Ninguna parte

Yo no sé encarar
la cruel belleza de la Tierra
si no es con los ojos de la poesía.

Hay que celebrar el mordaz
temperamento de la hiena,
el exabrupto del rayo
el crujir de la madera a medianoche,
la amargura del limón y su semilla,
el vuelo soez de la mosca
a la hora de la comida,
el gemido azul de la guitarra
y su incurable nostalgia,
el acontecer errático
del amor siempre indispuesto,
cantarle a la ansiedad
tan adherida a mi cama
y sus frías siluetas que gravitan
en la órbita de mi sueño,
como la piel que se derrite
cuando escribo como poseído
kilos de palabras que terminan siempre
por llegar a ninguna parte.

Hay que beberse marejadas de vino
para no morirse atragantado
en el tormento de la vida,
hay que reír a carcajadas sin ningún motivo,
por el puro placer de volverse loco
y tirarse un clavado al límpido
abismo del sarcasmo y la ironía,
cual fantasma taciturno
turisteando en las cantinas,
preguntándose al calor de la rockola
por la vida que se fue
sin saber qué era aquello de vivir.

::.

Acerca de manuelhborbolla

Poeta, filósofo y periodista, egresado de la UNAM. Creo que es posible transformar el mundo a través de la poesía.

Publicado el 15 julio, 2015 en Poemas. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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