Archivos Mensuales: noviembre 2015

Molusco imaginario y sapo sonriente

molusco imaginarioSapo

La otra Lima

 

¿Qué es la memoria
sino un cúmulo de vaguedades?
¿Qué es recordar sino
guardar imprecisiones tamaño postal
en el desordenado archivero del alma?

He visto tantas veces al sol
hundirse en el horizonte…
pero pareciera que mis ojos maravillados
nunca hubieran visto
el atardecer a orillas del mar.

La ciudad de Lima que conocí
ocho años atrás ya no existe,
como tampoco existe aquel muchacho
con el cabello a los hombros
que cantaba en los parques de Miraflores,
aquel que buscaba descifrar el misterio de la vida
entre versos, canciones y extravío.

Solo quedan vestigios
de un hombre y una ciudad
que se vuelven a mirar con otros ojos.

El mundo es tan diferente
cuando se contempla
desde las muchas caras de la otredad.

A veces es necesario olvidar
para volver a vivir por vez primera.
::.

El horror de Paris: viernes sangriento en la guerra entre Occidente y el mundo árabe

Los últimos reportes apuntan más de 120 muertos en los ocho atentados simultáneos que sufrió Paris, un par de días después de que un ataque de las fuerzas estadounidense contra el Estado Islámico en Siria supuestamente mató al verdugo de dicha organización, conocido como John el Yihadista. El otro antecedente inmediato es la caída de un avión comercial ruso en Egipto y las especulaciones sobre una posible bomba en el portaequipajes de la aeronave, con un saldo de 224 civiles muertos. Esto sin contar con el atentado que dejó más de 40 muertos en Beirut, capital de Líbano.

“Sabemos quienes son”, afirmó el primer ministro François Hollande, sin dar más detalles tras declarar estado de emergencia en Francia. Uno de los capítulos más sangrientos en la cruzada de Occidente contra el mundo árabe. Primero fue Al Qaeda, ahora el Estado Islámico. ¿Cuántos inocentes más, árabes y occidentales, tendrán que morir en esta guerra imbécil? ¿Cuánto tiempo pasará para que las potencias occidentales dejen de pugnar por el control de Medio Oriente? ¿Cuánto tiempo pasará para que los extremistas musulmanes cuelguen las armas? Al igual que el 11 de septiembre, los atentados de hoy muy probablemente serán utilizados como justificación para intervenir militarmente en Siria. ¿Será este el detonante de un conflicto bélico mayor o un atentado más en esta interminable carnicería humana? ¿Qué repercusiones tendrá esto en el delicado rompecabezas geopolítico donde Rusia y Occidente parecen cada vez más enfrentados por el control de Medio Oriente? El tiempo lo dirá.


II.

Luego de ver las reacciones a los atentados y la manera en que integrantes del Estado Islámico convocan a seguir sembrando el terror en Francia y sus aliados, en respuesta a los bombardeos en Siria, uno se queda pensando. Ahí están las consecuencias de casi un siglo de colonialismo occidental tras la caída del Imperio Turco Otomano. La manera en que las potencias colonialistas occidentales han metido mano en Medio Oriente para sacar beneficio a costa del sufrimiento de millones, de repente explota y se sale de control. Estos integrantes del Estado Islámico (EI) cegados por la ira y el anhelo de venganza, están muy lejos de sentarse a negociar en busca de una salida al conflicto bélico que envuelve a toda la región. Europa no es ajena a la manera en que se han pulverizado, fragmentado y exprimido países enteros en el mundo árabe para satisfacer los intereses económicos de las potencias colonialistas y su sed de petróleo. Un conflicto que adquirió una nueva dimensión tras la creación del Estado de Israel y los muchos conflictos étnico-religiosos derivados de ese hecho. La fuerza de los grupos yihadistas no es de a gratis. Casi un siglo de alimentar rencores se termina desbordando, tarde o temprano. Sí no es así, ¿cómo explicar las muchas personas que viajan desde Europa para integrarse a las filas del EI? La cruzada promovida por Bush en Iraq y la invasión estadounidense en aquel país tras el 11-S, generó un clima de desestabilización en toda la región que sigue hasta nuestros días y se ve lejos de llegar a buen puerto. Y como ocurre siempre tanto en París como en Mosul, Beirut o en todo Siria, los más pobres y los sectores más vulnerables siempre terminan sacando la peor parte.

::.

La casa de arena

Veo edificios comidos por las grietas
mientras lloran las estatuas de duro mármol.

El sol dibuja una línea roja sobre las dunas
y la noche trepa por las secas ramas de los árboles.

El agua quieta se refleja en el cielo
y revela los secretos de las estrellas.

Las huellas dactilares de la piedra
son la puerta de entrada a tus ojos
y mi anhelo de pronunciar
los muchos nombres de las cosas.

Ríos de luces amarillas
brillan en el alma.

Un torrente de sangre luminosa
recorre mis arterias.

Los androides se miran hacia afuera
sin poder mirar hacia dentro.

Un hombre de arcilla verde
se pinta los ojos
y se dibuja la boca de un tajo
y se arranca la paja en el pelo
y se derrite la cara…

La bruma lo suaviza todo.

Los pescadores permanecen suspendidos
en el limbo,
mientras el agua de la cascada
cae de nuevo sobre el río
de la remembranza.

Nadie podrá vernos sin el velo
que nos cubre la blancura del alma.

Los anaqueles de las tiendas están
abarrotados de la basura del mañana.

El aire se hace pesado.

Las aves intentan escapar
de su cruel destino,
su final anticipado.

Hay quienes tienen que trazar
un mapa en el cuerpo
para saber dónde cortará el cuchillo,
como maniquíes llenos de plástico,
vacíos de sueños, llenos de vanidad.

Toneladas de azufre me queman
la piel y la vista.

La monstruosidad de la guerra
deforma siempre la bondad humana.

Un ciempiés con mil ojos en las manos
abre su abanico dorado.

Todo es tan efímero.
Como los colores que se hacen polvo
para diluirse en el viento.
::.

Zoología fósil

Atrapados tras los cristales
yace la fauna de la Tierra,
con los ojos tristes, inertes,
mirando a sus captores
en el sigilo de la nada,
inhalando la muerte
que se confunde con la oscuridad,
bombardeada por cientos de luces diminutas.

Ahí van los hombres,
diseccionando la piel de las aves marinas
con el “pulcro” cuchillo de la ciencia.

La vida se congela.

Hay tanto rubor fosilizado
en la mirada
de los que alguna vez fueron.

Siento que la tierra me reclama
para sí.

Quizá entonces pueda reunirme con mis hermanos,
regresar al lecho subterráneo y primigenio
donde duermen las raíces
de todos los bichos que pueblan el mundo
y pueda entonces develar mi origen terrestre,
allá donde alguna vez brotó la vida
desde la entraña de lo inerte.

Somos el eco de nuestros ancestros
que caminan en nuestros adentros,
la temperatura de la serpiente
batiéndose en duelo mortal,
los bisontes en formación militar
haciendo frente a la ventisca,
el festín de la vida en el color de las aves,
el zorro de las nieves en la más tierna
canción de luna llena,
el cuervo y su rumor de espanto
alimentando a los polluelos,
es la gramática de la energía elemental
en su eterna danza por el cosmos,
diluyéndose en el drama de los vivos
jugando a ser felices.

Fieras diurnas de anónima procedencia
saltan desde los arbustos,
acechando a su presa.

El misterio lo envuelve todo.

Hay insectos que son nueces,
gusanos que son tunas,
flores azules que son serpientes,
pulgas colosales,
moscas con un millón de proféticas visiones,
licor de mantarraya,
perfume de tilapia,
antiguos cánticos silvestres
entre el oro enterrados.

La única posibilidad es el sueño,
incendiar deshabitados corazones
en el sagrado río de la memoria.
::.

Madera

Me gustan las vetas de la madera
y los paisajes que dibujó el tiempo
en la piel de los árboles,
teñida de sol, de lluvia, de tierra, de noche,
el invierno y su rumor de montaña,
la danza giroscópica de las abejas.

Me gusta el olor a leña
que alimenta el fuego de la vida,
y sentir la humedad del bosque
cuando crece musgo entre las piedras.

Me gusta escuchar el murmullo
del arroyo para refrescar
los pensamientos y mi alma
helada, como agua de manantial.

Me gustan las virutas doradas
que se desenrollan del cepillo
del carpintero,
el aroma del aserrín,
y las astillas como clavos
que quedaban cuando te rompías, madera.

Será porque mis manos fueron
talladas en la blanca tez del pino
y la oscuridad del ébano,
manos lijadas por la vida
en la dureza del roble
y barnizadas con aceite de nogal,
manos que evocan
la alegría del cedro,
la elasticidad del fresno,
el poroso crujir de la palma
y el atardecer dormido
en el palo de rosa,
la sordera del alcornoque
y la nostalgia del sauce.

De las tripas de un árbol
salió la madera,
utensilio del hombre,
lienzo donde se desbordó
la imaginación humana en
muebles, guitarras, arcos,
puentes, casas…

Por eso me gusta la madera
cuando hace surcos y se deja acariciar
para sostener este mundo
hecho de sueño y artificio,
como arrancado de la tierra.
::.

Cartografía del sueño

Hace poco más de un año, en 2014, me di a la tarea de realizar un peculiar experimento, el cual consistió en escribir todo lo que soñé durante varias noches. Buena parte del texto lo escribí en un estado adormilado, casi de manera automática, no sin mucho esfuerzo. El resultado, además de simpático, me permitió confirmar algo que ya intuía. El inconsciente no habla en el idioma de la razón, sino el de los símbolos que se expresan en el territorio de la fantasía. Los sueños no tienen lógica. Se parecen más a un viaje con drogas alucinógenas que a un cuento bien estructurado. Los nombres ahí vertidos suelen ser familiares y amigos, además de algunos personajes de la farándula, esos seres capaces de poblar los sueños de ficciones y otras realidades. La imaginación es fecunda bajo el hechizo de la noche y su inagotable misterio.


19 de septiembre
Natalie Portman, convertida en pornstar, se da cuenta que en realidad es una princesa de un planeta remoto perseguida dentro de una ópera espacial. Reminiscencias de su interpretación de Padme Amidala en Star Wars, supongo. Por supuesto, yo me acomido a ayudarla a escapar. En eso transcurre el sueño, en una serie de escapes imposibles donde la imagen del agujero de una escotilla con una escalera en un ambiente tipo Naboo, se vuelve recurrente. Lástima que la intervención de Natalie Portman como estrella del cine de adultos duró demasiado poco en mi sueño.

20 de septiembre
Estoy en clase. La lectura que dejaron parece algo complicada. Yo, como siempre, apenas terminé de leer. El mobiliario no corresponde al de una universidad. Me doy cuenta que estoy en un salón de maternal, juntó a amigos que conocí en segundo de Kinder. Todos somos adultos. A mi lado se encuentra el Ñors. Insiste en que le pase la tarea. Como hay que comentar la lectura (algún texto teórico sobre Schutz, probablemente), le paso algunas ideas centrales pa que entre a la discusión. Intenta quitarme los apuntes y le pongo un ‘estate quieto’. Luego me pongo a dibujar. Les muestro mis dibujos a Mónica y Marisol que se encuentran al final de la mesa. Los contenidos cambian pero la esencia de la escuela es siempre la misma. El Kinder y el Posgrado son más parecidos de lo que pensaba.

21 de septiembre
Tras un evento periodístico en algún balcón de Palacio Nacional, me quedé sentado en la misma mesa con Enrique Peña Nieto y el secretario de gobernación Miguel Ángel Osorio Chong. Comenzaron a discutir temas de la agenda política. Estaban preparando un foro académico a modo sobre temas políticos, donde participaría el presidente para impulsar la próxima reforma. Yo no pude quedarme callado y empecé a cuestionar las acciones del actual gobierno. Chong se retiró y sólo nos quedamos Peña y yo conversando. Yo trataba de descubrir al ser humano detrás de la embestidura presidencial. La charla se volvió amena, sin tanta pose, más suelta. En una pantalla se desplegaban mis comentarios de Facebook en contra del gobierno. Mientras trataba de ocultar ese hecho para no arruinar mi entrevista casual con Peña, me di cuenta que Osorio Chong estaba rastreando mis datos personales y mi ubicación mientras un proyector desplegaba mis críticas al gobierno en redes sociales. Peña incluso bromeaba citando un par de autores. No resultaba tan pendejo como yo pensaba. El copetudo presidente reconocía sentirse alejado de la gente. Incluso quería organizar un concierto en el Zócalo con Timbiriche para mostrar su lado más humano, pero tenía miedo de que el Peje y su banda pudieran arrojarle algo durante el evento. Al final de la charla, le pregunté por qué los mexicanos no conocían a este Peña más suelto con el que acababa de conversar, y ante las cámaras solo aparecía el político tieso, acartonado y presionado por la clase política de la cual forma parte. Me miró un instante sin dar una respuesta clara y se marchó a una reunión privada. La escena terminó ahí. Lo siguiente que recuerdo es que Peña estaba en un mitin pequeño en el Zócalo con gente protestando, principalmente ancianos de origen humilde. Yo estaba en medio del cordón policial, apoyando a la gente que protestaba. Mi madre estaba ahí presente, interrumpiendo mi labor con asuntos que no venían al caso en ese preciso momento. Terminó rápido el mitin. Los manifestantes y los aplaudidores del gobierno se diluyeron rápidamente. Tomé mi mochila, que había dejado en una de las esquinas del templete y me fui a comer con mi mamá y mi tía en un callejón del Centro Histórico, el cual se asemejaba más a un centro comercial, posiblemente Plaza Carso.

23 de septiembre
Hay una kermesse. Un amigo a quien ignoro, pone un puesto de papas fritas. las papas llegan por una linea de produccion y una banda hasta el suelo donde se desparraman al mismo tiempo que los estudiantes intentan prender cohetes. Lo logran. Lo de las papas con cohetes crea un conflicto que no entiendo bien a bien. Todo es confuso. En una mesa para el desayuno, presumo a mi familia mi planta carnívora. Se proyectan animaciones en 3D sobre personajes ficticios. En algún momento del sueño, juego un partido de basquetbol con mi madre, quien me regaña por gastar tanto dibero en un balón de baloncesto de dudosa calidad. Vamos con mi tía Marce en un tren. El tren se detiene. Algunos estudiantes lo paran. Abrimos la compuerta de atrás preocupados. Le han disparado a Pily. Mi furia está a tope. Logro sacar un arma y apuntarles a los asesinos, pero no les disparo. Se burlan. Me decido a matarlos. Despierto. Ya antes he soñado la última parte del sueño pero con otros personajes.

25 de septiembre
Hay un evento donde se requiere conectar un equipo de sonido. Yo intento conectar mi micrófono en el canal 8 de la consola, pero está lleno. Tengo que salir del salón, donde hay un mercado. Busco en uno de los puestos a un tipo gordo y fornido con una consola para poder conectarme. Por alguna razón que no entendí del todo bien, no me es posible conectar el micrófono a la consola. Esporádicamente aparece Ibarra con el Mike. Ahí está también el Chicharito ligando con una chica al estilo tradicional, como buen romance de pueblo. Lo saludo discretamente. Luego aparece el Pikolín, con el cuerpo todo herido, dando vueltas de carro, como sí estuviera realizando una especie de manda, un ritual.
Abandono el lugar para ir a una peda con la banda Arboledas en un bar cubano ubicado en una esquina. Ahí esta el Lupe y el Subtomandante. Sólo fuimos ahí para el precopeo pero todo mundo acabó hasta el pito. El baño se abarrota de gente para cambiarse de ropa. A falta de mingitorio, orino sobre una canaleta casi a la altura de un lavabo específicamente diseñado para eso. El Pérez se atraviesa en el trayecto de mis meados, pero muy a su estilo siempre calmo, pareciera no importarle. Luego nos preparamos para irnos a Cuernavaca. Preparo una maleta y vacío otras dos mientras el Ramirito discute con doña Ishmish. De repente estoy en el auto de mi ahijá. Crítico sarcásticamente la limpieza cristalina de su parabrisas. Fin del sueño.

26 de septiembre
Mi tía tiene un León encerrado dentro de una casa. La leona crece a proporciones descomunales y tiene una cría, la cual es cuidada por mi otro yo (una especie de clon). Mi mamá retira al cachorro de la leona, la cual aparece amarrada a una reja no mayor a un metro de altura. Me siento mal por la situación y decido devolverle el cachorro a su madre, lo cual ocasiona la molestia de mi mamá y mi tía.
Luego aparezco en una casa grande parecida a la del Ramiro. Es como un bungalo ubicado en el último de los seis pisos. Intento mantener el orden pero el gordo que sale en la película de Superbad me persigue por toda la casa junto a otro tipo flaco para hacerme cosquillas. Me molesta su actitud pero no puedo hacer mucho. El gordo va dejando un rastro de caos por donde pasa, desordenándolo todo. Llega la hora de comer. Lo sé porque la prima de uno de los cuatro que estamos ahí, que no alcanzo a distinguir bien, irrumpe en el desorden. La chica es guapa, pero esta obsesionada con un músico japonés, tal como evidencia durante la comida. No deja de hablar de él. Una viejita con demencia senil desata improperios contra una señora de tez blanca y ascendencia indígena. A mí me toca sentarme junto a Manola en una mesa alta. Quiere tomar cocacola pero trato de convencerla de que no es recomendable tomar mucha. Hace berrinche y las cosas se ponen difíciles.
Durante un tiempo, decido viajar sólo y conozco una familia iraquí. Es el cumpleaños de uno de los niños, pero tienen prohibido usar la bandera en cualquier fiesta, por lo que hay que quitar las banderas colgadas de un cordón que atraviesa el techo del patio. La familia decide mudarse y yo los ayudo. Ponen su casa en el remolque de una camioneta. A toda velocidad durante la carretera, aparece la leona con su cachorro. Advierto al papá de la familia iraquí que tenga cuidado. Frena intempestivamente y la casa se sale del remolque para hacerse pedazos. Me reprochan que por salvar a la leona, se quedaron sin casa. La familia iraquí, muy enojada conmigo, se sube a la parte posterior de una camioneta cuyo chofer se ha ofrecido a darles aventón. Ellos siguen su camino y yo me quedo a orillas denla carretera sintiéndome culpable por lo sucedido.

28 septiembre
Me encuentro en un hotel, voy caminando hasta mi cuarto y hay una ventana gigante que da a un campo llanero de futbol. Prefiero ver el partido de los niños que el futbol profesional que aparece en la tele. Juegan unos morros güeros como neozelandeses contra morros mexicanos. De pronto me percato que los mexicanos son el equipo donde jugaba mi hermano. Bajo a las tribunas ubicadas en el interior del hotel para ver mejor el partido. Me encuentro unos lentes de sol en un armario y me los quedo. Osvaldo dirige al equipo de mi hermano. Es un partido fácil. Los neozelandeses acaban goleados. Voy a la tribuna junto a la familia del Edson, con quienes llegué al hotel. Llega Bere con su hermana pa ver jugar al isleño, enfundado en una camiseta del Necaxa. Me preguntan si me quedaré al otro juego, pero no puedo, tengo que ir a trabajar. Le pregunto a Osvaldo si me puedo ir con él en su Hummer convertible. En la parte posterior del Hummer va mi hermano de morro junto a Pablo y el Barush. Son niños pero hablan como adultos. Mi hermano irá al Zócalo a seguir entrenando. No me convence el plan y dudo en ir hasta allá. Quizá me convenga esperar a la familia del Edson para regresarme con ellos. Del estacionamiento sale una camioneta larga y la detengo pensando que eran ellos. Eran los neozelandeses que viajaban todos juntos en una camioneta alargada como limosina. Me disculpo por la confusión y me regreso. Le doy los lentes a Osvaldo porque son suyos y le advierto que uno de los vidrios esta cortado a la mitad. Mi hermano le explica a Pablo que no es conveniente ir al Zócalo con la mochila llena. Es mejor dejar algunas cosas. Mi hermano regaña a Osvaldo por dejar todos los artículos de limpieza de la Hummer (que son muchos) a lo largo de la cajuela (que es como de Jeep, en lugar de Hummer). No me convence la ida al Zócalo pero de ahí puedo tomar el metro.

30 de septiembre
Vamos a ir a Valles en coche mis padres y yo, junto a un señor ya viejo y otro tipo que no alcanzo a identificar, pero que resultan ser muy pesados. En casa de mi tia Paty preparamos la expedición. Voy al baño, consulto un par de libros sobre telenovelas y los señores compran víveres en la tiendita. En casa de mi tía hay un piano eléctrico que suena como bajo eléctrico. Como no cabemos en el coche, vemos todos apretados en el coche de mi tía So. Vamos por periférico de Satélite al Toreo pero esta bloqueado. Toda la lateral se ha convertido en puestos de tacos y fritangas por la construcción del segundo piso. Hay que bajarse a caminar y tomar un pesero al final del mercado de comida.
Vuelvo a dormir. Aparezco en casa del Jimmy. El Ramiro intenta subir por una escalera de mano para cambiar un foco fundido en la farola que está en la calle. Le presto un cinturón tipo arnés para que no se rompa su madre. Regreso a lavarme las manos y me doy cuenta que están todos los sobrinos Reverte cotorreando por ahí. Juego con ellos un rato y me doy cuenta que la Tamarinda se comió las piezas de un juego de mesa que mi hermano y yo jugábamos en el cuarto de Paulina. Me recuesto sobre la cama para dormir un rato. Quito de entré las sábanas dos hormigas con mandíbulas de muy buen tamaño y quito también un pequeño alacrán. Cuando tomo las cobijas para atrapen, un escorpión gigante me pica con su cola y me atraviesa la mano derecha. Como sigue vivo, lo golpeo en la cabeza contra la pared hasta matarlo. Luego me voy a lavar las manos. Mi papá discute a la distancia con mi mamá sobre la herida. Mi madre llega a escena y quiere que vayamos a ver un médico o una segunda opinión del papá de Beto que se encuentra en el cuarto de al lado. Me niego porque ya sé lo que dirá. Salgo del baño. El alacrán me ha dejado un hoyo en la mano.

2 de octubre
Practico kungfu con los personajes de Naruto. Apenas recuerdo un par de cosas, como el hecho de estar lastimado de la rodilla. Luego aparezco en Nueva York con mi hermano. Es invierno y hace frío. Llego a una casa con varios migrantes. Me explican algunas cosas del lugar y sobre algunas cosas turísticas, pero a mi lo que me importa es trabajar y conseguir algo de dinero. Un tipo parecido al Amiguito me da algunos consejos y me comenta que tratara de conseguirme trabajo en algún Subway o alto parecido. En la casa viven también las primas de la Vecina. Les comento que si las 30 personas que viven en la casa se organizan vendiendo comida o algo así, será más fácil cumplir con los gastos. Como que les gusta la idea pero no hacen mucho caso. Decido ir a la estatua de la Libertad y consigo un viaje en avioneta junto a mi tío Javier, mi tío Nico, Alan y mi hermano. El viento es muy fuerte y desestabiliza la avioneta. Todo se vuelve angustioso. La nave pierde el control y desciende a gran velocidad. Siento el vértigo de la caída. Nos estrellamos. Apenas y logramos sobrevivir, sin un rasguño. Es un milagro. Aterrizamos en una casa de asistencia para gente con problemas mentales y de la tercera edad. Luego regresamos a la casa de Nueva York. He podido conseguir algo de dinero trabajando. El dinero yace sobre el piso, junto a la puerta, y un cabrón pasa y se lo roba de manera discreta. Me doy cuenta y salgo a la puerta del edificio. Le advierto al portero del edifico que el tipo es un ladrón. Cae en evidencia porque no puede explicar quién es exactamente quien aparece en una tarjeta con el nombre de Saske Uchiha, la cual hurtó junto con el dinero. El portero le habla al equipo e seguridad del edificio y le meten una madriza al ladrón, al cual amenazan con deportar. Se ha hecho justicia. Me siento mejor.
::.

Se solicita musa

Guapa, etérea, cariñosa,
intempestiva y eléctrica,
sensual, fulminante,
misteriosa y lunática,
nocturna, dicharachera,
profunda, insondable,
alegre, inteligente, compasiva,
musical y bailadora,
que le guste emborracharse
con versos calientes
y otros arrebatos del alma,
luminosa, radiante, otoñal,
adictiva como un embrujo de flores,
apasionada, rebelde, creativa,
que le gusten los árboles,
el vino y la poesía,
una mujer con ojos de pantera
y pequeños sobresaltos
de locura, flexible,
amante confesa de la vida,
irrepetible y obscena,
de sueños imposibles
derramados en el viento,
que sepa cocinar
y cantarle a la fresca mañana,
que le guste viajar
por los confines de la existencia
sin poner mala cara,
que tenga el corazón hinchado
y las piernas bronceadas,
que le guste volar sin licencia
y pueda dialogar con las aves,
alguien en cuyos ojos quepan
galaxias enteras,
que le guste dormir abrazada
entre las olas,
llena de querencias y besos
a punto de hacer erupción,
que le guste reír sin motivo,
caminar bajo la lluvia,
decapitar monstruos,
que quiera beberse
la vida de un solo trago
y desfallecer de placer
en las convulsiones de mi lengua,
alguien dispuesta a habitar
corazones mojados
llenos de grietas
y amar sin pedir nada a cambio.

Interesadas favor de mandar currículum para agendar una cita.

::.

El hombre arborescente

Sabía que su muerte estaba próxima. Lo sentía desde hace unos días, luego de que la fatiga profunda lo tiró en cama. A sus noventa y ocho años de edad, Tomás Alvarado se veía mucho más joven de lo que realmente era. Algo que él solía atribuirle al buen humor que le caracterizaba, el mismo que logró sacarlo adelante en los momentos más apremiantes de su vida. Miró hacia atrás, escarbando en las profundidades de la memoria, recordando aquellos lejanos días de juventud donde el mundo parecía abrirse de maneras insospechadas para él. Se sintió feliz de haber logrado todo lo que se propuso en la vida. Orgulloso de sus estrepitosos fracasos, no se quedó con las ganas de intentar lo imposible, aunque le dijeran loco. Ahora que se aproximaba el fin, se sentía tranquilo. Supo que era el momento de partir y dejar todo atrás. Un último deseo impregnó su corazón. Tomás Alvarado desenterró un sueño de la infancia y lo escribió en un pedazo de papel que se encontraba sobre el buró junto a su cama. Observó con enorme gozo a una pareja de colibríes que se detuvo frente a la ventana de su recámara. Sintió que su cuerpo se hacía ligero. Esbozó una tenue sonrisa y se echó a dormir.

Tendrían que pasar algunas horas para que la hija de Tomás se percatara del repentino fallecimiento de su padre. Rebeca se limpió los ojos rojos llenos de lágrimas y miró por la ventana. Se secó los ojos hinchados de tanto llorar y marcó el teléfono para comunicarle la noticia a sus hermanos. Don Tomás fue enterrado en su rancho, como siempre había querido. Con el paso del tiempo, la vida arrojó un aguacate sobre su tumba. La lluvia se encargó de forjar el milagro. Las raíces se hundían en la tierra al tiempo que el anciano despertaba de su letargo. Tomás Alvarado cumplió así su último anhelo antes de morir, su sueño de reencarnar y convertirse en árbol.

::.

Chamanismo andino para la vida diaria

Una interesante charla con Miguel Valls, terapeuta y chamán, quien habla sobre algunas formas prácticas de lidiar con los problemas de la vida según la tradición andina. A veces lo que uno necesita es cambiar el punto de vista de nuestra conciencia para modificar la realidad. Y esa es precisamente la propuesta de Valls en torno al concepto de plataforma de la conciencia, ese “punto imaginario desde el cual me muevo en la realidad, que se sostiene por una masa crítica que lo convierte en verdad”. Si la existencia es una decisión, esto significa que la manera en que decidimos relacionarnos con las cosas determina nuestra propia existencia. A veces se tienen claros los conceptos, pero se requiere mucho trabajo para llevarlos a la práctica. ¿Quién dijo que el desarrollo espiritual era cosa fácil?

Se apellida Nostalgia

Este amor que llevo
enterrado en el pecho
se apellida Nostalgia.

Nostalgia de lo que fue,
de lo que pudo ser.

Añoranza de la tibia fantasía
que anidaba en mis ojos.

Ya se encargará el tiempo
de disolver este ardor
en el rumor del viento.
::.

Naturaleza muerta

Hay gente que se entierra muerta
y hay gente que se entierra viva.

Silencioso es el olvido
y el olvido, sepultura.

Amarte fue purgar condena
por crímenes que no cometí.

La muerte no te sienta mal.
Combina bien con tus ojos tristes.
::.

Mujer azul

mujer azul

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