Archivos Mensuales: febrero 2019

Libre

Si alguna vez
fui libre,
aquello ocurrió
en un poema.
::.

Desnudez y vestimenta

Todos nosotros nacemos dormidos
y sólo despiertan aquellos
que se visten de palabras,
aseguran los sabios mapuche.

O dicho de otro modo:
despertar es vestirse de palabras.

Y dormir…
¿qué será entonces?

Dormir es desnudarse,
quedar varados en el sueño
del que ama la tierra con las manos,
dormir es soñar y ser soñado,
descubrir y descubrirse,
mirarse hacia dentro y hacia afuera
como quien bulle en las aguas hirvientes
del olvido y la memoria,
dormir es decir y deshacer
haciéndose todo con la nada
y hacerse nada con el lodo,
es suspirar y exasperarse
como el corazón que enrojece
en el silencio de una manzana,
dormir es un recuerdo
de luna tibia
como una espuma de cerveza
recitando poemas
en la saliva copular
que yace en el viento.

Dormir es una luz obscena,
luz añeja y transparente,
casi muda,
es una fiebre de anhelos
y esperanza descalza
entre una selva de cardos y ortigas.

Hay que decir la noche
con otra carga emotiva,
hay que seducir a la palabra viajera
que mora en las piernas
de una mujer delirante,
hay que mojar la lengua
en aquella sustancia eléctrica
donde anida la poesía,
retorcerse y regodearse
en la sombra
como quien brilla por dentro.

Porque dormir es callar
y dejar morir
las palabras quietas,
dormir es apagar la luz
y despojarse de las ropas
en la fiebre delirante
de quien camina en el aire,
porque sólo quien duerme
despierta,
sólo quien muere
vive realmente,
sólo quien guarda silencio
ve crecer las palabras frutales
que nutren la vida,
pues despertar es enunciar
la palabra sagrada
que brota en la mente
del dormido,
la palabra luminosa
que emana de la lengua
como un sueño de madera,
la palabra ardiente
que lo mismo viste y desuella,
la palabra-fuego
que nos incendia por dentro
y habrá de quitarnos también
el frío que nos entume el corazón.
::.

Para comprender la guerra del cambio de divisas

Imagen relacionada

La política monetaria y el cambio de divisas, es una arma geopolítica que está siendo muy utilizada en nuestros días. EE.UU. defiende la hegemonía del dólar mientras que la Unión Europea apuesta al euro como alternativa, al mismo tiempo que las potencias orientales como China, Rusia y Turquía intentan explorar otras posibilidades como el yuan o la adquisición de oro como una medida para contrarrestar el poderío hegemónico estadounidense.

Algo que yo no sabía y me llamó la atención, es la manera en que al ser una divisa fiduciaria, con una amplia presencia más allá de sus fronteras, la hegemonía del dólar le permite a la Reserva Federal de EE.UU. imprimir con más holgura el papel moneda y generar riqueza con poco impacto inflacionario, lo cual es una ventaja importante a la hora de, por ejemplo, adquirir deuda. Un proceso que se conoce como monetización de

El asunto de los mercados financieros de divisas es algo sumamente complejo de entender. Pero por ahí encontré algunos videos que pueden ayudar a clarificar algunos puntos importantes.

Lo que realmente indigna a la comentocracia mexicana

Llama la atención la embestida mediática contra el presidente Andrés Manuel López Obrador por su crítica a los “expertos” de la “sociedad civil”.

La misma semana, las columnas de los periódicos publicaron una oleada de “opiniones” muy similares, quejándose del desdén de AMLO por el saber técnico de los “expertos”.

Nunca oí a los comentócratas quejarse por cómo se desdeñaba el saber producido en las instituciones públicas como la UNAM, mientras se privilegió a instituciones semilleros de tecnócratas como el ITAM, a la hora de tomar decisiones a lo largo de los 30 años de neoliberalismo que dieron como resultado un país destrozado, con una crisis humanitaria sin precedentes. Pero ahora se quejan al unísono, como si se hubieran puesto de acuerdo.

Los opinólogos pedantes que tienen espacios de privilegio en los medios de comunicación tampoco hablan sobre quiénes son los que financian a las organizaciones que se han autoproclamado como voceros de la “sociedad civil” pese a recibir financiamiento de organizaciones como Open Society (del multimillonario George Soros) o fondos de USAID (el gobierno de EE.UU.) o las cúpulas empresariales mexicanas afines a los intereses del capital financiero trasnacional (ahí están el IMCO y Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad como dos ejemplos de ello). Financiamiento que busca influir en la opinión pública y posicionar agendas específicas que suelen situar intereses privados por encima del interés público de los mexicanos. De ahí que los integrantes de la autoproclamada “sociedad civil”, conformada por académicos socialité egresados de universidades extranjeras, peguen el grito en el cielo cuando el nuevo régimen político emanado de la llamada 4T haya optado por cambiar las reglas del juego y abrir espacios de decisión a sectores tradicionalmente marginados que fueron vilmente ignorados en aras de un saber tecnócrata que hizo añicos a este país.

Los comentócratas están furiosos porque no conciben que se socaven su autoridad como depositarios del “saber”. Algo que en realidad tiene que ver con una disputa por el poder político.

“Así, pues, saber consiste en referir el lenguaje al lenguaje; en restituir la gran planicie uniforme de las palabras y de las cosas. Hacer hablar a todo. Es decir, hacer nacer por encima de todas las marcas el discurso segundo del comentario. Lo propio del saber no es ni ver ni demostrar, sino interpretar”, señalaba el Michel Foucault en Las palabras y las cosas.

En su formidable libro, el filósofo francés explica con una lucidez extraordinaria la manera en que el “saber” no es un ente estático o fijo, sino algo que cambia continuamente y se configura culturalmente a partir de las relaciones de poder al interior de todo grupo social. Para Foucault, el saber es sinónimo de poder, pues es precisamente ese “saber” el que legitima el ejercicio del poder político. Y la imposición de un saber hegemónico que aplasta a otras formas del saber, constituye siempre un ejercicio de poder.

Por ello, lo que vemos hoy en la prensa mexicana no es sino una disputa abierta por el poder político, en la que los resquicios de los intelectuales favorecidos por el régimen neoliberal pelean por el control de “la verdad” en una época donde el discurso de la Cuarta Transformación cuenta con un amplio respaldo popular, con niveles de aprobación hacia López Obrador cercanos al 80% de los mexicanos, según las últimas encuestas (El Finanicero, Reforma, Mitofsky).

Algo que tampoco dicen los intelecutales orgánicos del régimen neoliberal, es que el triunfo de López Obrador es en buena medida consecuencia del agotamiento discurso tecnocrático cada vez más alejado de la realidad que viven millones de familias mexicanas agraviadas por la violencia, la falta de oportunidades y el saqueo sistemático de unos pocos a expensas de las mayorías.

La realidad que retratan los opinólogos desde su burbuja de privilegios está completamente divorciada de esa otra realidad que vive la gran mayoría de los mexicanos. Una realidad mucho más cruda de lo que se alcanza a percibir en la comodidad de los cubículos y las estancias académicas en universidades estadounidenses y europeas. Una realidad que golpea en la cara mientras los intelectuales del viejo régimen y los bienpensantes pasan largas horas discutiendo lo que “debería ser” en un mundo ideal que no existe. De ahí su incapacidad para resolver problemas prácticos que, más allá de un saber técnico altamente especializado e inaccesible para el ciudadano común, requiere de sentido común y voluntad para resolver un estado de cosas caótico y complejo que difícilmente se corresponde íntegramente al mundo ideal planteado en los libros.

Un ejemplo de esta situación es el debate sobre la creación de la Guardia Nacional y los espacios otorgados por López Obrador a los militares, que incluyen hasta la construcción del nuevo Aeropuerto. Desde una lógica estrictamente academicista, el planteamiento de la creciente militarización implica un riesgo para los poderes civiles propios de los regímenes democráticos a la usanza liberal. Sin embargo, ese análisis excluye factores prácticos que van más allá de la teoría. Y es que desde una perspectiva políticamente maquiavélica -que suele ofender a los intelectuales puros, inmaculados y éticamente bienintencionados- el acercamiento de López Obrador con el ejército en aras de defender un proyecto nacionalista frente a las presiones del capital financiero trasnacional, tiene toda la lógica del mundo.

¿O acaso no han visto cómo el gobierno de EE.UU. está tratando de invadir Venezuela y dividir a las fuerzas armadas de aquel país para beneficiar sus intereses geoestratégicos en América Latina? ¿No vieron como la soberanía de Chile y Guatemala (con los golpes a Allende y Arbenz) y más recientemente en Honduras y Brasil, se vio burdamente socavada por el imperialismo estadounidense en la región? ¿Qué nos garantiza que los países movidos por banqueros e inversionistas de Wall Street no fomenten un golpe de Estado cuando sus intereses hegemónicos sean afectados para beneficio de los mexicanos?

Todos esos factores están en juego hoy, en el contexto político de México. Pero por supuesto, los comentócratas conservadores no han mencionado una sola palabra de todo esos factores que existen y tratan de ocultar para manipular a su favor a la opinión pública, dentro de una continua disputa por el poder. Lo que vemos a diario en los medios, más que simples opiniones, es en realidad maniobras de guerra en un escenario de confrontación entre dos grupos antagónicos: los que luchan por mantener intactos sus privilegios frente a los que luchan por cambiar el estado de cosas que prevalece en México y el mundo.
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El caos de lo real

Un cadáver exquisito que nos salió a Carlos Adampol, a mi hermano el Cholo y a mí, una noche de cerveza y plática filosófica en La Faena, Ciudad de México, el 5 de febrero de 2019.

La realidad es una lengua de mil ojos
que se evapora en el sueño líquido de los vivos,
que se reduce a la palabra,
se entrega al instante del que todo está hecho,
es el caos infinito que ordena la belleza,
la ley del más fuerte sólo prevalece
cuando la oscuridad se yergue en el horizonte
como una humareda de gatos muertos,
una cura a la enfermedad del mundo,
una salida a la trampa que propone lo que es real,
aquello que con el tiempo cambiará pero ahora prevalece,
son los juegos de poder que se transforman sin cesar
en la mente perniciosa del que sueña despierto
un rosal de piernas entreabiertas.

Me disuelvo en las grietas de la piel de nuestra era,
el camino de este uno que se disuelve en el éter,
en la totalidad de esta sociedad cambiante a paso lento, místico.

Y la luna reptaba a tientas sobre la cornisa
y la risa de las hienas contaminaba el aire
que el verso del solitario purificaba,
y mostraba que lo humano es la creación
pues el tiempo es la madre materia que circunda todo,
lo que ronda el misterio,
lo profundo de los sauces,
lo fértil de la tierra,
una lumbrera en lo alto de la montaña,
una cacofonía de estrellas.
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Venezuela: el nuevo campo de batalla en la guerra geopolítica de EE.UU. y Europa contra Rusia y China

Más que una lucha por la democracia y los derechos humanos, una serie de factores e intereses de las grandes potencias explican la atención que ha tenido la crisis venezolano a nivel internacional.

Manuel Hernández Borbolla

La dimensión internacional que ha adquirido la crisis política en Venezuela, poco tiene que ver con una lucha por la democracia o la soberanía nacional.

Por el contrario, la crisis venezolana se convirtió en un nuevo campo de batalla geopolítica entre las potencias hegemónicas: el bloque conformado por EE.UU. y Europa frente a la alianza entre China y Rusia.

Una situación que permite entender por qué razón el conflicto político en Venezuela, ha desatado una crisis diplomática a nivel internacional como no ha ocurrido con otros países que enfrentan crisis humanitarias provocadas por regímenes autoritarios, tal como ocurre en Honduras, Nicaragua, Haití, Arabia Saudita o la hambruna en Yemen.

He aquí algunas de las razones que explican la importancia de la crisis política Venezuela a nivel geoestratégico.

 

Fragilidad económica y tensiones políticas

La debacle económica que ha sufrido Venezuela en los últimos años, ha sido uno de los principales ingredientes de la crisis política.

Venezuela registró una hiperinflación de 1.698.000% en 2018 según la Asamblea Nacional, única cifra oficial en el país. Una situación que se produjo por una política de divisas, problemas financieros y una alta dependencia a las exportaciones de petróleo, cuyo precio se desplomó en 2014, lo cual agudizó la situación y produjo una serie de efectos como escasez de alimentos. La venta de crudo supone aproximadamente el 96% de los ingresos de Venezuela.

De acuerdo con Latinbarómetro, en 2018 los venezolanos registraron la peor percepción de progreso y situación económica en América Latina. “En Venezuela no hay nadie (1% es estadísticamente no significativo) que diga que hay buena situación económica”, señala el estudio.

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La debacle económica debilitó al Gobierno del presidente Nicolás Maduro, ya que en 2015, la oposición se hizo del control de la Asamblea Nacional. Para contrarrestar el descalabro, Maduro impulsó la creación de la Asamblea Nacional Constituyente, órgano que asumió facultades plenipotenciarias por encima de la Asamblea Nacional, con el propósito de que Maduro pudiera mantener el control del Poder Legislativo. Un acontecimiento que aumentó el descontento de la oposición y las tensiones políticas -incluyendo las acusaciones de represión y autoritarismo- que ya existían desde la época del expresidente Hugo Chávez.

Pese al malestar por la situación política y económica, Maduro logró mantenerse a flote gracias al apoyo de sectores populares, el respaldo del Ejército y el Poder Judicial.

Sin embargo, el debilitamiento del régimen provocó que Venezuela tuviera que buscar ayuda en el exterior. Una situación que fue capitalizada por China y Rusia para aumentar su influencia geopolítica en el continente americano, frente a la animadversión histórica de EE.UU. hacia el chavismo y su respaldo a la oposición venezolana.

La dependencia al capital chino

Para saldar sus deudas, Venezuela tuvo que solicitar diversos préstamos a China, lo cual ha reforzado la presencia geopolítica del gigante asiático en la región.

“Venezuela ha recibido más préstamos de instituciones chinas que cualquier otro país en la región”, lo cual “refleja la creciente dependencia del gobierno venezolano en el capital chino, para mantener su liquidez y como un vehículo de desarrollo”, señala un informe elaborado por la Red China y América Latina (REDCAEM).

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El Centro para los Estudios Internacionales y Estratégicos de Washington (CSIS, por sus siglas en inglés), estima que China ha invertido en Venezuela un monto cercano a los 62.000 millones de dólares. Un monto que implica el 52% de la inversión china en América Latina.

En este sentido, Venezuela impulsó la creación de la Petrolera Sinovensa -una compañía de capital misto con inversión estatal y participación de la China National Petroleum Corporation- diseñada para pagar con petróleo las líneas de crédito que los bancos chinos otorgan al Gobierno venezolano.

“Los acuerdos con China no generan deuda, todo el dinero que se debe se ha pagado con petróleo”, reconoció Maduro en septiembre de 2018, tras realizar un viaje a Pekín para reforzar acuerdos de cooperación con el mandatario chino Xi Jiping. En dicha visita, los presidentes de China y Venezuela firmaron 28 acuerdos de cooperación en las áreas de energía, comunicación, minería y financiamiento.

Venezuela es el país con las mayores reservas petroleras del planeta, con 300.900 millones de barriles, según datos de la CIA, equivalentes a casi el 18% de las reservas petroleras globales.

La mayor parte del petróleo venezolano se destina a China en un 40%, India 20%, EE.UU. 20% y un 20% se vende al resto del mundo, de acuerdo con datos oficiales recabados por la DW.

El oro para Turquía

Ante la caída de los precios de petróleo y la producción de la compañía estatal Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA), el Gobierno de Maduro optó por explorar otras alternativas para diversificar la entrada de divisas.

Una de estas alternativas, fue impulsar la explotación minera, ya que Venezuela tiene las reservas de oro sin explotar más grandes del mundo, con unas 7.000 toneladas métricas en reservas estimadas, según un informe de la consultora española Iberglobal.

De este modo, Venezuela es el país con más oro después de EE.UU., que posee 8.133 toneladas del mineral áureo.

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Además de oro, el Gobierno venezolano estima que en el país hay 33,8 millones de quilates de diamante (cuyo valor supera el Producto Interno Bruto de países como Chile y Dinamarca), 3.644 millones de toneladas de hierro (cuyo valor superaría el PIB de México y España), además de gigantescos yacimientos probados de bauxita, cobre, coltán y otros minerales. Todo esto, en el llamado “Arco Minero del Orinoco” que busca ser explotado comercialmente pese al alto impacto ambiental.

En este sentido, Venezuela exportó 23,62 toneladas de oro a Turquía en 2018, valoradas en 900 millones de dólares, según cifras oficiales de la nación euroasiática.

El Gobierno de Venezuela dejó de enviar oro a Suiza, ante el temor de que le sea decomisado por sanciones internacionales, por lo cual, la administración de Maduro ha celebrado diversos acuerdos con Turquía para refinar ahí el oro venezolano.

De este modo, Venezuela está alentando a que empresas turcas inviertan en la industria del oro en el país sudamericano. A cambio, Turquía envía alimentos.

Esta medida ha desatado la molestia de EE.UU. y su presidente Donald Trump, que en noviembre de 2018 firmó una orden ejecutiva imponiendo sanciones sobre las exportaciones de oro y otros sectores de la economía de Venezuela.

Países como Turquía, Rusia y China han comprado grandes cantidades de oro en los últimos años para reducir su dependencia al dólar como divisa. De acuerdo con algunos analistas, el oro es el activo más seguro porque no puede ser congelado o puesto en una lista negra. Una situación que da más independencia a las potencias orientales frente al control financiero de EE.UU.

La demanda mundial de oro por parte de bancos centrales creció 4% en 2018, el aumento más grande en 50 años, según el World Gold Council.

La presencia militar de Rusia

Ante las tensiones geopolíticas en Sudamérica, el Gobierno de Venezuela también ha reforzado en los últimos años su cooperación militar con Rusia, una situación que no es vista con buenos ojos por EE.UU. y Colombia, su principal aliado en la región.

Tan sólo entre 2005 y 2013, Caracas firmó con Moscú unos 30 contratos de defensa por valor de más de 11.000 millones de dólares, según contabiliza la agencia rusa Tass. Estos contratos incluyeron la adquisición de equipo militar como:

  • 100,000 rifles de asalto Kalashnikov AK-103
  • 24 aviones de combate Sukhoi Su-30MK2
  • 34 helicópteros Mi-17V-5
  • 10 helicópteros Mi-35M y otros 3 Mi-26T
  • 92 tanques de batalla Т-72B1
  • Sistemas de misiles antiaéreos Igla-S
  • Vehículos de combate BMP-3

De acuerdo con el índice Global Fire Power 2018, Venezuela se encuentra entre los seis Ejércitos con mayor capacidad de fuego en América Latina, al contar con un total de 696 tanques y 280 aeronaves de guerra.

A pesar de tener 123.000 efectivos militares, las Fuerzas Armadas venezolanas pueden llegar a contar con cerca de 550.000 personas, ya que el Gobierno otorgó armas a civiles con el objetivo de constituir una fuerza de reserva.

Un poderío militar que ha ido creciendo con la adquisición de armamento ruso en años recientes, aunque no existen cifras precisas y disponibles para dimensionar la venta de armamento ruso y chino en Venezuela.

Esto sin contar con la cada vez más estrecha relación militar entre Caracas y Moscú, que en diciembre pasado anunciaron operaciones militares conjuntas casi al mismo tiempo que dos aviones bombarderos rusos con capacidad nuclear Túpolev Tu-160 (conocidos como Cisne Blanco), realizaban operaciones de práctica en territorio venezolano.

“En la época de la Guerra Fría, Rusia nunca llegó a poner un avión de ese nivel en América Latina. Nunca entró en el patio trasero de los EE.UU.”, aseguró en diciembre pasado el analista y experto en geopolítica, Néstor Rosanía, director del Centro de Estudios en Seguridad y Paz de Colombia, en entrevista con el programa Al Punto.

Para Rosanía, el aumento de la presencia de Rusia en Venezuela es una respuesta a las operaciones militares de la OTAN en el Báltico. Esto, luego de que la OTAN realizara en noviembre pasado su mayor ejercicio militar desde el final de la Guerra Fría, el denominado “Trident Juncture 2018”, realizado en Noruega, con la participación de 50.000 soldados. Las maniobras se llevaron a cabo en un contexto de tensión creciente con Rusia, por la instalación de una base militar de EE.UU. en el país nórdico y varios casos de espionaje.

Un respaldo del presidente ruso Vladimir Putin a Maduro se produjo mendiante un nuevo acuerdo por 6.000 millones de dólares entre el Kremlin y Miraflores.

Casi al mismo tiempo que Irán anunció el envío de buques de guerra al Atlántico, con el objetivo de realizar operaciones militares conjuntas con Venezuela, informó Touraj Hassani Moqaddam, subcomandante de la Armada de Irán.

“Lo que vemos es que todavía seguimos con lógicas de la Guerra Fría. Hay dos superpotencias que tienen un tablero geopolítico y nosotros somos esos pequeños países satélite que vamos a tener el choque de esas decisiones de alto nivel. Lo que está pasando en Siria y otros países, también lo vamos a ver en el Caribe, con Colombia y Venezuela, que son aliados satélite de esos dos grandes bloques hegemónicos”, apuntó Rosanía.

La injerencia de EE.UU. y sus aliados

Aunque históricamente el Gobierno de EE.UU. ha apoyado a la oposición venezolana desde que Hugo Chávez llegó al poder en 1999, el debilitamiento del régimen de Maduro ofreció una oportunidad para mover sus fichas en el ajedrez geopolítico para reafirmar su poderío en el continente americano y debilitar a sus rivales.

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De ahí que el apoyo de Trump hacia Guaidó se produce en un contexto en que varios países de Sudamérica han dado un giro hacia la derecha en países como Argentina, Chile y principalmente Brasil, el gigante latinoamericano cuya frontera colinda con Venezuela y es uno de los mayores aliados de EE.UU. en la región tras la llegada al poder del fascista Jair Bolsonaro.

Un hecho que es evidente en el respaldo de países con Gobiernos afines a la política exterior de EE.UU., tal como ocurre con el llamado Grupo de Lima, que ha presionado para desconocer a Maduro y respaldar a la oposición venezolana.

De este modo, EE.UU. lograría reafirmar su papel de potencia hegemónica en América Latina, en algo que muchos analistas consideran como un relanzamiento de la Doctrina Monroe, al mismo tiempo que cierra la puerta a China y Rusia en la región.

Esto, al cortar el principal destino de inversiones chinas y rusas en el continente, al mismo tiempo que cortaría el suministro de petróleo hacia China, con quien EE.UU. libra una guerra comercial.

Así lo ha reconocido John Bolton, asesor de Seguridad de la Casa Blanca y principal estratega del llamado intento de “golpe de Estado” orquestado por EE.UU. en Venezuela.

“Nos estamos enfocando en desconectar el régimen ilegítimo de Maduro de las fuentes de sus ingresos”, reconoció Bolton, quien añadió: “es un proceso muy complicado”.

Ante un posible derrocamiento de Maduro, EE.UU. quedaría en una posición ventajosa para explotar las riquezas petroleras y mineras de Venezuela.

En este sentido, Bolton aseguró que ya existen pláticas con petroleras estadounidenses para explotar yacimientos en Venezuela ante un posible cambio de régimen.

Desde que Bolton llegó a la Casa Blanca como asesor en abril pasado de 2018, se endurecieron las sanciones de EE.UU. contra Venezuela con el fin de estrangular financieramente al Gobierno de Maduro ante una posible invasión armada promovida por los estadounidenses desde sus bases de operación en Colombia.

Una estrategia que la administración Trump busca reforzar mediante una campaña mediática enfocada en señalar la ausencia de democracia en Venezuela y resaltar la necesidad de enviar apoyos económicos para enfrentar la crisis humanitaria que se vive en aquel país ante falta de víveres, incremento de violencia y tensiones crecientes con la oposición.

Todo esto, al mismo tiempo que EE.UU., de manera directa y a través de Guaidó, intenta reclutar militares venezolanos inconformes con el régimen para dividir a las fuerzas armadas de Venezuela, tal como expresó Bolton al señalar que el gobierno estadounidense dará una “amnistía” a militares que participen en el golpe contra Maduro.

Una maniobra que ha sido respaldada por las principales potencias de la Unión Europea -como Francia, Alemania y España, además de Gran Bretaña-, ante la fuerte dependencia que tiene Europa al poderío militar estadounidenses para hacer frente a lo que perciben como la “amenaza rusa”.

De ahí que los paralelismos entre Venezuela y la situación política en Siria -en el sentido de que el choque de las potencias hegemónicas para mantener y quitar al presidente en turno- han reavivado los temores de que la división social pueda derivar en una guerra civil como la que ha dejado más de medio millón de muertos tras siete años de conflicto armado.

Un complejo escenario geopolítico que explica por qué, a diferencia de otros países, Venezuela se ha convertido en el más reciente campo de batalla entre las potencias Occidentales y Orientales, en su disputa por la hegemonía globlal.

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Batallas tecnológicas: la complejidad creciente de un internet privatizado

Últimamente he batallando mucho con la tecnología digital. Se suponía que la era de los smartphones e Internet haría la vida más fácil en muchos aspectos. Y aunque así ocurre en muchos casos, la complejidad creciente de los dispositivos digitales es una cosa abrumadora, sofocante en ocasiones.

Llevo ya varios días luchando con contraseñas. Antes ponías una contraseña y ya. Ahora te piden muchas cosas: más de ocho caracteres, que incluya una mayúscula, un número y un signo de puntuación, además de que generalmente las cuentas digitales están también vinculadas al correo y el número telefónico. En algunas cuentas llegan al absurdo de pedir datos biométricos como el iris o la huella digital. Controles de seguridad absurdos en una época donde el gran oligopolio que domina el Internet (Google, Facebook y demás) lucran con nuestros datos personales todo el tiempo, abarrotado nuestros muros digitales y las plataformas de videos con detestables con anuncios personalizados.

Tantas exigencias en las contraseñas dificultan recordarlas o llevar un registro puntual de ellas, por lo que muy seguido, tengo que reestablecer las claves, lo cual implica corroborar datos de cuentas de correo y otros dispositivos vinculados a cuentas. Un verdadero fastidio.

Lo mismo pasa con las actualizaciones.

En alguna ocasión, para poder usar un programa, tuve que actualizar el sistema operativo de la máquina. Una vez hecho eso, se borraron archivos del disco duro externo al no ser compatibles con el nuevo sistema operativo. Como diría mi tío: un problema para cada solución.

Ese es el sino de nuestro tiempo. Una era hiperconectada donde lo fácil se vuelve cada vez más complicado conforme avanza el proceso de privatización e industrialización del internet. Algo que sin duda llegará a otro nivel con el desarrollo de la inteligencia artificial.

¿No tendríamos que plantearnos ya la posibilidad de construir un Internet público donde no todo sea negocio? ¿Es posible un Internet donde se privilegia el interés público sobre los intereses privados? ¿Estamos siendo sometidos por la dictadura del bit sin darnos cuenta?

Lo increíble es que la gran mayoría de nosotros ni siquiera solemos plantearnos ese tipo de cosas. Consecuencias de la enajenación de la mente y los sentidos en la era digital, donde todo está al alcance de un clic.
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Un diminuto eclipse

Un diminuto eclipse
oscureció mi corazón
a medio armisticio,
entre el humo de las balas.

Tan irremediable
y añil,
la condición humana,
tan carnicera.

Fueron tus ojos distantes
haciendo surcos en mi alma,
tus labios enterrados
en la cicatriz del sueño.

Las palabras sordas
fueron tan elocuentes.

Así es niña,
en tus labios duermen
las hebras del tiempo
tendido sobre la hierba.

Y yo apenas
me reconozco.

Llevo tanto años
viendo morir las azucenas…

Llevo sobre la espalda
la rúbrica del otoño
y su panteón de hojas secas.

Las costuras de la batalla,
una cartografía de fosas
y destierros sobre mi rostro.

La pálida transparencia
de quien ama la luz de una vela
que se apaga.

Fueron las yemas de mis dedos
con tu nombre tatuado en la frente
como fríos ataúdes.

Fueron montañas sin viento
mirando el paisaje.

Una tolvanera de relámpagos
y lodo
en la suela de los zapatos.

Una canción solemne
royendo mi almohada,
mi alma taciturna
escondida en la penumbra.
::.

A veces

A veces,
sólo a veces,
la imaginación
vuela más rápido
que el corazón.

A veces,
sólo a veces,
escampan las dudas
entre las nubes
pasajeras.

A veces,
casi siempre,
invoco entre sueños
la risa contagiosa
que fueron tus labios.
::.

Dolerán las espinas que fueron mariposas

Desnúdate,
ha pasado el tiempo sin máscaras,
deja que los murciélagos videntes
sigan avivando el fuego que dormita
en la memoria
como un temblor de carne muerta.

Quítate la venda de los ojos,
que tu lengua no es sepulcro,
es un animal herido y violento,
una bestia hambrienta acechando a su presa
en el luto sin dientes
donde habrán de perecer las buenas conciencias
y su insoportable vileza.

Afílate las garras,
que la tormenta ha llegado a tu puerta
sin que te dieras cuenta,
eres tan sólo un pequeño insecto
en esta selva habitada por monstruos
queriendo arrancarte la cabeza y devorarte
como hizo Cronos con sus hijos.

Levántate y lucha,
que las flores se ahogan
en el inmundo pantano de la melancolía,
las mismas flores que mueren de sed
al calor del último beso.

Levántate y pelea,
pequeño hombrecillo,
que la luna no es eterna
cuando te han arrancado los ojos
de un zarpazo.

No te compadezcas de ti mismo.

Prepárate para morder,
que la delgada membrana que llevas puesta
no está lista para soportar
el crujir de los huesos,
ni la crueldad del invierno
y su hielo mortecino.

Enciende la mirada, amarilla,
yergue las púas de tu dorso
que alguna vez fueron alas,
que nadie te dará una mano
para salir de la oscuridad del pozo,
estás solo,
tú y tu alma,
si acaso te acompañan
en tu amarga travesía
el hinóspito desierto y la cigarra,
el alucinógeno llanto de la cactácea.

Arráncate el miedo-gangrena
que te ha amputado el corazón,
sé fuerte,
pequeño hombrecillo,
que el aire tóxico que respiras
te ha llenado los pulmones de hollín,
pero sigues vivo,
vivo y crujiente,
revolcándote en la asquerosa benevolencia
de la compasión humana,
ese chiquero de la inmerecida ternura.

Despierta,
moja tus ojos de vidrio
con solvente y aguarrás,
sé como el tigre sin fronteras
que reclama para sí su territorio,
sé como una botella de alcohol
temblando de rabia y placer
en los desgarradores gemidos del violín,
sé como el grillo y la lechuza
para que escuches los muchos horrores
que encierra la noche,
bébete las espinas
que habitan tu corazón
como un fermento en la sangre,
baila como la comadreja a ras de suelo,
afila las piedras con las que habrás
de librar las batallas,
ensúciate la cara
con el hedor de la ira,
vuelve a parir los erizos
que te hicieron gritar de dolor
y acepta tu derrota,
deja que el viento combustible
siga su curso,
vuelve a recordar el infierno
que alguna vez habitaste,
vuélvete uno con la tierra y la nada,
tú que has nacido guerrero y asesino,
defiende con la vida el agua fresca
que corre bajo tu parcela
y defiende también a la mujer que amas,
pues llegará la hora maldita,
los umbríos callejones
donde rodarán las cabezas
y no querrás esconderte para siempre
dentro de una fosa.

Date cuenta
de tu propia fuerza,
abraza a tus demonios,
baila con ellos, hazles el amor,
viólalos si es necesario,
que en el panteón de la dolorida noche
todavía llueven ácidas muertes desde el cielo,
date cuenta
de una y vez por todas,
que tu cuerpo es una brasa ardiendo
que nada ni nadie podrá apagarla,
pues tus manos abiertas pueden ser también
un fuego que lastima.

Dolerán las espinas
que son necesarias.

Pero aquí no pasa nada.

Sólo la vida batiéndose a duelo
con la muerte,
como una herida que nunca cesa.

Aquí no pasa nada.

Sólo la vida masticando sus miedos
entre la neblina y los cerros,
como una jauría de pies descalzos,
una hemorragia de fierros oxidados,
la bilis donde se conjugan
el sueño y la tormenta,
un arenal de mariposas muertas
sobre el zacate.
::.

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