Archivos Mensuales: octubre 2016

La delgada frontera entre la vida y la muerte

La delgada línea entre la vida y la muerte parece desdibujarse poco a poco conformé cambiamos la escala de nuestra percepción. Todo está vivo y todo está muerto al mismo tiempo. Todo depende del punto desde el cual se observa ese maravilloso espectáculo de la existencia.

Más poesía para cambiar al mundo

Soy un convencido de que la poesía tiene el poder de transformar al mundo. Y esto se debe a una sencilla razón: la poesía constituye el fundamento mismo de la realidad. O dicho de otro modo, la poesía son los tabiques con los que se edifica la realidad.

Quizá por ello algunos poetas como el nicaragüense Ernesto Cardenal suelen afirmar que pueden existir pueblos sin prosa, pero no existen pueblos sin poesía. Esto debido a que la poesía impregna todas las palabras y representa también el génesis de toda lengua, pues como bien explicaba Jorge Luis Borges, “un idioma es una tradición, un modo de sentir la realidad, no un arbitrario repertorio de símbolos”.

Cada idioma plantea una particular forma de entender y percibir la realidad, y es también por ello que existen palabras que son intraducibles de una lengua a otra y que de algún modo misterioso condicionan nuestro pensamiento, tal como sostenía el filósofo Ludwig Wittgenstein al afirmar que “los límites del mundo son los límites del lenguaje”, ante nuestra imposibilidad de pensar algo más allá de las fronteras del lenguaje.

En una época donde las viejas certezas parecen haber caducado, requerimos hoy más que nunca de poetas con la capacidad de reimaginar el mundo para resolver todos los grandes problemas que aquejan hoy a la humanidad.

Un planteamiento que nos ayuda a entender cómo es que toda noción de realidad varía de una lengua a otra, de una cultura a otra, de una época a otra, como bien señala Michel Foucault en su libro Las palabras y las cosas, a la hora de explicar de qué forma es que todo intento de ordenar el entorno y clasificar todo cuanto existe dentro de una determinada noción realidad, se construye a partir de múltiples discursos que se van tejiendo como un todo al interior de cualquier grupo social.

De ahí que la realidad, más que algo dado en la naturaleza, es consecuencia de la inventiva humana, tal como sostienen los sociólogos Peter Berger y Thomas Luckmann en su célebre tratado sobre La construcción social de la realidad.

Y si la realidad no es sino mero artificio, es aquí donde la poesía despliega todo su poder a la hora de transformar al mundo, debido a que la poesía, al igual que el arte, devela zonas de la realidad que permanecen ocultas en nuestra vida cotidiana. El poder alquímico del fenómeno poético yace en su capacidad de reconfigurar el significado de las cosas a través de la metáfora, esa otra forma de decir y enunciar la existencia, cuyas posibilidades son infinitas. Y esto se debe a que, citando de nueva cuenta a Borges, “la metáfora consiste en expresar los vínculos secretos entre las cosas”.

Es decir, que la metáfora plantea siempre un descubrimiento, una nueva forma de mirar y relacionarse las cosas que pueblan el mundo, al mismo tiempo que nos permite explorar y delinear nuevos límites entre la realidad y la ficción, haciendo que lo imposible sea posible en el artilugio de la palabra.

Toda lengua es una larga tradición cultural que surge de un imaginario compartido socialmente. Un sueño que a través del lenguaje y la cultura, cobra forma y sustancia a través del mito, creando diferentes modos de percibir y vivir la realidad. Y el hecho de que un misma cosa pueda llamarse lo mismo árbol, que tree (inglés), o baum (alemán), shú (chino), shajara (árabe), mti (suajili), cuahuitl (náhuatl), tsuri (japonés), rakau (maorí), fa (húngaro), ped (hindi), ocurre gracias al arbitrario capricho de la imaginación humana. Algo que permite entender la manera en que cada cultura construye su propia cosmovisión, su propia concepción de la existencia humana, su propia manera de entender la vida que se refleja en el maravilloso artificio del lenguaje.

De ahí que para Octavio Paz, “el arte poético es la ciencia de la iluminación”, al revelar el sentido oculto de la existencia humana.

“Proclamar que el mundo es mágico quiere decir que los objetos y los seres están animados y que una misma energía mueve al hombre y las cosas. Toca al poeta nombrar esa energía, aislada y concentrada en el poema. Cada poema es un orbe diminuto de simpatías y repulsiones, un campo de relaciones mágicas y, así, un doble del mundo real”, advierte Paz en su ensayo El camino a la pasión, sobre la obra del poeta Ramón López Velarde.

De este modo, la poesía expresa siempre una emotividad secreta que se manifiesta siempre en términos de lenguaje, pues como bien sugería Fernando Pessoa, la poesía puede interpretarse como una forma de “sentir con la imaginación“.

Pero la poesía no se reduce sólo al ámbito de la palabra escrita, como bien advertían los antiguos griegos, quienes concebían a la poesía como sinónimo de creación, tal como se evidencia en la raíz etimológica del término, que proviene del griego poesis, que literalmente significa “cualidad de la acción de hacer”. Es decir, que la poesía como poder creador no se reduce sólo a escribir versos, sino que se manifiesta en cualquier acto humano capaz de reconfigurar los significados del mundo: desde combinar ingredientes imposibles en un delicioso platillo, inventar un nuevo paso de baile o concebir una forma única de patear un tiro penal en un partido de fútbol. La poesía está en todos lados.

Y si el sentido de lo social se articula gracias al significado de las acciones humanas, como bien explica la teoría de la acción social fundada por Max Weber, esto quiere decir que la poesía entendida como creación de realidad constituye el medio más eficaz para transformar el mundo. Y en una época donde las viejas certezas parecen haber caducado, requerimos hoy más que nunca de poetas con la capacidad de reimaginar el mundo para resolver todos los grandes problemas que aquejan hoy a la humanidad: el cambio climático, la desigualdad, los abusos del capitalismo, el drama de la migración o el desencanto en la democracia.

Solo la poesía podrá salvar al mundo.

::.

Publicado en: http://www.huffingtonpost.com.mx/manuel-hernndez-borbolla/mas-poesia-para-cambiar-al-mundo/

No todo

No todo fue zozobra
en esta alegre sinfonía
de párpados húmedos
y varias botellas de vino.

No todo fue lamentos
en esta augusta rebeldía
de corazones desbocados
y ataviados para la guerra.

No todo fue claudicar
en este teatro de locos
y el absurdo de ser nadie
en el reflejo de la vanidad.

No todo fue nostalgia
en esta fiebre de amapola
y tambores resonando
al compás de la noche.

No todo fue matarse
en este hervidero de sangre
o en el fiero rastrillo
de las pasiones humanas.

No todo fue dolerse
entre los tibios ataúdes
donde aúlla todavía
aquel silencio galopante.
::.

Mudanza

 

Empaca tus cosas.

Vayámonos de aquí
a la luna para no volver
y dejar todo atrás.

Mudemos la piel
y mudémonos el alma
a los ojos soñolientos
de la persona amada.

Mudémonos de vecindario
pero no de los recuerdos,
porque el olvido no sólo alivia,
puede también echar a perder
un deslenguado corazón
que no se ríe de su amargura,
pues vivir es recordar,
es respirar en la gangrena
del aire homicida,
es ahogarse en aquellos versos
que dejaron abierta una herida,
es diambular por los solitarios pasillos
de una casa vieja,
es arrancarse el pasado
como quien ha extraviado su rostro
frente al espejo,
es aullar y cavar una tumba
en los más lúgubres escondrijos
del alma,
es el extraño vicio
de caminar entre vidrios
o la insaciable sed
de una caricia.

Huyamos para siempre,
amor,
porque pareciera que en tus ojos
nunca escampa la tristeza.

Mudémonos amor,
a las entrañas de la noche
y su florido panteón
donde germina la añoranza.
::.

Me gusta

 

Me gusta cantar
para acordarme de ti,
y acordarme del mar
haciéndose espuma de sal
encallada sobre la arena,
y me gusta acordarme de ti
en los primeros acordes
de la guitarra,
y me gusta invocarte
como se invoca un fantasma
en noches sin luna,
y me gusta escribirte
por el puro vicio de recordar
tu cuerpo y el mío
en la marejada
de ese algo parecido al amor,
tan proclive a los versos tristes
y esa obsesión de añoranza,
siempre dispuesto al crimen
y el desasosiego,
como una urgencia de la sangre
a ritmo de metralla,
y me gusta también
extraviar los lunes
hablando contigo durante horas,
sumergido en la profundidad
de tus ojos negros
que me cuentan tantas cosas
con solo mirarte,
y me gusta enredarme entre las lianas
de la jungla
y usar sombrero cuando camino
por la calle
merodeando la tarde arborescente
que ha hecho nido en mi pecho,
una tarde apacible y soleada
que va silbando solitaria como pájaro,
amplificando las resonancias del alma
entre la desnudez de un cielo encendido
y abejas borrachas bailando zumba,
me gustas
cuando estás aquí estando lejos
y te pienso a deshoras,
arrancándote el vestido
en la tímida luz de terciopelo
que se filtra por la ventana,
y te quedas así,
tan bella, siendo tú,
y me quedo como ido,
palpitando de alegría,
hinchado de placer,
alargando los segundos
una eternidad.
::.

La noche se iba

 

La noche se iba abriendo
en la prohibición de tu cuerpo,
como un reguero de pólvora
buscando un poco de calor.

La noche iba muriendo
en un recuerdo de lavanda,
como un gatopardo maullando
en la premura del otoño.

La noche se iba ahogando
en el mar de tus ojos salinos
y los campos de canola
teñidos con sangre fresca.

La noche se fue temblando
en fría luminiscencia
y los gritos mudos del alba:
una querencia innecesaria.

::.

Dormir

 

Dormir, dormir,
simplemente dormir,
dejar el tiempo pasar
dejar el tiempo escurrir.

Dormir, dormir,
cerrar los ojos y huir
siempre a ninguna parte,
colmado de ausencia y horrores.

Dormir, dormir,
y lentamente morir,
desde el alba risueña
a la tierra indomable.

Dormir, dormir,
cerrar el alma y fingir,
pues la vida es reír
y llenarse de absurdos dolores.
::.

Respiro

Respiro a través de la ausencia,

haciendo hoyos en la humedad de la tierra,

dibujando puertas y ventanas

en las paredes de tu piel

y mi voz se disipa

en la espesa blancura del bosque…

Ese adorable vicio

 

¿Será acaso el mundo
alguna otra cosa
que ese adorable vicio
de lo absurdo?
::.

Las máscaras de Saner

Un muralista e ilustrador con un estilo propio desbordante de colorido y reminiscencias a un pasado indígena que se niega a desaparecer a pesar de todo. La máscara, ese otro rostro que nos define como parte de una añeja tradición cultural, se ha convertido en el signo distintivo de Saner, cuyo trabajo goza ya de admiración por parte de la crítica y la gente de a pie. Un artista único creador de una estética propia, referente del nuevo muralismo mexicano.

El ciclo

La historia es cíclica:
unos tienen todo
y otros tienen nada,
unos pierden todo
y otros hacen nada,
la verdad se hace agua
y la mentira, polvo,
porque la historia
termina siempre
dando vueltas
………..como trompo
y unos tienen todo
a cambio de nada
y otros tienen nada
a cambio de todo.
::.

 

La vida que elegí

 

Un cuaderno lleno de versos,
dibujos que observan en silencio,
audífonos y grabadora,
un libro de Onetti sobre una caja
improvisada de buró,
unas gafas oscuras, la computadora,
un par de camisas,
la mochila entreabierta
varias docenas de teléfonos,
algunas canciones olvidables,
una ventana ruidosa,
junto al trío de guitarras,
una cordillera de libros
derramados por doquier,
la ropa siempre sucia aún por lavar,
varias aventuras guardadas
en el cajón
y algunos amores pasajeros
sobre la cama distendida…
es la vida que elegí.
::.

El diccionario cerebral

Una investigación de la Universidad de California en Berkeley, titulada Natural speech reveals the semantimaps that tile human cerebral cortexmuestra cómo el cerebro humano procesa palabras en diferentes zonas del cerebro, agrupándolas en campos semánticos. De este modo, cuando escuchamos una palabra la computamos en relación con otros grupos de palabras. Y esto permite entender en buena medida, cómo es que el significado de las palabras nunca se produce de manera aislada, sino en relación con el universo de palabras propio de cada lengua.

Nocturno viento del que sueña a deshoras

 

Entre nubes pasajeras,
hoy nadaré
en ese algo secreto
que nadie dice
pero todos saben
porque todos sienten.

Yo también he padecido
la enfermedad del que sueña,
tan parecida a la disnea,
tan parecida al amor
cuando no se logra.

Yo también padecí
los estragos de la carne,
el aullido de los lobos
y la mortandad de las flores
a media primavera.

Y hoy yo me pregunto
hasta dónde llegaré
montado en una canción
que habla de ti
sin que lo sepas.

Las palabras respiran
cada vez que se incendian
en la premura del aire,
y yo no sé hacer otra cosa
sino evocarte con el corazón
boquiabierto y elocuente,
resonando en la soledad
a la deriva de un desierto
sin ventanas.

A un minuto del sol
se desnuda el hielo
sobre la hierba,
en la tibia calma
del amanecer,
y sólo quedan restos
de ese proyecto inacabado
que es el hombre.

Cierra la puerta,
y dime a qué saben
tus párpados húmedos,
dime lo que te cuentan
los duendes que habitan
debajo de la almohada.

Tú podrías ser real
si quisieras…
tan real como el más vívido
sueño,
si tan solo no te empeñaras
en ser ese errático anhelo
que vuela de reversa,
desde la sed de mis pasos en la arena
a la siempre fugitiva memoria
que va del inalcanzable horizonte
a la intimidad de tu cama,
es el deseo delincuente
que te persigue sin descanso,
ese deseo voraz
tan adherido a tanta
Inútil nostalgia.

¿Entiendes lo que digo?
Será que ni yo mismo
entiendo lo que digo
cuando se desangra mi lengua
en aquel entrampado corazón.

Así es como acaba todo
en la rotonda
de los amores amarillos,
en las noches sin luna
palpitando
en un rumor de agua clara.
::.

Pasar de largo

Curiosa es la vida.
A veces uno pasa de largo
como si fuese una sombra.

Un último suspiro
derramado en la inabarcable
negrura de la noche.

Un último trago de alcohol
que busca arrancarse
esa extraña sordera del corazón.
::.

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