El gasolinazo y la pesadilla del neoliberalismo a la mexicana

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La liberalización de los precios de la gasolina evidencia los estragos de un modelo económico al que México apostó su futuro y hoy está en declive ante el triunfo Trump y el Brexit.

El gasolinazo provocado por la liberalización de los precios de los combustibles es el último capítulo de la pesadilla neoliberal mexicana que lleva 30 años desarrollándose en nuestras narices. Una pesadilla que cobra nuevas dimensiones ante la derrota en la escena internacional del proyecto neoliberal al que México apostó todas sus canicas, empeñando el futuro de una generación entera que ahora se ve forzada a pagar los platos rotos.

Fue a mediados de los años 80 cuando los gobiernos de Estados Unidos y Gran Bretaña, entonces comandados por Ronald Reagan y Margaret Thatcher, impulsaron una serie de medidas económicas para los países en desarrollo a través de organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, sentando así las bases del proyecto neoliberal.

La receta del éxito, según los neoliberales, se basaba en tres puntos clave: privatización de las empresas públicas, el fomento del libre comercio y la desregulación de los mercados. Esto, con el fin de que el Estado interviniera lo menos posible en los asuntos económicos. Recomendaciones que en buena medida, explican el actual incremento a los precios de la gasolina.

No pasó mucho tiempo para que México adoptara a rajatabla dicho modelo económico. Tras la privatización de los bancos y otras empresas durante el gobierno de Carlos Salinas de Gortari, el gobierno firmó el Tratado de Libre Comercio de América del Norte con la promesa de generar crecimiento económico atrayendo inversión extranjera, impulsando las exportaciones y generando empleos bien pagados. Cosa que nunca ocurrió, toda vez que México desmanteló la industria nacional para convertirse en un país maquilero e importador, arrojando un saldo negativo de la balanza comercial ante el poco valor agregado que genera el modelo maquilador.

Las cifras son contundentes, ya que los mexicanos perdieron el 80% de su poder adquisitivo de 1987 a 2016, duplicando los niveles de pobreza, al pasar del 31% en 1994 al 62% en 2015 según datos del Banco Mundial. Al mismo tiempo, la implementación del modelo neoliberal en México trajo consigo el surgimiento de un selecto grupo de multimillonarios beneficiados por las privatizaciones, tales como Carlos Slim (Telmex), German Larrea (Grupo México), Alberto Bailleres (Grupo Peñoles) y Ricardo Salinas Pliego (Televisión Azteca), cuatro de los 30 empresarios más ricos del país cuya fortuna supera los mil millones de dólares.

Desde entonces, el gobierno mexicano no ha dejado de señalar a diversos “factores externos” como los culpables del estancamiento económico, mientras los cómplices del oficialismo tratan de ocultar la manera en que la implementación del proyecto neoliberal convirtió a México en un país particularmente vulnerable a los caprichos de los mercados internacionales.

Pero a pesar de que con el paso de los años existe cada vez más evidencia sobre los efectos negativos del modelo neoliberal en México, en 2014 el gobierno de Enrique Peña Nieto —valiéndose de un discurso tramposo en el que incluso se aseguraba que Lázaro Cárdenas estaba a favor de la privatización, que por momentos hacía recordar aquella máxima incluida en la novela 1984 de George Orwell sobre la manera en que “quien controla el presente controla también el pasado”—, impulsó la reforma energética aprobada por el PRI y el PAN, cuyo propósito era privatizar la industria petrolera que para ese entonces sostenía una tercera parte del presupuesto anual del país.

De este modo, la codiciada renta petrolera mexicana terminó formando parte del proyecto neoliberal por acuerdos entre los partidos políticos, pese al evidente rechazo de la ciudadanía.

A pesar de que la reforma energética significó cumplir con uno de los mayores anhelos de los tecnócratas neoliberales en México, lo cierto es que la industria petrolera ya venía experimentando una privatización silenciosa a través de las empresas privadas de Pemex que conforman el Grupo PMI, que desde finales desde finales de la década de 1980 hasta 2014 manejó con total discrecionalidad los recursos obtenidos por las exportaciones e importaciones de petróleo crudo y sus derivados, incluyendo la gasolina.

Una práctica inspirada en un modelo de negocios en Pemex basado en la exportación de petróleo crudo, que dejó en el olvido la planta industrial con la que contaba el país, incluyendo refinerías y el sector petroquímica. Y por absurdo que parezca, ahora somos un país importador de gasolina proveniente de Estados Unidos y otros países. Una metáfora de lo que ha sucedido con la economía mexicana a más de dos décadas de la implementación del modelo neoliberal.

A más de dos años de distancia, sobra decir que la reforma fue un rotundo fracaso, tal como lo evidencia la virtual quiebra de Pemex, el desmantelamiento de las refinerías que trabajan al 38% de su capacidad, el desabasto de combustible en al menos 10 estados o el incremento de 20% en el precio de la gasolina, y los incrementos en las tarifas de luz y gas.

Mientras el Secretario de Hacienda, José Antonio Meade, asegura que el “libre mercado” de la gasolina fomentará la “competencia” del sector, lo cierto es que dicho aumento tendrá efectos adversos en el aumento de la inflación y hará aún más compleja aquella “película de terror” a la que hizo referencia el gobernador del Banco de México, Agustín Carstens, para describir el negro escenario económico que se vislumbra en 2017.

Y todo esto, en medio de el derrumbe del neoliberalismo con la llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos y la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea vía el Brexit, dos países donde las políticas de libre mercado cedieron a las presiones de una derecha proteccionista cuyo triunfo representa un duro golpe para los tratados de libre comercio. Un proyecto neoliberal al cual México apostó su futuro y que junto con los altos niveles de corrupción e impunidad que padece el país, han ocasionado un presente incierto y desolador para una generación entera de mexicanos.

¿A quién habremos de pasarle la cuenta del desastre de país que nos han dejado?

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Acerca de manuelhborbolla

Poeta, filósofo y periodista, egresado de la UNAM. Creo que es posible transformar el mundo a través de la poesía.

Publicado el 3 enero, 2017 en Política y etiquetado en , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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