Archivos Mensuales: abril 2018

Poder: la voluntad de vivir como principio fundamental de las relaciones humanas

Perseo

Poder es la capacidad de imponer la voluntad de uno sobre otro. Es la realización del deseo personal frente al deseo del otro. De ahí que el ejercicio del poder pueda manifestarse de muchas formas: desde la fuerza física hasta la persuasión, carisma, conocimiento. Poder es la capacidad de convertir la voluntad personal en la voluntad del otro, a través de la coacción física, el convencimiento o la seducción. Poder es la capacidad de satisfacer el deseo personal a través del deseo del otro, o a pesar del deseo del otro.

El deseo es la raíz del poder, toda vez que nuestra condición de seres vivos nos vuelve seres con necesidades que buscamos satisfacer permanentemente. Y es en la lucha por la realización de dichos deseos, que el poder se manifiesta en la vida cotidiana de todo ser. Esto permite entender al poder como una capacidad propia de todo ser vivo para satisfacer sus necesidades dentro de un entorno marcado por las necesidades de otros. Poder es disputa y comunión, la capacidad de materializar nuestros sueños.

El poderoso es aquel que satisface su necesidad y su apetencia, un ejercicio a través del cual, todo ser busca sentirse bien para seguir viviendo. Poder es voluntad de vivir. El poderoso vive mientras otros mueren, pero también, es aquel capaz de sobreponerse al temor de la muerte en pos de un bien superior que da sentido a la vida misma. Poder es la afirmación de la vida sobre la muerte. Por ello, el poderoso es aquel capaz de vivir y seguir viviendo más allá de los confines de la muerte, es aquel capaz de trascender a la muerte. Poder es la voluntad de vivir a pesar del peligro mortal que esto conlleva. Poderoso es el que sobrepone a la adversidad, los obstáculos que enfrenta todo ser vivo para seguir viviendo. Poder es sinónimo de vida, y por lo tanto, una condición elemental de todo ser vivo. Poder es la manifestación del deseo vital.

El poder como ejercicio, puede convertirse en una técnica capaz de ser transmitida de generación en generación. Cada familia o grupo humano, transmite a su descendencia un conocimiento específico sobre cómo ejercer el poder. El poder, al igual que ocurre con cualquier fuerza física en el ámbito de la mecánica clásica, tiende a mantenerse a lo largo del tiempo a menos que exista una fuerza mayor capaz de contrarrestar la fuerza inercial.

Esto permite entender también al poder como una cultura, un conjunto de reglas, mecanismos y procedimientos que se despliegan simbólicamente en la imaginación humana, como una forma de satisfacer el deseo personal en un mundo caótico donde impera el continuo choque de los deseos.

Y es precisamente en el seno de la vida familiar que el poder se manifiesta por primera vez, a través de los padres, que representan la figura de poder por excelencia en la psique profunda de todo individuo y cuya finalidad, es garantizar la supervivencia de su descendencia. En general, los padres buscan el bienestar de sus hijos como una manera de sentirse bien consigo mismos y también garantizar su propia supervivencia. Es por ello que al ejercer el poder sobre sus hijos, los padres transmiten también un conocimiento específico de cómo ejercer el poder mediante diversas formas. El poder se vuelve entonces, parte de una tradición familiar que busca garantizar la supervivencia del clan, la supervivencia del grupo al cual se pertenece frente al peligro que encierran otros grupos sociales que buscan también satisfacer sus propios deseos.

Esto explica el origen mismo de las primeras sociedades primitivas, donde las relaciones de parentesco, constituían la base de las estructuras de poder, y posteriormente, las bases mismas de la civilización. De ahí que el linaje constituya una de las más esenciales formas de constituir el poder en términos sociales. La descendencia de un ser humano poderoso implica que sus sucesores recibirán también un conocimiento esencial sobre cómo ejercer el poder. Esto explica la existencia de familias fuertes capaces de someter a familias débiles que a su vez crean sus propias formas culturales de resistir al poderío de otros.

Sin embargo, esta correlación de fuerzas es siempre dinámica y se encuentra en constante cambio: al igual que ocurre con los individuos, existen familias fuertes que se debilitan, y existen también familias débiles que se vuelven fuertes con el paso del tiempo. Esta dinámica de las fuerzas sociales, explica el desarrollo mismo de la historia humana, entendida como un continuo choque de fuerzas.

De ahí que toda revolución implique siempre un estallido donde el abuso de unos sobre otros se vuelve insostenible, una lucha donde los sometidos pierden el miedo a la muerte para luchar por su propia supervivencia frente a los aparatos de control impuestos por las élites que detentan el poder político y el control de las instituciones. Toda revolución es una colisión de voluntades, es el deseo de vivir que se manifiesta en lo político, entendiendo lo político como ese continuo choque de deseos que se manifiesta en todo grupo social.

Pero como bien señalé al principio, el ejercicio del poder no se da sólo como una imposición, sino que puede ejercerse también de manera seductora: carismática y persuasiva. Esto explica en buena medida, el uso de la sexualidad como un mecanismo de control y poder. Pero también explica la manera en que se constituye la legitimidad como un ejercicio benéfico del poder al interior de cualquier grupo social.

La legitimidad es el reconocimiento de la voluntad del otro, el reconocimiento de la fuerza del poderoso, el principio esencial de toda autoridad verdadera. Legitimidad es reconocer una fuerza de voluntad superior en el otro, un fenómeno que lo mismo despierta admiración o fascinación, como manifestación del deseo vital del poderoso. El deseo del otro se convierte así en el deseo propio. De este modo, la voluntad del poderoso como seducción, refleja siempre la voluntad secreta del otro, un deseo reprimido que busca manifestarse en la fuerza del otro. Por ello, el liderazgo auténtico se produce cuando una masa crítica reconoce la autoridad y la fuerza del poderoso.

Si el grupo no reconoce la autoridad y la fuerza de un supuesto líder, su poder sobre los otros se verá cuestionado y debilitado. Esto explica por qué al igual que ocurre en las familias, la tribu, las empresas o la política, los verdaderos líderes son aquellos personajes capaces de afirmar su autoridad a través de una voluntad fuerte, capaz de resonar en la voluntad de los otros. De este modo, la atracción que ejerce un verdadero líder sobre los otros, reafirma su autoridad sobre los demás.

Los liderazgos débiles, en cambio, suele generar problemas al interior de cualquier grupo social, al propiciar luchas descarnadas por conquistar la voluntad de los otros para satisfacer la voluntad personal. Una disputa en la cual, la ausencia de liderazgos —es decir, la ausencia de voluntades lo suficientemente fuertes para cautivar a los demás— buscará ser compensada por otras vías de ejercer el poder.

Esto explica el por qué, los gobiernos tiranos se ven obligados a utilizar la fuerza como forma de someter a otros que no reconocen su legítima autoridad a favor del bien común. Los gobiernos débiles engendran peste, al ser una expresión del deseo insatisfecho de las masas, un deseo reprimido que genera malestar y descontento.

En cambio, la autoridad legítima propicia el orden social y el florecimiento de las relaciones humanas, al ser una proyección profunda del deseo colectivo realizado, situación que genera bienestar. Por ello los grandes líderes de la historia son catalizadores sociales que permiten expresar los deseos profundos de la gente. Un gobierno legítimo es la manifestación de la voluntad popular.

El poder es entonces, una forma de vivir, la manera de ejercer una voluntad de vivir que lo mismo genera fascinación u hostilidad en los otros. El poder es la realización del deseo personal que interactúa con el deseo de los otros, un choque de voluntades que puede engendrar vida o engendrar muerte. Poder es la capacidad de despertar la conciencia o sepultar la ira de los demás, es la realización de un sueño, el anhelo de la felicidad como destino último de la existencia.

Poder es llevar a cabo la utopía de la realización personal, la voluntad de vida que logra imponerse a los muchos peligros de un entorno caótico, la fascinación que inspira a los demás en la persecución del bienestar.

Poder es la posibilidad de derramar nuestros sueños sobre el mundo.

::.

Oda a la fantasía

 

 

Sólo el sueño es real…

Es un huevo dorado
que pregunta
e indaga dentro de nosotros,
lo que sentimos:
nuestros miedos
nuestros anhelos.

Yo bebí desde temprano
las mieles de la fantasía,
viendo las historias de guerreros bondadosos,
cuentos de habichuelas,
un plomero salvando princesas,
tortugas con antifaz,
enciclopedias,
un viejo delirante luchando vehemente
contra molinos de viento,
cucarachas que buscaban escapar
de la dolorosa verdad,
el sabio que contempló todas las caras secretas del universo
bajo las escaleras de un sótano de Buenos Aires,
el niño que llevaba dentro
un demonio de nueve colas tatuado en el vientre,
un carpintero hippy
purificando el mundo,
así llegó a mi vida la poesía
entre lúgubres canciones,
profetas bigotones
bailando en el velorio
de los dioses muertos,
longevas familias de caudillos e inventores
soportando un diluvio de cuatro años en el pueblo,
los estragos de la vida y el amor,
un torbellino de mariposas amarillas
perfumando el aire caliente,
enmascarados haciendo la revolución,
bastardos y doncellas
combatiendo dragones,
quimeras, traiciones,
gélidos zombis,
todo sea en nombre
de ese sueño profano
que es la felicidad,
el anhelo de todo aquello
que respira,
porque los hombres y mujeres
inventan ficciones
para habitar el mundo,
pues la fantasía no es tan solo
un refugio, una droga,
una vil escapatoria,
es el encuentro con nosotros mismos
en lo profundo de la conciencia,
es el corazón derramado en los sueños,
porque las metáforas son también
pulsiones corporales,
un soplo de vida,
una bocanada de aire limpio
en los páramos tristes del desasosiego,
una breve amnistía con esas ganas
de mordernos la cara y reventar,
aliviar el deseo,
tocar lo inasible
pronunciar lo indecible
imaginar el principio y el fin
de todas las cosas,
porque la historia humana
es también cuento,
las huellas de los héroes
que descendieron al inframundo
para bailar con la muerte
o contemplar un bello atardecer
en lo alto de la montaña,
fantasía son dos ojos desorbitados
que añoran,
una lengua taquigráfica
lamiendo los versos que habrán
de limpiarnos el corazón,
la vigilia que antecede al sueño,
un mortero lleno de colores
listos para llover sobre el mundo,
símbolos mágicos
abriendo las puertas de universos paralelos
que habitan dentro de nosotros,
una lámpara maravillosa
que alumbra nuestros deseos,
una rana saltando de un estanque,
volcanes exhalando fumarolas
que nos hablan también
de otro tiempo,
viscicitudes y ataúdes,
jardines secretos,
la medicina milagrosa
que se esconde
en la última estrofa
de una canción,
tiburones hambrientos,
extraterrestres y duendes digitales
pintados de acuarela,
gigantes de hierro,
tlacuaches ebrios de cola incendiaria
oficiando misa,
flamingos que son aviones,
gatos que son teléfonos,
vampiros veganos
bebiendo cerveza con clamato,
luces como pirinola
resonando en el alma y los pies calientes,
una nostalgia pasajera
que viene y se va
como el rumor de las olas,
una lluvia de pescado,
viejos con pistola al cinto
hablando con las hormigas
en la soledad del calabozo,
el mundo azul que nació entre los cerros
y los cuernos del venado,
será la fantasía aquella hoguera
donde van a morir los fantasmas,
la ceniza a partir de la cual renaceremos,
como pajaritos haciendo
su nido entre los cables,
la alegría contagiosa
de seguir soñando despierto
entre libros y canciones,
la algarabía de la semilla
que se abre y se multiplica
en los muchos senderos inexplorados
de la imaginación,
es la fantasía de la vida
que nos mantiene vivos,
la fantasía que se escribe en el aire
como la luz y la sombra,
una colmena de suspiros y colores
haciendo erupción
en las intermitencias de la muerte,
ese misterio maravilloso y terrible
que se esconde en lo profundo
de la tierra,
porque la vida es cuento
y los cuentos son globos,
con los que nos dejamos
arrastrar por el viento,
un oasis para mitigar la sed,
porque la fantasía es un sorbo de agua fresca
en medio del verano,
una herida suturada,
una plegaria al sol,
la reconciliación con aquel animal herido
que habita en nosotros,
porque la vida es vivir
dentro de un cuento
donde viven también muchos cuentos,
un territorio sin tiempo ni fronteras
donde se expande el alma,
la algarabía del sueño
germinando de la tierra.

La única libertad posible
yace en las aguas invisibles
de la imaginación.
::.

Lejanísima

 

Siempre fuiste lejana
siempre lejana,
lejanísima,
nebulosa y sideral,
un poco solitaria,
despojada de pudor
y desvergüenza,
como una llanura de pájaros
con anteojos,
un automóvil sin capota
a toda velocidad
saboreándose la carretera,
eras brillante,delirante y sofocante
un sueño gravitacional
donde todo fue desmesura
y la sangre desvelada
pariendo estrellas sin descanso
a las puertas del templo,
estabas ahí,
en la curvatura del tiempo
y la memoria,
una cacofonía de cosas asombrosas,
un bosque citadino
rumiando alegrías y primavera,
la vida que se abre
y se bifurca
y se ramifica
entre las grietas de tus ojos,
el extravío de la mente voladora
surcando el cielo,
una carta sin remitente ni destinatario,
la levedad de los versos
que se bebían tus labios rotos,
cúspides tardías arrullando al ocaso,
anheladas cumbres diminutas
devorando nubes de colores vespertinos,
un grafitti alocado cubriendo agujeros
en los grises paredones del alma,
un alma a dentelladas
recorriendo la verde coordillera
sobre aladas bestias montadas por
demiurgos bailarines,
una luz borracha que se filtra
sobre la alcoba,
la insensatez de querer
sin ser correspondido,
una broma del destino
y su absurdo desenlace
de piedras y escolleras,
ballenas muertas sobre la playa,
besos carburantes y comestibles,
prisioneros de tus labios forajidos
que no volvieron nunca más.

::.

La imaginación y el juego como un remedio para enfrentar la distopía

Ready Player One, no es sólo una oda a la imaginación, es también una oda a la cultura pop, la cultura gamer, una crítica a la realidad despiadada que convierte a la fantasía en el último reducto de lo auténticamente humano. Una explosión y revoltura de colores, texturas, personajes y aventuras, donde un grupo de marginados son capaces de derrotar a la ambición desmedida en el terreno de la fantasía. Fue así que Spielberg sumó otro clásico a su abundante filmografía, con una premisa sencilla que alude también esa inocencia tan propia de los ochentas, una trama sencilla y comercial, que sin embargo, revela las muchas posibilidades de la imaginación humana para remediar los muchos problemas del mundo. Imperdible.

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