Archivos Mensuales: junio 2019

Lecciones del Buda poeta

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El Buda enseñó que la avidez, el odio y el ofuscamiento son “las tres raíces de lo perjudicial”.

Yo soy un tipo muy intenso. Tengo una especie de amplificador en los sentidos y el alma, propenso a desear cosas apasionadamente. Pero así como las cosas buenas se vuelven sublimes en ese estado mental, las cosas malas se vuelven terribles, insoportables. Esos altibajos conducen tarde o temprano al sufrimiento. Con el paso del tiempo, he logrado atemperar un poco ese ardor que vive en mí, pero todavía me queda mucho camino por recorrer, mucho aún por aprender sobre mí mismo en esta rueda de vaivenes que es la vida.

A veces es bueno parar y tratar de entender esas cosas. Sobre todo, en un ambiente tan contaminante como el que vivimos últimamente, lleno de avidez, odio y ofuscamiento, como el que predomina en la calle y las redes sociodigitales.

Algo que me ha sorprendido al comenzar mi lectura sobre el Majjhima Nakaya (los sermones medios del Buda) es descubrir que Siddartha era también poeta:

Voy ahora a Kasi para poner en marcha la rueda de la Enseñanza
y hacer sonar el tambor de lo que no muere
en un mundo que está ciego.

“Hacer sonar el tambor de lo que no muere”. ¡Qué espléndido verso!

No existe un camino único para alcanzar el desarrollo del espíritu. La vida ofrece muchas posibilidades. Cada quien decide cuál sendero tomar. Somos consecuencia del karma, la suma de todas nuestras acciones, buenas y malas, mismas que habrán de configurar un destino. Por eso agradezco los momentos de extravío, que nos permiten frenar la vorágine del tiempo que nos devora, aclarar la mente y el corazón, recobrar el Norte.

La eternidad reside en lo efímero, en la conciencia de que nada permanece. Somos acaso un suspiro cabalgando en el viento, un fuego bailando en la simetría del sueño.

::.

Sutileza

Yo siento que vivo atrasado
en este mundo tan aprisa
donde los viejos mueren prematuros.

Nunca nada es suficente
en la nociva carrera del autoelogio,
el aplauso fácil, el alma hueca.

Todo se vuelve pequeño
cuando se mide
en el oscuro espejo de la complacencia.

Pero hay otro modo, otro tiempo, otras formas.

Miran los antiguos
su reflejo en el estanque,
y se admiran de las piedras
y el agua.

De eso se trata todo.

Maravillarse con lo simple:
la bella sutileza del mundo.
::.

Serranía

 

La noche avanza sobre tu recuerdo,
como un cuerpo cayendo al vacío:
la extinción de una antigua fe.

Y los árboles insomnes
iban susurrando viejas plegarias
al sol de los desmemoriados.

Y los pájaros musitaban poemas lacustres
en el amargo sabor del viento,
como un maremoto en el alma.

Quiero dormir en tus muslos de sirena
abrevando en el tiempo insurrecto
que repta por mi espalda.

Detrás de mis ojos te sueño,
como un parpadeo en la sangre,
una luz pasajera.

Dicen las huestes de la ira
que habré de morirme de viejo
de tanto añorarte.

Pero ellas no saben soñar.

Vuela mi alma en el paredón del odio
vuela mi lengua en el pabellón de la piel tan abierta,
bella mujer de acento lunar que hoy regresas desde tu ausencia.

Hoy habré de morir ensimismado en la nada,
hoy habré de partir hacia una turba de hienas infelices.

Cae la lluvia triste sobre mi cuerpo de piedra,
cae el ascensor sobre mis manos delincuentes.

Caen mis ansias sobre tus pechos comestibles,
en el negro rincón donde mueren también las certezas.

La lumbre muerde mi tacto
en la voraz recurrencia
de tu cuerpo tan presente.

Escaleras que no avanzan,
mis dedos profanos
todavía saborean la serrana curvatura
de tus caderas… imposibles.

::.

Arte, ficción y realidad, a propósito de Tolkien

Salgo de ver la película biográfica sobre J.R.R. Tolkien y confirmo algo que ya sabía: que la única vida que vale la pena es aquella que se vive como una obra de arte.

Pasan los años y cada vez me parece más absurdo eso que nos ha dado por llamar “realidad”. La literatura, la plástica, la música, son expresiones de ese lado inefable de la vida, ese donde habita el misterio de la existencia, ese que no se puede comprender racionalmente pero se puede sentir. Supongo que eso es la poesía, y por eso llevo años escribiendo versos, para decir aquello que no se puede decir de otra forma, tratar de darle forma y sonido a esas fuerzas profundas que habitan en nosotros, esas fuerzas que buscan la manera de manifestarse. La Tierra es un lugar poblado de espíritus, un lugar sagrado donde los árboles y las piedras y el agua dicen cosas. Al poeta, al artista, le toca escuchar las palpitaciones del mundo para luego tratar de traducirlas, interpretarlas.

Es por ello que en la ficción y no los periódicos, reside la verdad profunda de la condición humana. La de los seres que sufren y aman y odian y matan y son héroes. Es la condición humana en su estado más puro. El arte como requisito de supervivencia.

Siempre he dicho que el periodismo me hizo mejor persona, al permitirme la oportunidad de conocer y platicar con personas muy diversas, escuchar sus historias. Pero la literatura me ha salvado la vida en más de una ocasión, porque ahí, varado en medio de la más espesa oscuridad, siempre había un libro con el que podía uno dialogar y sentirse identificado, un autor con el cual compartimos ciertas cosas que nos remiten a nuestra propia manera de habitar y sentir el mundo. La literatura es una forma de encarar la soledad y sentirse acompañado por ese otro al solemos seguir valerosamente en su larga travesía, ese extraño mundo donde las barreras entre el autor y el personaje se diluyen, y solo queda una esencia universal, la del ser humano arrojado a las brasas, dispuesto a luchar contra cualquier monstruo para seguir riendo, seguir amando. La literatura -y el arte en general- es el mecanismo que ha desarrollado el ser humano para lidiar con los muchos problemas que encierra la vida, el juego que le ayudará a lograr su realización espiritual. Por ello, sostengo que la magia es el arte sublime de la ficción, el poder de transmutar la realidad, deformarla a nuestro antojo. Por ello decía Nietzsche que en todo creador habita un Dios dispuesto a ince diar la pista de baile o reinventar la historia misma de la creación. Es una lástima que muchas personas, tan encerradas en su propio cuerpo, no sean capaces de entender sobre estas cosas.

Supongo que algo de eso le pasó a Tolkien. Y no le quedó más remedio que inventar mundos con enanos, dragones y anillos, para poder decir aquello que no se puede decir de otra forma.

La ficción como cumbre y raíz de toda realidad posible. El verdadero arte consiste en descubrir la magia que habita en todas las cosas.
::.

Felinos y mujeres

Me encontré con la obra de este compa, Evelio Moreno, y hubo algunas cosas que llamaron mi atención, principalmente, sus acuarelas de mujeres y felinos. Les dejo una muestra para que le echen ojo.

Varada en la sangre

 
La noche ríspida
va durmiendo en tu cuerpo
como un caudal de rosas.
 
Quizá no tenga
suficiente serotonina
en el alma.
 
Pero tengo al menos
un destino.
 
Será que para alegrarse
a veces es necesario
recordarse,
morderse,
acorralarse,
y recorrer pabellones
por donde el silencio
nunca ocurrió.
 
La tempestad
fija el curso de mis días
y las horas muertas
que lucen obscenas
desde la soledad del aparador
ahora te cantan
en su ataúd de recuerdos ingratos.
 
Los pasos enmudecieron
de pronto,
como una lengua
de mariposas desnudas.
 
Será que el atardecer
cayó conmigo,
como las flores desiertas
sobre el balcón
y la calle.
 
Y los cuerpos profanos
se humedecieron de pronto
en el calor de los sueños.
 
Y las palomas hirientes
miraban furiosas
desde la alacena
y la hornilla vacía.
 
Y los manteles tendidos
sobre la mesa, fugaces,
como si fueran una ofrenda
a la muerte sonriente
que aúlla y no duda.
 
En mi alma viciosa
ya nunca escampa.
 
Sólo se llena
de risas de tanta añoranza.
 
Es un poco de vino
mirando de lejos
las luces profanas
anidando en mi pecho.
 
Un mar de sombra
y cigarras
volando
ausentes
de tanto soñarte.
 
Inscripciones de piedra
y guitarra
ya lucen de pronto
enterradas en mi pecho.
 
La sangre tibia
me brota de versos lacustres
llenos de aliento y olvido.
 
Hoy miro mis manos
y apenas recuerdo
tu cuerpo tatuado
en mis dedos.
 
La tarde es un río
donde suceden
laberintos de carne
tan siempre dispuesta
buscando respuesta.
 
Las monjas blancas
se quedan absortas
mirando excitadas
las mieles del deseo
y la ruina.
 
Mi tacto sonoro
fue solo plegarias
buscando no verse.
 
Me acuesto en tu sueño
buscando
no amarte
en mis versos dolientes.
 
Tan solo apareces
cual musa dormida
en las fauces del tiempo.
 
A veces te siento
tan cerca y tan lejos
perdida en el viento.
 
Te miro y me acuerdo
que nunca exististe.
 
Tú fuiste tan breve
como una herida
varada en la piel
y la sangre.
 
Para mí
tú ya fuiste pasado,
un fantasma,
una voz resonando
en el alba.
::.

El último ninja de Japón

El ninjutsu es el arte del sigilo. “Ninja no tiene sonido, olor, reconocimiento ni popularidad”, afirma Kawakami Jinchi, el último heredero de esta práctica marcial dedicada a las tareas de espionaje. Las habilidades de este hombre, que comenzó a practicar ninjutsu a los 6 años de edad, son sorprendentes. Un legado a punto de extinguirse. Afortunadamente, nos queda su testimonio registrado en video para conocer cómo era la vida de los hombres en otro lugar y otros tiempos.

El infantilismo caótico de Kovensky

Alguien compartió un artículo en Facebook. No recuerdo el contenido pero me llamó la atención la imagen que ilustraba el texto. Revisé el nombre del autor y así llegué a Martín Kovensky, artista visual e ilustrador argentino. Sus obras tienen ciertos rasgos infantiles pero no por ello menos fuerza. Parte de su obra está disponible en la Galería Júpiter, para que le echen un vistazo.

 

Mar concupiscencia

¿Qué se dice
cuando nada ya
se tiene que decir?

¿Qué se oye
cuando el ruido
de la noche rotulada
ha inundado tus oídos?

¿Quiénes se miran
fijamente
desde las tumbas sin rostro
que vieron morir el cielo?

¿A dónde se huye
cuando todos los refugios
que yacían en el bosque
perecieron?

¿A quiénes se le canta
el fuego-carne
de la sangre intempestiva
cuando todos duermen?

El sol es un durazno
vestido de luminiscencia,
un calor fósil que trepa
por mis piernas.

La noche es un callejón sin salida,
una daga sedienta
queriendo beberse de un sorbo
la vida magullada que flota sobre el río.

La muerte es una piedra
que lleva tatuada
la suerte de los hombres,
es un sigiloso tormento
de manos desnudas
y vírgenes prostitutas.

¿Quién se acordará de mí
cuando la madrugada doliente
abreve en tu sueño
de hembra temblorosa?

¿Quiénes limpiarán las palabras
de este amor abrasivo
y su sucio perfume
de estrella tan lejana?

¿Dónde dormirá el canto
de las aves viciosas
sin la tregua de tu mediodía?

¿Dónde dolerán las puertas
que habrán de cerrarse
gimiendo el olvido?

Viento de nube y guitarra,
paredón donde se reflejan
todos los destellos de la carne
y la clarividencia del alma,
dime una copla al oído
para ir esgrimiendo con sangre
mis versos de aire y suspiro.

Ven a mí primavera,
que yo quiero llover contigo
en el estiaje
de los cuerpos solitarios.

Ven a mí madriguera,
que yo quiero sentir tu lengua desierta
saboreando mi gangrena.

Yo sólo dije lo que vi,
dije lo que oí,
celebré que lo viví
y sólo así
aprendí
que la luna
es el fiel reflejo
de tu rostro
cuando pueblas desnuda
mis fiebres
con las que te sueño
a la deriva,
diosa derrapante
que sucedes para siempre
mis ansias carburantes
de amante homicida,
tú que allanas incesante
la parcela de mi deseo
con tus labios carroñeros
y suicidas.

Recita en tu sueño
mi nombre
como una llave secreta
para abrir laberintos
tapizados de sangre
y los días tan felices.

Dime la lengua
que hablan las musas
en tu sueño unicornio
y despiértame cuando te vayas,
que yo seguiré flotando
entre las aguas sucias
de tu ausencia,
que yo seguiré despierto
en el fuego azul
de tu mar concupiscencia.
::.

Salar

 

Sal de mi
ser de sal
que no quiero ser
la noche celosa
buscando su cielo,
no quiero ser volando
la sed de tus ojos inciertos
suscitando desvelos

Fuiste tú
flor de azar
respirando las paredes
de ese sudoroso mar,
sed de ti
y nada más,
fumando tiempo arriba
cada herida malhabida
de esta sucia soledad.

Soy de ti
sólo un sol
un poco gris,
un ciervo azul
azorado y soez,
cuando la tarde
efervescente
busca en ti
la primavera.

Las azaleas asesinas
saboreaban
sangre surco
sirio sordo,
sarro duro,
zona oscura
donde solo sale ardor
en luz de sal,
porque ciegos van
mis ojos secos,
hoy sólo quiero
ser feliz,
salir al sur
y asir el sol
con las yemas
de los dedos.
::.

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