Weber y la ética protestante en la conformación del espíritu capitalista

Releer a Weber siempre será un placer. Los años pasan y no deja de sorprenderme la claridad que poseía el fundador de la llamada sociología comprensiva para identificar y describir con una precisión asombrosa las causas que intervinieron en el desarrollo de ciertos fenómenos sociales. Así lo hace de manera magistral con La ética protestante y el espíritu del capitalismo, obra maestra de la sociología contemporánea, en la cual Weber explica la manera en que la reforma protestante y en específico el calvinismo que impregnó a todas las sectas “puritanas” de la Iglesia Protestante fueron determinantes para que el modelo capitalista fuera adoptado como una práctica común en las principales potencias económicas de occidente, incluyendo países como Estados Unidos, Países Bajos y Alemania.

Esto se debe a que, según Weber, a “la determinación del influjo de ciertos ideales religiosos en la constitución de una ‘mentalidad económica’,[1] es decir, la presencia de un ethos económico implícito en el calvinismo y las vertientes protestantes influenciadas por esta rama del cristianismo.

Haciendo una crítica al materialismo histórico enarbolado por el marxismo, Weber inicia su análisis comparando la relación religión-trabajo entre los grupos protestantes y católicos, llegando a la conclusión de que la lógica religiosa de los protestantes fomenta que sus devotos ocupen mejores posiciones de trabajo dentro de las fábricas y los centros industriales, ya que “los católicos participan también en menor proporción en las capas ilustradas del elemento trabajador de la moderna gran industria”. [2]

Intrigado por las relaciones causales entre el credo religioso y la racionalidad económica de los grupos calvinistas, Weber concluye, siguiendo a Gothein, que la llamada diáspora calvinista de Europa noroccidental a partir del siglo XVI se convirtió en un “vivero de la economía capitalista”.[3]

De este modo es como Weber explica la manera en que la doctrina calvinista, contrario al luteranismo, niega la posibilidad de la salvación postmortem y asume que la realización espiritual debe plasmarse en vida, específicamente a través del trabajo y la acumulación de riqueza como una forma de alabar a Dios y ayudar al prójimo, asumiendo que la salvación espiritual está reservada para unos cuantos.

Esta concepción del cristianismo rompe completamente con la ideología imperante en la Iglesia católica y al mismo tiempo abre la posibilidad de que prácticas como la explotación y la usura dejen de ser vistas como una práctica inmoral. De este modo, la cosmovisión de los calvinistas fue un terreno propicio para el desarrollo de un incipiente capitalismo que ya existía desde hace muchos años atrás en culturas como la de China y Babilonia. Al respecto señala Weber:

“La ‘concepción del mundo’ marcha determinada por la suerte de los intereses político-comerciales y sociales. Aquel que no quiere o no es capaz de adoptar un comportamiento práctico a las condiciones de triunfo capitalista, ha de hundirse, o al menos, no progresa lo bastante”. [4]

De ahí que Weber ahonde en la concepción protestante de la “profesión” (beruf) como un medio a través del cual el calvinismo asume como un fin la acumulación de dinero, lo cual hace necesario mejorar los niveles de rendimiento del capital al mismo tiempo que el enriquecimiento se convierte en una señal de predestinación a la salvación eterna.

“La labor social del calvinista en el mundo sólo se realiza in majorem Dei gloriam. En la ética profesional ocurre precisamente igual, puesto que sirve al conjunto global de los hombres en su paso por el mundo”, afirma Weber al explicar el carácter “utilitaria de la ética calvinista”.[5]

Más allá de los pormenores descritos con minucioso detalle en el ojo crítico de Weber, el texto sostiene que el espíritu del capitalismo presente en la reforma protestante permitió el florecimiento de dicho modelo económico y social al reivinidcar prácticas sociales que eran condenadas en la ética religiosa tradicional. De este modo, Weber logra conectar dos esferas sociales aparentemente inconexas entre sí, para describir la manera en que la lógica eclesiastica de los países protestantes impulsó el sistema económico que creció exponencialmente como consecuencia de la Revolución Industrial.

Weber parece llegar a la conclusión de que antes de la existencia del capitalismo moderno, existía ya un espíritu capitalista implícito en las creencias religiosas de la ética protestante, tal como argumenta irónicamente al citar algunos postulados de Benjamin Franklin con el fin de delinear algunas máximas de la “cultura americana”.

Así es como Weber, reconociendo las limitaciones metodológicas de sue propio estudio, construyó una obra sólida convertida en un referente de la sociología moderna al describir la relación causal de factores que fueron determinantes para que el capitalismo moderno floreciera en países de corte protestante que con el paso de los siglos se convertirían en potencias politico-económicas de Occidente.

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[1] Max Weber. La ética protestante y el espíritu del capitalismo. Premia Editora. México, 1991. Novena edición. Página12.

[2] Ibidem, p. 17.

[3] Ibidem, p. 20.

[4] Ibidem, p. 39.

[5] Ibidem, pp. 63-64.

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Bibliografía:

WEBER, Max. La ética protestante y el espíritu del capitalismo. Premia Editora. México, 1991. Novena edición.

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Acerca de manuelhborbolla

Poeta, filósofo y periodista, egresado de la UNAM. Creo que es posible transformar el mundo a través de la poesía.

Publicado el 21 septiembre, 2014 en Comunicación, Política y etiquetado en , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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