La catástrofe ambiental del mundo es consecuencia de una modernidad en ruinas

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La crisis ambiental de nuestro tiempo es consecuencia de un modelo civilizatorio en crisis: la modernidad.

Este modelo civilizatorio nació en Europa alrededor del siglo XV, con una ruptura entre el pensamiento religioso y la racionalidad, como forma de interpretar la realidad, lo cual sentaría las bases de la ciencia moderna. Esta ruptura entre mythos y logos, como diría García Gual, vino acompañada de otros fenómenos históricos paralelos como el colonialismo y una concentración de riqueza por parte de un sector social integrado por comerciantes y pequeños artesanos: la burguesía. Esta clase social utilizó el discurso de la racionalidad para enfrentar los abusos de las monarquías europeas, cuya legitimación dependía precisamente de un supuesto vínculo divino entre Dios y el monarca. Dicho de otro modo, la burguesía tuvo que matar a Dios para tomar el poder. De ahí que las revoluciones que dieron origen al Estado-nación como modelo de organización política, surgieron formalmente con la Revolución Francesa y el resto de las “revoluciones burguesas” (como diría Hobsbawm), las cuales permitirían a las clases ricas asumir el poder político sin necesidad de tener títulos nobiliarios. En este periodo, los banqueros se asumen como un actor protagónico en las relaciones de poder que articulan a las sociedades modernas, cuyo desarrollo tecnológico con fines bélicos, permitió a los europeos imponerse sobre otras civilizaciones. En este periodo surge la democracia como discurso de legitimación política y al mismo tiempo, se generaron condiciones históricas que explican la expansión del capitalismo, lo cual a su vez, explica el surgimiento de la Revolución Industrial, con su respectiva voracidad de recursos naturales y un gasto energético sin precedentes que genera el calentamiento global del último siglo y medio. Y es precisamente este proceso histórico de 500 años lo que ha generado la crisis ambiental de nuestro tiempo.

Si queremos solucionar la catástrofe ecológica no basta con dejar de usar popotes y reciclar plástico. Se requiere un cambio profundo, espiritual y filosófico, que nos permita replantear de raíz el propósito existencial del ser humano y su relación con el mundo. Pero de esto no se habla en las noticias porque representa una amenaza para las élites privilegiadas, promotoras del pensamiento conservador, que buscan mantener su hegemonía, dándole respiración artificial a un sistema civilizatorio caduco, que ha cumplido su ciclo histórico.

Lo que requerimos, es construir los cimientos de una nueva civilización. Ese es el gran proyecto intelectual de nuestro tiempo. Vayamos al fondo de la cuestión y no nos quedemos nada más en la superficie. Se requiere una nueva cosmogonía para este planeta hiperconectado y diverso, una nueva mitología que permita solucionar grandes problemas estructurales como la migración. El mundo requiere radicales capaces de cuestionarlo todo, para que la humanidad pueda renacer de entre los escombros de una civilización obsoleta..

Acerca de manuelhborbolla

Poeta, filósofo y periodista, egresado de la UNAM. Creo que es posible transformar el mundo a través de la poesía.

Publicado el 27 mayo, 2019 en Otros desvaríos y etiquetado en , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 4 comentarios.

  1. Lo he “regorjeado” con tu permiso. Saludos desde Guatemala.

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  2. Es muy interesante que, desde un punto de vista moral (partiendo del hecho de que el protestantismo pretendía que hubiese un volverse al cristianismo del siglo I), hace algunos años en una publicación (que no he podido reubicar, pero seguiré buscándola para citar aquí textualmente) se afirmó que desde la perspectiva doctrinal (y bíblica, por supuesto, bien entendida, libre de dogmas y tradiciones paratextuales) del cristianismo del siglo I, las iglesias protestantes sean “más reprensibles” en sentido moral que la Iglesia católica a la que muchos protestantes evangélicos critican duramente cual dolorosa y constante extracción de pajas ajenas con la torpeza de quien no ve nada debido a la viga que aún no ha podido sacarse del ojo (ni quiere, pues parece estar a gusto con ese dolor).

    Ahora bien, aunque los otrora reconocidos valores protestantes del trabajo, que fueron alabados y que no se pueden negar, fueron en su tiempo dignos de encomio (y muy probablemente se temperaban con una medida más elevada de moralidad que la actual), hoy, como bien dices, me parece, han llevado a la debacle ambiental que pone en peligro real la existencia de la Tierra, a la que le “están causando la ruina” para citar la Biblia misma en Apocalipsis o Revelación 11:18, donde también se habla con optimismo, pues se afirma que el futuro traerá la ruina para tales arruinadores y la consiguiente regeneración del planeta.

    Ya en 1990, el artículo “Cómo se salva de la ruina a la Tierra” comentaba lo siguiente (cito textualmente un fragmento, ya que creo que te puede resultar enriquecedor):

    “En los albores del siglo XX, una de cada tres personas profesaba ser cristiana. La cristiandad tenía ante sí una perspectiva brillante. En 1900, John R. Mott, evangelizador y premio Nobel, reflejó su optimismo publicando un libro titulado The Evangelization of the World in This Generation (La evangelización del mundo en esta generación).

    “Pero la World Christian Encyclopedia admite que “el siglo XX ha demostrado diferir mucho de estas expectativas”. Explica que “en 1900 nadie esperaba que el cristianismo experimentase las bajas masivas que tiempo después tuvieron lugar en Europa occidental debido al secularismo, en Rusia y más tarde en Europa oriental debido al comunismo y en las Américas debido al materialismo”. También dice que estas y otras “seudorreligiones” se multiplicaron en poco tiempo a partir “de una representación mínima en 1900, un mero 0,2% de la población mundial, […] hasta llegar a un 20,8% en 1980””.

    Aquí vale la pena hacer un alto y pensar en la relación que existe entre la relajación de los hábitos religiosos y el aumento del descreimiento con el arruinamiento de la Tierra en manos de las sociedades industrializadas de tradición protestante. ¿Por qué? Porque ya desde hace más de medio siglo, tales valores fueron cediendo su lugar a la religión del materialismo (que no es exclusiva del protestantismo, por supuesto). Pero sigamos con la cita en cuestión:

    “Estas “bajas masivas” han dejado las iglesias de Europa occidental prácticamente vacías. Desde 1970, la Iglesia luterana ha perdido más del 12% de sus adeptos en la República Federal de Alemania. Más de una tercera parte de las iglesias de los Países Bajos han sido cerradas, y algunas las han convertido en almacenes, restaurantes, apartamentos y hasta discotecas. En Gran Bretaña, de las iglesias anglicanas que existían hace treinta años, casi una de cada ocho ya no se utiliza. No es de extrañar que un clérigo que habló el año pasado [1989] en una conferencia de teólogos y clérigos protestantes europeos, se quejase de que “el anterior ‘Occidente cristiano’ ya no puede llamarse cristiano. […] Europa se ha convertido en un campo misional”.

    “No obstante, el problema no se limita a la cristiandad ni a Europa. Por ejemplo, se calcula que, alrededor del mundo, el budismo está perdiendo 900.000 miembros al año por causa del agnosticismo” [dato de 1990].

    **********
    Esto nos hace pensar en cuál es la situación actual. Estas palabras fueron escritas hace unos 28 años; no cabe duda de que el deterioro moral y las consecuencias de la hipocresía religiosa y de la seudorreligión del “progreso” y del materialismo exacerbado no solo ha continuado, sino que se agrava de manera, diría yo, exponencial año con año.

    Cito, para finalizar, un párrafo más del artículo en cuestión:

    “Desde 1965, la cantidad de miembros de cinco de las principales confesiones religiosas protestantes de Estados Unidos ha disminuido en un 20%, y la de matriculados a la escuela dominical ha quedado reducida a menos de la mitad. La revista Time comenta que “las confesiones religiosas tradicionales no solo no logran transmitir su mensaje, [sino que] cada vez están menos seguras de cuál es ese mensaje”. No es de extrañar que, en vista de semejante hambre espiritual, muchas revistas eclesiásticas hayan dejado de publicarse. Ya para mediados de los años setenta, una de ellas se lamentó con estas palabras: “La era de la típica revista eclesiástica […] ha pasado””.

    JSC

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  3. Ah, para terminar. No puedo dejar de decir esto. Hace dos días desayuné en McDonald’s (sí, lo admito, todavía tengo, como decía alguien por ahí, “la costumbre pequeño burguesa de desayunar”). En Guatemala, la campaña de no pajillas (como les dicen aquí a los popotes) ha corrido como reguero de pólvora. Hasta en restaurante que no forman parte de cadenas transnacionales he visto eso (claro, es el momento de ahorrar en pajillas o popotes). Ahora bien, decía que fui a desayunar a MacDonald’s. No me dieron popote, pero cuando terminé de comer, llevé al basurero una bandeja de plástica en la que me entregaron los panqueques (y su cubierta transparente), una bolsita de papel en la que hubo papa rallada (hashbrown), la cubierta plástica y el vaso plástico del batido de fruta [artificial] con hielo, que me cobraron a precio de champán, la bandeja de los huevos, frijoles y etcétera del desayuno “típico” chapín, y mucho más. Y, Manuel, no pude dejar de reír al arrojar toda esa basura en el tacho y pensar en el popote que me observaba desde mi conciencia con una mirada de reproche. Esto raya en lo absurdo, lo patético, la locura.

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  4. Fe de erratas: En mi segundo comentario escribí: Ya en 1990, el artículo “Cómo se salva de la ruina a la Tierra” comentaba lo siguiente (cito textualmente un fragmento, ya que creo que te puede resultar enriquecedor): […]

    Debe decir Ya en 1989, el artículo “La religión falsa cosecha el fruto de su pasado” comentaba lo siguiente (cito textualmente un fragmento, ya que creo que te puede resultar enriquecedor): […]

    Mi lapsus se debió a que a una omisión, que debí escribir así:

    Ya en 1990, el artículo “Cómo se salva de la ruina a la Tierra” comentaba lo siguiente (cito textualmente un fragmento, ya que creo que te puede resultar enriquecedor):

    “La razón nos dice que pronto [el Creador de la Tierra] tendrá que actuar para salvar de las actividades ruinosas del hombre a la Tierra, y la profecía bíblica confirma eso. Pero ¿qué hará? La Biblia dice que ‘causará la ruina de los que están arruinando la tierra’. (Revelación [Apocalipsis] 11:18; compárese con Mateo 24:3-14). Tal como un propietario desahucia a un inquilino destructivo, así “desahuciará” […] a los que arruinan su hermosa creación, la Tierra”.

    Mil disculpas.

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