Archivos diarios: 19 mayo, 2018

Anatomía de un beso

Tus labios fueron
territorio no cartografiado.

Tu risa fue mi alegría
derramada sobre un claro de luna.

Tus ojos negros
son dos grandes avispones
buscando clavar su aguijón.

Te extrañé como siempre
bebiéndome tu recuerdo
entre nostalgia y poesía
en un veraniego balcón
de calles adoquinadas.

Voy a fumarme tus besos
con reggae y cafeína,
para hacerle la necropsia
a este viejo amor pasajero.

Pues resulta que a veces,
no queda nada más que escribir.
::.

Eran

Eran los sueños fugitivos
y descalzos
para huir volando
dentro de un papalote.

Eran las pisadas ansiosas
en las intermitencia
de la fiera noche.

Eran las punzadas
de la sangre y el vino
comiéndose a besos.

Eran las ganas
de dormir para siempre
en las amígdalas del cielo.

Nubarrones y deseo,
como una pincelada gris
tatuada sobre el pecho.

Entrégame tu corazón
de aceituna
en la liturgia de la
insoportable indiferencia.

Entrégame tus ganas
de gritar y acechar
como una lechuza hambrienta
aleteando entre las espinas.

Era la canción solemne
saboreando el desamor,
la estampida perfecta
jalando el gatillo.

Eran los ojos lejanos
de la luna
mirando el eterno vacío
que quedó tras nosotros.
::.

Allí van los amantes

Allí van taciturnos
los moribundos amantes.

Algunos se buscan
toda la vida.

Otros simplemente
se encuentran.

Hay que mojar los labios
en las aguas rojas del amor.

Hay que ensuciar los cuerpos
en la soledad de un adiós.

Allí van, efervescentes,
los pueriles amantes.

Sudando el alma en la sed
de un último beso.

Hay que enjuagar las heridas
en el sueño azul del mezcal.

Hay que jugarse la vida
en el calor de la noche.

Allí van encendidos
los amantes suicidas.

Jurándose amor en los ojos vacíos
de la muerte.

Hay que beberse el frío
de las balas asesinas.

Hay que sentir el filo del cuchillo
hundirse en el alma.

Allí van los amantes,
soñolientos,
con los ojos llenos
y las manos tan solas.

Allí van los amantes,
perfumando el alba,
entre besos muertos
y la sangre caliente.

Hay que sentir el aire homicida
desgarrando el corazón.

Hay que caer en el dolorido
panteón de tus ojos lejanos.

Allí van los recuerdos
tapizando
las blancas paredes.

Allí van sus delirios
penetrando
los gemidos de la luna.
::.

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