Desentenderse de la política (o vender a su chingada madre por unos pesos)

Hay gente que se jacta de no meterse en asunto políticos. “Yo soy apolítico”, pregonan con orgullo. Todo estaría muy bien, de no ser que esa postura revela el desdén y el poco interés que sienten por otras personas: el desinterés por quienes no tienen qué comer, un techo donde dormir, personas explotadas en trabajos miserables, personas asesinados y reprimidas por no asentir con la cabeza y en voz baja frente a la desgracia, gente sufriendo en diversos niveles. Desentenderse de la política es desinteresarse por completo de la vida de esas otras personas con las que compartimos el barrio, país, el mundo. Este individualismo patológico que vivimos es la causa de muchos males que padecemos. Si fuéramos menos egoístas y más amorosos hacia los demás, nos interesaríamos más en la política para procurar el bienestar de toda la gente. Por supuesto, interesarse en la política no implica apoyar a un partido. Implica asumir una postura frente a la vida. A final de cuentas, eso es lo que define a la gente.

Ahí están los deleznables remedos de personas de la farándula, capaces de vender a su chingada madre por unos cuantos pesos, apoyando al Partido Verde en plena veda electoral, como si no tuvieran para tragar. Gente frívola y miserable, tan dispuesta a hacer daño mientras ellos puedan mitigar su insaciable ambición de dinero como sea, dinero a toda costa, dinero a pesar de todo, gente hueca, imbécil, cuyo vacío espiritual tiene que ser llenado con cosas materiales. Del otro lado, existen personas como el padre Solalinde, cuya preocupación y compasión por la vida de los migrantes centroamericanos lo ha llevado a participar en la política, no apoyando a un partido, sino a la gente que padece el abuso de las élites. Si profesáramos un amor sincero por los demás, no podríamos permanecer indiferentes a su dolor, a sus sufrimiento. Las cosas no cambiarán mientras no cambiemos el individualismo enfermo que profesa la gente con cualquier excusa: “es que es mi chamba”; “mientras yo esté bien, que los demás se jodan”; “todos son la misma mierda”…

¡¡A la chingada las justificaciones!! Vamos a cambiar este país a través del amor, el amor a los demás, a las otras personas que no conocemos, a los otros seres con los que compartimos el mundo. Y eso implica defender el interés público, asumir postura, hacer política. No se trata de votar o no votar. Se trata de abrir el corazón para darnos la oportunidad de sanar todos juntos. “Nadie libera a nadie, ni nadie se libera solo. El ser humano se libera en comunión”, decía Paulo Freire. Esa debe ser nuestra máxima, nuestra meta. Liberarnos juntos de la opresión y la necesidad idiota de oprimir al otro. La noche podrá ser larga, pero no es eterna. Este país sólo cambiará cuando dejemos atrás el egoísmo para fundirnos en un gran abrazo.

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Acerca de manuelhborbolla

Poeta, filósofo y periodista, egresado de la UNAM. Creo que es posible transformar el mundo a través de la poesía.

Publicado el 6 junio, 2015 en Política. Añade a favoritos el enlace permanente. 1 comentario.

  1. neotenochtitlan

    Reblogueó esto en La eterna preguntay comentado:
    Una respuesta del porqué algunos apoyaron propuestas banas, inutiles. Y por otra parte una propuesta para resolver el embrollo en el cual vivimos en estos tiempos. Gracias Manuel por desalambrar esta vida.

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