Archivos diarios: 2 junio, 2019

Mar concupiscencia

¿Qué se dice
cuando nada ya
se tiene que decir?

¿Qué se oye
cuando el ruido
de la noche rotulada
ha inundado tus oídos?

¿Quiénes se miran
fijamente
desde las tumbas sin rostro
que vieron morir el cielo?

¿A dónde se huye
cuando todos los refugios
que yacían en el bosque
perecieron?

¿A quiénes se le canta
el fuego-carne
de la sangre intempestiva
cuando todos duermen?

El sol es un durazno
vestido de luminiscencia,
un calor fósil que trepa
por mis piernas.

La noche es un callejón sin salida,
una daga sedienta
queriendo beberse de un sorbo
la vida magullada que flota sobre el río.

La muerte es una piedra
que lleva tatuada
la suerte de los hombres,
es un sigiloso tormento
de manos desnudas
y vírgenes prostitutas.

¿Quién se acordará de mí
cuando la madrugada doliente
abreve en tu sueño
de hembra temblorosa?

¿Quiénes limpiarán las palabras
de este amor abrasivo
y su sucio perfume
de estrella tan lejana?

¿Dónde dormirá el canto
de las aves viciosas
sin la tregua de tu mediodía?

¿Dónde dolerán las puertas
que habrán de cerrarse
gimiendo el olvido?

Viento de nube y guitarra,
paredón donde se reflejan
todos los destellos de la carne
y la clarividencia del alma,
dime una copla al oído
para ir esgrimiendo con sangre
mis versos de aire y suspiro.

Ven a mí primavera,
que yo quiero llover contigo
en el estiaje
de los cuerpos solitarios.

Ven a mí madriguera,
que yo quiero sentir tu lengua desierta
saboreando mi gangrena.

Yo sólo dije lo que vi,
dije lo que oí,
celebré que lo viví
y sólo así
aprendí
que la luna
es el fiel reflejo
de tu rostro
cuando pueblas desnuda
mis fiebres
con las que te sueño
a la deriva,
diosa derrapante
que sucedes para siempre
mis ansias carburantes
de amante homicida,
tú que allanas incesante
la parcela de mi deseo
con tus labios carroñeros
y suicidas.

Recita en tu sueño
mi nombre
como una llave secreta
para abrir laberintos
tapizados de sangre
y los días tan felices.

Dime la lengua
que hablan las musas
en tu sueño unicornio
y despiértame cuando te vayas,
que yo seguiré flotando
entre las aguas sucias
de tu ausencia,
que yo seguiré despierto
en el fuego azul
de tu mar concupiscencia.
::.

Salar

 

Sal de mi
ser de sal
que no quiero ser
la noche celosa
buscando su cielo,
no quiero ser volando
la sed de tus ojos inciertos
suscitando desvelos

Fuiste tú
flor de azar
respirando las paredes
de ese sudoroso mar,
sed de ti
y nada más,
fumando tiempo arriba
cada herida malhabida
de esta sucia soledad.

Soy de ti
sólo un sol
un poco gris,
un ciervo azul
azorado y soez,
cuando la tarde
efervescente
busca en ti
la primavera.

Las azaleas asesinas
saboreaban
sangre surco
sirio sordo,
sarro duro,
zona oscura
donde solo sale ardor
en luz de sal,
porque ciegos van
mis ojos secos,
hoy sólo quiero
ser feliz,
salir al sur
y asir el sol
con las yemas
de los dedos.
::.

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