Archivos Mensuales: abril 2015

La mente cósmica

cosmos

La luz roja anunciaba el fin de un largo trayecto. La cámara de animación suspendida detuvo el proceso. Ranjit despertó lentamente mientras su respiración y los latidos del corazón volvían a la normalidad. Presionó el interruptor dentro de la cabina para abrir la puerta. Revisó el calendario. Le parecía increíble que en solo un abrir y cerrar de ojos pudiera pasar tanto tiempo. Ranjit había pasado los últimos ocho años dormido desde la última vez que había estado consciente, esperando el momento en que las máquinas lo despertaran de su letargo para constatar los datos obtenidos en la computadora, analizarlos y enviar un corte preliminar a la Tierra. Bastarían un par de días para que la nave que transportaba a Ranjit cruzara la delgada línea imaginaria que delimitaba el Sistema Solar. Ningún hombre había llegado hasta aquí antes, y sin embargo, a Ranjit parecía no emocionarle la idea. Quizá porque había pasado la mayor parte de su vida dormido en una cámara de animación suspendida, inmerso en ese infatigable deseo humano de explorarlo todo. Nadie sabía con precisión dónde terminaría la aventura, pero eso parecía poco trascendental para un científico con anhelos de fuga. Había pasado mucho tiempo desde que Ranjit se había enlistado para una misión sin retorno a los confines del universo, una expedición suicida donde los objetivos no estaban del todo claros. ¿Qué ganaría el ser humano con abandonar por vez primera el Sistema Solar? Era la pregunta que a veces rondaba la cabeza de Ranjit, cuando pensaba que había cometido un error. De cualquier modo, procuraba no pensar en ello. No había marcha atrás, así que no tenía caso quejarse. La Tierra siempre le pareció un lugar poco agradable para vivir, luego de las medidas implementadas para controlar la población humana en el planeta, tras rebasar los 22 mil millones de habitantes. Y eso sin contar con las colonias establecidas en la Luna. La tecnología no pudo contrarrestar los efectos devastadores de la arrogancia humana. Aquello se había convertido en un caos absoluto, donde la disputa por los recursos naturales habían convertido aquello en un verdadero infierno. Una guerra interminable de todos contra todos. Millones morían de hambre a diario para satisfacer la ambición de unos cuantos. Ranjit recordó con nostalgia sus días de la infancia y dejó escapar un hondo suspiro. Luego pensó en el infierno que tuvo que soportar cuando una horda de fanáticos religiosos mató a su familia en un año de revueltas sociales en que el gobierno se vió rebasado ante el descontento y la ira incontenible de la gente. Ese fue el detonante para que decidiera emprender un viaje sin regreso a los linderos de la galaxia. Sin nada más que perder, quiso huir de su pena enlistándose en el programa espacial con el objetivo de explorar otros planetas aptos para ser explotados por la voracidad insaciable del hombre. Extraviarse en el limbo cósmico era su particular forma de rendirse al irremediable destino de vivir arrastrando viejos dolores.
Tomó los sensores conectados a la computadora para medir sus signos vitales tras el largo sueño. Todo parecía estar en normalidad. Revisó con detenimiento su presión sanguínea. Luego revisó los resultados arrojados por el escáner cerebral. Los colores revelaban las zonas del cerebro que habían estado trabajando durante el letargo de ocho años. Una época plagada de sueños que apenas y podía recordar. La animación suspendida era como una prolongación de la muerte: permanecer en estado latente, como una semilla capaz de esperar mil años antes de germinar. Ranjit miró atentamente el informe con los datos completos de la tomografía, mientras las imágenes holográficas se desplegaban en el monitor. Se detuvo un instante a observar las postales de su cerebro. Una mancha en lo profundo de su cerebro, ubicada casi a la altura del tálamo, llamó su atención. Los estudios posteriores confirmarían el miedo de Ranjit. Se trataba de un tumor inoperable. Así lo mostraba aquella mancha con forma de cangrejo observada desde los modelos tridimensionales que arrojó el escáner microscópico. Se sorprendió que algo así hubiera podido desarrollarse dentro de sí a pesar de permanecer dormido durante tanto tiempo. Otra de las tantas injusticias de la vida. Se sintió devastado, pero al cabo de unas horas, su condición dejó de parecerle un problema. De cualquier modo iba a morir tarde o temprano, condenado a la soledad de los exploradores espaciales que han dejado todo atrás para dar un paso adelante en esa larga lista de tristezas que es la historia humana. Quizá ahora que cruzara la frontera de lo conocido por el hombre y abandonara el Sistema Solar sería recordado como una persona importante en la Tierra. O quizá sería olvidado como un conejillo de indias sacrificado en un experimento. Daba lo mismo. Ranjit se desplazó lentamente hacia la cocina. Sacó una ración de proteína sintética, papas fritas y un vaso de agua con endulzante rojo. Se sintió reconfortado después de comer algo luego de tantos años conectado a la sonda que controlaba su lento metabolismo con una precisión asombrosa. Al terminar de comer, recogió la basura y la depositó en el contenedor. Se detuvo un instante y miró por la ventana. Contemplar las estrellas podía convertirse en algo monótono, pero por alguna extraña razón, le ayudaba a relajarse. Era como perderse en un mar oscuro donde podían diluirse todos los pensamientos en el vacío del espacio. Aunque a veces se sentía solo, recordaba que había decidido embarcarse en una misión como esta para escapar del dolor. Dormir durante tantos años hasta el fin del cosmos se había convertido en el sustituto perfecto de la muerte. No había que detenerse a pensar demasiado. Cuando se sentía triste encendía los controles de la cámara de animación suspendida y se echaba a dormir varios años, perdido en extraños sueños que se desvanecían tan pronto habría los ojos. Un remedio más efectivo que el más avanzado fármaco disponible para acabar con la tristeza. Ranjit envió un par de informes a la Tierra para luego leer algunas páginas del Bhagavad-guitá, el libro que lo acompañaba en esta larga travesía. “El Espíritu nunca nace y nunca muere: es eterno. Nunca ha nacido, está más allá del tiempo; del que ha pasado y el que ha de venir. No muere cuando el cuerpo muere”, repitió en voz baja las palabras de Krishna. Las palabras resonaban en su imaginación, como si hubiera descubierto por vez primera una antigua verdad. Ranjit contuvo el aliento para arrojar un hondo suspiro. Miró por la ventana y su corazón enmudeció. Una galaxia con forma de cangrejo resplandecía a lo lejos. La misma mancha que apenas un par de días atrás observó en su cerebro. Los ojos se le llenaron de lágrimas. Fue entonces que Ranjit tuvo una revelación: aquella galaxia remota era el mismo tumor que permanecía dentro de su cabeza. Comprendió que la realidad es un fractal que envuelve todas las dimensiones de la existencia. Los extremos se tocan. Lo grande es lo chico, del mismo modo en que la combustión de millones de galaxias puede caber en el efímero suspiro de una célula. “El infinito es tan breve cuando lo miramos con los ojos de nuestra propia finitud”, pensó Ranjit. Por un instante sintió que su misión suicida tenía un propósito. Comprendió que el tiempo no existe, y que el pasado puede ser transformado con solo modificar el punto de vista del narrador, como ocurre con cualquier relato. La realidad se tornó flexible. Descubrió que todas las posibilidades de la existencia caben en nuestra capacidad de imaginarlas. Lo eterno es una creación de la mente para reconciliarse con la muerte. Era como si cada acontecimiento de su vida estuviera conectado para llegar a este preciso momento. Ahora todo tenía sentido. El vacío que dejó su soledad era tan grande que sólo la totalidad del universo entero podía llenar ese hueco. Las palabras se diluyeron en la música del viento sideral. Se borraron las fronteras. Ahí estaba, absorto, sintiendo el palpitar del universo dentro de su propio corazón. “Nada es para siempre, ni siquiera la tristeza”, se dijo Ranjit. Cerró los ojos, aflojó el cuerpo y se recostó flotando apenas separado del piso. Se quedó dormido. La nave seguía su curso. Sin darse cuenta, cruzó la delgada línea de la historia para dejar atrás el Sistema Solar. Una tenue sonrisa dibujada en el rostro de Ranjit parecía anunciar el principio de un nuevo comienzo.

::.

No eras tú

Duermes a mi lado
pero estás tan lejos…
encerrada en tu silencio,
apretando el alma,
para callar con frases cortas
todos los gritos fantasmales
que anidaron en tu pecho.

Cada quien su soledad.

La distancia se hizo más grande
en cada caricia.

La conexión se diluyó
en un mar de indefiniciones.

Nunca es el tiempo del amor.

¿Cuándo será?
¿Valdrá la pena tanta espera?
¿Dónde empezar a buscar?

La puerta se cerró en mis narices.

Este corazón machucado
solo sabe retorcerse como pez fuera del agua.

Tu cuerpo acorazado está
tan predispuesto para la próxima batalla:
se cierra para no ser lastimado otra vez.

En la guerra todo se reduce a matar o morir.

Quizá lo mejor
sea fumarme el desamor
de una sola bocanada
y dejar que el humo de tu recuerdo
se disuelva en el aire.

No eras tú.

Fue mi soledad la que
me hizo concebirte infinita.

Encandilado por tu luz
me quedé ciego.

Pretender que me amaras como yo a ti
fue pedir demasiado.

La tristeza no entiende de razones,
solo se resiente cuando echa de menos.

No eras tú.

Fueron mis ganas de inventar
el amor en tus ojos
para extirpar esa sensación
de que algo dentro de mí está incompleto.

No hice planes.

Te quise como pude:
sin filtros,
sin máscaras,
sin estrategias.

Este amor precario
no sirvió de nada.

Se acabaron los reproches,
los análisis exhaustivos
que nunca llevan a ninguna parte.

Fue tan breve el cielo
y tan dura la caída.

Ojalá algún día
encontremos el amor
en otra parte.

::.

Las muchas utopías del poeta Galeano

“Otros fuegos arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear y quien se acerca, se enciende”.

Eduardo Galeano

La discusión hizo inevitable hablar sobre la extinción de los grandes poetas y la erosión de la imaginación en el mundo. Defensor de causas imposibles, me sentí acorralado cuando un compañero de clase me preguntó de manera directa qué poeta de gran talante quedaba todavía con vida. “¡Eduardo Galeano!”, respondí yo por reflejo, casi como un presagio. Quizá los versos no eran su fuerte, pero la poesía de su prosa es incuestionable. Tres días después, murió Galeano. Un tipo luminoso, que vivió siempre con el corazón desbordado, que luchó siempre desde su trinchera por encontrar la justicia perdida en el mundo. Por eso a muchos nos dolió su partida, como quien pierde a un amigo.

Su estilo para narrar fue único. Su curiosidad por desentrañar los detalles más pequeños de la vida, los más imperceptibles, le permitió develar grandes verdades sobre la naturaleza humana. Siempre fue un observador curioso, un cronista de la esa sustancia misteriosa que le da sentido a la existencia y que se nos escapa en la monotonía de vivir arrastrados por la inercia. Solo un poeta como Galeano pudo extraer historias maravillosas y entrañables de lo cotidiano. Un alquimista capaz de transformar una simple anécdota en un relato profundo sobre la naturaleza humana. Galeano fue un conocedor de los vicios y las virtudes que nos definen como seres humanos, siempre infinitos, siempre incompletos. Eso explica su aversión natural por la injusticia propia del capitalismo, ese sistema perverso que deshumaniza a las personas para cosificarlas y lucrar con ellas.

Un corazón tan lleno de amor nunca podrá resignarse al dolor fratricida como forma de vida. De ahí su fascinación por vivir de cerca las grandes luchas revolucionarias de América Latina, estar cerca de los oprimidos, escuchar sus cuentos, comprender sus motivaciones como una forma de tender puentes para conectar ese archipiélago de soledades que es la humanidad. Esa fue su muy particular forma de ejercer la libertad y dejarse llevar por esa música del viento que es la vida. Por eso hurgaba bajo los escombros para encontrar esas pequeñas historias que le permitieran reescribir la prosa del mundo, para convertir la angustia en alegría, el oprobio en contento, la infamia en rebeldía. Galeano tuvo que narrar el mundo para inventar uno nuevo donde todos tuvieran cabida. Y eso fue lo que definió la obra del inolvidable escritor uruguayo, autor de libros de crónicas entrañables donde la realidad resultaba más increíble que cualquier libro de ficción. Así vivió Galeano, siempre dispuesto a inventar utopías para seguir avanzando hacia otro mundo posible, un mundo donde “los nadies” fueran alguien, un mundo donde ese profundo sentimiento de soledad, donde se engendra la vanidad y la ambición, pudiera ser extirpada de la Tierra con un abrazo. Tan sencillo como eso. Esa fue la utopía que construyó Galeano con su pluma: la de todos los hombres y mujeres fundidos en un solo abrazo.

Se nos fue el gran poeta Galeano, quien un buen día decidió abandonar su cuerpo material para poblar la eternidad. Así son los inmortales, quienes se llevan consigo un mar de pequeñas velas encendidas para iluminar la oscuridad. Con esa intensidad ardió Galeano. Lo vamos a extrañar.

Venus dando clases de francés

Eres la reencarnación de Afrodita,
capaz de hacer que cualquier hombre
se enamore de ti con solo voltearlo a ver
con tus ojos infinitos
de los que emana la vida y la muerte.

¡Oh adorada Venus!
eres la encarnación de lo bello y lo sublime,
de la sensualidad femenina,
eres el fruto rojo de la pasión,
la tentación original
que nos hace perder la compostura
a nosotros los simples mortales
que nos orillas a matarnos entre nosotros
para luchar por el divino derecho
de beber el amor que derraman tus labios sedientos.
¿Cómo no volverse loco ante tu embrujo erótico,
tu fecunda potencia de mujer etérea?
¿Cómo no sucumbir al encanto de tu lengua
y tu nostalgia de versos en francés?

¡Oh querida Ixchel!
que pintas la luna del color de tu sueño
para que las flores te canten,
no sé cómo haces para que se rompan
todos los silencios que lleva uno en el corazón,
eres la tibia noche donde se recuesta la añoranza
y nos hace esgrimir versos al aire,
solo para volver a caer fulminados en tu mirada,
eres inalcanzable como Shakti en todas sus formas,
esposa de la destrucción y el orden cósmico,
eres el sol cuando riega la tiniebla
con su dorada luz de terciopelo,
eres como el polen que riega la vida por el mundo,
eres profunda y misteriosa
como el mar donde se ahoga todos los dolores,
mi certeza más incierta
cuando te evoco en cada respiro.

¡Oh dulce Freya!
déjame seguir tu rastro por los muchos laberintos del alma,
déjame ser un fantasma en tu panteón de flores marchitas
déjame ser la lluvia que dibuja tu cuerpo cuando duermes,
déjame caer en la tentación de tu anochecido pelo,
llévame a tu exuberante infierno de flores amarillas
para embriagarme en tu vagina
y ser feliz, aunque sea un instante,
en la ilusión del falso amor.

::.

El país de las tumbas sin nombre

Pertenezco a una generación
de muertos anónimos,
sepultados entre ríos de sangre
que alimentan la ira de los árboles
y amargan sus frutos

En este país ultrajado
por el ego y la ruina,
la única elección posible es la muerte:
morir de miedo
morir de hambre
morir en vida
o morir bajo los escombros
de esta guerra inacabable
de todos contra todos.

::.

Sufrir engorda

Comerse el sufrimiento
hincha de odio el corazón.

Hay que gritarlo,
escupirlo,
vomitarlo,
llorarlo,
aceptarlo.

Sólo entonces cesará el dolor,
esa punzada asesina
que anida en el pecho
y se niega a partir.
::.

Comprender es hallar el hilo que conecta todo

Es increíble cómo todo está conectado a niveles inimaginables. Nunca pensé que mi inquietud de entender cómo es que asignamos valor a las cosas me llevaría a un viaje por el mundo de la hermenéutica, el funcionamiento del cerebro, la teoría del mundo del ARN, los circuitos integrados, la teoría de la información y la segunda ley de la termodinámica. Entre más investigo, se abren cada vez más puertas, más posibilidades, lo cual me permite ir estableciendo relaciones de sentido entre cosas que aparentemente no tienen nada que ver. Bien dice Gadamer que preguntar es abrir. Por eso dice Heidegger que comprender es interpretar, es decir, entender una de las tantas relaciones posibles de las partes en la conformación de un todo, capaz de conferirle sentido a la existencia. La atomización del conocimiento es una ilusión. El saber es uno solo. Y como bien sugería Confucio, para acceder a la sabiduría no es necesario memorizar todo el conocimiento existente. Basta con tomar el hilo que lo conecta todo.

Mosaico ecléctico de música pop

En los últimos días me he topado con varias canciones interesantes, unas nuevas, otras no tanto. Es un mosaico pop bastante ecléctico que va desde el amor como una necesidad de eternidad, música pa bodorrios, rock mexicano con aires de surf y bolero, así como noches de extravío bailando en la oscuridad o en medio de una casa vieja.

Vestigios de ti pueblan el alba

Duermo para escapar de ti,
pero no lo consigo,
apenas cierro los ojos
y entras volando en mi sueño.

Por eso sigo despierto,
temblando en el amargo alivio
de la desesperanza.

El olvido no es opción
cuando se trata de ti,
porque te llevo tatuada en la memoria,
en la sangre que gobierna los latidos
de la noche errante que dicta mi destino.

Me gustaría inventar el amor dentro de ti,
con violencia y ternura,
para sudar todos los demonios,
llorar el pasado,
desatar los nudos que llevamos dentro,
alargar la eternidad en un abrazo
y quedarme a besar todas tus cicatrices,
hacer que la angustia del mundo se evapore
cuando te acaricio la espalda
aquellas noches en que el dilatado corazón
no encuentra respuestas.

Quisiera velar tu sueño
para que nadie pueda tocarte,
y no te lastimen las muchas deformidades
de nosotros los monstruos,
quisiera estar ahí,
por ti, para ti,
sin que nada más importe.

Amarte es sentirme vivo,
y por ello necesito amarte
para respirar el azul del cielo
y experimentar la crueldad del mundo,
reconocer mi reflejo en la oscuridad más espesa
y llorar toda la violencia de la Tierra
contenida en un poema,
pues basta un segundo de ti
para que el universo haga implosión.

Por amarte moriré y regresaré de la muerte
cuantas veces sea necesario,
y descenderé al inframundo
para seducir a la muerte
en la ficción de tus labios.

Si el amor es una enfermedad
para curarme de ti debo ser paciente,
aprender a esperar
y dejar que escurra el tiempo
en las ramas secas de un gris invierno
y se abra el secreto lila de las flores
al llegar la primavera.

Algún día convenceré a este necio corazón
de no evocarte en cada esquina,
en cada canción,
en este afán tan mío
de sentir la eternidad al lado tuyo,
y recordar aquellas tardes en que nos hacíamos compañía
para escapar del terrible vicio de la soledad,
y jugábamos a romper el hábito de caer al abismo
solo para encontrar el castigo que creemos merecer.

Si vivir es hacer combustión…
¿Estaremos siempre condenados
a la hoguera?
¿Tan repulsivo fue todo cuando te amé?

Aferrarse es sufrir,
pero yo lo que quiero es reír,
por ello saciaré mi necesidad de quererte
celebrando tu monumental hermosura a la distancia,
y cantaré a tu indomable naturaleza
de mujer y de pantera, inefable, absoluta,
y me emborracharé para verte volar tu sueño
en la libertad del aire a la cual perteneces,
y te escribiré mil versos para hacerle el amor
a este amor no correspondido,
con el único fin de hallar mi felicidad
en el exilio de tu cuerpo.

He renunciado a toda posibilidad de ti,
como quien se resigna a vivir incompleto,
en la tibia oquedad de un alma mutilada
con vocación de naufragio.

Y me pregunto, amor,
qué se sentirá tener cabida
en tu apretado corazón,
ser la humedad de tus ojos,
el aire corrosivo que se atora en tus pulmones,
qué se sentirá protagonizar uno de aquellos cuentos
que te cuentas en silencio
para engañar a la tristeza.

El amor es mutante,
no se crea ni se destruye
solo relampaguea y se transforma,
y así quiero que mi sed de beberme tus pechos
se convierta en agua fresca,
que mi angustia de ti se haga humo y luminiscencia,
que tu recuerdo inexorable
sea la sustancia etérea en que habrá de disolverse
tu desnudez y mi deseo.

El amor no se dice, se canta,
se inventa cada noche
en tus labios de frutos rojos.

::.

Esa droga llamada amor

El amor no puede deducirse
como una relación de causalidades
el amor es un hachazo
remojado en sangre efervescente,
un hervidero de pájaros
volando en todas direcciones,
un torbellino de caballos
galopando al precipicio.

El amor no es una mera reacción química,
es más que una sobredosis de dopamina,
es el eléctrico temblor de un rayo
una hoguera perfumada de azar y copal
una erupción de tripas y desasosiego,
amar es ver el mundo
con los ojos puestos en vos,
es colapsar en el frío golpe
de una negativa,
amar es dar vueltas como abeja
dibujando un mapa para
regresar a la flor más dulce,
es abrir el silencio de la noche
para cantarle a la luna derretida en tu recuerdo,
un escalofrío, una visión, una profecía,
apología de mi locura hecha hojarasca,
mi corazón derramado
en el reflejo cóncavo de tus ojos,
la anestesia que congela la palabra discreción,
una avalancha de querencias
despuntando entre canciones rojas,
naturaleza muerta.

Mi corazón es una manzana partida por la mitad,
un racimo de lenguas floreciendo en mi cama,
un tórrido aguacero de versos
retumbando en la piel del deseo,
oleadas de vino que me arrastran hasta ti,
a las insondables profundidades de tu misterio,
un eco lacustre de días soleados
donde resuena el canto nocturno del alma.

¡Qué absurdo luce el amor sin ti!
¡Qué solitario luce todo sin ti!

Triste es este amasijo de carne seca
buscando la nostalgia entre sus escombros,
transitando como fantasma
por los amargos pasillos de la existencia.

Lo tuyo es un terremoto de tulipanes amarillos,
una embriaguez de espinas y manos de seda,
el metabolismo de mis celos
es el límbico placer de tu boca entreabierta y mortal,
que lo mismo besa y muerde,
derrama vida o derrama muerte
en las palabras que se hicieron silencio.

El amor es una droga que nos quita el sueño
para soñar el sueño etéreo de los enamorados.

::.

De magia y la búsqueda de la nostalgia

Dos rolitas que me han sonado en las entrañas durante los últimos días. Ambas, de origen argentino. La primera, una pieza con una armonía compleja, escalas con pegada, un conjuro de Cerati antes de dormir la eternidad. Del otro lado, Vilma Palma e Vampiros con una rola sencilla pero pegadora, llena de nostalgia y otras evocaciones que se ensanchan en noches como la de hoy.

A %d blogueros les gusta esto: