La ficción de la realidad

Como toda ficción, la realidad necesita una argumentación sólida para poder sostenerse. La realidad se estructura a partir de argumentos que nosotros mismos construimos para hacernos sentir bien. De ahí que nuestra capacidad para interpretar nuestra vida resulta tan importante para vivir. Por eso Heidegger acierta al señalar que la interpretación es un modo propio del ser, y no un asunto teórico. Necesitamos construir ficciones para darle sentido a la vida a través del mito, no importa lo fantasioso que estas sean o si es a través de la religión, la ciencia, la naturaleza, el arte mismo.

Estamos hechos de ficciones. La realidad es una ficción inventada por nosotros, del mismo modo que nuestra noción del YO es una ficción inventada por nuestra psique para autorreferirnos. “Todo es mental, el universo es mente”, como sabiamente afirma el primer axioma hermético. Esto significa que cualquier cosa que imaginemos es posible siempre y cuando podamos sostenerla con argumentos, es decir, con la interpretación que cada quien hace de experiencia de vida. Si cualquier cosa es posible en el universo de la fantasía, nos toca decidir. Cada quien decide cómo darle vida a su personaje, darle un final triste o uno alegre a su propia historia. Ahí reside el carácter divino y oculto en las profundidades del hombre. En nuestra posibilidad de crear realidad a imagen y semejanza del mismo Dios que nosotros hemos creado.

El mundo es una proyección de lo que reside adentro de nosotros mismos. De ahí que el conocimiento del sí mismo es la clave para entender nuestra relación con el mundo, con la realidad que hemos inventado. Descubrirse es descubrir otras posibilidades de existencia. Y en ese universo de lo posible se despliega la verdad. Lo verdadero es aquello que hace posible la ficción. Por eso los personajes de una historia deben ser verosímiles para que podamos sumergirnos en el terreno de lo fantástico y podamos indagar en las profundidades de la existencia. Sin verosimilitud no hay argumento posible. La historia se derrumba. Lo mismo ocurre con la realidad. Necesitamos la verdad para construir ficciones, construir sentido, para poder existir en medio del ordenado caos del universo. “La vida es sueño”, como bien dijo Calderón de la Barca. La realidad es sueño, es fantasía, es ficción. Sigamos soñando, inventando nuevas posibilidades de florecer en el mundo que habremos de inventarnos para inventar también la felicidad, el amor, la realización humana en todas sus formas. Es una tarea urgente.

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Acerca de manuelhborbolla

Poeta, filósofo y periodista, egresado de la UNAM. Creo que es posible transformar el mundo a través de la poesía.

Publicado el 28 marzo, 2015 en Otros desvaríos y etiquetado en , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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