El régimen peñista contra Aristegui: Carta #EndefensadeAristegui

¿Por qué razón MVS se autobombardea públicamente para dirimir un conflicto interno? ¿Qué necesidad había de armar todo un campaña mediática contra Aristegui y su equipo de investigación? ¿A cambio de qué? ¿Por orden de quién? ¿En beneficio de quién? La respuesta implícita a estas preguntas evidencia la presión del gobierno de Peña para silenciar una voz crítica como la de Carmen Aristegui y el destacado trabajo de investigación de periodistas como Daniel Lizárraga e Irving Huerta.

Las medidas coercitivas contra la prensa no solo desnudan el autoritarismo recalcitrante que pretende imponer la corruptocracia vil que ha desmantelado al país para satisfacer su ambición inconmesurable. También evidencia el divorcio total que existe entre los medios de comunicación y la gente de a pie, la misma que se ha movilizado para externar su apoyo a uno de los muy pocos espacios críticos que existen actualmente en el fallido simulacro democrático que prevalece en México, lugar donde ejercer el periodismo es un acto contestatario frente a esa guerra idiota emprendida por un Estado criminal que pretende silenciar por la fuerza todas las verdades incómodas que el dinero no puede comprar.

Solo desde esta perspectiva puede entenderse la manera en que MVS ha decidido emprender una campaña mediática en contra de Aristegui, valiéndose de un pretexto estúpido que desnudan el servilismo con el que operan los dueños de los grandes medios de comunicación a los intereses de la partidocracia. Solo así puede entenderse que MVS decidiera despedir a dos de los periodistas más destacados del país por el simple hecho de sumarse a una iniciativa emanada de la sociedad civil para hacer frente a la corrupción gubernamental, a través del periodismo y la filtración de datos. Y esto se debe a que para los medios mexicanos resulta más lucrativo convertirse en aplaudidores de un gobierno antipopular antes que defender los intereses de la ciudadanía que dicen defender.

Esta tampoco es la primera vez que Joaquín Vargas, dueño de MVS, cede a la presión gubernamental para descarrilar a Aristegui. Así lo reconoció el mismo Vargas tras la presión del gobierno de Felipe Calderón contra la titular del noticiero radiofónico más escuchado del país, solo por atreverse a hacer un comentario contra la intocable figura presidencial. La misma retorcida y desgastada figura presidencial desde la cual, Enrique Peña Nieto y sus secuaces, buscan disfrazar la profunda crisis estructural de un México desgarrado por frívolos y mediocres gobernantes apoyados por la mezquindad de una élite empresarial siempre dispuesta a satisfacer su avaricia en el cobijo de la impunidad.

Este nuevo atentado a la libertad de expresión, equiparable al golpe de Echeverría al Excélsior de Scherer, es un fiel retrato de estos tiempos aciagos en que diariamente salen a la luz gigantescos escándalos de corrupción que quedan impunes, como ocurrió con el Monexgate, la trata de personas promovida desde el PRI capitalino y la Casa Blanca de Peña, todas ellas, investigaciones realizadas por los periodistas injustamente despedidos de MVS. Es por ello que #EndefensadeAristegui y los miles de periodistas que a diario padecen el acoso y represalia del poder en turno, en una clara violación a los derechos humanos más elementales, es necesario que la sociedad civil mexicana encuentre nuevas formas de articulación con el fin de acabar con este mal gobierno y refundar a México desde sus escombros, desde las fosas interminables de cadáveres apilados en el silencio cómplice de las mafias que sostienen con ahínco una mentira que ya nadie cree: la mentira de la democracia mexicana. Una ficción perversa que este gobierno déspota e ignorante pretende imponernos con su ley del garrote y la mordaza.

Como periodista crítico que soy ante la realidad infame que nos toca vivir a diario, considero un deber ético hacer frente a este nuevo atentado a la libertad de expresión, orquestado desde las más altas esferas del poder, y defender así nuestro elemental derecho a denunciar lo que está mal. “No son tiempos para el sometimiento”, como bien señaló Aristegui al exigir la recontratación de sus colaboradores. Levantemos la voz para ahogar el secreto que dicta la tiniebla, dejemos hablar al viento para que las palabras vuelen y encuentren su cauce, y podamos escuchar la palabra del otro, reconocernos en ella, y descubrir la verdad que habita en nosotros. Así es como se construye el camino a la libertad.

Acerca de manuelhborbolla

Poeta, filósofo y periodista, egresado de la UNAM. Creo que es posible transformar el mundo a través de la poesía.

Publicado el 14 marzo, 2015 en Política. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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