Archivos Mensuales: noviembre 2016

La condición humana

 

A partir de cuántos,
a partir de quiénes,
a partir de cuándo
es que hemos
decidido partir
como quien parte
desde el caluroso mar
hasta el aliento azul
de la mañana.

A partir de dónde
habremos de parar,
y detenernos
en medio del camino
para mirarnos
las manos y los ojos
y los sentimientos
que se enredan
en el embarcadero
de las pasiones humanas.

Cómo hacer
para dormir tranquilo
en medio de la tempestad
y esta calma chicha
que trajo consigo
el despedazadero humano
del libre mercado,
la ambición abyecta
de poseerlo todo,
controlarlo todo,
comprarlo todo,
para no sentirse solo.
::.

Esas poco razonables razones

 

Si lo más importante para ti
era ver quién de los dos tenía razón,
pobre de ti,
porque en el absurdo del mundo
las razones sobran,
son plato de segunda mesa
cuando lo que importa,
lo único que importa,
lo que realmente importa
son los afectos,
quererse sin razón alguna
y enloquecer porque sí,
amarse con la desmesura
de quien ha perdido la cordura
en las poco razonables razones
del galopante corazón
que gusta de perderse por las noches,
sólo porque sí.
::.

Majahual

 

La necia memoria
es un galpón donde se acumulan
los sueños proscritos,
excavaciones que develan
los signos perdidos del alma
o la insensatez de los cuerpos solitarios,
y así vamos construyendo utopías
entre la grava y amarillentas fotografías
que dan cuenta de aquel paraíso perdido
que alguna vez fue la Tierra,
ese idílico jardín donde brotaban
frutos imposibles
desde el fondo del océano.

Yo pensaba que la noche guardaría nuestro secreto,
pero las primeras luces del amanecer
nos despertaron de esa tibia
somnolescencia del amor,
y nos dejó con las heridas
fermentándose como pulque,
con esa fiebre taciturna de quien ha perdido todo,
a la mujer prodigiosa,
discutiendo tonterías que no importaban,
mascullando aullidos en la serranía
de sus ojos transparentes
y un sol lejano que quema la piel
pero no calienta,
un pantano donde habrán de caer
todos los residuos de la desgracia humana,
un atardecer dorado y desprolijo
donde acampaba la esperanza
entre los granos pintos de maíz
y las flores tornasol del majahual,
mientras los campesinos
acariciaban los árboles de la alameda
y el aire frío permeaba aquel
interminable campo de algodón
que era el cielo matutino,
tan repentino como un recuerdo
hecho piedra
que va y viene desde quién sabe dónde
para golpearnos la cabeza
y el trasnochado corazón
que apenas dice lo nunca dijo,
y si hay que desnudar a la nostalgia
que sea en las cuerdas del violín
y la amargura de tus labios rojos.
::.

Ok Go, cuatro de los artistas visuales más impactantes del mundo

Seamos sinceros: la música de Ok Go no es la más impactante aunque pueda ser agradable al oído. Pero si de ser originales se trata, esta banda oriunda de Chicago sin duda puede ser considerada como uno de los colectivos de artistas visuales más impactantes del planeta. Sus experimentos con el color, el tiempo y el espacio son ya legendarios. Su última obra maestra está poca madre. Y pensar que todo empezó con cuatro pares de caminadoras.

La sensualidad femenina en el pincel de Marshennikov y Hanks

Hay pocas cosas tan bellas en la naturaleza como el cuerpo de una mujer. Y esto es precisamente los que refleja el pincel del artista Serge Marshennikov, cuyos retratos hiperrealistas están dotados de una sutil sensualidad que acentúa el goce de la anatomía femenina.

Otro artista cuyo pincel celebra a la mujer es Steve Hanks, quien a través de la acuarela es capaz de representar esa sensación de comfort en sus pinturas. “Las emociones son lo que pinto. El realismo es cómo lo hago”, según declara:

Trump y la democracia: ese ‘lamentable abuso de la estadística’

Tan improbable como impredecible, el triunfo del magnate neoyorquino sorprendió al mundo entero y representó un duro golpe al sistema político estadounidense.

Republican presidential candidate Trump gestures and declares

Había muchas razones para creer que Donald Trump no llegaría a la presidencia de los Estados Unidos. Pero el empresario neoyorquino no es un tipo de razones. Y la razón no fue impedimento para que tomara por asalto la Casa Blanca ante la sorpresa e incredulidad del mundo entero.

Las posibilidades de que un personaje como Trump llegara a la presidencia parecían un disparate hasta hace no mucho tiempo. Siempre le gustó mandar a sus anchas, con esa característica arrogancia que le salía tan bien en El aprendiz, el programa televisivo que ayudó a construir su imagen de empresario exitoso y que lo catapultó como líder de las masas educadas a través de la pantalla del televisor. “¡Estás despedido!” (You’re fired!), era la frase que repetía con gozo cada semana en dicha emisión. Una frase que se convertiría en su sello distintivo a la hora de entender y ejercer la política.

“Hacer grande a América otra vez” fue su lema de campaña: la siempre redituable apuesta por la nostalgia frente a un futuro adverso y lleno de incertidumbre. Un futuro incierto que abría las puertas a un tipo colmado de certezas, cuya imprudencia no da cabida para el más mínimo atisbo de duda razonable. Cansados de la retórica oficialista y políticamente correcta de Washington, sus seguidores vieron en él a un hombre de acción, un tipo exitoso en el voraz mundo de los negocios, un caudillo capaz de conducir a su pueblo a la grandeza original que paradójicamente les ha sido arrebatada por la tiranía de la globalización y el libre mercado, la misma que contribuyó a construir la fortuna de Trump.

Por más que la demócrata Hillary Clinton se esforzó en evidenciar las muchas contradicciones de Trump, esa nimiedad no lo perjudicó en lo más mínimo: la coherencia nunca formó parte de su oferta política. Le bastaba con lanzar improperios, descalificaciones e insultos para construir a los culpables de la tragedia estadounidense: los migrantes, las políticas de libre comercio, el establishment. De ahí que su irrupción en la escena pública resultara tan incómoda tanto para los republicanos como para los demócratas.

La democracia, como cualquier otra manifestación de la política, es más visceral de lo que estamos dispuestos a creer.

La incongruencia también fue parte esencial de su personaje: un magnate que defendía a la mayoría blanca y pobre olvidada por un gobierno más identificado con las minorías. Un empresario que de manera extraña era percibido como un peligro para Wall Street y que renegaba del Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Un tipo burdo, acusado de misógino por denostar a las concursantes de Miss Universo y ser capaz de “agarrarle la vagina” a cualquier mujer que se deje sabrosear. Un gringo loco que pretende construir un muro fronterizo aún más grande para contener a los mexicanos “violadores y criminales” que migran hacia Estados Unidos, y que al mismo tiempo era recibido como jefe de estado en México aun antes de ser presidente, a expensas de la dignidad de los mexicanos.

Un showman denostado por los grandes medios de comunicación y las celebridades de Hollywood. Un tipo rudo al que, aseguran sus simpatizantes, no le tiembla la mano para declararle la guerra a otro país, mandar encarcelar a sus enemigos o expresar su simpatía por el presidente ruso Vladimir Putin. Un fascista que llega al poder con mayoría republicana en el Congreso gracias a las muchas contradicciones de la democracia.

Quizá por ello no deba sorprendernos que un tipo que se revolcaba arriba del cuadrilátero contra luchadores de la WWE tenga hoy el poder de desatar una guerra nuclear o decretar la inexistencia del cambio climático por puro capricho. Por eso Trump es capaz de despertar fervorosa admiración entre sus seguidores y terror en el resto del mundo. Poseedor de un carácter temperamental y volátil, su lengua enardecida y vehemencia retórica le ha valido también comparaciones con Adolf Hitler, el más célebre villano de la historia moderna.

El formidable escritor argentino Jorge Luis Borges alguna vez declaró que la democracia no era sino un “lamentable abuso de la estadística”. La idiotez masiva es peligrosa. Lo sabemos en México, lo saben en Alemania, países donde la demagogia de sus gobernantes ha hecho estragos.

A los estadounidenses no les bastó con haber elegido a un tipo como George Bush, autor de la conflictiva política en Medio Oriente que ha desatado una epidemia masiva de refugiados y actos terroristas en todo el mundo, responsable también de la crisis financiera de 2008 y buena parte del “desastre de país” criticado por Trump.

El cineasta y escritor Michael Moore tenía razón, al advertir que el desencanto y la frustración de los obreros en estados industriales que resultarían clave para la elección presidencial, tales como Michigan, Wisconsin, Ohio y Pennsylvania abrirían la puerta para el triunfo de Trump.

La victoria de Trump se sobrepuso también a los pronósticos adversos enunciados por los gurús de la estadística —los mismos que han fallado sus predicciones una y otra vez en México, el Brexit o el plebiscito para los acuerdos de paz en Colombia—, al llenar ese vacío de esperanza que no pudo llenar la vasta experiencia política de Hillary Clinton.

Todavía el mismo día de la elección, los números daban como favorita a Hillary. “No hay que ser alarmistas”, decían los analistas. Pero las personas no son estadísticas. Y su forma de ejercer pasiones secretas en las urnas no tardó mucho tiempo en darle a Trump una cómoda ventaja que nunca soltó y terminaría en nocaut. La democracia, como cualquier otra manifestación de la política, es más visceral de lo que estamos dispuestos a creer.

La llegada del empresario neoyorquino a la presidencia de Estados Unidos no es el fin del mundo, pero serán años difíciles ante la volatilidad del personaje frente a un escenario internacional sumamente complejo. Un mundo que requiere prudencia y un poco más de sabiduría para mantener esa frágil e hipócrita paz global que tanto trabajo ha costado construir.

Trump tenía todo para perder, pero ganó. Así de irracional puede ser la democracia. Furibundamente impredecible, como el mismo Donald Trump.

::.

Una película de acción interpretada por una iguana escapando de un ejército de víboras hambrientas

Una maravilla. Esta escena de documental de la BBC bien podría ser una escena de acción de una película producida en Hollywood. Está tan bien realizada cinematográficamente que hasta genera sospechas (con todo y que ahí está el detrás de cámaras). Pero sea como sea, es una historia épica en la continua lucha por la supervivencia. ¡Tremendo!

Enterrado aquí abajito

 

Un amor que todavía palpita
y todavía tiembla
remueve la tierra con una pala
bajo el sol abrasador,
un amor que reverbera
en una pileta de agua fresca
con la que los muertos
habrán de mitigar la sed
y la soledad
bajo la sombra de un fresno
y la campiña abierta,
como un viento de colores
girando en reversa
las manecillas del reloj,
en la ida y vuelta del sepulcro
donde los afectos
fueron enterrados para
germinar como soles diminutos
entre la memoria
y la nostalgia de saberte cerca,
pues parece increíble
que estando aquí abajito
te hayas ido tan lejos.
::.

Vivir de prestado

 

Nada nos pertenece
pues todo lo que tenemos
es prestado.

Tarde o temprano
devolveremos a la tierra
todo lo que nos ha dado.

Tarde o temprano
regresaremos a la tierra,
porque la vida es momentánea
y hay también que devolverla.

Y así habremos de irnos,
desnudos y felices,
despojados de todo
lo que alguna vez fuimos.

Y así habremos de irnos
entre la risa y el llanto,
devolviendo abrazos
por la vida que nos fue prestada
y habrá que devolverla.

::.

La muerte ensimismada

 

Tantas vidas posibles
bajo el antifaz
de una misma muerte.

Tanto por decir,
tanto por hacer,
tanto por vivir.

Y al final,
la quietud y la nada,
la memoria fermentada
bajo la cama.

Y al final
todos desnudos,
vestidos con los mismos
trapos negros de la muerte.

Y al final
todos dormidos,
en el sueño tarantino
de una misma muerte.
::.

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