Resonancias de la tierra

 

Envuelta de sonido,
desenvuelta de luz y sombra,
la somnolesencia se ahoga
en arena movediza,
y la araña tiende su largo hilo
de resonancias
y la piel de las aves sigue
adherida a la voz de los árboles
con su acento de hojas verdes,
y su lengua inefable
de agua
de río
y de piedra
tallada en la asimetría del tiempo
es también el viento
embarrado de polen y sobresalto cardiaco,
una cueva de suspiros y añoranzas
cuyos lamentos conectan
con el centro de la tierra
y se reparten por el mundo,
como un eco subterráneo
que escupe lava e impregna la respiración
de todo aquello que sueña,
todo aquello que sangra,
todo aquello que gime y que canta,
como una inmensa mancha de aceite
que desliza el manto de la noche sobre la tela
sólo para hacer habitable este miedo a la soledad,
solo para darnos cuenta
de que la vida es puro cuento,
es un avión de papel arañando las nubes,
un diluvio sin techo,
una querencia salvaje alojada en la médula,
una esperanza rota,
la acumulación de todos los instantes
que se repiten al interior de un poema,
los tonos lunares recorrieron
el dorado camino de tus piernas,
nada navega fuera de tus ojos
nada acontece fuera del agua de tus ojos
que no son sino derivaciones
de una pulsión inquieta
que busca
y se esconde
y se encuentra
y se pierde
y desoye
y relampaguea
y desaparece
como un sonido recurrente que va tejiendo
todos los silencios del mundo,
un cúmulo de raíces y huracanes,
un racimo de labios entreabiertos
como chimeneas exhalando
la combustión de un amor descarnado,
un amor renuente
que huye despavorido
de esa fiebre rabiosa que lo arrasa todo,
una marea bebiendo vino tierradentro
o una dádiva de cuerpos a la deriva,
pintaré tus senos
con el húmedo pincel de mi lengua
que tiembla y se retuerce
en la tensión de la carne,
como una mano que no te alcanza,
una verga que no penetra
hasta el fondo de tu alma,
una balsa silenciosa que naufraga
en el caudaloso río de mis adentros…
la selva se detiene, el camino se abre,
y la luz arborescente rafaguea
imágenes que siguen vibrando
en el silabario de mis huesos
y el horizonte devela la tarde
que se acuesta en la huella cienagosa
de algunos versos profanos
como una danza de ataúdes:
no dejes que el murmullo
de las aves quede atrapada
en el humo de los coches,
no dejes nunca de relatar el mundo
que es también relato,
no dejes que la memoria zarpe
desde el poniente hacia ninguna parte,
como una ligera brisa que se propaga
en el ardor de las flores,
una afección que ya no aflige el corazón,
un aullido sofocante,
una herejía que no vacila,
un hormigueo de canciones
que dicta el tono de esta
conspiración de profetas errantes y locos
que habrán de reescribir
la historia del hombre y la mujer
en un solo verso,
pues la palabra no lo es todo,
pero sí, el comienzo de todo.
::.

Acerca de manuelhborbolla

Poeta, filósofo y periodista, egresado de la UNAM. Creo que es posible transformar el mundo a través de la poesía.

Publicado el 26 abril, 2016 en Poemas. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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