Archivos Mensuales: febrero 2018

Feliz

 

Mi cuerpo, todavía de animal herido,
te busca con insistencia
en la locura de este mundo salvaje.

El clima, como las personas,
es consecuencia de tantas cosas
que apenas se pueden medir.

No todos andamos en busca
de respuestas fáciles.

Quizá porque aprender a distinguir
el bien y el mal
es una de las cosas más difíciles
que hay en el mundo.

Y a veces aprender eso
es la única lección importante
que hay que aprender
para vivir feliz teniendo poco,
apenas lo necesario para sonreírle
a los desconocidos
que se cruzan con nosotros por la calle.

La felicidad sabe a mangos,
es una zambullida en un río de agua fría
en el sofocante calor del verano,
es la calma que acaricia la hierba
una tarde soleada,
una canción en la guitarra,
jugar a las escondidas con las sobrinas,
es una película en el cine,
sentirse conmovido con un buen libro,
beber cerveza con los amigos
y reír a carcajadas nomás porque sí,
es andar en bicicleta
y subir la montaña,
silbar debajo del paraguas
y sentarse sobre la arena a contemplar
cómo se mecen las olas y los pensamientos
en la infatigable inmensidad del mar.

Ser feliz es dar vueltas como bailando
sobre la superficie del mundo
es sobrevolar la carroñera miseria
de la ambición humana,
una cantimplora en el estiaje de la soledad,
la luna llena palpitando en la humedad del aire.
::.

Luchar

 

En las horas más oscuras
los muertos bailan con cuchillos en la boca,
es tiempo de enseñar los dientes,
ser el pedernal y ser el fuego que incendia la mirada.

Suenan los tambores,
el crujir del cemento al derrumbarse,
la sangre que brota por doquier
y ensucia de un espeso carmesí
nuestras más lóbregas pesadillas.

¡Levántate y pelea!

Aunque te tiren una
y otra y otra vez.

Porque podrás caer mil veces
pero no podrán doblegar tu espíritu.

Solo los cobardes se rinden
ante el miedo y el dolor.

Hay que luchar contra la tiranía que hiere al mundo,
hay que luchar contra aquellos que pretenden pisotear nuestro espíritu
y cercenar nuestros sueños,
hay que luchar por nuestros hijos
y por los nuestros,
por la tierra, el agua y la vida en todas sus formas.

Hay que luchar con las manos y las palabras,
hay que luchar con el corazón agrandado y feroz,
dejar la piel y los huesos marchitarse
entre las balas,
hay que defender la dignidad con palos y piedras
pero también con inteligencia.

¡Que suenen los tambores!

Si el mundo habrá de arder en lamentos,
¡que así sea!
pero nunca nos verán de rodillas.

Ya habrá tiempo de erigir efigies a quienes dieron
la vida y el alma,
ya habrá tiempo de velar a nuestros muertos
y escribir la historia en letras doradas.

Pero hoy es tiempo de ofrendar la sangre propia
para detener toda la sangre que no deja de llover sobre el mundo,
todos los gritos llenos de furia,
el quebranto y la ruina,
todo el dolor que lastima como una quemadura
en carne viva,
todo el sufrimiento derramado sobre la calle.

¡Levántate y pelea!
que la noche no es eterna.

Solo los hombrecitos diminutos
se echan a llorar
mientras esconden la cabeza.

Ha llegado la hora de luchar
y convertirnos en gigantes,
para aplastar con los pies
el yugo del opresor que pretende
amputarnos el alma.

La grandeza de nuestros actos
se mide siempre en el campo de batalla.

Levántate y pelea,
que la vida es luchar por la supervivencia,
es enfrentarse a la muerte
viéndola directamente a los ojos,
es vencer al enemigo
y enterrar su alma podrida
para hacer germinar las flores
desde las entrañas del odio.

Porque podrán hacerte caer una y mil veces.

Pero los verdaderos guerreros
nunca dejan de luchar.
::.

Justicia

¿Será la justicia
sinónimo de la última muerte?

Matar o no matar
sufrir o hacer sufrir
castigar o ser castigado
doler o hacer doler.

No.

Justicia es sanar.

Es dejar de matar
dejar de sufrir
dejar de castigar
dejar de doler.

Ni bondad ni maldad,
solo consecuencias.

La verdadera justicia
es usar la fuerza
para detener la interminable
rueda del dolor,
y es también
aprender a perdonar.

Justicia es restablecer la armonía
luego del caos y la herida,
es encontrar el equilibrio,
la perfecta sincronía
de este fiero mundo
y la paz del corazón
que dejó tras de sí
la tempestad.
::.

La ciudad entre duermevela y poesía

 

No se puede recrear la luz del sol.

Un día que puede ser
cualquier otro día,
es un día perdido,
como nubes sin alma que transcurren en el cielo.

Un poco de magia para romper
la monótona simetría del mundo:
aprender a contemplar la belleza
de la suciedad
es limpiar la mirada interior.

Un tibio despertar de palabras durmientes.

Era tu aroma de mujer etérea
en el disturbio de tus labios entreabiertos.

La duplicidad del aire claro
era como un sorbo de luna
en medio de la oscuridad.

Todo en ella era blanco o negro,
salvo las flores.

Un paseo en la arboleda,
una melodía que irrumpe de pronto en la noche pasajera.

Y de pronto el acontecimiento de su lengua
y sus dedos trazando mapas en mi cuerpo,
pero yo venía de otras coordenadas
y no sabía qué era aquello
de amar sin perder la razón.

Una luz parpadeando entre los cerros,
un poco de paz en medio del caos.

Huele a mar,
como palabras escritas sobre el agua.

Una caminata sin rumbo
para estirar las ideas que vienen y van del corazón.

Algunos libros adorables
sobre la repisa,
y los versos levitaban.

La poesía siempre encuentra su cauce.

Me gustaría que fuera para siempre.

Solamente un instante.

Un juego de dos.
::.

Una tarde con Silvio en Dominicana

Vaya goce de pasar una tarde con este hermoso concierto de Silvio Rodríguez. Versiones un poco diferentes a las que nos tiene acostumbrados pero igual de bellas que las clásicas. Un concierto grabado en República Dominicana por allá de 2007. Para pasar un rato chévere en compañía de un vinito tinto y una tarde soleada.

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