Archivos Mensuales: julio 2015

Decidir

Cada quien elige
su propio camino,
cada quien elige
cómo crecer.

Yo he elegido andar por la vida
imaginando cosas imposibles,
domesticando monstruos
y otras oscuridades.

Yo he preferido
la compasión sobre la lisonja,
el canto amigo sobre
la trampa de la vanidad.

He preferido soñar antes
que ser soñado por el
dorado resplandor del deseo
y su perfume tóxico.

Yo he preferido
bailar, escribir y reír
antes que perderme en la ligereza
de los frívolos zombis
que pueblan el mundo escupiendo soledades.

He decidido
cantarle al amor,
aunque nunca escuche.
::.

Oxidación

Los reptiles no sueñan.

El estrés, envejece.

El oxígeno es veneno
cuando pierde la cordura.

Y nosotros nos quemamos
en esa gran hoguera que es el tiempo.

::.

México, país de la barbarie

Por definición, la civilización implica un acuerdo mínimo para garantizar la convivencia en sociedades complejas conformadas por personas provenientes de grupos culturalmente diversos. De ahí que el origen de la civilización tenga un origen común con la invención de la escritura y las primeras leyes plasmadas en piedra, lo cual permitió fijar en el tiempo y el espacio esos acuerdos mínimos de convivencia y cuya violación debe ser sancionada por la autoridad para mantener la paz dentro de un determinado grupo social. Lo que caracteriza a la civilización es la impartición justicia a través del respeto por la ley, lo cual no es sino un mecanismo social diseñado para garantizar la convivencia.

Todo lo contrario a lo que ocurre en México, país donde el hábito de la barbarie ha logrado imponerse sobre cualquier norma de convivencia, lo cual permite entender muchos de los comportamientos que vemos a diario en las calles, el resultado de una patología social que se ha venido gestando a lo largo de varias décadas debido al debilitamiento de las instituciones que sostienen al Estado mexicano.

No en balde, los índices de violencia en el país se han recrudecido a la par de la desconfianza en las instituciones y la erosión de los aparatos de impartición de justicia, vulnerados por la corrupción.

De acuerdo con el Índice del Estado de Derecho 2015, elaborado por el Proyecto de Justicia Mundial (WJP), México ocupa el lugar 79 de 102 países en cuanto al debido cumplimiento de su sistema de leyes. En casi todos los apartados de dicho indicador, México aparece por debajo del promedio de mundial y regional, siendo el caso más grave el de “Orden y justicia”, en el cual, México se ubica en el escaño 99, siendo el cuarto país peor evaluado, quedando por debajo de países como Honduras, Tanzania y Kenia. Algo similar ocurre en los apartados de “Justicia penal”, donde México se ubicó en el lugar 93, apenas nueve lugares por encima del peor calificado. También ocupó el lugar 88 en el factor “Ausencia de Corrupción”, y el lugar 82 en lo referente a la impartición de “Justicia Civil”. Los datos evidencian una verdad ya sabida: que en México no existe el respeto por la ley ni acceso a la impartición de justicia.

Otros estudios como el Índice Global de Impunidad 2015, realizado por la Universidad de las Américas de Puebla (UDLAP) y el Consejo Ciudadano de Seguridad y Justicia del estado (CCSPJP), ubican a México como el segundo país con mayor impunidad de 59 países analizados, sólo detrás de Filipinas. La falta de justicia ha derivado en una profunda crisis de legitimidad que se expresa en la desconfianza de los ciudadanos frente a instituciones corruptas.

En este sentido, el Informe de Justicia Cotidiana 2015, elaborado por el Centro de Investigación y Docencia Económica (CIDE), concluye que la mayoría de los ciudadanos mexicanos carecen de medios y condiciones para solucionar sus conflictos a través de las instituciones. Según datos del Barómetro Global de Corrupción 2013, de Transparencia Internacional, más del 80% de los mexicanos perciben como muy corruptos a los partidos políticos, la policía, funcionarios públicos, Poder Legislativo y el Poder Judicial, lo cual habla de la magnitud de la crisis de legitimidad por la que atraviesa el Estado mexicano.

Y esto sin contar con los estudios recientes que documentan un crecimiento exponencial de la brecha entre ricos y pobres como consecuencia de un modelo económico que privilegia el abuso y la desigualdad social, tal como sostiene el estudio de Oxfam, Desigualdad extrema en México —realizado por Gerardo Esquivelel, investigador del Colegio de México—, en el cual se explica que mientras la fortuna de los 4 millonarios más ricos de México representa el 9% del Producto Interno Bruto mexicano, más de la mitad de la población permanece en pobreza. Una cifra que coincide con los 55.3 millones de pobres que existen en México según el más reciente informe del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval). Y no es casualidad que el aumento de la pobreza y la desigualdad sea consecuencia de la erosión de un Estado de bienestar diseñado originalmente para mitigar las desigualdades provocadas por el sistema económico.

Las cifras sólo confirman la barbarie que vivimos a diario. Un país donde el ejército masacra civiles y niños de manera impune, como ocurrió en Tlatlaya, Apatzingán y Ostula. Un país donde el crimen organizado ha demostrado una y otra vez ser más eficaz que los cuerpos de seguridad, como ocurrió con la fuga de Joaquín ‘Chapo’ Guzmán. Un país donde los escándalos de corrupción del presidente y su gabinete, poseedores de casas y riquezas inexplicables, no son sancionados o siquiera investigados por la autoridad. Un país donde las reformas a la ley están diseñadas para legalizar el abuso y el despojo de una élite insaciable que privatiza todos los bienes públicos sin tomarse la más mínima molestia de rendir cuentas o dar explicaciones por su reiterada incompetencia. Un país donde el sistema electoral privilegia a estructuras clientelares que se mantienen con dinero que los partidos políticos se roban del erario. Un país donde los grandes empresarios hacen negocios exorbitantes amparados en el tráfico de influencias. Un país donde el Poder Judicial sólo sirve para justificar con argumentos imbéciles los crímenes cometidos de la clase política. Un país donde se castiga a quien denuncia un crimen y se privilegia a quien lo comete. De ahí que no deba extrañarnos que el hábito de la barbarie sea una constante en la calle, donde el respeto a los derechos del otro son vejados rutinariamente en esa lucha idiota de todos contra todos.

Todo lo anterior permite entender cómo es que uno debe permanecer en constante estado de alerta para no ser atracado por la policía, el porqué un chofer de microbús puede pararse a media calle tras pasarse la luz roja del semáforo, el porqué un mirrey puede pasar un examen comprándole una botella de ron al maestro, el porqué un entrenador del representativo nacional de futbol puede golpear a un comentarista de manera burda y sin temor a ser castigado, el porqué 43 alumnos de la normal Isidro Burgos de Ayotzinapa pueden desaparecer de manera impune, el porqué existe desabasto de gasolina en varios estados de la República, el porqué el salario mínimo no alcanza para comer, el porqué los medios de comunicación han hecho del silencio un lucrativo negocio, el porqué la gente reacciona con violencia para sacar toda la frustración acumulada por una vida miserable donde la resignación ante la miseria pareciera ser la única posibilidad.

Casos que evidencian la manera en que los mexicanos han optado por abandonar casi cualquier vestigio de civilidad para sobrevivir en un país gobernado por la barbarie.

::.

Tus ojos marinos de noche lejana

Tu bella silueta
de sombras perfumada
ronda bajo mi almohada
en esta larga noche de insomnio,
palmeras y aguacero.

Delineando las olas
con mis pies de arena,
lamiendo la orilla del mar
con pasos moribundos y lejanos,
he de llegar hasta ti
en el rumor de la espuma
y sus restos de navío
hechos polvo,
sedimentos de mi alma
encallada bajo las aguas
de tu insondable misterio
y el hallazgo imposible
de tu corazón entreabierto
dispuesto a todo,
a dejarse arrastrar
en la creciente
del amor en luna llena,
como la vida
derramada en una canción
y tus ganas de respirar
el inmenso azul del cielo.

Sigue amor,
mirando a través de la ventana,
para qué tus ojos morenos
sean el faro luminoso
que me guíe hasta ti
en medio de la penumbra,
sólo para descubrirte lentamente
en cada beso, cada caricia,
y podamos desnudar la noche
que se nos precipita en la sangre
mientras duermen los corales
en el más poroso de los sueños.

Hoy he de bañar mi corazón
en tu inevitable alegría,
tu sonrisa transparente
sabor arrecife,
en versos marinos
impregnados de ti,
cálida y radiante,
como el sol de la tarde
cuando barniza tu piel
con dorada y dulce miel.

Dejemos que la sal del océano
seque todas las cicatrices
que llevamos adheridas al alma,
y que el deslenguado caracol
que yace en tus arenas
siga recitando versos rosados
donde resuena la música del mundo:
mis ganas de amarte
como un loco mar en erupción.
::.

Música y vino, remedios para el alma

:

¿Problemas espirituales? ¿Ir a la Iglesia los domingos no es lo suyo? Consígase unos tragos y un buen playlist en Youtube. Para mejores resultados consígase también un karaoke. Problema resuelto.

:

¿Padece usted de achaques treitañeros, mareo repentino, vértigo, mal de ojo, amarres, náusea existencial, almorranas, chismes de oficina o alguna otra enfermedad extraña e incurable? Acérquese a su enólogo de confianza. Él sabrá cómo atenderle. Si no se embrutece lo suficiente para olvidarse de todo, hasta lo más elemental, exija la devolución de su dinero. ¡Garantizado!

::.

Deep blue

I woke up
in the deepest blue,
thinking in all the silly pain
of the world,
licking my scars with the shame
of my raw memories,
trying to get back my dirty smile
in a field of empty corpses.

You always misunderstand me, darling,
you always lie about love.

I need to reboot
the shine of your dreaming eyes
to stay alive
in the madness of the moon.
::.

Mantarraya

Murciélagos del océano
despegan de las profundidades del agua
para alcanzar el cielo
al ras de la dorada tarde.

Aletea y se levanta
entre la brisa marina,
como papalote,
con su mortífero aguijón tan dispuesto a la fiesta,
al chapuzón,
al juego de de hundirse en el agua
para emprender el vuelo y arder junto al sol.
::.

Erotique

Sudemos todos los demonios
entre jadeos, fiebre y suciedad.

Llora todo lo que llevas dentro,
llora de placer,
llora los recuerdos coagulados en tu pecho.

Tu respiración es un telegrama
escrito en clave Morse y taquicardia.

Mi lengua te explora por dentro,
te habita,
mis manos te aprietan,
quieren huir,
perderse para siempre
en la oscuridad de la noche
y su insaciable sed de ti.

::.

Agujero

Tengo un agujero en el alma,
el socavón que dejó
tu honestidad rotunda y victimaria.

El boquete se hizo más grande
en las canciones de Cerati
y la angustia de sentirse solo,
enterrado en un agujero.
::.

Cinco poemas breves

Decir y no decir

Mi vocación es decir todos los silencios.
La tuya, responder en monosílabos.
::.


Luna líquida

De esas noches en que la luna
se derramó en mis versos.
::.


Déspota lunático

—Señor, los sueños tienen hambre.
—Que coman canciones.
::.


Columpio

Algo se abre dentro de mi,
algo que va del corazón a la memoria
para columpiarse en la imaginación.
Es la poesía que me habla dormida.
::.


Serás la noche

Concédenos la gracia
de ser la noche,
para ver en la oscuridad
y disolvernos al amanecer.
::.

Restos

Somos restos del mar.
Respiramos para rememorar nuestro origen
tras navegar el río del tiempo.
Morimos todos los días
para renacer en algo nuevo.
La única constante es el cambio.
La saga de la vida
es el transcurrir de la energía
que va del sueño a la carne,
del símbolo a la poesía.
::.

Un intento

Mi amor fue sólo eso:

un intento por descubrirte.

::.

Alteridad

Sueño alteridades de un sueño a la deriva
para decir las cosas sin nombre.

¿Cómo imaginar sin antes sentir?

Llueven endorfinas con suavizante de telas.
en este revoltijo de emociones inquietas.

No hay camino.

Vaya a donde vaya
siempre regreso a tu orilla
plagada de naufragios.

Hoy quiero ahondar en
la humedad de tu alma abierta,
albergar la efímera sospecha del amor.

A veces me gana el instinto,
la insensatez,
la exaltación incontenible
en el río de tus ojos negros.

Nadie está obligado a nada.

La muerte es sólo una de tantas salidas.

Y yo sigo con el aliento enardecido,
prendado a los colmillos de la rosa
y su sed de vampiro.
::.

Acabados

No acabamos
de acabarnos a besos,
a veces dispersos,
a veces perversos,
a veces perfectos.

No acabamos
de acabarnos a versos,
a veces discretos
a veces abyectos
a veces violentos.

::.

A las brasas

El amor es un hábito poco saludable
cuando se sirve frío.

Hay que servirlo a las brasas,
amor sabor lava,
para que la música del corazón
encienda la realidad hecha de sueños.
::.

Latente

Latente,
como una semilla dispuesta a vivir
mientras duerme el sueño de la vida,
late la morada hermosura
de la bugambilia.

La oscuridad se rompe
en las plegarias de la luna.

Mi amor convaleciente
es la cabeza de un toro
envuelta en papel periódico,
un tapón en la sangre,
una herida infectada
que se va tejiendo
en las comisuras de tu boca
y mis ganas de morderte el cuello
para dejarte dormir la eternidad
en un sangriento baño de flores.
::.

Tardanza

Siempre fui tardío.

Me quedé rezagado observando
las flores,
intentando hablar con los pájaros
dispersos entre los árboles y el cielo,
mientras todos se guarecían
de la soledad en un hotel de paso.

Me he quedado a la deriva,
el tiempo siempre me rebasa,
y ahí estoy, confundido,
mirando el transcurrir del otoño
y la primavera encendida que vuelve siempre,
anticipada,
esperando el momento justo
para que los ojos exploten en colores
y se abran por el mundo en todas direcciones

Siempre fui tardío
para el amor que no termina de brotar,
tardío a la hora de beberme la noche
y su latigazo ponzoñoso,
tu cuerpo tremendo y felino.

Voy a esperar la vida sentado sobre los sueños,
sueños fríos,
como el aire melancólico de la madrugada
cuando desciende de la cima de un volcán.

::.

Ninguna parte

Yo no sé encarar
la cruel belleza de la Tierra
si no es con los ojos de la poesía.

Hay que celebrar el mordaz
temperamento de la hiena,
el exabrupto del rayo
el crujir de la madera a medianoche,
la amargura del limón y su semilla,
el vuelo soez de la mosca
a la hora de la comida,
el gemido azul de la guitarra
y su incurable nostalgia,
el acontecer errático
del amor siempre indispuesto,
cantarle a la ansiedad
tan adherida a mi cama
y sus frías siluetas que gravitan
en la órbita de mi sueño,
como la piel que se derrite
cuando escribo como poseído
kilos de palabras que terminan siempre
por llegar a ninguna parte.

Hay que beberse marejadas de vino
para no morirse atragantado
en el tormento de la vida,
hay que reír a carcajadas sin ningún motivo,
por el puro placer de volverse loco
y tirarse un clavado al límpido
abismo del sarcasmo y la ironía,
cual fantasma taciturno
turisteando en las cantinas,
preguntándose al calor de la rockola
por la vida que se fue
sin saber qué era aquello de vivir.

::.

Madurar es ser viento y agua

“Decía Bergson que para un ser consciente existir es cambiar, cambiar es madurar y madurar es crearse indefinidamente”, dice el neurocientífico José Luis Díaz. Luego entonces, una persona madura es la que se reinventa todos los días para adaptarse a un entorno cambiante. Madurar no es estancarse en el pasado ni proyectarse hacia el futuro. Madurar es aprender a fluir, aprender a ser viento y agua.

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