Archivos Mensuales: marzo 2015

La ficción de la realidad

Como toda ficción, la realidad necesita una argumentación sólida para poder sostenerse. La realidad se estructura a partir de argumentos que nosotros mismos construimos para hacernos sentir bien. De ahí que nuestra capacidad para interpretar nuestra vida resulta tan importante para vivir. Por eso Heidegger acierta al señalar que la interpretación es un modo propio del ser, y no un asunto teórico. Necesitamos construir ficciones para darle sentido a la vida a través del mito, no importa lo fantasioso que estas sean o si es a través de la religión, la ciencia, la naturaleza, el arte mismo.

Estamos hechos de ficciones. La realidad es una ficción inventada por nosotros, del mismo modo que nuestra noción del YO es una ficción inventada por nuestra psique para autorreferirnos. “Todo es mental, el universo es mente”, como sabiamente afirma el primer axioma hermético. Esto significa que cualquier cosa que imaginemos es posible siempre y cuando podamos sostenerla con argumentos, es decir, con la interpretación que cada quien hace de experiencia de vida. Si cualquier cosa es posible en el universo de la fantasía, nos toca decidir. Cada quien decide cómo darle vida a su personaje, darle un final triste o uno alegre a su propia historia. Ahí reside el carácter divino y oculto en las profundidades del hombre. En nuestra posibilidad de crear realidad a imagen y semejanza del mismo Dios que nosotros hemos creado.

El mundo es una proyección de lo que reside adentro de nosotros mismos. De ahí que el conocimiento del sí mismo es la clave para entender nuestra relación con el mundo, con la realidad que hemos inventado. Descubrirse es descubrir otras posibilidades de existencia. Y en ese universo de lo posible se despliega la verdad. Lo verdadero es aquello que hace posible la ficción. Por eso los personajes de una historia deben ser verosímiles para que podamos sumergirnos en el terreno de lo fantástico y podamos indagar en las profundidades de la existencia. Sin verosimilitud no hay argumento posible. La historia se derrumba. Lo mismo ocurre con la realidad. Necesitamos la verdad para construir ficciones, construir sentido, para poder existir en medio del ordenado caos del universo. “La vida es sueño”, como bien dijo Calderón de la Barca. La realidad es sueño, es fantasía, es ficción. Sigamos soñando, inventando nuevas posibilidades de florecer en el mundo que habremos de inventarnos para inventar también la felicidad, el amor, la realización humana en todas sus formas. Es una tarea urgente.

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Aúllame

Aúllame, hiéreme,
árdeme de muerte,
deja que me desangre en tu voz homicida
si nunca habrás de quererme hasta la locura,
ahuyéntame de tus ojos salinos,
ayúdame a olvidar y ser olvido
dime ahora las palabras victimarias
que se ahogaron en tu pecho,
ayúdame a extirpar las raíces de esta soledad tan mía
que abreva siempre en tu recuerdo,
dime si alguna vez estuve vivo
o fue tan solo un espejismo,
miénteme, muérdeme,
dime que este amor imbécil
no murió quemado en el incendio de tu lengua,
en este afán de querer con desesperación.

Soy un forajido huyendo del dolor,
un residuo triste de la sangrienta noche,
cansado de palpitar la angustia
de irme secando por dentro,
en la ausencia de tus ojos morenos
que me miran sin mirarme,
evocando otros amores
devorados por el tiempo y el mar de la ira,
amores subterráneos que emergen
del extravío de tus dedos inquietos
en noches de luna llena.

Arrastrando soledades desde otras vidas
canto a tu monumental hermosura
con la nostalgia enterrada como cuchillo,
y me quedo desnudo, vulnerable,
anhelando la infinita quietud de la muerte
para ahogar en la nada mi dolor de ti.

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Los versos extraviados

Unos versitos que me encontré extraviados en los archivos del Facebook, correspondientes al periodo del poemario que lleva por nombre La noche acecha, por allá de 2009. Aquí comparto:

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La floresta

La luna se apaga;
el mundo danza envuelto en la tiniebla
mientras los perros ladran;
hay humedad en la hierba,
la brisa lo impregna todo:
es la noche cantando en la floresta…

La madrugada se abre,
como el botón de una amapola,
un jardín de soles marchitos…
ojos que respiran tu ausencia.

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La ira del mar

Las olas duermen en un azul profundo,
donde se fragua la tempestad;
la noche es un remolino que asfixia…

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Sin tumba

Mientras se abran flores en este mundo
y se levanten de su sueño las rocas,
no necesito construirme una tumba…
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Matar para morirse desde adentro

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A veces se vuelve necesario
devolver el zarpazo,
por el puro goce de lastimar
a la mujer amada,
para beberse su sangre
como si fuera una botella de vino,
eyacular en su dolor,
hundirse suavemente entre su carne
para desgarrarla desde adentro.

Todo se pintó de azul tras la masacre,
luego de perder al amor en una guerra
que desde el principio estuvo perdida.

Vomitar el rencor y dar la puñalada
es casi lo mismo.

A veces es necesario hacer daño para sobrevivir
y seguir respirando,
limpiarse las heridas con la sangre del enemigo,
de la mujer amada,
que me ha dejado moribundo y melancólico
tras derramar en el caño
todos los colores del mundo.

Tuve que amputarme una parte de mí
para escapar de su prisión,
tuve que arrancarme el corazón para tragármelo
entero en el bocado más amargo.

Mi canibalismo es tan parecido a tu indiferencia, amor,
al abrazo displicente con el que me desterraste
para siempre de tu vida que era la mía,
tras tomarme del pescuezo
y zarandearme por el aire para matarme
como si mataras un pinche pollo.

Después de eso
uno se queda con ganas de morder,
aún cuando herir a la mujer amada
sea también herirse a uno mismo.

Hay dolores que deben curarse con otro dolor
para evitar la infección,
hay echarle mezcal y mucha sal a la cortada
para cauterizar la carne en el escozor del fuego.

Luego viene la tersa y dulce escampada,
de cuando el corazón molido a palos
deja de convulsionarse
solo para contemplar la destrucción
que dejó tras de sí la tempestad.

Ahora todo es un silencio profano
que se cuela hasta lo profundo del alma.

Ahora puedo regresar a cavar mi fosa
para hundirme en tibia soledad.

He sido salvado.
¿A qué precio? ¿Para qué?

La resurrección es también una trampa:
es volver de entre los muertos
solo para volverse a morir.

La triste y subterránea calma
de cuando el amor no germina.

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El silencio es la mejor venganza

Cuando Amelia descolgó el teléfono para escuchar que su hijo había muerto, soltó el auricular y se echó a llorar. Sintió ganas de morirse. La noticia le arrancó la respiración para luego desfondarse en medio de la sala, como si le hubieran amputado una parte de sí misma. Trató de encontrar consuelo entre sus lágrimas, sin ningún éxito. Carlos, su único hijo, había decidido quitarse la vida tomando una sobredosis de raticida.

No le dio tiempo de pensar en nada. Lloró desconsolada, como si el suicidio de su hijo hubiera sido su culpa. “Si le hubiera puesto más atención cuando… ”, se repetía Amelia sin resignación, histérica, tratando de encontrar una justificación para el peor día de su vida. Quería matarse para acompañar a su hijo pero era tan cobarde que ni siquiera se atrevía a intentarlo. Envidiaba a Carlos y su determinación para arrancarse la vida de un solo tajo, en un solo suspiro. Se odió a sí misma, profundamente, lamentándose por tener que vivir en carne propia el suicidio de un hijo, ese dolor insondable que le cortaba los intestinos. Cuando Enrique la vio tirada junto al sillón, un escalofrío le recorrió el cuerpo. Un oscuro presagio. Su hijo había muerto y no podía evitarlo. El momento esperado finalmente había llegado, luego de aquella vez en que Carlos planteó por primera vez la posibilidad de quitarse la vida y acabar con todo de golpe. Desde entonces, Enrique sabía que su hijo estaba predispuesto para la fatalidad. Lo demás era cuestión de tiempo. Preguntó a Amelia qué ocurría, sólo para despejar cualquier duda. Carlos había muerto por una sobredosis de raticida. ¿Era tan difícil de entender?

Los días siguientes a la muerte de su hijo, Amelia y Enrique no lograron conciliar el sueño. Tuvieron que pasar dos días para que trasladar el cuerpo desde Monterrey. Enrique llenaba los formularios de forma mecánica, extraviado en los recuerdos de su hijo muerto. Ya no había nada qué hacer.

Pero quizá lo más insoportable, era el silencio que mediaba entre Enrique y Amelia. No se dirigían la palabra. Apenas y se volteaban a ver, salvo que fuera absolutamente necesario. Ambos se culpaban mutuamente por el suicidio de su hijo. Si tan sólo Amelia no hubiera sido tan fría. Si tan sólo Enrique hubiera sido más tolerante. Ya nada de eso importaba. Su hijo había muerto, y junto con él, toda posibilidad de que sus padres volvieran a quererse. Dejaron de fingir, pero siguieron casados, no por amor sino por costumbre. Tuvieron que pasar varios años para que la muerte los separara. Cuando Enrique cayó al hospital por un coágulo en el cerebro, Amelia dibujó una leve sonrisa. Su venganza llena de silencio cobraba sus frutos después de tantos años. Apenas pudo disimular una suave sonrisa cuando los doctores le comunicaron que su esposo había muerto. Se sintió aliviada. Su hijo ahora podría descansar en paz.

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Amortem

Si no puedo tocarte
si no puedo mirarte
si no puedo besarte
¿para qué quiero yo
las manos
los ojos
la boca?

Sería mejor
amputarme las manos
arrancarme los ojos
quemarme la boca,
para que no duela tanto
la imposibilidad
de tu cuerpo y mis manos,
tu mirada y mis ojos,
tu ardor y mi boca.
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El régimen peñista contra Aristegui: Carta #EndefensadeAristegui

¿Por qué razón MVS se autobombardea públicamente para dirimir un conflicto interno? ¿Qué necesidad había de armar todo un campaña mediática contra Aristegui y su equipo de investigación? ¿A cambio de qué? ¿Por orden de quién? ¿En beneficio de quién? La respuesta implícita a estas preguntas evidencia la presión del gobierno de Peña para silenciar una voz crítica como la de Carmen Aristegui y el destacado trabajo de investigación de periodistas como Daniel Lizárraga e Irving Huerta.

Las medidas coercitivas contra la prensa no solo desnudan el autoritarismo recalcitrante que pretende imponer la corruptocracia vil que ha desmantelado al país para satisfacer su ambición inconmesurable. También evidencia el divorcio total que existe entre los medios de comunicación y la gente de a pie, la misma que se ha movilizado para externar su apoyo a uno de los muy pocos espacios críticos que existen actualmente en el fallido simulacro democrático que prevalece en México, lugar donde ejercer el periodismo es un acto contestatario frente a esa guerra idiota emprendida por un Estado criminal que pretende silenciar por la fuerza todas las verdades incómodas que el dinero no puede comprar.

Solo desde esta perspectiva puede entenderse la manera en que MVS ha decidido emprender una campaña mediática en contra de Aristegui, valiéndose de un pretexto estúpido que desnudan el servilismo con el que operan los dueños de los grandes medios de comunicación a los intereses de la partidocracia. Solo así puede entenderse que MVS decidiera despedir a dos de los periodistas más destacados del país por el simple hecho de sumarse a una iniciativa emanada de la sociedad civil para hacer frente a la corrupción gubernamental, a través del periodismo y la filtración de datos. Y esto se debe a que para los medios mexicanos resulta más lucrativo convertirse en aplaudidores de un gobierno antipopular antes que defender los intereses de la ciudadanía que dicen defender.

Esta tampoco es la primera vez que Joaquín Vargas, dueño de MVS, cede a la presión gubernamental para descarrilar a Aristegui. Así lo reconoció el mismo Vargas tras la presión del gobierno de Felipe Calderón contra la titular del noticiero radiofónico más escuchado del país, solo por atreverse a hacer un comentario contra la intocable figura presidencial. La misma retorcida y desgastada figura presidencial desde la cual, Enrique Peña Nieto y sus secuaces, buscan disfrazar la profunda crisis estructural de un México desgarrado por frívolos y mediocres gobernantes apoyados por la mezquindad de una élite empresarial siempre dispuesta a satisfacer su avaricia en el cobijo de la impunidad.

Este nuevo atentado a la libertad de expresión, equiparable al golpe de Echeverría al Excélsior de Scherer, es un fiel retrato de estos tiempos aciagos en que diariamente salen a la luz gigantescos escándalos de corrupción que quedan impunes, como ocurrió con el Monexgate, la trata de personas promovida desde el PRI capitalino y la Casa Blanca de Peña, todas ellas, investigaciones realizadas por los periodistas injustamente despedidos de MVS. Es por ello que #EndefensadeAristegui y los miles de periodistas que a diario padecen el acoso y represalia del poder en turno, en una clara violación a los derechos humanos más elementales, es necesario que la sociedad civil mexicana encuentre nuevas formas de articulación con el fin de acabar con este mal gobierno y refundar a México desde sus escombros, desde las fosas interminables de cadáveres apilados en el silencio cómplice de las mafias que sostienen con ahínco una mentira que ya nadie cree: la mentira de la democracia mexicana. Una ficción perversa que este gobierno déspota e ignorante pretende imponernos con su ley del garrote y la mordaza.

Como periodista crítico que soy ante la realidad infame que nos toca vivir a diario, considero un deber ético hacer frente a este nuevo atentado a la libertad de expresión, orquestado desde las más altas esferas del poder, y defender así nuestro elemental derecho a denunciar lo que está mal. “No son tiempos para el sometimiento”, como bien señaló Aristegui al exigir la recontratación de sus colaboradores. Levantemos la voz para ahogar el secreto que dicta la tiniebla, dejemos hablar al viento para que las palabras vuelen y encuentren su cauce, y podamos escuchar la palabra del otro, reconocernos en ella, y descubrir la verdad que habita en nosotros. Así es como se construye el camino a la libertad.

Hacer la revolución es recobrar la dignidad perdida

En la clase de hoy, a partir de la biografía que escribió Friedrich Katz sobre Pancho Villa, salió la discusión de si el pragmatismo y falta de definición ideológica del Centauro del Norte eran motivos suficientes para considerar a Villa un revolucionario o un restaurador del régimen agrario poscolonial. El apunte del profesor Adolfo Gilly me dió mucho en qué pensar. “La revolución es una explosión contra la humillación”, resaltó Gilly. Comprendí una cosa: toda revolución es un intento de recobrar la dignidad perdida. En México no habrá revolución posible hasta que no recuperemos la dignidad y dejemos de actuar como servidumbre de la corruptocracia. Y para ello, es necesario asumir el deber moral de transformar la realidad a través de nuestras acciones. Hagamos la revolución desde el sitio que nos corresponde a cada quien.

  

¡El agua NO se vende!

Los alcances de la corruptocracia en México son increíbles. Ahora pretenden privatizar toda la infraestructura hidráulica del país para convertir el agua en un lucrativo negocio para las mafias político-empresariales que controlan al país a costa del sufrimiento de millones de personas que serán despojadas del vital líquido. Algo que de hecho, ya ocurre, pero que se recrudecerá con este nuevo crimen de Estado impulsado por el gobierno mexicano.

Como no podía quedarme cruzado de brazos, armé este mini-documental con los amigos del Posgrado UNAM para que la gente entienda a grandes rasgos lo que está en juego. El video tiene varios errores técnicos pero la información es lo sustancial. Todavía podemos revertir esta perversa ley. #ElAguaNOseVende

 

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