero utiliza recursos y depende de condiciones de los cuales los miembros no tienen noción, o perciben sólo confusamente”, por lo cual, existen tres aspectos a tomar en cuenta dentro de la producción de la interacción social: 1) la producción de significado; 2) la moralidad; 3) las relaciones de poder.

Debido a que la teoría sociológica de Giddens pone un énfasis central en el proceso de estructuración institucional, donde la reproducción juega un papel fundamental, el autor señala que “todas las organizaciones o colectividades constan de sistemas de interacción y pueden ser analizadas como estructuras”. [10]

Giddens retoma algunos planteamientos de Schutz sobre el “sentido común”, para señalar que la sociología busca interpretar un mundo preinterpretado, “donde la creación y reproducción de los marcos de significado es la condición misma de lo que procura analizar, o sea, la conducta humana”.[11] De ahí que exista la necesidad de aplicar una “doble hermenéutica” a la hora de interpretar los fenómenos sociales.

De este modo, Giddens propone cuatro puntos elementales para la construcción de un nuevo marco metodológico para el estudio de lo social Sus principales postulados son:

A) La producción y reproducción de la sociedad

  1. La sociología no se ocupa de un universo preconcebido, sino uno constituido o producido por los procederes activos de los sujetos.
  2. La producción y reproducción social debe ser considerada como una realización de sus miembros y no solo como una serie mecánica de procesos.

B) Los límites de la actividad y los modos en que los procesos de producción y reproducción pueden ser examinados

  1. El dominio de la actividad humana es limitado. Los hombres producen la sociedad pero lo hacen como sujetos históricamente situados, no en condiciones de su propia elección.
  2. Las estructuras no deben conceptualizarse solo como coerciones de la actividad humana, sino también como algo que la permite (dualidad de la estructura).
  3. Los procesos de estructuración implican una interpelación de significado, normas y poder.

C) Los modos en que se observa la vida social

  1. El observador sociológico no puede tornar asequible la vida social como un fenómeno para la observación, independientemente de utilizar su conocimiento sobre la misma a modo de un recurso mediante el cual la constituye como un “tema de investigación”.
  2. La inmersión en una forma de vida es el medio único y necesario por el cual un observador puede generar caracterizaciones. (Esta inmersión no implica que el observador se convierta en un miembro activo de la comunidad que estudia).

D) La formulación de conceptos dentro de los marcos de significado como metalenguajes

  1. Los conceptos sociales obedecen a una doble hermenéutica.
  2. Las tareas primarias del análisis sociológico son: I) la explicación y mediación de hermenéuticas de forma de vida divergentes dentro de los metalenguajes descriptivos de las ciencias sociales. II) La explicación de la producción y reproducción de la sociedad como el resultado logrado por la actividad humana.

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[1] Max Weber, Ensayos sobre metodología sociológica, Amorrortu. Argentina, 1978, página 47.

[2] Ibidem, pag. 61.

[3] Ibidem, pag. 73.

[4] Ibidem pag. 88.

[5] Ibidem, pags. 159-160.

[6] Alfred Schutz. El problema de la realidad social. Amorrortu Editores. Argentina, 1974, páginas 36-37.

[7] Ibidem, pag. 41.

[8] Alfred Schutz. Estudios sobre teoría social. Amorrortu Editores. Argentina, 1974, página 24.

[9] Ibidem, pag. 67.

[10] Anthony Giddens. Las nuevas reglas del método sociológico. Amorrortu Editores. Argentina. 1993, p. 161.

[11] Ibidem, p. 162.

 

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Bibliografía:

GIDDENS, Anthony. Las nuevas reglas del método sociológico. Amorrortu Editores. Argentina, 1993.

SCHUTZ, Alfred. El problema de la realidad social. Amorrortu Editores. Argentina, 1974.

SCHUTZ, Alfred. Estudios sobre teoría social. Amorrortu Editores. Argentina, 1974.

WEBER, Max. Ensayos sobre metodología sociológica, Amorrortu. Argentina, 1978.

Flor de maguey: la esperanza revolucionaria

Todos los pueblos requieren mitos fundadores para darle cohesión y sentido a su propia narrativa, su propia historia. Todo mito se mantiene en el tiempo a través del ritual, esa recreación mítica de la realidad que se reafirma en el imaginario colectivo. El mito sobre la fundación de México, cuya historia comienza con el llamado a las armas por parte de un clérigo rebelde, está vacío de sentido. ¿Independencia? ¿Libertad?

Un pueblo oprimido por la podredumbre de sus gobernantes y el servilismo complaciente de su gente son incapaces de evocar el espíritu liberador de su propia mitología nacional. Atados de pies ymaguey manos, cercados por la corrupción y la ignominia como sinónimos de progreso, la libertad como anhelo de autorrealización es incompatible con este régimen de vendepatrias alimentado por la ambición y la avaricia.

El relato mítico sobre el origen de México como nación independiente pierde completamente su sentido para convertirse en parafernalia hueca, el símbolo perfecto de la patología esquizofrénica que padece este país de todos contra todos. Todo ritual sin espiritualización se convierte en repetición idiota convertida en instrumento de manipulación. Esta dolorida patria necesita una revolución, es decir, una nueva interpretación de su propio relato. De ahí la importancia que tiene inventar nuevos héroes capaces de revertir estos tiempos de oscuridad y perversión. Yo por mi parte, tan indispuesto a celebrar el cumpleaños mórbido de esta patria en estado mórbido, escribo desde ese dolor íntimo y subterráneo que aflora el día de hoy, en la víspera de un yermo 16 de septiembre, sin renunciar al sueño de una patria libre donde para todos sus habitantes encuentren la posibilidad de realizar sus anhelados sueños.

Hay que fortalecer al espíritu para resistir esta realidad aplastante que nos acecha con el cuchillo siempre dispuesto. Por eso aprovecho días como hoy para soltar la pluma y dejar que las palabras que emanan del alma vayan encontrando su propio cauce para ir confeccionando poco a poco esta nueva narrativa revolucionaria capaz de matar a ese monstruo frívolo y ambicioso que se ha tragado a mi país.

En tiempos aciagos como estos, no hay acto más patriota que el de reconstruir la esperanza entre escombros, la esperanza de que las cosas pueden mejorar para todos si así nos lo proponemos. Materializar ese sueño de libertad requiere una voluntad a prueba de balas. Hay que vencer al monstruo que habita dentro de nosotros para dejar que el corazón eche raíces en la tierra y se eleve hasta el cielo como la flor del maguey. Ese es el sueño vívido que me motiva a seguir remando a contracorriente. Tengo una fe absoluta en que este maguey que regamos día con día, tarde o temprano florecerá. La algarabía tomará las calles para ahuyentar la podredumbre. La risa y el baile recobrarán el sentido extraviado. Es el sueño prohibido de una patria llena de vida.

De venganza, canibalismo amiguero y cumpleaños

Venganza al son de huapango, amigas devoradoras y sensualidad pura con motivo de algún cumpleaños en electropop. Tres canciones que nada tienen que ver entre sí en la lírica de Ricardo Salvador, Foster the People y Leighton Meester. Tres rolitas chéveres que no podía dejar pasar así nomás sin treparlas a esta, mi guarida ciberespacial.

Magenta: el color que solo existe en la mente

El magenta no existe. Una prueba de ello es que no aparece en el espectro fotoeléctrico. De este modo, el magenta es una combinación de dos espectros de onda. En otras palabras, lo que percibimos es una síntesis que realiza el cerebro humano para “inventar” un color que solo existe en nuestra mente. El inconmesurable poder de la mente humana para inventar colores y otras ficciones.

 

¡Hasta siempre Cerati!

De esas partidas que duelen. Extraños y prodigiosos seres son los artistas, que crean fuertes vínculos emocionales con personas que nunca conocieron. Se nos fue Gustavo Cerati un día de lluvia. Siempre pensé que regresaría del inframundo para componer un último disco sobre aquella experiencia sublime. El genio más grande del rock latinoamericano nunca despertó del sueño. Pero ahí sigue, musitando versos y canciones desde el reino de lo etéreo. A últimas fechas escuchaba mucho Prófugos y Té para tres, dos canciones emblemáticas en mi vida durante los últimos años. Ni qué decir de Lago en el cielo, Adiós, Me quedo aquí y los superclásicos de la época de Soda Stereo, desde La Ciudad de la furia hasta De música ligera o Persiana Americana. Un genio para la composición musical, un interpetre soberbio en la guitarra eléctrica y un poeta en toda la extensión de la palabra. Se nos fue Cerati pero nos quedan fragmentos de su alma en cada una de las muchas canciones que le heredó al mundo. ¡Hasta siempre, Cerati!

Bitcoin: dinero digital sin intermediarios ni banqueros multimillonarios

La idea que fundamenta la aparición del Bitcoin, la primera moneda digital P2P de código abierto, es particularmente sugerente: dinero sin intermediarios. Lo trascendente no es el cambio de dinero físico a digital, como suelen destacar los medios, sino las posibilidades que ofrece para rediseñar el sistema monetario global sin la participación de los bancos.

Lo más sorprendente, desde mi perspectiva, es que cada usuario poseedor de un Bitcoin tiene una copia digital con información de todo el dinero circulante en la red, lo cual permite a los usuarios conocer de manera directa cuánta moneda circulante existe en el ciberespacio, situación que hace inoperante la figura de los bancos centrales, encargados de regular la emisión de moneda.

Además, el sistema de código abierto impide, al menos en teoría, que se puedan realizar transacciones inusuales, ya que el sistema creado mediante un algoritmo matemático es capaz de detectar una anomalía en la concentración de Bitcoins, generando una alerta y sacando de la ecuación dichas operaciones irregulares mediante un complejo cómputo de datos realizado a través de mineros, es decir, personas que utilizan su equipo de cómputo para realizar las operaciones requeridas por el sistema diseñado presuntamente diseñado por el fantasmal Satoshi Nakamoto (el cual se supone es el pseudónimo de la persona o el grupo de personas que diseñaron el protocolo Bitcoin en 2008 y que crearon la red en 2009).

“No sólo es rápido, barato y sencillo. En Bitcoin todo el que participa tiene el mismo poder. No hay banqueros porque no hay bancos. Y no hay bancos porque no son necesarios: la gente puede controlar su propio dinero”, aseguró Mike Hearn, desarrollador de Bitcoin Core, en un texto publicado por la BBC en noviembre de 2013.

Más allá de qué tan funcional es actualmente el Bitcoin, lo más interesante es las muchas posibilidades que plantea. Pensar la economía de otro modo a partir del desarrollo de las tecnologías de la información, permiten replantear el funcionamiento de la economía y el papel que desempeñan los bancos, actores centrales en el sistema financiero global a partir del cual se articula buena parte de los grupos de poder que controlan el destino de la humanidad. De ahí que la connotación política y filosófica que conlleva el concepto del Bitcoin, haya despertado la curiosidad de muchas personas que, como yo, creemos que existen otros modelos civilizatorios posibles que puedan acabar con los vicios del capitalismo moderno que continúa generando estragos por doquier. Vale la pena pensar en ello.

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