Vestigios de ti pueblan el alba

Duermo para escapar de ti,
pero no lo consigo,
apenas cierro los ojos
y entras volando en mi sueño.

Por eso sigo despierto,
temblando en el amargo alivio
de la desesperanza.

El olvido no es opción
cuando se trata de ti,
porque te llevo tatuada en la memoria,
en la sangre que gobierna los latidos
de la noche errante que dicta mi destino.

Me gustaría inventar el amor dentro de ti,
con violencia y ternura,
para sudar todos los demonios,
llorar el pasado,
desatar los nudos que llevamos dentro,
alargar la eternidad en un abrazo
y quedarme a besar todas tus cicatrices,
hacer que la angustia del mundo se evapore
cuando te acaricio la espalda
aquellas noches en que el dilatado corazón
no encuentra respuestas.

Quisiera velar tu sueño
para que nadie pueda tocarte,
y no te lastimen las muchas deformidades
de nosotros los monstruos,
quisiera estar ahí,
por ti, para ti,
sin que nada más importe.

Amarte es sentirme vivo,
y por ello necesito amarte
para respirar el azul del cielo
y experimentar la crueldad del mundo,
reconocer mi reflejo en la oscuridad más espesa
y llorar toda la violencia de la Tierra
contenida en un poema,
pues basta un segundo de ti
para que el universo haga implosión.

Por amarte moriré y regresaré de la muerte
cuantas veces sea necesario,
y descenderé al inframundo
para seducir a la muerte
en la ficción de tus labios.

Si el amor es una enfermedad
para curarme de ti debo ser paciente,
aprender a esperar
y dejar que escurra el tiempo
en las ramas secas de un gris invierno
y se abra el secreto lila de las flores
al llegar la primavera.

Algún día convenceré a este necio corazón
de no evocarte en cada esquina,
en cada canción,
en este afán tan mío
de sentir la eternidad al lado tuyo,
y recordar aquellas tardes en que nos hacíamos compañía
para escapar del terrible vicio de la soledad,
y jugábamos a romper el hábito de caer al abismo
solo para encontrar el castigo que creemos merecer.

Si vivir es hacer combustión…
¿Estaremos siempre condenados
a la hoguera?
¿Tan repulsivo fue todo cuando te amé?

Aferrarse es sufrir,
pero yo lo que quiero es reír,
por ello saciaré mi necesidad de quererte
celebrando tu monumental hermosura a la distancia,
y cantaré a tu indomable naturaleza
de mujer y de pantera, inefable, absoluta,
y me emborracharé para verte volar tu sueño
en la libertad del aire a la cual perteneces,
y te escribiré mil versos para hacerle el amor
a este amor no correspondido,
con el único fin de hallar mi felicidad
en el exilio de tu cuerpo.

He renunciado a toda posibilidad de ti,
como quien se resigna a vivir incompleto,
en la tibia oquedad de un alma mutilada
con vocación de naufragio.

Y me pregunto, amor,
qué se sentirá tener cabida
en tu apretado corazón,
ser la humedad de tus ojos,
el aire corrosivo que se atora en tus pulmones,
qué se sentirá protagonizar uno de aquellos cuentos
que te cuentas en silencio
para engañar a la tristeza.

El amor es mutante,
no se crea ni se destruye
solo relampaguea y se transforma,
y así quiero que mi sed de beberme tus pechos
se convierta en agua fresca,
que mi angustia de ti se haga humo y luminiscencia,
que tu recuerdo inexorable
sea la sustancia etérea en que habrá de disolverse
tu desnudez y mi deseo.

El amor no se dice, se canta,
se inventa cada noche
en tus labios de frutos rojos.

::.

Acerca de manuelhborbolla

Poeta, filósofo y periodista, egresado de la UNAM. Creo que es posible transformar el mundo a través de la poesía.

Publicado el 9 abril, 2015 en Poemas. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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