Archivos Mensuales: agosto 2017

De las palabras frescas y calientes

Leyendo sobre cosmogonía mesoamericana me encontré el siguiente texto:

“Perla Petrich, en su libro La alimentación mochó, afirma que para los mototzintlecos las palabras existen autónomamente, como fuerzas, después de que han sido expresadas. Se deslizan como “una flecha en el aire” y penetran el cuerpo del destinatario, por los oídos cuando son benéficas y tranquilas, por las articulaciones cuando son dañinas y cargadas de malos sentimientos. Las palabras calientes son las que van con pasión maléfica o perturbadora. El hechicero posee “boca de fuego”. En cambio, el qamán (el defensor) pronuncia palabras frescas”.

A lo cual habría que agregar: cuidado con lo que uno dice, pues las palabras cuando andan sueltas forman parte del mundo de los espíritus.

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Recuento

 

He visto caer las estatuas de Oriente,
he buscado el oro en Junín
y probado el frío de la montaña,
he surcado maremotos de arena
y disfrutado la resonancia de un tibio amanecer,
he inundado la noche con canciones
y otras nostalgias sentimentales,
he estado ahí,
en la diáspora del hambre asesina
y el ácido corrosivo de los sueños rotos,
me he adentrado en templos de dioses muertos
y he escuchado también
las plegarias solares del bosque,
el diálogo coral de los pájaros,
he respirado el aceite secreto
que yace en el fondo del mar,
he caminado entre salares de interminable blancura,
he visto emperadores recorrer a caballo
las empedradas calles de la historia,
he visto ataúdes de anónima muerte
y la ira desbocada de jóvenes umbríos por la pena,
he clamado por el amor del mundo
y anunciado el eterno retorno de la primavera,
he caminado descalzo por pantanos
y entre las espinas del huizache,
he documentado con mis ojos
el terregoso vaivén
de hormigas jornaleras,
he cruzado puentes movedizos
en las intermitencias de un oscuro río
y sobrevolado el acantilado con una cuerda,
he bebido de la transparencia del agua
y la efervescencia del vino,
he buscado mi voz en cada piedra
para ir juntando pedazos de humanidad descuartizada
en el rugido de la metralla,
he asentido en silencio para no morder
y he palpado también
el sabor de mi propia sangre,
he contemplado soñoliento
el suave suspiro de la persona amada
y he caminado por el dintel
que nos separa del insalvable abismo de la locura,
he visto las imponentes cabezas de los tigres
y la pulcritud del mármol,
una antología de aves y colores
merodeando el cielo
y también he visto
repetirse la historia, sucedánea,
de los primeros hombres,
las primeras fiebres del corazón
y la sigilosa tormenta del último beso,
he acariciado cuerpos de madera blanca
y me he zambullido en un ojo de agua
para renacer de entre las brasas,
he acampado en el estiaje de la pobreza
y he contemplado también las estrellas,
he probado el obsceno fruto de la melancolía
destilado entre tus piernas,
he sido perseguido y vitoreado
en las callejuelas del alba,
he procurado enunciar todas las verdades del mundo
con la belleza de la palabra
que es también la belleza del corazón,
he ido dejando huellas en tinta negra
y aprendido también
a conversar con los muertos, dejarlos partir,
y aquí sigo
rumiando versos y quimeras
en la asimetría del tiempo-crucifijo
que nos devora
en medio de la tempestad,
aquí sigo
rememorando los días y las flores
en la lumbre de seguir viviendo.
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La formidable versión de Take five interpretada por Brubeck y compañía

Disculparán mi ignorancia jazzera pero no conocía esta versión de la clásica canción. Una cosa tremenda, alucinante. Señores músicos los que interpretan esta formidable pieza. Paul Desmond (alto sax), Joe Morello (batería), Eugene Wright (bajo) y Dave Brubeck (piano). La escuché y quedé prendado. Sublime.

 

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