El secreto de la muerte: envejecimiento celular

Cuenta el libro del Génesis que Matusalén, hijo de Enoc, vivió 969 años. Una historia que habla de la fascinación que desde siempre ha sentido el ser humano por vencer la vejez, evadir la muerte y conseguir la vida eterna.

Hoy, la ciencia se plantea preguntas similares. Yo mismo me hice en días recientes la pregunta de por qué envejecemos. ¿A qué se deberá que las células que mantienen a nuestro organismo comienzan a fallar y dejan de reproducirse?, fue la pregunta que me llevó a realizar una pequeña pero fascinante investigación que me ayudaría a comprender la vejez, el secreto de la muerte.

Lo primero que encontré fue el papel que desempeñan los telómeros, los extremos protectores de las cromosomas que se van desgastando con el paso del tiempo y que limitan la división celular en los humanos. Una vez que la enzima encargada de recomponer los telómeros, conocida como telomerasa, es incapaz de reparar la capa protectora de los cromosomas, estos empiezan a entrar en un proceso de descomposición que produce el envejecimiento celular que produce enfermedades como el cáncer y conduce a la muerte. De ahí que científicos como María Blasco sostienen que mantener en buen estado los telómeros, ya sea mediante hábitos saludables o vía transgénica, alarga la vida de las personas. La pregunta es: ¿por qué el cuerpo sólo puede producir de manera natural un limitado número de telamerasa, capaz de alargar indefinidamente la reproducción celular?

Aunque los científicos parecen tener ciertas pistas, no han llegado a una respuesta concluyente. A título personal, me parece que algunas respuestas las podemos encontrar en la manera en que ciertas células deciden perecer para mantener la vida de cada organismo. La muerte es necesaria para mantener el equilibrio, el orden mismo sobre el que se sostiene la vida. Esto es precisamente lo que realizan las células dañadas mediante la apoteosis, “una destrucción o muerte celular programada provocada por ella misma, con el fin de autocontrolar su desarrollo y crecimiento, está desencadenada por señales celulares controladas genéticamente”, lo cual “tiene una función muy importante en los organismos, pues hace posible la destrucción de las células dañadas, evitando la aparición de enfermedades como el cáncer, consecuencia de una replicación indiscriminada de una célula dañada hace posible la destrucción de las células dañadas, evitando la aparición de enfermedades como el cáncer”, según explica la Wikipedia.

Y a pesar de que el ser humano ha logrado triplicar su esperanza de vida en tan solo en un siglo, esto pareciera no ser suficiente para nuestros delirios de inmortalidad. Eso hace que uno se plantee más preguntas: ¿Qué implicaciones socioambientales tendría el alargamiento de la vida en los seres humanos? ¿Qué pasaría con fenómenos como la deforestación si además del crecimiento demográfico, el ser humano pudiera aumentar su esperanza de vida 40 años? ¿Estamos preparados para ello?

Rediseñar nuestro código genético para prevenir el envejecimiento celular y alargar la vida plantea un problema filosófico sobre lo humano. ¿Podría considerarse humano un ser transgénico construido artificialmente en un laboratorio? ¿Qué implicaciones sociales tendría ese rediseño de la estructura biomolecular que nos define como humanos? Y aún más disparatado: ¿hacía dónde nos llevará este proceso de transformación dos mil años en el futuro?

La posibilidad de la vida eterna plantea una revalorización de la muerte. Si la muerte es una condición necesaria para el mantenimiento de la vida, alargar nuestra vida hasta el infinito implica alargar hasta el infinito la muerte de otros seres. Ellos serán los sacrificados para cumplir nuestra ambiciosa empresa.

Una vez más, surge la pregunta filosófica: ¿para qué queremos vivir tanto si no aprovechamos los años de vida que tenemos ahora? ¿Qué caso tiene vivir 300 años si los utilizamos para vivir enajenados a un sistema consumista y autodestructiva como lo hacemos hoy?

Los alquimistas creían que el elixir de la eterna juventud estaba ligado a la piedra filosofal, ese elemento mágico capaz de convertir el plomo en oro. A pesar de no tener nociones de genética molecular, los alquimistas llegaron desde hace siglos a una conclusión a la que muchos científicos de la actualidad parecieran resistirse: la juventud está en la mente.

::.

Acerca de manuelhborbolla

Poeta, filósofo y periodista, egresado de la UNAM. Creo que es posible transformar el mundo a través de la poesía.

Publicado el 28 diciembre, 2014 en Otros desvaríos y etiquetado en , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: