Cartografía del sueño

Hace poco más de un año, en 2014, me di a la tarea de realizar un peculiar experimento, el cual consistió en escribir todo lo que soñé durante varias noches. Buena parte del texto lo escribí en un estado adormilado, casi de manera automática, no sin mucho esfuerzo. El resultado, además de simpático, me permitió confirmar algo que ya intuía. El inconsciente no habla en el idioma de la razón, sino el de los símbolos que se expresan en el territorio de la fantasía. Los sueños no tienen lógica. Se parecen más a un viaje con drogas alucinógenas que a un cuento bien estructurado. Los nombres ahí vertidos suelen ser familiares y amigos, además de algunos personajes de la farándula, esos seres capaces de poblar los sueños de ficciones y otras realidades. La imaginación es fecunda bajo el hechizo de la noche y su inagotable misterio.


19 de septiembre
Natalie Portman, convertida en pornstar, se da cuenta que en realidad es una princesa de un planeta remoto perseguida dentro de una ópera espacial. Reminiscencias de su interpretación de Padme Amidala en Star Wars, supongo. Por supuesto, yo me acomido a ayudarla a escapar. En eso transcurre el sueño, en una serie de escapes imposibles donde la imagen del agujero de una escotilla con una escalera en un ambiente tipo Naboo, se vuelve recurrente. Lástima que la intervención de Natalie Portman como estrella del cine de adultos duró demasiado poco en mi sueño.

20 de septiembre
Estoy en clase. La lectura que dejaron parece algo complicada. Yo, como siempre, apenas terminé de leer. El mobiliario no corresponde al de una universidad. Me doy cuenta que estoy en un salón de maternal, juntó a amigos que conocí en segundo de Kinder. Todos somos adultos. A mi lado se encuentra el Ñors. Insiste en que le pase la tarea. Como hay que comentar la lectura (algún texto teórico sobre Schutz, probablemente), le paso algunas ideas centrales pa que entre a la discusión. Intenta quitarme los apuntes y le pongo un ‘estate quieto’. Luego me pongo a dibujar. Les muestro mis dibujos a Mónica y Marisol que se encuentran al final de la mesa. Los contenidos cambian pero la esencia de la escuela es siempre la misma. El Kinder y el Posgrado son más parecidos de lo que pensaba.

21 de septiembre
Tras un evento periodístico en algún balcón de Palacio Nacional, me quedé sentado en la misma mesa con Enrique Peña Nieto y el secretario de gobernación Miguel Ángel Osorio Chong. Comenzaron a discutir temas de la agenda política. Estaban preparando un foro académico a modo sobre temas políticos, donde participaría el presidente para impulsar la próxima reforma. Yo no pude quedarme callado y empecé a cuestionar las acciones del actual gobierno. Chong se retiró y sólo nos quedamos Peña y yo conversando. Yo trataba de descubrir al ser humano detrás de la embestidura presidencial. La charla se volvió amena, sin tanta pose, más suelta. En una pantalla se desplegaban mis comentarios de Facebook en contra del gobierno. Mientras trataba de ocultar ese hecho para no arruinar mi entrevista casual con Peña, me di cuenta que Osorio Chong estaba rastreando mis datos personales y mi ubicación mientras un proyector desplegaba mis críticas al gobierno en redes sociales. Peña incluso bromeaba citando un par de autores. No resultaba tan pendejo como yo pensaba. El copetudo presidente reconocía sentirse alejado de la gente. Incluso quería organizar un concierto en el Zócalo con Timbiriche para mostrar su lado más humano, pero tenía miedo de que el Peje y su banda pudieran arrojarle algo durante el evento. Al final de la charla, le pregunté por qué los mexicanos no conocían a este Peña más suelto con el que acababa de conversar, y ante las cámaras solo aparecía el político tieso, acartonado y presionado por la clase política de la cual forma parte. Me miró un instante sin dar una respuesta clara y se marchó a una reunión privada. La escena terminó ahí. Lo siguiente que recuerdo es que Peña estaba en un mitin pequeño en el Zócalo con gente protestando, principalmente ancianos de origen humilde. Yo estaba en medio del cordón policial, apoyando a la gente que protestaba. Mi madre estaba ahí presente, interrumpiendo mi labor con asuntos que no venían al caso en ese preciso momento. Terminó rápido el mitin. Los manifestantes y los aplaudidores del gobierno se diluyeron rápidamente. Tomé mi mochila, que había dejado en una de las esquinas del templete y me fui a comer con mi mamá y mi tía en un callejón del Centro Histórico, el cual se asemejaba más a un centro comercial, posiblemente Plaza Carso.

23 de septiembre
Hay una kermesse. Un amigo a quien ignoro, pone un puesto de papas fritas. las papas llegan por una linea de produccion y una banda hasta el suelo donde se desparraman al mismo tiempo que los estudiantes intentan prender cohetes. Lo logran. Lo de las papas con cohetes crea un conflicto que no entiendo bien a bien. Todo es confuso. En una mesa para el desayuno, presumo a mi familia mi planta carnívora. Se proyectan animaciones en 3D sobre personajes ficticios. En algún momento del sueño, juego un partido de basquetbol con mi madre, quien me regaña por gastar tanto dibero en un balón de baloncesto de dudosa calidad. Vamos con mi tía Marce en un tren. El tren se detiene. Algunos estudiantes lo paran. Abrimos la compuerta de atrás preocupados. Le han disparado a Pily. Mi furia está a tope. Logro sacar un arma y apuntarles a los asesinos, pero no les disparo. Se burlan. Me decido a matarlos. Despierto. Ya antes he soñado la última parte del sueño pero con otros personajes.

25 de septiembre
Hay un evento donde se requiere conectar un equipo de sonido. Yo intento conectar mi micrófono en el canal 8 de la consola, pero está lleno. Tengo que salir del salón, donde hay un mercado. Busco en uno de los puestos a un tipo gordo y fornido con una consola para poder conectarme. Por alguna razón que no entendí del todo bien, no me es posible conectar el micrófono a la consola. Esporádicamente aparece Ibarra con el Mike. Ahí está también el Chicharito ligando con una chica al estilo tradicional, como buen romance de pueblo. Lo saludo discretamente. Luego aparece el Pikolín, con el cuerpo todo herido, dando vueltas de carro, como sí estuviera realizando una especie de manda, un ritual.
Abandono el lugar para ir a una peda con la banda Arboledas en un bar cubano ubicado en una esquina. Ahí esta el Lupe y el Subtomandante. Sólo fuimos ahí para el precopeo pero todo mundo acabó hasta el pito. El baño se abarrota de gente para cambiarse de ropa. A falta de mingitorio, orino sobre una canaleta casi a la altura de un lavabo específicamente diseñado para eso. El Pérez se atraviesa en el trayecto de mis meados, pero muy a su estilo siempre calmo, pareciera no importarle. Luego nos preparamos para irnos a Cuernavaca. Preparo una maleta y vacío otras dos mientras el Ramirito discute con doña Ishmish. De repente estoy en el auto de mi ahijá. Crítico sarcásticamente la limpieza cristalina de su parabrisas. Fin del sueño.

26 de septiembre
Mi tía tiene un León encerrado dentro de una casa. La leona crece a proporciones descomunales y tiene una cría, la cual es cuidada por mi otro yo (una especie de clon). Mi mamá retira al cachorro de la leona, la cual aparece amarrada a una reja no mayor a un metro de altura. Me siento mal por la situación y decido devolverle el cachorro a su madre, lo cual ocasiona la molestia de mi mamá y mi tía.
Luego aparezco en una casa grande parecida a la del Ramiro. Es como un bungalo ubicado en el último de los seis pisos. Intento mantener el orden pero el gordo que sale en la película de Superbad me persigue por toda la casa junto a otro tipo flaco para hacerme cosquillas. Me molesta su actitud pero no puedo hacer mucho. El gordo va dejando un rastro de caos por donde pasa, desordenándolo todo. Llega la hora de comer. Lo sé porque la prima de uno de los cuatro que estamos ahí, que no alcanzo a distinguir bien, irrumpe en el desorden. La chica es guapa, pero esta obsesionada con un músico japonés, tal como evidencia durante la comida. No deja de hablar de él. Una viejita con demencia senil desata improperios contra una señora de tez blanca y ascendencia indígena. A mí me toca sentarme junto a Manola en una mesa alta. Quiere tomar cocacola pero trato de convencerla de que no es recomendable tomar mucha. Hace berrinche y las cosas se ponen difíciles.
Durante un tiempo, decido viajar sólo y conozco una familia iraquí. Es el cumpleaños de uno de los niños, pero tienen prohibido usar la bandera en cualquier fiesta, por lo que hay que quitar las banderas colgadas de un cordón que atraviesa el techo del patio. La familia decide mudarse y yo los ayudo. Ponen su casa en el remolque de una camioneta. A toda velocidad durante la carretera, aparece la leona con su cachorro. Advierto al papá de la familia iraquí que tenga cuidado. Frena intempestivamente y la casa se sale del remolque para hacerse pedazos. Me reprochan que por salvar a la leona, se quedaron sin casa. La familia iraquí, muy enojada conmigo, se sube a la parte posterior de una camioneta cuyo chofer se ha ofrecido a darles aventón. Ellos siguen su camino y yo me quedo a orillas denla carretera sintiéndome culpable por lo sucedido.

28 septiembre
Me encuentro en un hotel, voy caminando hasta mi cuarto y hay una ventana gigante que da a un campo llanero de futbol. Prefiero ver el partido de los niños que el futbol profesional que aparece en la tele. Juegan unos morros güeros como neozelandeses contra morros mexicanos. De pronto me percato que los mexicanos son el equipo donde jugaba mi hermano. Bajo a las tribunas ubicadas en el interior del hotel para ver mejor el partido. Me encuentro unos lentes de sol en un armario y me los quedo. Osvaldo dirige al equipo de mi hermano. Es un partido fácil. Los neozelandeses acaban goleados. Voy a la tribuna junto a la familia del Edson, con quienes llegué al hotel. Llega Bere con su hermana pa ver jugar al isleño, enfundado en una camiseta del Necaxa. Me preguntan si me quedaré al otro juego, pero no puedo, tengo que ir a trabajar. Le pregunto a Osvaldo si me puedo ir con él en su Hummer convertible. En la parte posterior del Hummer va mi hermano de morro junto a Pablo y el Barush. Son niños pero hablan como adultos. Mi hermano irá al Zócalo a seguir entrenando. No me convence el plan y dudo en ir hasta allá. Quizá me convenga esperar a la familia del Edson para regresarme con ellos. Del estacionamiento sale una camioneta larga y la detengo pensando que eran ellos. Eran los neozelandeses que viajaban todos juntos en una camioneta alargada como limosina. Me disculpo por la confusión y me regreso. Le doy los lentes a Osvaldo porque son suyos y le advierto que uno de los vidrios esta cortado a la mitad. Mi hermano le explica a Pablo que no es conveniente ir al Zócalo con la mochila llena. Es mejor dejar algunas cosas. Mi hermano regaña a Osvaldo por dejar todos los artículos de limpieza de la Hummer (que son muchos) a lo largo de la cajuela (que es como de Jeep, en lugar de Hummer). No me convence la ida al Zócalo pero de ahí puedo tomar el metro.

30 de septiembre
Vamos a ir a Valles en coche mis padres y yo, junto a un señor ya viejo y otro tipo que no alcanzo a identificar, pero que resultan ser muy pesados. En casa de mi tia Paty preparamos la expedición. Voy al baño, consulto un par de libros sobre telenovelas y los señores compran víveres en la tiendita. En casa de mi tía hay un piano eléctrico que suena como bajo eléctrico. Como no cabemos en el coche, vemos todos apretados en el coche de mi tía So. Vamos por periférico de Satélite al Toreo pero esta bloqueado. Toda la lateral se ha convertido en puestos de tacos y fritangas por la construcción del segundo piso. Hay que bajarse a caminar y tomar un pesero al final del mercado de comida.
Vuelvo a dormir. Aparezco en casa del Jimmy. El Ramiro intenta subir por una escalera de mano para cambiar un foco fundido en la farola que está en la calle. Le presto un cinturón tipo arnés para que no se rompa su madre. Regreso a lavarme las manos y me doy cuenta que están todos los sobrinos Reverte cotorreando por ahí. Juego con ellos un rato y me doy cuenta que la Tamarinda se comió las piezas de un juego de mesa que mi hermano y yo jugábamos en el cuarto de Paulina. Me recuesto sobre la cama para dormir un rato. Quito de entré las sábanas dos hormigas con mandíbulas de muy buen tamaño y quito también un pequeño alacrán. Cuando tomo las cobijas para atrapen, un escorpión gigante me pica con su cola y me atraviesa la mano derecha. Como sigue vivo, lo golpeo en la cabeza contra la pared hasta matarlo. Luego me voy a lavar las manos. Mi papá discute a la distancia con mi mamá sobre la herida. Mi madre llega a escena y quiere que vayamos a ver un médico o una segunda opinión del papá de Beto que se encuentra en el cuarto de al lado. Me niego porque ya sé lo que dirá. Salgo del baño. El alacrán me ha dejado un hoyo en la mano.

2 de octubre
Practico kungfu con los personajes de Naruto. Apenas recuerdo un par de cosas, como el hecho de estar lastimado de la rodilla. Luego aparezco en Nueva York con mi hermano. Es invierno y hace frío. Llego a una casa con varios migrantes. Me explican algunas cosas del lugar y sobre algunas cosas turísticas, pero a mi lo que me importa es trabajar y conseguir algo de dinero. Un tipo parecido al Amiguito me da algunos consejos y me comenta que tratara de conseguirme trabajo en algún Subway o alto parecido. En la casa viven también las primas de la Vecina. Les comento que si las 30 personas que viven en la casa se organizan vendiendo comida o algo así, será más fácil cumplir con los gastos. Como que les gusta la idea pero no hacen mucho caso. Decido ir a la estatua de la Libertad y consigo un viaje en avioneta junto a mi tío Javier, mi tío Nico, Alan y mi hermano. El viento es muy fuerte y desestabiliza la avioneta. Todo se vuelve angustioso. La nave pierde el control y desciende a gran velocidad. Siento el vértigo de la caída. Nos estrellamos. Apenas y logramos sobrevivir, sin un rasguño. Es un milagro. Aterrizamos en una casa de asistencia para gente con problemas mentales y de la tercera edad. Luego regresamos a la casa de Nueva York. He podido conseguir algo de dinero trabajando. El dinero yace sobre el piso, junto a la puerta, y un cabrón pasa y se lo roba de manera discreta. Me doy cuenta y salgo a la puerta del edificio. Le advierto al portero del edifico que el tipo es un ladrón. Cae en evidencia porque no puede explicar quién es exactamente quien aparece en una tarjeta con el nombre de Saske Uchiha, la cual hurtó junto con el dinero. El portero le habla al equipo e seguridad del edificio y le meten una madriza al ladrón, al cual amenazan con deportar. Se ha hecho justicia. Me siento mejor.
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Acerca de manuelhborbolla

Poeta, filósofo y periodista, egresado de la UNAM. Creo que es posible transformar el mundo a través de la poesía.

Publicado el 4 noviembre, 2015 en Cuentos, Otros desvaríos. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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