Archivos Mensuales: septiembre 2016

Souvenir

El tiempo arremangado
sólo existe
cuando no lo ves.

Como el humo del cigarro
disuelto entre las horas azules
del amanecer.

Para todo lo demás
hay siempre un souvenir.

Para recordar viejas
alegrías aún por venir.

A veces despierto de noche
solo para darme cuenta
que nunca abrí los ojos.

Habrá que recostarse
sobre la arena para entender
que nada permanece quieto.

Para todo lo demás
hay siempre un souvenir.

Para remojar viejas
heridas aún por venir.

La distancia se hace corta
cuando nada cortan ya
tus labios asesinos.

Febrero fue tan fugaz
como aquel oleaje intempestivo
que ronda los sueños amarillos.

Para todo lo demás
hay siempre un souvenir.

Para celebrar las viejas
derrotas aún por venir.
::.

Por fin, el viento

 

Desde la angostura de la noche,
el aire se hizo caliente
como un cable en resistencia,
sumergido en la emergencia
de la sobremoción que se repite
y se repite
en las horas sin sueño
mientras la irremediable nostalgia
iba llegando junto con el primer sorbo de vino,
ese impúdico veneno
que nos va desangrando
de boca en boca,
de cama en cama,
en el óleo desgastado
que escurre del lienzo
como la lluvia
y los pechos furibundos
de la turnante mujer amada,
y los besos desbocados
que no nos dimos,
y el roce inoportuno de nuestras caderas
que acabó convertido
en amortajado silencio,
esa irremediable indiferencia
que suele acentuar
el eco moribundo de tu voz
cuando cantabas una elegía
bajo las sábanas,
empapada de amor,
mientras nos hacíamos compañía
entre los muchos
laberintos sin puertas
que germinaron de pronto
en la ingobernable ansiedad
de estar vivo y estar muerto,
muerto de tanta muerte innecesaria,
esa muerte lenta
que se va filtrando por los poros,
por las venas abiertas
donde cabalgan todas las preguntas
sin respuesta
que siguen resonando en la amplitud
de la fiera noche,
colmada de suspiros
y recuerdos inútiles,
como postales desfilando
en los carcomidos pasillos de la memoria,
un álbum sin fotografías
y viejos nudos
que se van acumulando tan adentro
como un cerro de periódicos viejos y amarillos,
o el irracional golpeteo
de la sangre que irriga
los sueños de versos morados,
sangre siempre viva
que reposa en el abrevadero
incandescente
donde tiembla de sed un alma
color olivo, sabor olvido,
un alma transparente
como la alada melodía de la guitarra
que va preñando el aire combustible
con los sueños desnudos,
derribando los muros
hechos de escarpado silencio
tan adherido a las entrañas,
esa fibrosa trampa de ataúdes
que trepa por los paredones
de mi absurda inexistencia,
y se va coagulando el tiempo destendido
sobre las ramas de los árboles,
como una herida abierta
perfumada de soles y extravío,
con un cierto aroma a ti
que no me suelta.
::.

Dejémonos

Dejemos de hacernos
los importantes,
como si las cosas realmente
importaran un carajo.

Dejemos de sonreír
tímidamente,
como si cada palabra
tuviera valor, o dijera algo.

Dejemos de creer en todo
o creer en nada,
pues las creencias no son más
que vestigios del alma.

Dejemos de hablar
como si supiéramos algo,
como si nunca hubiéramos andado
por ahí, dando tumbos.

Dejemos de hacernos daño
con la patología de la verdad,
pues nada existe fuera
de este roído pedazo de silencios.

Dejemos de reír
como si en verdad tuviéramos fe
en algo que va más allá
de nuestras narices.

Quizá para entonces,
podamos sentarnos a contemplar
el mundo que se avecina
y anida en el corazón.

Quizá para entonces,
dejemos hablar al viento.
::.

La búsqueda de tus labios dulces…

La búsqueda

Tantos años
de buscar y buscar
y sólo encontré
un corazón lleno
de silencio.
::.


 

Arrastrar la pluma

La pluma encendida
en negra tinta
iba lamiendo
su frenético acento
sobre el papel,
arrastrando las muchas
menudencias del alma
que se agazapa
bajo el pórtico errático
de la noche perniciosa.
::.


 

De tus labios dulces…

De tus labios
dulces
yo solo aprendí
la embriagante
necesidad
de estar muerto.
::.

 

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