Estacional

 

Prefiero que me estalle el corazón con pastillas
antes de volver a quedar atrapado
en la frustrante obsesión de ser yo,
ese cúmulo de fracasos,
ese repelente de ojos risueños que miran impacientes
cómo se derrumba el alma
en la circunscripción de un territorio lleno de máscaras
y su temblor de estrellas convalecientes,
como una sombra de pájaros fermentada en su propia penumbra,
un aguacero de murmullos rutilantes
en la asfixia del aire impuro
y la resonancia de tu cuerpo indiscreto sabor macadamia,
veo hordas enteras de parásitos bobalicones carcomiendo el imaginario,
jaurías de transhumantes quemándose la boca con mate,
soy un luciérnaga malpensada buscando la iluminación
en el chirrido de la debilidad humana
y un último sorbo de whisky a la luz de las velas,
un globo que se eleva y se disuelve en la soledad de la estratósfera,
esta mañana desperté y ya no estabas,
esta mañana desperté y ya no volabas,
y no me quedó sino asentir con la cabeza
al compás del aire cargado de recuerdos y petardos
mientras el tallo de las plantas cantaba sus verdades sin pellejo,
abogando por la permeabilidad de la insensatez humana,
casi como regresar a casa tras perder los zapatos en el camino,
resoplando las buenas nuevas
y la magra conciencia, tan ebria del impulso vital que me hizo poeta,
solo para explorar el sinuoso y empedrado destino
que nunca termina de afianzarse,
hoy habrán de condenarme a la horca
por el contestatario color de mis sueños
y el rasgueo azulmarino en el que se va destiñiendo la mañana,
edificando continentes bajo la suavidad de la aurora…
(es tan fácil tener la razón cuando no se tiene hambre)
es el doloso ejercicio de derramarse en el escenario
como un gran charco de sangre
para luego recomponerse en la humareda musical
de los corazones abiertos,
no hay diferencia alguna entre el sabor de la aceituna
y la desolada tentación de alunizar en el vértigo de tu cuerpo
perfumado con el agridulce aroma del miedo,
soy un tren entrenado para descarrilarse en las vías del deseo,
este lenguaje sin dientes donde acampa siempre la floresta,
hoy voy a vivir en el enervante descanso
de dejar que las cosas sucedan,
cual jinete de la tempestad
con su lluvia de nardos y mi aliento de rayo insecticida,
ese tumulto de silencios y noches sin dormir,
hoy sentiré tu cuerpo como una ofensa
a mis ganas de imaginarte y poseerte como un fantasma
que te acaricia el pelo mientras duermes,
a veces me voy fosforeciendo en literatura y otros vicios,
y me voy deshaciendo de mí
para convertirme en otro indefinido
que se va sumergiendo en la ficción de estar vivo,
esa sucesión de realidades puestas en papel,
ese revoltijo de ansiedad y menudencias,
esas ganas de decir las suciedades (y también las saudades) del alma
que se avecina de golpe cuando se me pueblan los labios
del impulso de besarte y arrancarte el vestido
en el zumbido crocante de mis cavilaciones eróticas
y otras muchas protuberancias sentimentales,
tu orografía es el voluptuoso reflejo
de mis perversiones,
una lámpara incandescente
que me abraza en ratos de invernal desasosiego,
una tribu de tulipanes amarillos
lanzando sus plegarias al sol,
un racimo de querencias
y manos dispuestas al imperdonable crimen
de beberse la noche en tus senos para no morir de sed.
::.

Acerca de manuelhborbolla

Poeta, filósofo y periodista, egresado de la UNAM. Creo que es posible transformar el mundo a través de la poesía.

Publicado el 25 marzo, 2016 en Poemas. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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